21
La Estrella del Norte, pág. 139, 200, 222, 327 y 375. La Virgen del Tepeyac, p. 45 y 47. El Magisterio de la Iglesia y la Virgen del Tepeyac, por el P. Esteban Anticoli, S. J. Querétaro, 1892, pág. 127. Canónigo D. Fortino A. Vera, Contestación histórico-crítica en defensa de la maravillosa Aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe. Querétaro, 1892, XIV, pág. 44. Cuevas, ibid., VI, p. 26.
22
La Estrella del Norte, cap. VIII, p. 141. La Virgen del Tepeyac, p. 101.
23
Cuevas, p. 106. Tesoro Guadalupano, tomo I, p. 149.
24
La Estrella del Norte, p. 674. Entre otros muchos útiles y alhajas contábanse 28 lámparas de plata, una de ellas de peso de 212 marcos; 45 candeleros y 89 pebeteros.
25
Tesoro Guadalupano, t. II, p. 279. Estrella del Norte, p. 666. Tenían 250 pesos de renta y muy buenas habitaciones.
26
Entre tantos citaremos solamente algunos de los más antiguos. Tales son el de la parroquia de Cuautitlan, tan venerado desde un principio, que, según Betancurt, eran designadas por semanas las doncellas de la doctrina, que habían de velar y encender diariamente las velas ante la sagrada Imagen de Guadalupe. La fecha de este altar es muy probable sea anterior al año 1586, pues ya en este año estuvo en esta Iglesia el Visitador P. Ponce, que lo cita. (Tesoro Guadalupano, t. I, p. 255).
El de la Iglesia de San José de Gracia, en México, dedicado por Francisco de Almazán hacia el 1643 o el siguiente año, en acción de gracias a la Santísima Virgen de Guadalupe por haberle salvado la vida, según refiere el P. Florencia en su Estrella del Norte, núm. 246, pág. 471. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 223.
El del Santuario de San Miguel del Milagro, Diócesis de Puebla, dedicado poco después de 1643 (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 158).
El de la Iglesia parroquial de Zacatecas, en 1679: el 5 de febrero de 1759, se colocó en él otra Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, tocada a la celestial Imagen del Tepeyac, a expensas del Conde de Casafiel, D. Francisco Javier de Aristoarena, (Muralla Zacatecana, pág. 184. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 223.
El de la Capilla de Aránzazu en la Iglesia de San Francisco, de México, dedicado en 1688: de él habla Betancurt en la cuarta parte de la Crónica de la Provincia del Santo Evangelio de México, t. III, pág. 122, diciendo: «El adorno del retablo y el del principal de Nuestra Señora de Aránzazu es admirable; al lado derecho el de Nuestra Señora de Begoña, y al izquierdo el de Nuestra Señora de Guadalupe, a toda costa»
. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 293).
El del Bautisterio de la Catedral de Guadalajara, costeado en 1696 por el Arcediano D. José Meléndez Carreño. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 336).
El de la Iglesia del Colegio de Doña María de Aragón, en Madrid, dedicado hacia el 1655 por D. Pedro de Gálvez, del Consejo Real de las Indias. (Estrella del Norte, p. 645. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 59).
El de la Iglesia de los Recoletos del Prado, en Madrid, que el P. Fr. Miguel Aguirre dedicó hacia el mismo tiempo a la Santísima Virgen de Guadalupe en la Capilla de Nuestra Señora de Copacavana. (La Estrella del Norte, cap. XXXI , p. 645. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 59).
En el Colegio de San Pedro y San Pablo y en la Iglesia profesa de México, existían ya en tiempo del P. Florencia dos altares de bellísima arquitectura, en los que con renta fundada para este fin, se celebraba solemnemente la Aparición de Nuestra Señora de Guadalupe. «En Santo Domingo; en San Francisco, en San Agustín, en...; pero más fácil será contar en qué Iglesia (si hay alguna) no hay altar, ni se hace fiesta, que referir las Iglesias de México en que los hay»
. (La Estrella del Norte, cap. XXXI, pág. 638).
27
La de la Iglesia de la Merced, en México, hacia el 1655, dedicada por el P. Provincial Juan de Herrera. (Crónica de la Orden de la Merced, por el P. M. Fr. Francisco de Pareja, 2.ª edición, t. II, Tratado IV, cap. XXX, p. 268. (Tesoro Guadalupano, t. II, 184).
La de la Catedral de Puebla, dedicada por el Canónigo doctoral D. Juan García de Palacios, Obispo más tarde de la isla de Cuba, hacia el 1660. (Estrella del Norte, pág. 633).
La de la Catedral de México, cuyo altar costeó el Dr. Bernardo de Quesada, dotándola con renta anual de 300 pesos para Maitines solemnes, Misa y Sermón, a costa de la hacienda del capitán Pedro López de Covarruvias. (Ibid., pág. 637).
La de la Catedral de Oaxaca. (Ibid., pág. 638).
La del Convento de San Francisco de Tlaxcala, erigida en 1664. En uno de los libros del archivo de este Convento, a la hoja 124, leíase esto: «Más una Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, la mejor que tiene este Reino, con un rico colateral nuevo de santos de talla y de pincel, y en ella ha puesto dos cazones para los ornamentos... Hizo para la Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe una hermosa reja bermellón y oro, y la perfeccionó con una hurmosa coronación»
. (Tesoro Guadalupano, t. II, pág. 114).
La del monasterio de religiosas franciscanas de Santa Isabel, de México, que edificó en 1683 el Capitán D. Diego del Castillo. «Les fabricó también adentro
(dice Botancurt, ibid., IV parte, tratado 4.º, cap. III, pág., 354) para las religiosas, una capilla devota de Nuestra Señora de Guadalupe dedicada, que cae a un jardín de flores, que come se formó de rosas y es huerto cerrado del esposo, en huerto le viene muy a gusto de Dios ser venerada»
. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 262).
28
El del Desierto, cercas de San Luis Potosí, fabricado por el Ven. P. Juan Barragán Cano, antes de 1655. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 66).
El construido extramuros de Oaxaca «en sitio ameno», por su piadoso Obispo, D. Alonso de Cuevas y Dávalos, más tarde arzobispo de México. En él colocó la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, es que había llevado de México, de pincel muy semejante al original, dice con perdonable exageración el Lic. Robles en su «Resguardo contra el olvido», cap. XVI, pág. 169. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 74).
El del Colegio Apostólico de Zacatecas, una legua distante de la ciudad, edificado en 1677 en el lugar que antes ocupaba una ermita de Nuestra Señora del Carmen. (Ibid., p. 218).
El de Querétaro, erigido en 1680 por el Pbro. D. Juan Caballero y Ocio, que empleó en él más de cien mil pesos. «Una Iglesia
(La Estrella del Norte, pág. 640).que entre las más suntuosas de
México no reconoce ventaja a ninguna, y la hace excesivamente a muchas; con siete colaterales de primorosa escultura, todos con sus lámparas, blandones, perfumeros, cálices, viriles, custodias y otros vasos de plata en tanto número,
que parece una catedral bien fundada»
.
El de San Bernardo de México, dedicado a la Santísima Virgen de Guadalupe, cuya primera piedra puso en junio de 1685 el arzobispo D. Francisco de Aguilar y Seijas. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 270).
El de extramuros de Morelia, comenzado a edificar en 1708, «de 25 varas de longitud y 10 de latitud...»
, adornada la fachada «con columnas, entablamentos, escudos y recortes de arquitectura
dórica: la torre, de orden toscano, de dos cuerpos y con un cubo de seis varas cuadradas, tiene grabada al frente la fecha de "1716", que indica acaso que en este año se concluyó»
. (Bosquejo histórico y estadístico de la ciudad de Morelia, por el Lic. D. Juan de la Torre.- México, 1883.) Tesoro Guadalupano, t. II, p. 383.
El que en Oaxaca erigió su obispo Fr. Ángel Maldonado, en 1726. (José Mariano Baristain y Souza, Biblioteca Hispano-Americana Septentrional, Amecameca, 1883, t. II, pág. 203. Tesoro Guadalupano, t. II, p. 422).
29
La fundó en 5 de mayo de 1691, en el convento de Santa Catalina, de México, la hermana Josefa de la Trinidad. (Tesoro Guadalupano, II, 315).
Con el mismo objeto dejó renta perpetua en la catedral de Guadalajara, en 15 de mayo de 1693 el Chantre D. Juan Roxo de Costa. (Ibid., p. 324).
Y este mismo fin tenían, sin duda, al menos de una manera implícita, las donaciones que por testamento se hicieron a la Santísima Virgen de Guadalupe en distintas épocas, comenzando por los tiempos más próximos a la Aparición. Citaré entre ellos:
1.º El de Juana Martín, otorgado en 11 de marzo de 1559 en Copalcuatitlan ante el escribano público Morales: está escrito en mexicano, en papel hecho de mana de maguey, tan usado entonces entre los indios, y fue propiedad de Boturini, que lo cita en su Idea de una nueva Historia de la América, Madrid, 1746, pág. 95. Del interesante documento en que consta la autenticidad de este testamento, habla y lo transcribe íntegro el erudito canónigo D. Fortino H. Vera en la nota
51 de su Sermón predicado en el templo de Capuchinas, residencia actual de la Santísima Imagen Guadalupana el día 8 de septiembre de 1891 en la solemnísima función de la Peregrinación de Querétaro, Querétaro, 1891. En este testamento habla Juana Martín de Juan Diego... «por medio de él se hizo el milagro allá en Tepeyac, en donde apareció la amada Señora Santa María, cuya amable Imagen vimos en Guadalupe, que es verdaderamente nuestra; y de nuestro Pueblo de Cuautitlan. Y ahora con todo mi corazón, mi alma y mi voluntad le doy a su Majestad lo que tengo propio nuestro...»
(unas tierras en el partido de Cuautitlan).
2.º El de Gregoria María, otorgado también ante el mismo escribano Morales en 1559: lo vio D. Patricio Uribe, y dice que en él se refiere con puntualidad este prodigio, (el de la Aparición), y que está escrito también en masa de maguey, «tan antiguo y gastado, que ni aun con finos lentes han podido los traductores reconocerlo en muchas partes»
. (Tornel y Mendivil, t. I, p. 70).
3.º El de D. Esteban Tomelin, padre de la V. religiosa María de Jesús, del convento de la Concepción de Puebla: lo otorgó en 1575, y en él deja un legado a Nuestra Señora de Guadalupe. (Ibid., p. 69).
De todos estos testamentos habla el Sr. arzobispo de México, D. Francisco Antonio Lorenzana en su Historia de Nueva España, México, 1770, pág. 36.
30
La estableció para siempre en el santuario de Oaxaca el 19 de agosto de 1693 el capitán Bartolomé Ruiz. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 316). En la Catedral de Guadalajara, el 15 de mayo de 1693 el Chantre D. Juan Rojo de Costa:
«los trescientos pesos, para que de sus réditos de quince pesos cada año se le celebrase un aniversario perpetuamente a Nuestra Señora de Guadalupe el día 13 de diciembre...»
, (Ibid., p. 324).
En el Convento de Santa Teresa la Nueva, de México dotaron también para siempre en 1703 unas indias caciques la función de la Dominica infraoctava de Nuestra Señora de Guadalupe. Ya antes había dotado allí mismo función y Novena doña María Gertrudis Cueto. (Ibid., p. 366).
La fundó también en el convento de Santa Clara, de México en 1731 la Madre Valladolid: así consta en auténticos documentos de aquel archivo. (Ibid., p. 441).
En la Catedral, de Guadalajara, dotó Maitines solemnes para la víspera de la fiesta en 1696 el arcediano D. José Meléndez Carreño. (Ibid., p. 366).
En la de México estableció así mismo en la capilla de Guadalupe, Maitines solemnes y Misa con sermón el Oura del Sagrario, D. Bernardo de Quesada. (La Estrella del Norte, p. 637).