41
Ibid., p. 23. El mismo Dr. Bartolache, aunque poco consecuente consigo mismo, decía: «Tengo dados en el asueto algunos pasos, todos ellos a fin de confirmar más y más al público, y a cualquier indivíduo en particular,
que se mostrase incrédulo, en la firme persuasión y creencia, en los términos de fe humana, de que la Sacrosanta Imagen, que veneramos con el título de Nuestra Señora de Guadalupe, no es obra de mano de hombre, sino de solo Dios, qui
farit mirabilia solus»
. (La Virgen del Tepeyac, pág. 140).
42
Santa María de Guadalupe; pág. 21.
43
Para averiguar si la conservación de la celestial Imagen de Guadalupe es obra de Dios, o puede atribuirse a la naturaleza, hízose, según refiere el mismo Bartolache, una prueba. Un artista muy hábil, don Rafael Gutiérrez,
pinta sobre fino ayate el 12 de septiembre de 1789, una Imagen de Guadalupe, pelo a pelo, y sin aparejo alguno; y, una vez terminada, fue colocada en la capilla del Pocito, defendida por un cristal, del cual la milagrosa Imagen careció muchos años. El resultado fue, que antes de ocho años, el 8 de junio de 1796, fue preciso quitarla del altar y arrinconarla en la sacristía. Don Francisco Sedano, en su nota 74 a Bartolache, dice al darnos cuenta de la descolorida y maltrecha imagen. «El azul verdemar quedó en verdinegro, ceniciento y como mohoso; se empañó el dorado, y en partes se saltó el oro; el color rosado se acabó enteramente, viniendo a parar en blanco; como también la túnica del ángel, que era colorada; el de carmín se volvió denegrido; se amortiguó enteramente, y se saltó en varias partes la pintura, descubriéndose los hilos del lienzo y reventándose algunos de estos. En tal estado se colocó la Imagen en la Tercera Orden del Carmen, en donde acabó de desmerecer y desapareció»
. Tornel, t. I, p. 126. No vio Bartolache el resultado de esta
prueba; porque, precisamente cuando terminaba de escribir su Manifiesto satisfactorio, pasó a otra vida en 1790. (La Virgen del Tepeyac, pág 143).
44
Ya en 1602 proyectaba y preparaba la construcción de esta iglesia el arzobispo D. Fr. García de Mendoza; pero sorprendiole en sus preparativos la muerte, y en 1609 puso la primera piedra D. Fr. García Guerra, su inmediato sucesor, y empleáronse en su construcción trece años. El techo era «de tijera, de hermosas molduras y cortaduras de entretejidos lazos»
, toda la obra costó más de cincuenta mil pesos, sin contar el altar mayor «de rica entalladura, primorosos pinceles de la vida y misterios de la Señora, pinturas y tallas de otros Santos..., que todo él no se hizo... con doce mil pesos»
. El Sr. Pérez de la Serna hizo la dedicación de este segundo templo en noviembre de 1622. (La Estrella del Norte,
págs. 654 y 658. La Virgen del Tepeyac, p. 103).
45
Deseando que a la celestial Imagen de Guadalupe fuese dedicado un templo más suntuoso, el Lic. Ventura de Medina y el capitán Pedro Ruiz de Castañeda ofrecieron al arzobispo Sr. Aguiar y Seijas ochenta mil pesos en 1694, y se prestaron a colectar mayores limosnas. Se dispuso destruir el que entonces existía, llamado segundo, y construir un tercero, en el cual fuese colocada provisionalmente la milagrosa Imagen, en el sitio ocupado por la primitiva ermita, a fin de edificar el cuarto, que hoy subsiste, en el mismo solar en que se hallaba el segundo. De éste se trasladó al tercero la celestial Imagen el 25 de marzo de 1695; y en este mismo día fue colocada la primera piedra del nuevo templo por el Sr. Aguiar, en presencia del Virrey, Audiencia, Tribunales y ambos Cabildos. Después de quince años empleados en la fábrica, fue trasladada a la nueva Iglesia la sagrada Imagen el 30 de abril de 1709 y verificose la solemne dedicación el 1.º de mayo. (La Virgen del Tepeyac, p. 104. Tesoro Guadalupano, t. II, págs. 365, 379 y 384).
46
El capitán D. Andrés de Palencia, deseoso de que a la Santísima Virgen de Guadalupe diese constante culto un colegio de canónigos, dejó por su testamento otorgado en 1707 cuanto fuera necesario para la erección de la Colegiata, que al fin tuvo lugar el 6 de marzo de 1749 en virtud de una Bula de Benedicto XIV. Compónese el cabildo, según la fundación de un abad y diez canónigos; de estos el Doctoral, Magistral y Penitenciario son de oposición. (La Virgen del Tepeyac, p. 106. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 376, 390 y 414).
47
La Estrella del Norte, núm. 224, pág. 423. Don Ignacio Carrillo, Pensil Americano, núm. 153. El P. Juan de Monroy la regaló después al Pbro. D. Juan Caballero y Ocio, y éste, algún tiempo después, al Maestrescuela de la Catedral de México, D. José Torres Vergara. (Santa María de Guadalupe, pág. 142). Uno de los prelados más respetables de esta nación, me decía, no hace todavía un mes; que esta apreciabilísima copia es, según todas las probabilidades, la que adorna hoy la puerta del sagrario de la capilla mayor de nuestra Catedral Metropolitana.
48
La Estrella del Norte, núm. 105, p. 225. Tesoro Guadalupano, t. I, p. 159.
49
Tornel y Mendivil, t. I, p. 89. Contestación histórico-crítica...., p. 105.
50
Tesoro Guadalupano, t. II, p. 195.