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(R). Aplicando a nuestro caso unas palabras del tomista Arintero, al hablar de las modernas tendencias ante el Evangelio, podríamos decir aquí:
«Como suele decirse, con agua pasada no muele el molino.
A nosotros nos toca aprovechar bien lo que hoy corre, y preparar el cauce para la que habrá de correr mañana.
Lo pasado, bueno o malo, fue, como dice Mgr. Ireland, obra de nuestros mayores: ahí nada podemos poner ni quitar.
Lo presente es nuestro campo de acción, y lo por venir será nuestra obra.
Si ellos fueron grandes, también para eso tuvieron que ser hombres de su siglo; seamos, pues, del nuestro, si queremos que los contemporáneos nos entiendan y puedan simpatizar con nosotros y aceptar nuestra influencia.» (Obra citada; pág. 341).
Y parafraseando otras del mismo celebrado tomista, podríamos añadir:
¿Por qué, pues, en presencia de algunas teorías filosóficas, inveteradas y gastadas, no hemos de repetir con Santo Tomás: Recedant vetera, nova sint omnia: corda, voces et opera?
No tenemos por qué engreírnos ponderando con buenas y altisonantes palabras nuestras viejas teorías filosóficas que ya pasaron; porque non in sermone est Regnum Dei, sed in virtute.
Y la virtud divina, que todo lo renueva, sabrá sacar de las nuevas ciencias, es decir, de las actuales y por ende nuevas orientaciones filosóficas, un partido tan admirable como inesperado. (Obra citada; pág. 369).
-¿Cómo lograr todo esto?
-Procurando que fructifique y que se desarrolle cumplidamente el germen del Descenso intelectual que se halla en los libros del Angélico, e inoculándole lo que le falte tocante a lo mismo.
Santo Tomás completado con el Beato Lulio: he aquí la fórmula.
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(S). Se impone la adaptación del Tomismo las orientaciones del presente.
El Tomismo, como la Iglesia, puesto que como ella es la verdad, tiene una gran virtud de adaptación.
Hay que ligar el Tomismo con los tiempos actuales.
Hay que ligar el Tomismo con el Descenso del entendimiento.
Hay que estudiar a la vez a Santo Tomás y al Beato Lulio.
¿Diréis que no? ¿Diréis que nos basta el Tomismo antiguo, el tradicional? ¿Diréis que nos basta el Ascenso del entendimiento?
Pues decidme: ¿quién es el tomista de nuestros días que pueda resucitar y poner en el mercado científico de hoy todas las cuestiones del Angélico Doctor?
¿Quién es el tomista de nuestros días, que, con el Tomismo tradicional en la mano, abra nuestros horizontes a la filosofía?
¿Quién es el tomista de nuestros días, que, con el solo Tomismo tradicional, nos compense decorosamente, para el progreso de las ciencias especulativas, de acudir al problema filosófico actual? ¿Quién es el tomista que, ante las obras de San Agustín y el Beato Lulio, se atreva a sostener que la tendencia lógica e ideológica de la humanidad es una sola, y, de consiguiente, que las leyes del Descenso intelectual (indicadas tan sólo por Platón, desarrolladas algún tanto por San Agustín y completadas y metodizadas por el Beato Lulio) no son connaturales al hombre?
Si el Tomismo es la verdad, debe evolucionar, porque la verdad es vida, y la vida es evolución.
Quien se oponga a la evolución del Tomismo, que no se diga discípulo de Santo Tomás.
Fijaos bien en lo que voy a deciros, Profesores y alumnos de este mi amado Seminario Conciliar de Urgel.
Para que vuelva a reinar; para que vuelva a llenarlo todo el antiguo espíritu tomista, con pensamiento nuevo, propio y útil, no trasnochado y gastado; para que la Escuela Tomista vuelva a ser, en conformidad con las exigencias del presente, intervencionista e imperialista, como lo fue en otras edades, es de absoluta necesidad que todos los discípulos del Angélico enlacemos las doctrinas del Maestro con el problema filosófico actual.
Es necesario que fecundemos los principios, pocos o muchos, del Aquinatense acerca el Descenso del entendimiento y que los completemos con las doctrinas del Beato Raimundo Lulio.
Tengo para mí que si, tocante al Tomismo, alguien «cree que lo intangible de la esencia supone y reclama necesariamente la intangibilidad más absoluta de todos los métodos y de todas las formas», ese tal se equivoca lastimosamente. (Apud Arintero).
El Tomismo no es, no debe ser, letra muerta, sino espíritu vivificador.
Y, sabedlo, el espíritu tiene sus leyes.
-Ahora bien, ¿sabéis cuál es la ley suprema del espíritu?
-La ley suprema del espíritu es la asimilación. Sin la asimilación el espíritu no puede vivir, porque no puede nutrirse, no puede expansionarse.
Si el Tomismo no pudiera asimilarse lo bueno, lo verdadero de todas las edades y, por tanto, de la presente; si no pudiera asimilarse lo que haya de legítimo y verdadero en el Descenso luliano del entendimiento; ello demostraría que el Tomismo no es espíritu, sino letra muerta; no es la verdad sino una apariencia de la misma.
Que se asimile, pues, el Tomismo todo lo bueno y verdadero del actual movimiento filosófico; que no viva ¡por Dios! divorciado de la actualidad; que escuche atentamente las pulsaciones de la mentalidad moderna; y si ello exige que vayan ahora los tomistas a gustar y beber las aguas saludables de las Doctrinas Lulianas... que lo hagan en buena hora.
¿Acaso lo verdadero, lo inmutable, lo perenne, lo eterno, así de Tomás como de Lulio, no procede todo igualmente del Dios de las ciencias?
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Principia vero hujus Artis sunt haec: Bonitas, Magnitudo, Æternitas sive Duratio, Potestas, Sapientia, Voluntas, Virtus, Veritas, Gloria, Differentia, Concordantia, Principium, Medium, Finis, Æqualitas. (Ars Magna et Ultima: prooemium. -Argentorati, 1651.) Ordinariamente, al citar Lulio estos atributos divinos, añade los términos o palabras contrariedad, mayoridad y minoridad. Pero es de advertir que estos tres conceptos los aplica el Maestro al Arte Combinatoria solamente, no empero a su Sistema Científico.
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...quoad duodecim Imperatrices divinas, in Libro de Natali tactas, quae sunt de Principiis Theologiae, Deo existente subjecto ipsius Theologiae...
Intellectus causat scientiam cum duodecim Imperatricibus quae sunt hac: divina bonitas, magnitudo, aeternitas, potestas, sapientia, voluntas, etc. (Duodecim Principia Philosophiae: De Prologo. -Argentorati, 1651).
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Rursus dixit Intellectus: ...intelligo et facio scientiam... per ca quae sunt superiora, ut puta, per Deum et per suas Dignitates.
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Per Bonitatem sum bonus; per Magnitudinem, magnus; per Æternitatem, durabilis; per Potestatem, potens; etc.
Et ideo, cum sim sic associatus, sum potens ad intelligendum generalia, ut puta, genus, species abstracta, eo quod unum, bonum, magnum, etc., cum omnibus istis sum compositus... et objectum primum, qui est meus finis, et omnia per ipsum, cum ipsis facio scientiam profundam de bonitate, magnitudine, duratione, etc.
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Ait Elementativa: Principia innata elementorum, sunt bonitas, magnitudo, duratio, etc.
Et ipsa principia in ipsis existentia sunt in me contracta mediantibus elementis, ut habeam naturam ipsorum principiorum, bonam, magnam, durabilem, etc., sub qua natura sunt elementata, ut metalla. (Duodecim Principia Philosophiae; cap. V).
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Ait Vegetativa: Mea principia innata sunt bonitas, magnitudo, duratio, potestas, sapientia vel instinctus, voluntas seu appetitus, virtus, etc., in me contracta et specificata. Ex istis omnibus est mea essentia et natura et omnes meae operationes et meus motus. (Obra citada; cap. VI).
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Ait Sensitiva: Meae relationes praedictae per Principia innata sunt constitutae et relatae, ut puta, per bonitatem, magnitudinem, durationem, etc.
Et ista sunt principia nostra subalternata a principiis supremis descendentia, tanquam a causis primitivis, ut puta, a divina bonitate, magnitudine, etc., sub quibus principia nostra comprehenduntur ad placitum, sicut finitum comprehenditur per infinitum, et novum per aeternum et hujusmodi. (Cap. VII).
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Rursus ait Imaginativa: Sum absoluta una pars Universi, eo quod una pars bonitatis absolute est in me contracta; et sic de alia parte Universi, quae est magnitudo; etc.
De omnibus istis partibus sum constituta substantialiter et accidentaliter, ratione cujus sum substantia absoluta quoad meam essentiam et naturam, et habeo accidentia absoluta a mea substantia progredientia et in me permanentia. (Cap. VIII.)