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Séneca y Paulina

Drama trágico en un acto

Luciano Francisco Comella

PERSONAS



PAULINA, esposa de
SÉNECA.
NERÓN.
SILVANIO, su confidente.

(Salón Romano con puerta en el foro, que facilita la entrada a un Gabinete de un Filósofo: Bufete a un lado con Escribanía, y Sofá al otro: salen SILVANIO y secuaces con el mayor misterio, el que expresa la música: registra la escena y manda colocar varias guardias en la entrada del Gabinete, y dice.)

SILVANIO
El Filósofo en vano se recata
del Nuncio de Nerón, seguidme amigos:
su estancia penetremos, que el mandato
no admite dilación.

(Entra SILVANIO, y sale PAULINA llena de admiración.)

PAULINA
¡Qué es lo que miro!
A modo de solícitas abejas
5
cuando rodean del Abril florido
las matizadas rosas, asordando
con el susurro dulce los oídos,
gente infinita, pueblo numeroso
rodea de mi casa los recintos.
10
¿Cuál podía ser la causa? ¿si el tirano
de mis nobles desprecios ofendido
querrá con el rigor de su venganza
acumular delitos a delitos?
Es Nerón, es Nerón, su nombre basta
15
para hacer que le tiemblen los abismos.
En alas del amor más acendrado
a buscar a mi esposo me dirijo:
pero ¡qué horror! su cuarto de Romano
también cercado está; no me intimido;
20
con varonil esfuerzo le penetro...
¡Qué es esto! ¿Quién se opone a mis designios?
SOLDADO ROMANO
El mandato del Príncipe.
PAULINA
¡Deidades!
¿Qué medita Nerón? ¿Quiere el impío
renovar la tragedia de Agripina,
25
su desdichada madre en un amigo,
un padre, un preceptor? Pero la puerta
de su lóbrega estancia abierta miro.
El tribuno Silvanio sale de ella:
¡que de males o cielos! ¡vaticinio!
30
¿qué quieres de mi esposo?
SILVANIO
Pues él sale,
por mí responderá tu esposo mismo.

(Música: sale SÉNECA leyendo un papel: PAULINA observa atentamente los efectos que le causa su contenido, y luego dice.)

PAULINA
Corazón respiremos, que en su rostro
no observo de dolor ningún indicio...
¿qué quería el tribuno?
SÉNECA
Darme un pliego,
35
de parte de Nerón.
PAULINA
¿Con qué motivo
el Príncipe te escribe?
SÉNECA
¿No conoces
su carácter? Desea mis servicios
dejar recompensados; quiere darme
pruebas de que es Nerón.
PAULINA
Bastante has dicho.
40
No engaña el corazón a los mortales.
Qué quiere ese cruel, responde, dilo.
SÉNECA
Si es capaz tu constancia de oponerse
a las adversidades del destino,
toma el pliego fatal.
PAULINA
¡Terrible pena!
45
Al tomarlo se llena de martirios
mi triste corazón. Pero leamos
con ánimo constante.

(Música, mientras la cual lee PAULINA con la mayor sorpresa.)

¿Por amigo
de Pisón y por cómplice en sus tramas
tu arresto decreto? ¡Cielos divinos!
50
SÉNECA
Paulina ¡qué es aquesto! ¿Por qué tiemblas?
¿dónde está tu constancia? ¿tu heroísmo?
¿De este modo te abates? ¿Qué meditas?
PAULINA
Medito del decreto los motivos.
No es la conjuración que te acumulan
55
el origen fatal de tu conflicto.
SÉNECA
¿Pues quién Paulina? Dilo.
PAULINA
Mi constancia,
o por mejor decir mis atractivos.
SÉNECA
¿Qué dices? El tirano...
PAULINA
¡Sí, el tirano!...
Sin respeto a mi honor, ni a tus servicios
60
por los medios más viles y execrables
empañar el candor ha pretendido
del tálamo nupcial; ¿no te sorprende?
¿no te llena de horror?
SÉNECA
No; que en los siglos
de torpeza y crueldad el varón cuerdo
65
admira las virtudes, no los vicios:
quién sin motivo repudió su esposa
quién dio muerte a su hermano vengativo:
quién repitió de Troya la tragedia
por ver de Roma arder los edificios:
70
quién después de matar su dulce madre
quiso ver sus entrañas por sí mismo,
no es extraño condene a su maestro
a un arresto cruel, sino al suplicio.
PAULINA
¡Sin oírte el tirano te condena!
75
SÉNECA
Le basta haber oído tus desvíos.
PAULINA
¿Y no piensas volver por tu inocencia?
SÉNECA
Por medio Tribuno sólo pido
esta gracia a Nerón, más por ser gracia
no pienso conseguirla del impío.
80
PAULINA
¿Qué determinas?
SÉNECA
Nada.
PAULINA
¿Pues qué quieres
por conjurado en Roma ser tenido?
SÉNECA
Su Emperador lo dice.
PAULINA
Yo recelo
que suceda al arresto tu suplicio.
SÉNECA
Nada debe abatir al inocente.
85
PAULINA
Aunque me has dado ejemplos infinitos
de constancia y valor, en este caso
no me deja imitarlos el cariño,
el sexo y el amor me hacen sensible;
y primero que sufra que el cuchillo
90
sangriento del rigor por su mandato
en tu cuello descargue el golpe impío,
convocaré de Roma las matronas,
las madres, las esposas; si el bien mío,
yo las sabré juntar para acordarlas
95
la muerte del esposo, la del hijo,
la del padre, el hermano, y finalmente
la de su mismo honor; y enardecidos
sus débiles alientos con mis cargos,
armarán de valor sus cortos bríos,
100
sus brazos de puñales sanguinarios,
y de rabia sus pechos vengativos.
SÉNECA
¿Y en quién descargarán su fiero enojo?
PAULINA
En el monstruo de Roma.
SÉNECA
¡Qué delirio!
Aunque la enormidad de sus excesos,
105
ese epíteto vil han merecido,
al Cielo, no a los hombres, pertenece
la sentencia fatal de su castigo.
PAULINA
Para excitar la cólera divina
tampoco a mi dolor faltan arbitrios.
110
La sangre derramada, que aún humea
a impulso del ardor de mis suspiros,
penetrarán su Alcázar, sí, y los cielos
de su mudo clamor compadecidos
su sagrado furor, contra el tirano,
115
demostrará con rayos vengativos.
Teme Nerón el ceño de los Dioses,
ya se cansaron de sufrir tus vicios.
SÉNECA
Del rumor que se escucha nuevamente,
corre a saber Paulina los motivos.
120

(PAULINA va a mirar con motivo del rumor y vuelve asustada: la música expresa su sobresalto.)

SÉNECA
¿Qué has visto que asustada retrocedes?
PAULINA
Al hijo de Agripina: ¡cruel conflicto!
SÉNECA
Retírate a tu cuarto.
PAULINA
No es posible.
SÉNECA
No temas; mi virtud queda conmigo.
PAULINA
Si la virtud te sirve de custodia,
125
no tiene que temer el pecho mío.

(Vase.)

(Alegro estrepitoso que anuncia la salida de NERÓN con sus secuaces.)

NERÓN
Paulina se recata de mis ojos,
y crece mi pasión con sus desvíos.
SÉNECA
Yo no solicité que para oírme
me vinieseis a honrar.
NERÓN
Pues yo he querido
130
dispensarte el rubor de presentarte.
Que he sido tu discípulo, no olvido,
y agradecido, quiero de tu causa
ser defensor y Juez a un tiempo mismo.
Retiraos.

(Vanse los Romanos.)

SÉNECA
Nerón busca a Paulina.
135
NERÓN
¡Que no tenga de verla el corto alivio!
¿Es dable que un varón de tu prudencia,
que la estoica virtud siempre ha seguido,
estando ya en el borde del sepulcro
contra su Emperador se haya atrevido,
140
tratando con Pisón y otros malvados
la libertad de Roma y su exterminio?
SÉNECA
¿Quién afirma que Séneca en sus tramas
tuvo la menor parte?
NERÓN
Yo lo afirmo.
SÉNECA
Los Monarcas son hombres y se engañan,
145
si a la lisonja prestan sus oídos.
Vos seríais de Roma la delicia,
si a Pompeyo no hubieseis conocido.
NERÓN
Uno de los traidores te condena,
¿conoces a Natalio?
SÉNECA
Sí.
NERÓN
Ese mismo
150
de parte de Pisón fue a darte quejas
de tu descuido en veros.
SÉNECA
Ese indicio
no basta a condenarme.
NERÓN
No bastara,
si a Natalio no hubiese respondido,
que tu vida pendía de la suya,
155
y que no convenía a los designios
de los dos mantener público trato.
SÉNECA
¿Eso afirma Natalio?
NERÓN
Por testigo
pone a tu misma esposa.
SÉNECA
Si lo crees
será en vano, señor, contradecirlo.
160
De parte de Pisón negar no puedo
que me culpó Natalio de remiso;
pero me excusé verlo con pretexto
de la tranquilidad a que yo aspiro.
En cuanto a que mi vida dependía
165
del pérfido Nerón, sólo te digo
que mi vida depende de los Dioses;
nací por ellos, y por ellos vivo.
NERÓN
Pues por mí morirás.
SÉNECA
Te has engañado;
si muero, moriré porque el destino
170
lo tiene decretado.
NERÓN
En vano intentas
limitar de Nerón el poderío.
Sincera tu conducta, justifica
que de Pisón jamás has sido amigo;
que no has tenido parte en sus proyectos
175
abominables, y que nunca has sido
censor de mis acciones, y en amago
se quedará el decreto del castigo;
de no, para expiar tu enorme culpa,
Nerón inventará nuevos suplicios.
180
SÉNECA
A Séneca en pobreza poderoso,
intimidar no pienses con mentidos,
y especiosos pretextos: esa trama,
esa conjuración, en que ha querido
mezclarme tu crueldad, lleva los fines...
185
Mas no se atreve el labio a proferirlos:
consulta el corazón por un momento,
y sabrás se de un Príncipe son dignos.
NERÓN
No sé cómo tolero tu osadía.
SÉNECA
Ni yo cómo no muero de haber visto
190
tan mal recompensados mis sudores.
NERÓN
¿Querías tener parte en mi dominio?
SÉNECA
De frutas me mantengo y agua pura:
con esto, Emperador, te he respondido.
NERÓN
Si no te justificas no te absuelvo.
195
SÉNECA
Con eso cumplirás con tus designios.
NERÓN
Yo satisfago sólo la justicia.
SÉNECA
Mejor dirás, Señor tus apetitos.
NERÓN
¿Qué es lo que dices, Séneca? Repara...
No sé cómo mi cólera reprimo.
200
SÉNECA
Ignoro la lisonja.
NERÓN
Pero sabes
insultar a quien tiene en ti dominio.
SÉNECA
Yo verdades publico solamente.
NERÓN
Pero son osadías.
SÉNECA
Me he excedido;
mi humildad lo confiesa desde luego,
205
mas son muy poderosos los motivos.
Tú quisiste, Nerón, envenenarme
por medio de un Liberto que he tenido.
¿Entonces se encontraba tu maestro,
manchado con la bota del delito?
210
No siento, no, la muerte que me espera
sólo siento la fama que has perdido.
¿No ves, que tu rigor con los excesos
el árbol del poder deja abatido?
¿Aquel árbol frondoso, en cuya sombra
215
inocencia, y virtud buscan asilo?
Baste ya de rigor, baste de enojo,
harta sangre inocente se ha vertido,
harto ha llorado Roma, y harto el mando
a tanta iniquidad se ha estremecido.
220
Considera que próvida la tierra
produce entre sus venas hierro limpio:
y que muere tan pronto el inocente
como el culpado a sus agudos filos.
NERÓN
¿Y qué debo temer?
SÉNECA
Lo que no temes.
225
NERÓN
Me defiende el temor.
SÉNECA
Mas no el cariño.
NERÓN
¿Quién no teme la muerte?
SÉNECA
El despechado.
NERÓN
Yo a nadie tiemblo.
SÉNECA
Tiembla de ti mismo.
NERÓN
Pues ya empiezo a temblar; y el sufrimiento
que en escuchar a Séneca he tenido,
230
al furor natural que me arrebata,
añade de furor nuevos motivos.
Ya soy monstruo de Roma, ya soy furia.
Ya a ser vuelvo el azote, el exterminio
y la desolación del Universo;
235
ya a ser vuelvo Nerón, tiemblen los riscos,
tiemblen los montes, tiemblen las estrellas
y finalmente tiemble el Cielo mismo;
porque según la rabia, y el enojo
que en mi pecho feroz se ha introducido
240
no habrá cosa en el mundo que no acabe
al ardiente volcán de mis suspiros.
SÉNECA
Emperador, el Cielo te bendiga;
tú eres mi dueño, a todo me resigno.

(Vase.)

(A una seña de NERÓN, sale SILVANIO hablando con mucho misterio, y PAULINA se asoma a observarlos. Corto periodo de música.)

NERÓN
Ve Silvanio a extender luego el decreto;
245
Séneca ha de morir.

(Vase SILVANIO.)

PAULINA
¡Qué es lo que he oído!
¿Es posible, señor que así condenes
a tu Maestro, y Padre a un tiempo mismo?
NERÓN
¿Quién por él intercede? ¿quién?
PAULINA
Paulina.
NERÓN
¿Qué poder, qué virtud tiene tu hechizo
250
que del monstruo mayor del universo
he pasado al amante más rendido?
¿Qué quieres de Nerón?
PAULINA
No quiero nada,
volviendo a sus antiguos desvaríos.
NERÓN
Es imposible en mí dejar de amarte.
255
PAULINA
Y en mí de aborrecerte. ¿Qué delito
ha cometido Séneca, mi esposo
para que le condenes al suplicio?
NERÓN
Los que yo me reservo por prudencia.
PAULINA
Yo no tengo reparo de decirlo.
260
Ser Paulina inflexible lo primero:
lo segundo, Nerón ser vengativo.
Estos son los delitos de mi esposo,
pues tienes las virtudes por delitos.
NERÓN
¿Sabes quién soy Paulina?
PAULINA
Sí; un intruso,
265
tirano usurpador de estos dominios.
NERÓN
¿Qué dices?
PAULINA
Si el laurel ciñes de Roma,
le ciñes de Británico en perjuicio,
su legítimo dueño; porque Claudio
de ningún modo pudo contra un hijo,
270
renunciártelo a ti.
NERÓN
Basta Paulina.
PAULINA
Si no fueras intruso, fueras pío,
fueras clemente, fueras justiciero,
y sabrías por tu decoro mismo
dominar tus pasiones.
NERÓN
Del desprecio
275
solamente son dignos tus delirios.
¿Ha muerto, por ventura, tu consorte?
PAULINA
Pero es inevitable su destino
NERÓN
Será porque tu misma le condenas.
PAULINA
Mejor dirás tu ciego desvarío.
280
Tú quieres reducir a una consorte
a que compre la vida del marido
a costa de su honor, pero primero
que consigas vencerme a tu cariño
armada de un puñal, a mi decoro
285
inmolaré la vida en sacrificio.
NERÓN
Huye la tortolilla del milano,
la cierva del león, porque su instinto
natural se lo enseña; pero al hombre
que es lo mejor que el Cielo ha producido,
290
nadie le enseña a huir de la belleza;
antes ella le atrae a su cariño.
PAULINA
No quieras confundir el amor puro
con el culpable; huye de este sitio,
evita mi presencia y si en tu pecho
295
de humanidad conservas algún viso
permíteme que muera con mi esposo:
este es sólo el favor que yo te pido.
NERÓN
Reflexiona Paulina más despacio
mi generosa oferta y tu destino:
300
propicia la fortuna en este día
te ofrece con mi amor mi poderío;
si tú quieres reinar y aun ser mi esposa
nada encuentra difícil mi cariño.
La Matronas Romanas que ahora brillan
305
por el lustre y poder de sus maridos,
doblada la rodilla en tu presencia
te servirían de esclavas si es preciso:
entre ellas lucirás como la luna
luce entre las estrellas: Si bien mío,
310
y cuando de mi amor acompañada
saliere a ostentar el poderío,
los vivas de una plebe alborozada
llenarán de lisonjas tus oídos.
¿Renunciarás del Trono las grandezas?
315
¿mirarás con desprecio mi cariño?
PAULINA
Si unieses al imperio que me ofreces
toda la India junta. ¿Mas qué digo?
¿de qué sirve la India? Toda la Asia,
la Germanía, la Iberia, y el dominio
320
del mundo entero, lo despreciaría
mi noble corazón; que más estimo
conservar el tesoro de mi fama,
con aquella pureza que es debido,
que dominar a Roma; que del Orbe
325
tener el absoluto Señorío.
Nerón por la humildad de una cabaña
si pudiese vivir con mi marido
trocaré los Palacios más soberbios;
de esta suerte agradezco el beneficio.
330
Si eres en crueldades dura peña,
yo soy en resistencia duro risco.
Me quitarás la vida, no la fama;
eclipsarás mis ojos no mis brillos;
por último Nerón, antes que ceda
335
mi constancia a tus bárbaros designios
despuntará la aurora en el ocaso,
venas de fuego correrán [no se puede reproducir por defecto del original]
producirán la nieve los [no se puede reproducir por defecto del original]
la tierra ocupará del sol el sitio,
340
los Cielos pararán, el aire torpe
del modo de alentar perderá el tino;
todo puede mudarse, todo, todo
menos mi corazón y mi heroísmo.
NERÓN
¡Qué contraste tan fiero de pasiones!
345
Yo siento que se abrasa el pecho mío
de amor y de furor; pero apuremos
de una vez su constancia: dos partidos
le quedan a tu amor desventurado:
el cetro, o el puñal.
PAULINA
No me intimido.
350
Aquí tienes mi pecho, tu venganza
satisface con golpes repetidos.
NERÓN
¡Que quien domina el mundo y las estrellas
no pueda dominar los albedríos!
El Cetro es para ti si a mí te vences,
355
y el crudo acero para tu marido,
si desprecias mi amor: ¿quieres su vida?
renuncia a tu tesón: No hay otro arbitrio
otro medio no queda a tu constancia,
amor, o muerte.
PAULINA
Pues la muerte elijo.
360
NERÓN
¡Ola!

(Sale SILVANIO con un papel en la mano. PAULINA habrá vuelto las espaldas a NERÓN y con la agitación que le causan sus temores se vuelve a mirarle y al ver que está con la sentencia en la mano, se estremece, tiembla, quiere ir a suplicarle y se detiene, NERÓN leyendo la sentencia procura observar los afectos que la combaten: la música expresará esos sentimientos con la mayor propiedad.)

NERÓN
¿Tiemblas? ¿te agitas y estremeces?
¿en dónde está el valor? ¿dónde está el brío?
Pero aún estás a tiempo.
PAULINA
¿De qué monstruo?
NERÓN
De redimir la vida a tu marido.
PAULINA
Hombre de crueldad, ¿quién te ha enseñado
365
a combatir un pecho dolorido
por medio de un examen tan tirano,
por medio de un contraste tan impío?
NERÓN
Tu ciega obstinación.
PAULINA
De tu perfidia.
NERÓN
No más; hartas injurias he sufrido.
370
La suerte de tu esposo está en mi mano;
solamente le falta un requisito:
que por un breve instante le suspende
el poderoso imán de tus hechizos.

(Se sienta, y toma la pluma.)

PAULINA
¡Qué horror! ¡Qué miras! Fírmala tirano.
375
NERÓN
Puesto que lo deseas, ya la firmo.
PAULINA
¿Qué es esto? el corazón según parece
un agudo puñal le ha dividido.
NERÓN
Pues tú misma a tu esposo has condenado,
tú misma ve a enterarle del castigo:
380
para elegir el género de muerte
una hora por gracia le permito.

(Vase.)

(NERÓN da la sentencia a PAULINA. Ésta al tomarla hace una grande exclamación y cae desmayada en el suelo. Sale SÉNECA de su estancia y al ver a PAULINA desmayada corre a socorrerla.)

PAULINA
¡Dioses!
SÉNECA
Ya no se oye a Nerón... ¡Cielos!
Paulina está entregada a un parasismo.
¡Señora! ¿qué es aquesto? No responde...
385
Por su frente destila un sudor frío
igual al de la muerte. En su regazo
tiene un papel al parecer escrito.

(Le lee.)

¿Qué contendrá? Mi muerte. Ya comprendo
de donde a dimanado su deliquio.
390
¡Ah cruel!
PAULINA
¿Dónde estoy?
SÉNECA
Ya se recobra.
PAULINA
¡Séneca!
SÉNECA
Ya ha cesado su peligro:
El terrible decreto a cumplir vamos:
para morir nací: no me intimido.

(Vase.)

(Vuelve PAULINA del desmayo, reconoce el sitio y se queda pensativa: música.)

PAULINA
¡Oh! ¡terrible papel! ¡fatal sentencia!
395
¿pero tendré valor... ¡mortal conflicto!
para ser mensajera de su muerte?
Carezco de valor, me falta brío.
Este paso supera ya a las fuerzas
de una débil mujer... Pero ¿qué arbitrio
400
buscará mi dolor en tal apuro?
Tan fuera de mí estoy que me fatigo
para darle el papel de mi sentencia.
Y no pienso, discurro ni medito
el modo de salvarle, o de seguirle;
405
porque si yo a su muerte sobrevivo,
que no es dable en Paulina, quedo expuesta
al rigor del tirano, y en el siglo
en que reina la culpa y el desorden
solamente en la muerte se halla alivio.
410
Esto resuelvo; para cuyo efecto
de Séneca, a la estancia me dirijo;
pero al entrar el alma se conturba.
A pesar del temor me determino.

(Abre la puerta, va a entrar, se cubre el rostro con las manos, se llena de horror, y retrocede: música.)

PAULINA
¡Pero Dioses! ¡qué horror! del inhumano
415
ya el decreto fatal dejó cumplido:
Ya es víctima mi esposo de la rabia;
ya es mísero trofeo del destino:
Su languidez, su sangre no me engañan,
ni tampoco me engañan mis martirios.
420
Ya llegó la ocasión de que Paulina
muestre a Roma y al mundo su heroísmo.
Séneca, esposo amado; mi delicia...
Cuando plugo a los Dioses... ya te sigo.
Si me diste ejemplos de constancia,
425
a dártelos de amor yo me encamino.
Y tu escarnio y oprobio de los hombres,
sangriento azote, y opresor impío
de un pueblo subyugado, teme el odio,
teme la saña, teme el ceño altivo,
430
y en fin la maldición de una alma llena
de rabia y de furor... Yo te maldigo
de parte de los Dioses, de los hombres,
las estrellas, las fieras y los riscos;
para que mientras baja de los Cielos
435
a cumplir la venganza tu castigo,
vivas muriendo del dolor cercado
ocupado en pensar en tus delitos,
padeciendo en tu pecho los tormentos,
las ansias, las angustias, los martirios
440
que has hecho padecer a cuantos tienen
la desgracia de haberte conocido.

(Vase.)

(Música. Sale SÉNECA moribundo, y dice.)

SÉNECA
¿Dónde está Paulina? Entre sus brazos
quisiera dar el último suspiro.
Más no parece: ¿si me habrá dejado?
445
No es dable, no es creíble en su cariño.
Para la eterna noche poco a poco
voy cerrando mis ojos afligidos.
Yo muero; ya se acerca el duro instante
de sellar con mi sangre mi destino.
450
No pienses cruel Nerón que a tu Maestro
le intimida el rigor del fallo impío;
el cúmulo de excesos y crueldades,
que a cada paso he visto repetidos
me hacen dulce la muerte: mi tragedia
455
se debía escribir por mis amigos
con la sangre que vierto... ¡qué desmayo!
Para evitar los golpes del destino;
pero siento rumor.

(Sale PAULINA.)

PAULINA
¿Séneca? ¿Esposo?...
SÉNECA
¿Quién me llama?
PAULINA
Paulina.
SÉNECA
Ya habrás visto
460
del modo que el tirano premia al justo...
acércate Paulina... mas ¿qué miro?
¿qué es aquesto?
PAULINA
Imitarte... ¿Qué querías
que mi decoro fuese desperdicio?...
SÉNECA
Te comprendo, y aplaudo en mi desgracia
465
que exceda tu heroísmo a mi heroísmo;
pero mis fuerzas ceden al desmayo...
PAULINA
También las mías van perdiendo el brío...
tus moribundos ojos me declaran
que debemos morir a un tiempo mismo...
470
yo te lo ofrezco... mas la fría muerte
va cerrando sus labios...
SÉNECA
Aún respiro...
Paulina.

(Muere.)

PAULINA
Mas ya ha muerto.

(PAULINA se queda estática mirando atentamente a SÉNECA, y después de un corto instante sale NERÓN con séquito: música.)

NERÓN
Mi decreto
ya ha dejado el filósofo cumplido.
PAULINA
¡Que el dolor no me acabe! ¡Que mi sangre...
475
perezosa obedezca a mis designios!
¡Aquí el cruel!...
NERÓN
¡Qué veo!
PAULINA
¿Qué te admira?
De ese modo defiendo mi honor limpio.
NERÓN
Corred a libertarla de la muerte.
PAULINA
Es tarde ya.
NERÓN
Mal haya mis delirios.
480
PAULINA
Pero antes de espirar quisiera hablarte.
Tenía que decirte... ¡Qué martirio!
¡Oh pese a mi valor! cielos sagrados
dadme por un instante vuestro auxilio;
no puedo incorporarme, dura pena.
485
Dioses oíd mis voces, mis gemidos,
y logre levantarme... pero en vano...
ánimo corazón... ya tengo brío...
acércate Nerón... que yo te llamo.
NERÓN
Qué quieres...
PAULINA
Darte muerte... mas yo espiro.
490

(PAULINA logra incorporarse, y al tiempo que va a herir a NERÓN se le cae el puñal de la mano: música hasta acabar.)

NERÓN
¡Espectáculo atroz! ¡terrible vista!
huyamos al instante de este sitio,
que la sangre que veo derramada,
parece que amenaza mi castigo.

FIN