Salvador Rueda y la poesía de la naturaleza andaluza
Francisco José Ramos Molina
Universidad de Málaga
Miren ustedes, Salvador Rueda no tiene nada de andalucista en su poesía, a pesar de que Andalucía está presente en sus poemas.
Esta afirmación tan categórica ha sido objeto de discusión entre la crítica. Así, don Rafael Bejarano Pérez1, otrora Archivero Bibliotecario Municipal de Málaga, nos pone en conocimiento lo que opinaba Juan Ramón Jiménez:
Por el contrario, Bienvenido de la Fuente2 afirma:
Según José María de Cossío Rueda es «[...] el poeta andalucista, sin contar todo lo demás que es en la poesía de su tiempo, más abundante y copioso»
3:
«"La clueca" es uno de los poemas que mejor representa esa tendencia: los elementos específicamente locales están ahí -Málaga, campesina y marinera, el pasero y el copo- pero al servicio de la recreación de un ambiente que difícilmente cabría imaginar fuera de la región andaluza y levantina»4. |
Nuestra opinión ante el estado de la cuestión es que Rueda es un poeta vitalista, que canta lo que experimentó y vivió; poeta de lo vivido que sabe trascender a lo universal. Es por ello que compartimos las afirmaciones de María Isabel Jiménez Morales en su edición de El gusano de luz:
«El autor de Benaque fue un enamorado de la naturaleza, por ello ésta era su fuente de inspiración principal de donde sacaba ese color y esa música de la que todos los críticos hablaron al enjuiciar sus obras. Pero la naturaleza a la que él siempre acudía no era la de la gran ciudad, la de la corte -en la que se asentó desde sus inicios literarios-, sino la que conoció y en la que convivió con su familia desde su niñez, que no fue otra que la de su Benaque natal»5 |
Don Manuel Prados, en este sentido afirma:
«Amante de la belleza clásica y entrañablemente encariñado de por vida con lo andaluz, fue siempre poeta de Málaga, aun después de ser considerado poeta del mundo»6. |
Y para terminar con este preámbulo sobre el sentimiento malagueño de nuestro poeta, el 24 de abril de 1919, en una carta dirigida a Manuel Callejón Navas, Salvador Rueda afirma:
«Puedo decir con el corazón puro, no manchado por nada, y con el alma de la que no se ha caído un solo pétalo: Noble Málaga, tierra mía, madre mía; aquí me tienes, tuyo soy, en ti estaré hasta que caiga abrazado a tu tierra para morir...»7. |
Con ello no está haciendo otra cosa que manifestar su profundo amor a la tierra que le vio nacer. Confirmar su condición de poeta vitalista, cantor de la experiencia vivida, como ya hemos anotado anteriormente. Su amor a Málaga se refleja en su poesía con la cantidad de poemas que dedica, de una manera u otra a su ciudad.
Cristóbal Cuevas, en su magnífica Gran antología recopila los siguientes poemas donde aparece alguna referencia directa a Andalucía8. (Me parece un abuso hacer relación completa del listado; no obstante, les voy a anotar alguna referencia a Málaga, Granada y Sevilla)9:
En «El pavero» había de un tipo popular desaparecido ya, el vendedor de pavos, y menciona «la manzana de Ronda...»
y «la pasa olorosa de Andalucía»
(pág. 206, I).
En Felipe Trigo» menciona a «Tu Alhambra de mujeres, pintada de desnudos»
(pág. 282, II). «La música de Granada» (págs. 286-287, II), también está dedicado a la ciudad de la Alhambra. «Adiós a Granada, siete veces divina» (pág. 594, II), dedicado a la ciudad con la que asocia el fruto del granado. El poemario Sierra Nevada (págs. 617-629, II) lo sitúa en Granada y es fundamental para entender el sentimiento católico de la poesía de Salvador Rueda.
En el soneto «La copla» podemos leer en el último terceto:
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| (Pág. 382, II) | ||
En «Mi patria» (págs. 397-398, II) delimita lo que posteriormente se conocerá como Costa del Sol y afirma que es su patria. En «Sobre el pentagrama» alude a:
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| (Pág. 441, II) | ||
«Sevilla en abril» (págs. 749-759, III) está dedicado a la Semana Santa y la feria de Sevilla. En «A ver la novia» (págs. 763-769, III) aparece la ciudad de Sevilla. En «Mascarada», menciona a «una monja de Sevilla»
(pág. 803, III). «Al ver los jazmines en América» (pág. 874, III), le recuerda los sevillanos. El andalucismo de Rueda va más allá del enfrentamiento Málaga-Sevilla. Es una Andalucía vivida la que canta el poeta de Benaque.
«La Giralda» (Guajiras para la guitarra) (pág. 909, III) dedicado al monumento sevillano. «Los fuegos artificiales» (Sevilla) (págs. 918-920, I)
En «Mujer popular» (pág. 48, I) alude a un barrio malagueño: «esta copia trinitaria / cantó llorando la Nena [...]»
((pág. 48, I). Y en el mismo poema:
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| (Pág. 49, I) | ||
En «A Málaga» (pág. 245, I), una loa a Málaga con todas sus virtudes, recuerda:
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| (Pág. 246, I) | ||
Y en «Málaga» (Canto popular) (pág. 690, III), otro canto en forma de loa, dice:
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| (Pág. 691, III) | ||
O en «Paisaje lírico...» (pág. 536, II), poema profundamente malagueño, nueva alabanza a su tierra natal:
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| (Pág. 537, II) | ||
«La romería» (págs. 785-791, III) hace un recorrido por los barrios malagueños:
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| (Pág. 785, III) | ||
En «La mecedora» (págs. 745-747, III) sitúa el poema en Málaga: «En la ciudad donde cantan / con arte los pregoneros»
. «La juerga» (págs. 759-763, III), poema con una estructura paralela al ya citado «La romería», canta:
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| (Pág. 759, III) | ||
En «La fiesta» (pág. 669, III) aparecen campesinos malagueños.
No voy a continuar citando puesto que sería tedioso. Solo decir al róncelo que las ciudades de Andalucía que más aparecen en su obra, además de Málaga, ya citada, son Granada y Sevilla.
A continuación, es obvio: por un lado hemos afirmado la ausencia de andalucismo en el poemario de Salvador Rueda. Por otro, ponemos ejemplos de la presencia de lo andaluz. Se preguntarán ustedes: ¿qué hace este señor aquí con un título como «Salvador Rueda y la poesía de la naturaleza andaluza» si no se aclara?
Veamos: he afirmado que Salvador Rueda no era un poeta andalucista a tenor de lo que se puede leer en su poesía. Su idea de nación es la raza hispana, la unidad cultural de España y América, así lo afirma la «Las naciones de América» (pág. 22, I):
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| (Pág. 23, I) | ||
Esto que observamos en su poesía se ve corroborado en las propias palabras del poeta de Benaque:
«Repasad las civilizaciones y veréis que todo se queda pequeño ante el panorama calenturiento y terrible, epiléptico y arrollador de las cosas que hizo España al echar los cimientos del mundo moderno. [...] Ante la grandeza de nuestra raza, si me dijeran: ¿quieres ser alemán?, diría no; ¿quieres ser inglés?, diría no; ¿quieres ser francés?, diría no; ¿italiano, ruso, griego?; no, no, no. Todo eso junto no tiene el abolengo ni la fuerza milagrosa de España; todo eso es medible, tiene su metro, su diapasón, su norma, su compás. España ni tuvo ni tiene medidas, ni principio, ni fin, ni alfa ni omega. Y por eso yo tengo la inmarcesible gloria, la gloria más grande de la tierra: la de ser español»11. |
Las naciones americanas son la manifestación de la raza española allende los mares. De la Madre Patria tomaron el idioma y la religión, baluartes universales12.
No está de moda, pero a Salvador Rueda se le conoció como el «poeta de la raza». En palabras del maestro Cristóbal Cuevas: «Rueda es [...] más que un tópico versificador de asuntos patrios, un artista del sentimiento patriótico»
13, con una visión de la españolidad, más allá de la Península Ibérica, añadimos nosotros:
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| (Pág. 328, II) | ||
Por encima de esta identidad supranacional se impone el concepto de la Naturaleza. Para Salvador Rueda la Naturaleza es la suprema manifestación divina; el poeta se funde con ella para cantarla, que es un modo de cantar a Dios.
El vate es un ave lira que «En su plumaje, que hacia Dios levanta, / la inspiración divina se refleja»
(pág. 258, II):
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| (Pág. 437, II) | ||
Volvemos, entonces, al principio. Si la naturaleza es una manifestación de la existencia de Dios, es decir, es creación divina que el vate tiene el privilegio de cantar, ¿qué naturaleza es la cantada por Salvador Rueda? ¿Qué elementos de la naturaleza predominan en sus poemas?15
Los elementos de la naturaleza que Rueda canta son aquellos que ha vivido, y para conocerlos tenemos varias fuentes del propio poeta.
En la desaparecida revista El turismo en Málaga publica Salvador Rueda «La diosa de los cuatro velos»16, un artículo en el que hace un canto de la Naturaleza malagueña y, por ende, andaluza. Allí realiza un recorrido temporal de un día por Málaga, destacando los elementos de la naturaleza presentes en cada momento. Este artículo lo traemos a colación porque en él se nos descubren parte de los elementos concretos de la naturaleza que podemos asociar a lo andaluz, pues vienen explicitados por el propio Rueda.
Es por la mañana, «[...] después de ese baño de resurrección en que todo comulga -pájaros y hombres, piedras y cuadrúpedos- [...]»
17, y ahí están las naranjas, claveles, marimoñas, que el sol besa. En la siesta aparecen los insectos del calor: libélulas, abejorros, mariposas, moscas, avispas, abejas, cínifes; y plátanos, chumbos, melocotón fresa, chirimoyas, biznagas, jazmines. También menciona las rosas, los lirios, los clavelones, las luciérnagas, mariposas, cínifes (otra vez) y los pájaros como los canarios. La llegada de la noche se invade de luces artificiales, pero:
«De tantas luces de artificios, de tantos simulacros de la Química, nada queda; porque todo es tinieblas, todo sombras y todo trágicas negruras, menos la Luz que alumbra las almas y los siglos, la Luz divina. ¡El Amor!»18. |
Se nos iluminan dos aspectos de la poesía de Salvador Rueda. Por un lado, los elementos de la naturaleza que pertenecen a su experiencia andaluza sin ningún tipo de dudas pues son explicitados por el poeta. Por otro lado, su deuda con el catolicismo y la importancia del amor en su poesía concebido desde un punto de vista católico. Este último aspecto lo dejamos de lado, no porque carezca de interés, sino porque se sale del tema que tratamos. Continuemos con la naturaleza.
Debido a una afección bronquial crónica, el poeta solía ir a Tolox. Manuel Prados reproduce parte de una carta que recibe del poeta desde Tolox. De ella destacamos las referencias a la naturaleza que vive Salvador Rueda en primera persona:
«El valle donde está el pueblo es, en cambio, un bellísimo oasis meridional. Albaricoques, nísperos, perales, laureles, manzanos, nopales, almendros, higueras, duraznos, plátanos de sombra y plátanos de fruto, limoneros, naranjales, cañas dulces, vides, madroños, almecinos, algarrobos, avellanos, ficus, membrillos, ñames, chopos, variedad de palmeras, araucarias, pinos, eucaliptos, olivos y acacias forman una riente decoración con los claveles de distintos matices y con las diversas familias de rosas, desde las grandilocuentes, como enormes tazones de pétalos, hasta las minúsculas y casi microscópicas de pitiminí, pasando por las de té, por las de Alejandría, por las de mil hojas, por las moradas como túnica de Cristo, por las desgreñadas como rosas de tragedia. Y, barajadas con todo ese aluvión de bellezas, se abren como bocas que piden besos al sol cuantas flores pueda soñar la fantasía en el más gayo jardín andaluz»19. |
Consideramos muy interesantes estas citas porque Rueda explícita la procedencia de sus objetos poéticos. Podría haber alguna duda, pues el poeta también vivió y se enamoró de la maravillosa Isla de Tabarca, amén de muchos de los lugares por los que viajó. Aquí deja claro los elementos de la naturaleza que aparecen en sus poemas y provienen de su observación de la tierra andaluza.
Con los ejemplos que siguen demostramos que esto es así (sean tomados como calas orientativas, pues sería tedioso exponerlos todos):
«En la siesta. (Escala de vidas)»20 es un poema descriptivo que empieza:
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| (Pág. 234, I) | ||
Y a continuación, una serie interminable de plantas y animales (tórtola, chumberas, platanales), pero preferentemente insectos: moscas, avispa, tábano, abejorro, moscarda, libélula, cínifes, grillos, abeja, mariposas, chicharra, escarabajo, cigarrón, hormigas, «caballo del diablo», «cochinito-rosa», mosca, tarántula, gusano, cigarra.
Salvador Rueda ha citado a Andalucía y ha ensalzado a animales que viven en ella. Sucede que a lo largo de su obra poética recurre a estos animales a modo de recreación del tema de los insectos.
Véase «Los insectos» (pág. 261, II), donde cita a escara abejorros, saltamontes, mosquitos, tábanos, avispas, libélulas, moscas y mariposas. O «Los reptiles» (pág. 273, II). O en el poema «La culebra», de los primeros que escribió el autor, según aclaración propia, aparece la culebra que asusta a las crías de las águilas escondidas entre tojos, jarales y carrascas; además de lagartos, perdices, víboras, la zorra, el mochuelo, las grullas y la vaca. O en «A dormir» (pág. 815, III), «Tarde de verano» (págs. 925-927, III), «El árbol de la música» (pág. 906, III), y «Enjambre» (pág. 910-911, III) donde asemeja la colmena21 a la caja de una guitarra:
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| (Pág. 910, III) | ||
Y es que el poeta de Benaque considera a la naturaleza creación divina, reflejo de Dios en la tierra, y Andalucía es la musa inspiradora de su canto.
A este respecto, ya Guillermo Díaz-Plaja relacionaba la poesía de Lorca con la de Salvador Rueda en cuanto que no son poetas de lo que él llama evasión, como Bécquer o Rubén Darío, y afirmaba:
«García Lorca no enlaza con esa tradición, sino con la que va de Pedro Soto de Rojas a Salvador Rueda. [...] Poesía de las cosas pequeñas o de las que, pareciendo mayores, carecen de perfiles épicos»22. |
Cualquier ser que exista debe ser cantado: es necesario, pues es criatura del Señor. De ahí que Salvador Rueda también cante a los pájaros, o porque su canto es pésimo, en «Los pájaros que cantan mal» (Escala de vidas) (pág. 708-712, III), donde aparecen mencionados los pájaros con una terminología popular malagueña, tal es el caso de «arcaudón», por «alcaudón»23. O la costumbre de comer pájaros fritos, hoy absolutamente prohibida, en «Los pájaros fritos» (pág. 544-546, II), o en «Los pájaros» (págs. 546-548, II), contemplados como creación divina.
La belleza de lo pequeño en cuanto que creación divina se observa en «Su excelencia el escarabajo» (págs. 223-226, I). En los insectos pequeños deposita Salvador Rueda la manifestación de la Creación Divina y los asemeja a pequeños dioses terrenales. Todo lo creado por Dios tiene igual importancia. De ahí la serie de poemas bajo el epígrafe de «Vidas con alas» (págs. 219-237, II): abeja, el abejorro, el escarabajo, la libélula, la cigarra o la litídula, que es capaz de abrir la palabra divina (pág. 233, I). En todos ellos hay un ensalzamiento del insecto, una descripción y una relación con lo divino.
La boa es Bíblica en «El puente colgante» (págs. 437-440, II), ejemplo de la referencia a la Biblia cuando aparece la serpiente, culebra.
Cristóbal Cuevas demuestra el valor religioso que Lorca entendía posee la Naturaleza. De ahí las concomitancias que algunos han señalado entre Rueda y el granadino. Las siguientes palabras que Cuevas afirma en referencia a Lorca son igualmente válidas para Rueda:
«Todas estas ideas culminan en lo que es, quizá, la parte más íntima y valiosa del sentimiento religioso de Lorca. La naturaleza es un camino para llegar a Dios. Es más: se trata de un camino inexcusable, un camino único. A pesar de la lejanía de expresión y concepto, nos parece ver aquí un reflejo del pensamiento paulino contenido en la Epístola a los Romanos, de que las cosas invisibles de Dios han de conocerse a través de las visibles que salieron de sus manos. Lorca lo dice categóricamente: "¿Qué motivos tenéis para despreciar lo ínfimo de la naturaleza? Mientras que no améis profundamente a la piedra y al gusano no entraréis en el Reino de Dios. [...] Muy pronto llegará el reino de los animales y de las plantas; el hombre se olvida de su Creador, y el animal y la planta están muy cerca de su luz»24. |
Igualmente, Salvador Rueda se preocupa por la flora, verbi gratia, en «La carrera de árboles» (págs. 270-275, II), «Lección de música» (págs. 613-616, II), «Frutas de España» (págs. 389-414, II) donde aparecen frutas propias de Andalucía, como las uvas o el chumbo; o en «Al ver los jazmines en América» (pág. 874, III), ya citado, en el que recuerda los jazmines de Sevilla.
Otro aspecto de la naturaleza de Andalucía recurrente en Salvador Rueda es el de la uva y el vino. Es increíble los tipos de uva que cita el poeta en «Corona a Baco» (pág. 296, II): mollares, tempranas, rondeñas, moscateles, largas, de rey, lairenes, sultanas, perrunas, cabrieles, casín, romen, tintas, negras, lojas, montúas, jaqueles, Don Bueno, Santa Paula, baladíes, perojiménez, albará, jaenes, tetaburra, marbellíes.
El tema de las uvas y el vino es tratado en muchas ocasiones: «En nochebuena» (pág. 291, II), «La Bacanal» (pág. 404, II), «El canto a los toneles» (pág. 549, II), «Collar» (págs. 665-666, III), «La caja de pasas» (págs. 681-682, III) donde identifica la caja de pasas como el recipiente donde se ordenan las pasas-palabras de la poesía, «El vino de Málaga» (págs. 773-774, III), «El Solera» (pág. 826, III) [...] variaciones sobre la uva y el vino-, «Al partir un vaso de vino» (pág. 864, III) -dedicado al vino de Málaga, del que hace loa-, o en «La cena aristocrática» (pág. 243, I) no podía faltar el vino de Málaga y de Montilla: «En los cristales leves los vinos burbujean; / jerez, montilla, málaga, derraman sus aromas»
(pág. 243, I).
También trata el tema de la uva-vino, con un tono más costumbrista, en varios poemas donde se refiere a las tareas agrícolas que suponen el paso de uva a vino: «La pisa» (págs. 484-487, II), «La vendimia» (págs. 487-490, II) -donde menciona las «parras de uva andaluzas»
(pág. 489, II)-, «La danza del mosto» (págs. 490-493, II), «El vino de Málaga» (págs. 773-774, III), «Escrito sobre un tonel» (pág. 824, III) o «La caja de pasas», donde relaciona las pasas de su infancia en su casa paterna con la poesía:
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| (Pág. 681, III) | ||
«El sofisma de un borracho» (Metafísica cómica) (págs. 923-925, III), trata el tema del vino con humor y, como curiosidad, Salvador Rueda no opone el vino a la cerveza, pues en «La mujer de rubíes (Capricho sobre la cerveza)» (págs. 903-906, III) canta una loa de ella.
Otro aspecto de la naturaleza relacionado con Andalucía es lo marítimo. En concreto vamos a destacar la interminable lista de peces que pregona un cenachero malagueño en «El pregón del pescado (Escala de vidas)», (págs. 208-216, I). Escrito en Torre de Moya, Benajarafe, 1903, según firma en página 216 esta serie, podríamos decir casi ilimitada, de especies del litoral andaluz es mencionada por Rueda: boquerones «vitorianos», sardinas, besugos, brecas, herrera, pescada, pulpo, jurel, salmonete, tintorera, jaquetón, araña, japuta, sangrador, cazón, pintarroja, lenguado, pepe raspado, lisa, mero, zafío, mocosa, aguja, rubio, dentón, chuela, caballa, volador, marrajo, golfín, jibia, rape, raya, chucho, camarón, langosta, cabezón, galera, rapagallo, pez-emperador, atún, negro, culebra, rascarsio, pámpano, róbalo, sargo, lorito, gramante, chopa, gallo, caballo, armado, lacha, paloma, mula, cachucho, voraz, espetón, pez de limón, lagarto, brótola, baqueta, gallineta, pollo, rodaballo, esparragallo, torillo, vieja, obispo, soldado, bonito, sama, estornino, sábalo, pargo, roncador, boga, torbellino, rata, ángel, calamar, mujarra, morena, vaquilla, cabrilla, dorada, corvina, aguja palar, labaila, judío, lobo de mar, tordo, abarcora, pijota, melvas, romeruelo, esparte, tiburón Pachano, cornuda, pez espada, zalema, zorro, marrano, chema, loco, pez de rey, ochavillo, cinta, pitisalbo, sapo, chanquete, tembladera, ballena.
En «Los boquerones» (págs. 158-162, I) imita el habla popular malagueña, y en «El copo» (pág. 864, III) explica dicha faena pesquera.
Después de lo dicho, volvamos al principio por segunda vez, Salvador Rueda no es un poeta andalucista, pero sí canta a la naturaleza que él conoció directamente, y ello abarca desde América hasta el norte y centro de España, junto con Murcia y la isla de Tabarca. Dentro de este espacio de la naturaleza de Salvador Rueda ocupa un lugar preponderante Andalucía, y en concreto lo mediterráneo, como hemos visto hasta ahora: uvas, insectos, pájaros, peces, árboles...
No hay en Salvador Rueda una conciencia de Andalucía corno nacionalidad. Sí de España como patria madre, nación de naciones. Si consideramos la acepción de «andalucista» como sustantivo, aquel que profesa el andalucismo, hemos de afirmar que Salvador Rueda no fue andalucista, pues nunca alardeó de serlo. Rueda fue españolista. Claro que esto es una verdad a medias y, ahora perdonen el juego inicial que se desvela aquí. Hay que situar al poeta en su momento histórico y cuando vivió Rueda asistimos al auge de los nacionalismos de las naciones (por llamarlo de algún modo), de ahí que Rueda se adscriba a la corriente nacional española. La propagación de un sentimiento de nacionalidad más local dentro de un Estado, lo que hoy se podría entender como regionalismos, vino posteriormente, y en el caso de a España a partir del 78 es cuando eclosiona. Por lo tanto, es lógico que Rueda no reclame directamente lo andaluz, pero es seguro que su nace desde su más profundo sentimiento andaluz, pues parte de lo concreto vivido, poesía de la experiencia, de los sentidos, vitalista, son adjetivos que acompañan al quehacer literario del de Benaque. Digámoslo sin ambages, Rueda propala lo andaluz usando su encía vital y transformándola en poesía. Para ello la naturaleza es el vehículo, el objeto, fundamental que expresa en ella.
La mayoría de los poemas sobre otros lugares fuera de Andalucía llevan una dedicatoria o se refieren a algún aspecto localista concreto del lugar, lo que indica su gratitud como invitado. Además son poemas en los que se observa una naturaleza diferente a la andaluza, propia del lugar del que habla, como se puede ver en «Mujer de heno» (pág. 39, I) con la manzana (sidra) o el heno, o en «Huertos de Murcia» (págs. 849-853, III), con las palmeras, bordones, nísperos y nardos, peras o nueces.
Galicia aparece también en «La gaita» (págs. 124-127, I); Tabarca, en «La isla de Tabarca» (pág. 101, I); Murcia, en «Huertos de Murcia» (págs. 849-853, III), Valencia, el cantábrico, Barcelona, Asturias, Madrid... y también Cuba o Argentina, están presentes en sus poemas.
En concreto, los poemas referidos a otros lugares fuera de Andalucía, mencionados en la Gran antología de Cristóbal Cuevas son:
| LUGAR | TÍTULO | PÁGINAS |
| Galicia | «Mujer de heno» | 39, I |
| Tabarca | «La isla de Tabarca» | 101, I (La serie dedicada a Tabarca llega hasta la pág. 118, I) |
| Murcia | «Huertos de Murcia» | 849-853, III |
| Valencia | «Caminando a Valencia» «La traca» (de Valencia) | 912-914, III 914-917, III |
| Cantábrico | «Los estruendos del Cantábrico» | 927-929, III |
| El Bierzo | «El Bierzo» (Menciona Ponferrada, Villafranca, Bembibre) | 911-912, III |
| Covadonga | «A la virgen de Covadonga» | 140-142, I |
| Alicante y Elche | «Las palmas» | 142-144, I |
| Madrid | «Día de lluvia» | 195-196, I |
| Barcelona | «Gratitud» | 289, II |
| Asturias | «El alma de Asturias» «Variaciones sobre un color» «Las xanas» «Esfollaza» | 453, II 716-717, III 725-728, III 729-734, III |
| Palma de Mallorca | «Palma de Mallorca» | 698-78, III |
| Cuba | «De mi paso por América» «El ingenio de azúcar» | 323-339, II 589-594, III |
| Argentina | «Al gran pueblo argentino, ¡salud!» | 871-874, III |
En el caso de los poemas sobre América, valga lo expuesto como ejemplo, pues hay muchos más, como lo son los agrupados bajo los epígrafes «De mi paso por América (págs. 323-339, II), «De mi segundo viaje a América» (págs. 867-895, III), y algunos otros poemas sueltos, como «El ingenio de azúcar» (págs. 290-294, II).
Es por ello que podemos hablar de la existencia de una naturaleza universal en la poesía de Salvador Rueda, como es la rosa, presente en Andalucía pero que el vate de Benaque trasciende a universal como símbolo de belleza inusitada. Es un tema que aparece a lo largo de toda su obra y que desarrolla con profusión en los dieciocho sonetos que forman «El poema de las rosas» (págs. 829-839, III); rosas que aparecen en «andaluz jardín», en «La estatua» (pág. 57, I). La rosa sería el ejemplo más claro de cómo Rueda parte de un elemento vivido, visto, olido, sentido y lo convierte en sujeto literario no basado en tradiciones literarias, sino en su propia experiencia vital.
Y también conocemos elementos de la naturaleza que Salvador Rueda no cita expresamente como propios de Andalucía, pero que nosotros identificamos como andaluces, o cuanto menos como propios de la cultura mediterránea. Es el caso de la granada, la yedra, los cereales... Estos últimos, los cereales, en forma de trigo, espigas, junto con el vino, son elementos esenciales de la simbología católica de la poesía de Salvador Rueda. Quede aquí como apunte, que su importancia es mucha.
En definitiva, Salvador Rueda es el poeta de la Naturaleza vivida, su cántico tiene como fuentes concretas a aquellos seres que vio, olió, sintió, convivió y a ellos le da una trascendencia más allá de lo local al considerarlos manifestaciones divinas. Dicho de otro modo, su concepción de España como nación y su cristianismo están por encima de una visión localista de su poesía, que contiene abundantes elementos de la naturaleza andaluza. Como afirma Guillermo Díaz-Plaja:
«De Salvador Rueda a Juan Ramón Jiménez, pasando por Manuel Machado, asistimos a una curva que va de lo comarcal a lo universal, sin que se pierda nunca la esencia andaluza»25. |
El tiempo, ese devorador de seres, no nos permite abordar con profundidad dos poemarios de Salvador Rueda en los que aparece con meridiana claridad la naturaleza andaluza. En Sinfonía del año26, hay un tiempo climatológico mediterráneo, cuanto menos; y Cantos de la vendimia es el poemario sobre lo rural de sus vivencias y, por lo tanto, fundamentalmente andaluz. Pero vendrán más días para hacernos menos ignorantes.
No quisiera terminar sin citar el poema que dio origen a este trabajo. Para mí, su único poema andalucista y que, por tanto, pondría en evidencia lo expuesto hasta ahora. No en vano fue germen de este trabajo. El lector siempre tiene la última palabra, la del sentido. Se trata de «Madre Creadora», en el que no menciona a Andalucía, pero se define como malagueño, producto de la naturaleza que lo ha creado. Es toda una exaltación de su tierra. Un himno malagueño:
| (Págs. 962-963, III) | ||