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1566 edition (Hispanic Society of America copy), fol. ccxi recto.



 

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Parts I and II were written and published together and form a single unit.



 

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Biblioteca Nacional, R-5247.



 

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Quoted by Henry Thomas, Spanish and Portuguese Romances of Chivalry, p. 71. The same sentiments are expressed by Jerónimo Fernández at the end of the Cuarta Parte (i.e., Libro) of his Belianís de Grecia (fol. 280' of the ed. of Burgos, 1579): «Lo que en esta estraña aventura subcedio con las espantosas guerras de los nubianos principes... y otras grandes hazañas quisiera contar, porque la aventura deste torneo cada uno cumplio su promesa sin desonor de sus compañeros. Mas el sabio Friston, passando de Grecia en Nubia, juró avia perdido la historia, y assi la tornó a buscar. Yo le he esperado y no viene, y suplire [sic] yo con fingimientos a historia tan estimada sería agravio, y assi lo dexaré en esta parte, dando licencia a qualquiera a cuyo poder viniere la otra parte la ponga junto con esta, porque yo quedo con harta pena y desseo de verla. Y vuestra alteza [Carlos V] me dé licencia, si no basta la que mi enfermedad se tenia, y me mande cosas de otra profision, pues para escrevir amores no me da licencia la edad, y para las armas se me a resfriado la sangre».



 

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Published in HR, 41 (1973), 511-23; revised and reprinted, as translated by Arcadio Díaz Quiñones, in Sin Nombre, 6, No. 2 (October-December, 1975), 54-65.



 

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Los libros que han sido reimpresos en este siglo han sido objeto de algún estudio; El Amadís y el Quijote es el título de una monografía, aunque diste mucho de ser definitiva, del P. Félix Olmedo (Madrid: Nacional, 1947). Sobre las Sergas tenemos el trabajo de María Rosa Lida citado más adelante (n. 24), y «Las Sergas de Esplandián como crítica de la caballería bretona» de Samuel Gili Gaya, BBMP, 23 (1947), 103-11. La reproducción en facsímil del Claribalte (Madrid: Real Academia Española, 1956) hizo posible los estudios de Guido Mancini, «Sul Don Claribalte di Fernández de Oviedo», Annali dell'Università di Padova: Facoltà di Lingue in Verona, Serie ii, 1 (1966), 3-21, y de Daymond Turner, «Oviedo's Claribalte: The First American Novel», RN, 6 (1964), 65-68, aunque ninguno de éstos conocía el estudio de Antonello Gerbi, «El Claribalte de Oviedo», Fénix, 6 (1949), 378-90, quien trabajó con una fotocopia de otra fotocopia del original. Acompañan la edición de Palmerín de Olivia de Giuseppe di Stefano (Pisa: Istituto di Letteratura Spagnola e Ispano-americana dell'Università di Pisa, 1966), dos importantes volúmenes de estudios: Introduzione al Palmerín de Olivia de Guido Mancini (ahora traducida al español, en el tomo Dos estudios de literatura española [Barcelona: Planeta, 1970]), y Saggi e richerche, una colección de artículos sobre varios aspectos de la obra, aunque en ninguno de los dos se examina directamente el problema de la influencia de la obra de Cervantes. El trabajo de Edwin Place, «Cervantes and the Amadís», en Hispanic Studies in Honor of Nicholson B. Adams, University of North Carolina Studies in Romance Languages and Literatures, 59 (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1966), pp. 131-40, es de poca substancia, y a pesar de las contrarias indicaciones de Ruth El Saffar, Distante and Control in Don Quixote: A Study in Narrative Technique, North Carolina Studies in Romance Languages and Literatures 147 (Chapel Hill, North Carolina, 1975), p. 16, n. 1, el estudio de José F. Montesinos, «Cervantes, antinovelista», NRFH, 7 (1954), 499-514, apenas trata del Quijote como parodia de los libros de caballerías. Por otra parte, merece citarse el libro de Hans-Jörg Neuschäfer, Der Sinn der Parodie im Don Quijote, Studia Romanica, 5 (Heidelberg: Winter, 1963), pues intenta definir la actitud de Cervantes hacia el Amadís, Palmerín de Inglaterra, y Tirante el Blanco, aunque creemos que sobrevaloriza a éste y exagera la importancia del tema amoroso en los libros de caballerías en general.



 

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Martín de Riquer se aprovecha de muchas de las notas de Clemencín en su examen de las fuentes del Quijote en Aproximación al Quijote, 3.ª ed. (Barcelona: Teide, 1970). Menos conocida que la edición del Quijote de Clemencín (reimpresa, con numerosas erratas, por Ediciones Castilla, 2d ed., 1966), pero no menos valiosa, es su monografía Biblioteca de libros de caballerías. Consiste de notas bibliográficas sobre los libros de caballerías, destinadas a ser la base de un volumen suplementario a su edición del Quijote. Hecha a principios del siglo diecinueve, permaneció en forma manuscrita hasta que fue publicada por el cervantista y bibliófilo D. Juan Sedó (Biblioteca de libros de caballerias. Año 1805. Publicaciones cervantinas, 3 [Barcelona, 1942]).



 

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Véase la reseña que hizo Américo Castro de la edición de Rodríguez Marín, en RFE, 4 (1917), 393-401.



 

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Amadís de Grecia, Belianís de Grecia, un caballero en el Caballero de la Cruz y Florarlán de Tracia eran, respectivamente, los primeros cuatro. El Caballero de la Muerte también era Amadís de Grecia. Su identificación del Caballero del Grifo, tomada de Bowle, es insatisfactoria; después ha quedado establecido que se refiere a un caballero de Philesbián de Candaria (véase «Búsqueda y hallazgo de Philesbián de Candaria», Miscellanea Barcinonensia, 11 [1972], 147-57).



 

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La diferencia de enfoque entre Clemencín y Rodríguez Marín es más profunda que el intento del último por engrandecerse a costa del primero (aunque eso fue un factor también); más bien refleja la dicotomía que existe en los estudios literarios entre quienes creen que el examen de las fuentes es una forma legítima de crítica, y quienes no lo creen así. Rodríguez Marín trató de encontrar fuentes para las obras literarias de Cervantes en la historia contemporánea; sus descubrimientos, como los de Luis Astrana, todavía son controvertibles.



 
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