1
Cartas a Galdós, presentadas por Soledad Ortega, Madrid, Revista de Occidente, 1964, p. 218.
2
«Elle fut
particulièrement heureuse dans quelque chose
d’innommé»
. La Conquête de Plassans,
París, Fasquelle, 1954, p. 141.
3
Véase: Sergio Beser, Leopoldo Alas: teoría y crítica de la novela española, Barcelona, Laia, 1972; del mismo: Introducción a Clarín y «La Regenta», Barcelona, Ariel, 1982.
El mejor resumen de la cuestión es el que presenta Gonzalo Sobejano en el Prólogo a la edición Noguer de La Regenta (1976).
4
Véase, por ejemplo, Carolyn Richmond, «El heroísmo irónico de Vetusta», Los Cuadernos del Norte, núm. 23, 1984, pp. 82-86.
5
G. Sobejano, Prólogo (Noguer), p. 26.
6
El novelista
conoce mejor a sus personajes de lo que ellos mismos se conocen.
«El novelista hace hablar a sus
criaturas de lo que ellas mismas no observan en sí, de lo
que observa el escritor que es en la novela como reflejo completo
de la realidad ideada»
(La Enseñanza
Moderna, XV y XVI, marzo-abril, 1890. Ensayos y
Revistas, p. 296).
7
Germán Gullón, La novela como acto imaginativo, Madrid, Taurus, 1983, p. 142.
8
Tan bien estudiados por G. Sobejano (Ínsula, núm. 451).
9
Véase G. Sobejano, «Semblantes de la servidumbre en La Regenta», Serta Philologica F. Lázaro Carreter, Madrid, Cátedra, 1983, pp. 519-529.
10
Lo que
hacía exclamar a Alas, es un artículo escrito cuando
componía La Regenta: «Aquí la moral pública está
asegurada para mucho tiempo. La única que está
corrompida es la privada»
, Sermón
perdido, 1885, p. 14.