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Por su afición a meditar en la muerte, y por un edificante episodio de su vida, llamado el Fraile de la calavera, fundó en Guadalajara el famoso hospital de San Miguel de Belén y el Colegio de Nuestra Señora de Guadalupe, para niñas, dotándolos con generoso desprendimiento, lo mismo que el Santuario que allí erigió a la Soberana Reina del Tepeyac, cuyas fiestas, aun hoy, son gallarda muestra de lo que llegaron a ser en días más felices. (Santa María de Guadalupe, p. 166).

 

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Siendo Canónigo Doctoral de Puebla, dedicó a Nuestra Señora de Guadalupe un altar en la Catedral de Puebla, dotando con renta perpetua una fiesta con sermón todos los años. (La Estrella del Norte, núm. 333, p. 638. Tornel, t. I, p. 158).

 

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Su memoria deberá ser gratísima siempre para los mexicanos y para todos los devotos de la Santísima Virgen de Guadalupe, porque se dedicó del todo a promover su culto. Fue el alma de las informaciones de 1666, y uno de los que con más empeño procuraron conseguir de la Santa Sede la gracia del Oficio y Misa propia. (La Estrella del Norte, págs. 280 y 660). La Virgen del Tepeyac, págs. 123 y 128. Contestación histórico-crítica, p. 474. Tornel, t. I, p. 158.

 

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Siendo confesor de las religiosas de San José del Carmen, de esta ciudad, a él confió la ven. M. Inés de la Cruz aquella maravillosa visión referente a la inundación de 1629; de que habla Sigüenza en su Paraíso Occidental. (La Estrella del Norte, págs. 455 y 460. (La Virgen del Tepeyac, p. 91). Fue muy celoso de la propagación del culto de Nuestra Señora de Guadalupe lo mismo en Oaxaca, que en México. (Tesoro Guadalupano, t. II, p. 124).

 

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Siendo obispo de Oaxaca, mandó a consecuencia de un milagro obrado por la invocación de Nuestra Señora de Guadalupe, que el día en que se celebra su Aparición en la Ciudad de México fuese de fiesta. (Estrella del Norte, p. 555. Tornel, t. I, p. 159).

 

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Erigió en Oaxaca un Santuario a Nuestra Señora de Guadalupe. (Tornel, t. I, p. 159. Santa María de Guadalupe, p. 168).

 

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Fue tan devoto de la Virgen de Guadalupe, que al morir en su Diócesis de Puebla, dejó por heredero al Santuario de Guadalupe, de Valladolid (hoy Morelia,) en el cual, según manifestaba, habría deseado morir. (Tornel, t. I, p. 160. Santa María de Guadalupe, p. 169).

 

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108.1  

108.1

Sucedió al Dr. Siles en el cargo de Mayordomo del Santuario de Guadalupe, en el cual llevó a cabo obras muy notables, como la fábrica de la sacristía, y en ella la colacación de cajones de cedro y nogales «muy curioso», habitación para el sacristán, y otras cosas que «es más fácil verlas en el Santuario, que escribirlas», como dice el P. Florencia en su Estrella del Norte, núm. 347, p. 662. Fabricó también la hospedaría en obsequio de los que iban a Novenas al Santuario. (Tornel, t. I, p. 158. Santa María de Guadalupe, p. 167).

 

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Anastasio Nicoselli, prelado de la Curia Romana, escribió e imprimió en Roma en 1681 la Relación de la Aparición de la Santísima Virgen a Juan Diego, sacada de los documentos fehacientes que el Sr. Osorio Escobar y Llamas envió a su Santidad en 1663, solicitando la concesión de Oficio y Misa propia. Aquellos documentos extraviáronse en la Curia romana o en la Sagrada Congregación de Ritos; pero el providencial hallazgo del libro de Nicoselli fue un siglo más tarde para el P. Juan Francisco López, S. J., argumento poderosísimo, que le proporcionó el logro de sus vivísimos deseos en favor del culto de la Santísima Virgen de Guadalupe. La tierna devoción que en Nicoselli infundía la celestial Imagen de María aparecida en el Tepeyac, la manifiestan sus palabras: «Imagen maravillosa, siempre amable y adorable de la gran Madre de Dios», y «Que fue singular favor, que hizo Dios a México, en su milagrosa Aparición en ella». (Estrella del Norte, p. 75. Contestación histórico-crítica, págs. 400 y 501).

 

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El Dr. D. Francisco de Paula Alonso Ruiz de Conejares, abad de la Colegiata, escribió un poema titulado «La Virgen Mexicana». Hay en él bellísimas estrofas; de dos que tengo a la vista, transcritas en la Santa María de Guadalupe, pág., 183, copio la XXXVIII:


   Cayó un grupo de rosas, salpicado
del rocío del cielo suavemente,
y al punto el santo Obispo arrodillado
cayó, y sus familiares igualmente;
que en la dichosa tilma del enviado,
pintada por la diestra Omnipotente
con primor, con belleza sobrehumana,
apareció la Virgen Mexicana.