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El obispo de Guadalajara, D. Fr. Manuel de Mimbela impuso en 1720 un capital de dos mil pesos, cuyos réditos deberían dedicarse a mantener constantemente encendida la lámpara de Nuestra Señora de Guadalupe en aquella Iglesia. (Libro VIII de las Actas Capitulares, folio 179. Tesoro Guadalupano, t. II, pág. 400).

No tengo presentes otros datos históricos de fundaciones sobre este punto; pero que en las iglesias, capillas y oratorios privados, en los centros de reuniones católicas, en las casas de comercio y casas particulares ardían constantemente luces ante la veneranda y popular Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, nos lo dice unánime la tradición; y que esto mismo sucede, gracias a Dios, en nuestros días, nos lo aseguran con clarísima evidencia nuestros ojos.

 

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Para conmemorar el segundo centenario en 1731 trasladose al Santuario la Capilla de música de la Iglesia Metropolitana, y las vísperas fueron cantadas con tal solemnidad, que se empleó en ellas toda la tarde y «el primer umbral de la noche», dice el fer, voroso autor del Escudo de armas de México; hubo después fiestas populares, fuegos artificiales, apareciendo iluminado todo el cerro, y siguiéronse después los Maitines, que duraron gran parte de la noche. A la fiesta del siguiente día 12 asistió el Virrey, marqués de Casa Fuerte; el arzobispo Sr. Vizarrón, la Real Audiencia en pleno, tolos los tribunales, ofíciales reales y el ayuntamiento de México: en la misa, que fue solemnísima, predicó el canónigo magistral D. Bartolomé de Ita y Parra. (Lib. III, cap. XX, pág. 383. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 435).

El sábado siguiente a esta festividad se celebró el Centenario en la Metropolitana con igual pompa, magníficamente engalanada la Capilla de Guadalupe, donde se cantaron solemnísimos Maitines y Misa, en la cual se recordaron en un elocuente sermón las bondades y grandeza de la celestial Señora de Guadalupe. (Ibid., id. Ibid., p. 436).

 

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Larga tarea sería recordar todas estas gracias: el infatigable y fervoroso canónigo D. Fortino H. Vera, últimamente nombrado primer obispo de Cuernavaca, publicó en 1893 un opúsculo en 16.º, que ocupa 30 páginas, titulado: Gracias y privilegios concedidos por los sumos Pontífices de la devoción y culto de la Santísima Virgen de Guadalupe. En él hállanse enumeradas todas las indulgencias, jubileos y gracias espirituales concedidas desde el Pontificado de Clemente IX en 1666 hasta el año 1892 del de León XIII.

 

34

La Estrella del Norte, p. 620. La Virgen del Tepeyac, p. 96.

 

35

Estrella del Norte, núm. 377, pág. 730. Disertación histórica sobre la Aparición de la portentosa Imagen de María Santísima de Guadalupe de México, por el canónigo de Puebla D. Francisco Javier Conde y Oquendo, México, 1853, núm. 597, p. 322.

 

36

Estrella del Norte, núm. 336, pág. 619. La Virgen del Tepeyac, p. 98.

 

37

Estrella del Norte, núm. 125, pág. 251.

 

38

Ibid., núm. 134, p. 264.

 

39

Canónigo D. José Antonio González, Santa María de Guadalupe, Patrona de los Mexicanos. La verdad sobre la Aparición de la Virgen del Tepeyac, Guadalajara, 1884, pág. 14.

 

40

Ibid., pág. 12.