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As discussed elsewhere, Amadís is more sentimental than the later Spanish romances; its structure is less elaborate, and the descriptions, characterizations, and actions are less detailed.



 

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Thus, for example, Artemidoro, one of the two «sabios» of the Espejo de príncipes y cavalleros, who, in Chapters 31 and 32 of Part I, takes the prince Rosicler to participate in a tournament in London, or, in Chapter 48 of Part III, enchants the princess Lindabrides. For other examples of «sabios», see note 192 of this chapter.



 

162

After a «traidor» took the prince Cirongilio to put him to death, «oyó entre las espesuras de la montaña muy cerca de sí un estruendo tan grande que parescía hundirse toda aquella montaña.

«Y como bolviesse casi atónito e muy espantado por ver qué cosa era, vio venir para sí una serpiente la más brava y esquiva que jamás fue vista en el mundo por ninguna persona, y era tanta la furia que traga que llamas de fuego parescía que lançava por la boca, y por las narizes humo muy espeso y negro, y los ojos parescían dos hachas encendidas. Argesilao [el traidor], que la vido venir, fue tan grande el espanto que en sí tomó que, fallesciéndole el esfuerco y espíritu de la vida, cayó amortescido en el suelo, quedando el niño entre sus braços, al qual la serpiente tomó e dixo contra Argesilao estas palabras:

«-A lo menos desta vez no se cumplirá tu mal propósito ni tu trayción, que muy gran mal fuera si este infante, de quien el remedio y salud de tantos pende, al presente pereciera.

«E dichas estas palabras, dio un tan gran silvo que toda la gente de Argesilao (que ninguna cosa avían visto hasta entonces) ovieron tanto pavor que cada uno huyó por su parte, no teniendo ningún acuerdo de su señor. Pues como la serpiente ovo dicho estas palabras, el niño en la boca, se metió por lo más espeso de la montaña, donde dexaremos de contar de la serpiente hasta que sea tiempo». (Cirongilio de Tracia, I, 4; p. 23, 11. 16-43 of the ed. of Ray Green).

Other examples: Platir, Chapter 5; Lepolemo, Chapter 5; Belianís de Grecia, I, 2; Olivante de Laura, I, 5; Amadís de Gaula, I, 1; Espejo de príncipes y cavalleros, I, 15.



 

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«En la isla de Laura, que está en el mar de levante, cerca de las tierras del Soldan de Babilonia, de la qual era señor un duque llamado por nombre Armides, en una espessa y fragosa montaña de tan estrema sublimidad y altura que sus cumbres sobrepujavan el lugar que las nuves comunmente ocupar suelen, en una muy rica y hermosa morada que en ella estava, morava una dueña hermana deste duque Armides, la qual en el arte de las estrellas y sciencia de nigromancia de tal manera sobre quantas eran en el mundo se aventajava, que del todo el mucho saber de las sabias Circe y Medea en la memoria de los hombres se diminuia y estimava en tan poco, que si en el tiempo della fueran le conocieran conocida superioridad y ventaja. Este duque Armides, siendo natural del reino de Persia, y tiniendo en él mucha tierra y gran señorío, como aquel que era de los principales de todo aquel reino, y biviendo en la ley de los moros, esta dueña su hermana, que avia por nombre la sabia Ipermea [había llevado el infante Olivante de la corte de su padre]... Llamando la dueña que consigo traia, llamada Polinesta, la qual avia sido casada con un muy buen cavallero cormano del duque Armides, que pocos días antes avia sido muerto, y esta dueña aviendo quedado preñada dél al tiempo de su muerte, pario una hija, que assi mismo quatro o cinco días antes que de la isla de Laura partiessen [en busca de Olivante] avia sido muerta, le entregó el hermoso donzel, mandandole que con su leche lo criasse, teniendo tan entero cuidado dél como si su proprio hijo fuesse, lo qual la dueña con toda voluntad y diligencia puso en effecto. Mas tanto sabed, que de los que con la sabia Ipermea vinieron de los escuderos y donzellas, sola aquella donzella que traxo el donzel supo la tierra donde estava, y assi mismo cuyo hijo fuesse, porque su voluntad fue que por entonces fuesse encubierto». (Olivante de Laura, ff. 12r-13v).

Other examples: Espejo de príncipes y cavalleros, I, 18; Cirongilio de Tracia, I, 5.



 

164

«En la misma persona del infante quiso nuestro señor Dios mostrar sus señales y grandes maravillas, poniendo y esculpiendo en el su braço derecho diez letras bermejas a manera de fuego, las quales, puesto que muchos se juntaron, no ovo persona alguna en toda aquella región que las supiesse ni acertasse a leer ni entendiesse ni penetrasse su significación, cosa dina de grande espanto y admiración». (Cirongilio de Tracia, I, 4; p. 21, 11. 18-26 of the edition of Ray Green).

Other examples: see my edition of the Espejo de príncipes y cavalleros, I, 93, note.



 

165

See Chapter 107 (p. 361 of the edition of Giuseppe di Stefano).



 

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«La reina Rosiana, que el coraçon le dezia que aun mayor alegría esperava aquella noche, pareciendole que qualquiera merced era bien empleada en Olivante de Laura, segun los servicios que el rey y ella dél avian recebido, entró en su camara a la hora que los maestros le alçaron la camisa de los pechos. Y assi como entró, le vio el coraçon que encima del suyo tenia figurado, y pareciendole lo que podia ser, porque tambien sabía la sospecha que sobre ello el rey avia tenido, dio una gran boz, diziendo:

«-¡O soberano Dios! ¡Quan gran bien sería si en mi pensamiento no recibiesse más engaño que mi coraçon dessea!

«El rey, que con el mismo sobresalto estava, viendo lo que la reina dezia, mandó salir a todos fuera de la camara. Y quedando los tres solos, el rey dixo a Olivante:

«-Mi verdadero y grande amigo, en gran confusion nos ha puesto vuestra vista. Si el secreto de lo que por nosotros os fuere preguntado quisieredes que más no sea encubierto, pues que siendo verdad lo que pensamos, aunque el amor que os tenemos, segun es mucho, no pueda crecer la obligacion en nosotros para amaros como verdadero hijo que pensamos que sois nuestro. Porque pariendo la reina uno con las mismas señales que vos teneis, nos fue llevado de nuestra presencia, sin saber de quien, más de que una donzella con grande engaño nos le pidio. Assi que, diziendonos vos quien son vuestros padres, nos podreis quitar de essa dubda...

«-...Quien son mis padres, yo no sabria dezirlo, que nunca los vi ni conocí. Sé que me crió una dueña llamada Polinesta, a quien mucho tiempo tuve por madre, aunque despues supe no ser assi, mas que yo era natural deste reino de Macedonia, y que siendo niño de poco tiempo nacido, la sabia Ipermea me hizo llevar a la isla de Laura, donde en casa del duque Armides su hermano fui criado de la manera que he dicho. La más verdadera señal que comigo llevé, fue un coraçon que sobre el mío tengo figurado, el qual, siendo todo vermejo y muy encendido, despues por cierta aventura el medio della se ha tornado blanco, por lo qual en muchas partes me han nombrado el cavallero del coraçon partido...

«-Asaz aveis dicho -respondio la reina- para que yo conozca ser vos mi verdadero hijo salido de mis entrañas.

«Y diziendo esto, con abundancia de lagrimas que por su muy hermoso rostro con la grande alegria caian, lo toma entre sus braços, besandolo en la boca, y diziendo cosas que estava fuera de sí de plazer. Pues el rey no menos estava alegre, que abriendo las puertas de la camara, a grandes bozes mandó entrar a todos, publicando el gran gozo que con el nuevo hijo aquella hora avia llegado a su anima, diziendo que no avia igualado el trabajo y tristeza del día de su nascimiento con gran parte a la alegria que con su conocimiento entonces se sentia». (Olivante de Laura, 125r-v).

Other examples: Espejo de príncipes y cavalleros, II, 36; Primaleón, Chapters 8 and 169.



 

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«Mucho apuesto donzel salia Platir, e de muy valiente cuerpo, e muy buen cavallero. Bien mostrava en su continente [my italics] ser nieto de aquel valiente y esforçado cavallero Palmerin de Oliva». (Platir, 9).

«Ansí como ivan creciendo en edad, ansí crecían sobre todos los otros en juizio y discreción, apostura y destreza, y en todo lo demás que a tales príncipes convenía, especialmente el Donzel del Febo. Que quando llegó a edad de diez años, ninguno que lo viera lo dexara de juzgar por más de quinze, y en los grandes y bien formados miembros que sacava se vía en él muy claramente de quán grandes fuerças avía de ser. Y dezían todos que según en aquella edad estava de alto y membrudo, quando llegasse a edad de veinte años parescería grande. Y ansí fue; que aunquel emperador Trebacio su padre era muy grande de cuerpo (que como la historia ha contado, tenía ocho pies en alto), el Cavallero del Febo fue algo mayor. Y con todo esto, jamás en cuerpo humano proporción igual fue vista que en el suyo, que no parescía sino que divinas manos lo uviesen frabricado. Y muchos pintores uvo, ansí griegos como asirios, que nunca avían podido alcançar la entera y acabada perfición de un cuerpo humano hasta que a este cavallero vieron, y le debuxaron, embiando su retrato por muchas partes como la más perfeta y acabada obra que uviessen hecho». (Espejo de príncipes y cavalleros, I, 18).



 

168

«Ya que fue de edad de cinco años le mandó doctrinar e instruyr [a Cirongilio] en las letras juntamente con un hijo que él tenía llamado Antandro, que era de su edad. Y como el infante fuesse de muy grande abilidad, en pocos días deprendió tanto que hablava y entendía muchas lenguas que esto era lo que más en aquellos tiempos los príncipes y personas generosas punavan de deprender». (Cirongilio de Tracia, I, 5; p. 26, lines 41-48 of the edition of Ray Green). We find in Chapter I, 16 of Cirongilio that the protagonist knew Greek and Arabic very well. Claribalte also knew many languages; see Antonello Gerbi, «El Claribalte de Oviedo», Fénix, 6 (1949), 378 90, at p. 381; «no avía lenguaje ninguno que Medájar [maestro de Amadís de Grecia] supiese qu'él [Amadís de Grecia] no la sabía tan bien como él» (Amadís de Grecia, I, 2). For other examples, see my edition of the Espejo de príncipes, I, 229, note to lines 23 and 24.



 

169

«En esta sazon Lantedon tenia gran desseo de ser cavallero; platicavalo esto mucho vezes con su hermano Gedres. El rey Tanabel [his father], siendo desto sabidor, e teniendo recelo que Lantedon, a quien él e la reina su muger en desigual grado amavan, se partiria en breve dellos, tomóle un día por la mañana, e levando le para la camara de la reina, le dixo:

«-Amado hijo, tu madre me ha rogado que los dos juntamente te demandemos un don, por ende te rogamos que nos lo otorgues.

«Lantedon respondio con mucha humildad:

«-Señor, no ay cosa que demandarme quisierdes que assi por me la pedir tales dos personas, como por ser este el primer don que me aveis demandado, que yo no haga.

«-Pues mi buen fijo -dixo el rey- el don que te pedimos es que no rescibas orden de cavalleria ni partas de nuestra corte por espacio de un año.

«Oido esto por Lantedon pesóle mucho, mas aun que contra su voluntad, otorgólo.

«Gedres del fuerte braço, como esto supo, viendo que el rey su padre dél no se avia acordado ni hecho mencion, y considerando que aquel reino despues de sus dias era de Lantedon, y que a él por el valor de su persona le convenía alcançar bien e honra en este mundo, e acordó de ser luego cavallero e partirse de alli. Yendose para el rey, que en su palacio, con muchos de sus ricos hombres, estava, hincandose de hinojos en tierra, le pidio que le armasse cavallero. El rey, como quiera que se escusó mucho dello, fue dél assi aquexado que se lo ovo de otorgar.

«Sabido por Lantedon que su hermano, siendo menor que él, quería ser cavallero y meterse a buscar las aventuras, y que a él convenia a estar mal de su grado, mucho pesar ovo en su coraçon». (Clarián de Landanís, I, introductory, unnumbered chapter).

Another example: Platir, Chapter 74.



 
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