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Cito a manera de muestra las opiniones del crítico Mirko Lauer sobre las obras del boom: «Una cosa es que se internacionalice la circulación de un texto desde un centro productor y otra que se internacionalicen todos los demás aspectos de lo literario. Los públicos siguen en su lugar, sólo que el contenido de su consumo ha variado [...] un aspecto que conspira contra el intercambio literario y los desarrollos locales de América Latina. Es el modo colonial en la literatura»
(Mirlo LAUER: El sitio de la literatura. Escritores y política en el Perú del siglo XX, Mosca Azul. Lima, 1989, p. 118). No obstante, quiero hacer hincapié en que estamos ante una reacción que no es exclusiva del medio latinoamericano, porque se trata de un fenómeno mundial que podríamos reconocer también en comunidades de habla inglesa o francesa de Asia, África y el Caribe: «Las luchas unificadoras del espacio internacional se libran principalmente en forma de rivalidades dentro de los ámbitos nacionales. Oponen, dentro de un mismo espacio literario nacional, a los escritores nacionales (los que se remiten a la definición nacional o "popular" de la literatura) con los escritores internacionales (los que recurren al modelo autónomo de la literatura) [...] Al mismo tiempo, se puede comprender que estas dicotomías que estructuran el espacio mundial son las mismas que las que oponen a los formalistas y los académicos, a los antiguos y los modernos, a los regionalistas y los cosmopolitas, a los provinciales y periféricos y los centrales»
, en CASANOVA: Op. cit., p. 150.
42
Ibid., pp. 149-150.
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En Roberto Bolaño no había la más mínima pretensión de solemnidad o grandilocuencia. Todo lo contrario. Sin embargo, muchas veces decía cosas muy sensatas que no deberían pasar por irreverencias o provocaciones, pues expresaban sus prioridades sentimentales y esa conciencia de la propia vulnerabilidad a la que me he referido. Por ejemplo: «Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer por la patria»
, en Roberto BOLAÑO: Entre paréntesis, Anagrama (Barcelona, 2004), p. 331.
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Bolaño resumió así su bushido literario: «La literatura se parece mucho a la pelea de los samuráis, pero un samurái no pelea contra otro samurái: pelea contra un monstruo. Generalmente sabe, además, que va a ser derrotado. Tener el valor, sabiendo previamente que vas a ser derrotado, y salir a pelear: eso es la literatura»
. Citado por Rodrigo FRESÁN: «El samurái romántico» en Bolaño salvaje, Candaya (Barcelona, 2008), p. 293.
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Jorge VOLPI: «Bolaño, epidemia», en Mentiras contagiosas, Páginas de Espuma (Madrid, 2008), p. 236.
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La dicotomía entre lo apolíneo y lo dionisíaco no tiene nada que ver con ricos y pobres o izquierdas y derechas, y así podemos encontrar discursos apolíneos de uno u otro signo, como la siguiente reflexión de Eduardo Galeano: «¿Puede realizarse cabalmente una cultura nacional en países donde las bases materiales del poder no son nacionales, o dependen de centros extranjeros? Si esto no es posible, ¿qué sentido tiene escribir? No hay un "grado cero" de la cultura, así como no existe un "grado cero" de la historia. Si reconocemos una inevitable continuidad entre la etapa del dominio y la etapa de la liberación en cualquier proceso de desarrollo social, ¿por qué negar la importancia de la literatura y su posible función revolucionaria en la exploración, revelación y difusión de nuestra verdadera identidad o de su proyecto?»
(Eduardo GALEANO: Nosotros decimos No (Crónicas 1963-1988), Siglo XXI. Madrid, 2006, p. 220).
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Muchas querellas literarias entre conservadores y revolucionarios, nacionales y cosmopolitas, provincianos y capitalinos, se libran -en realidad- dentro del lado luminoso de la Fuerza. Por ejemplo, la virulenta polémica que divide a los escritores peruanos en «andinos» y «criollos», no sería más que un vulgar pleito entre apolíneos. Y el mismo razonamiento me vale para las trifulcas peninsulares entre vascos y españoles o catalanes y españoles.
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Octavio PAZ: «Literatura de Fundación», en Obras Completas..., t. II, p. 678.
49
Roberto BOLAÑO: Entre paréntesis..., p. 24.
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«La literatura contemporánea puede ser considerada una estrategia de exilio permanente. El artista y el escritor son turistas infatigables que miran las vidrieras donde se exhiben todas las formas existentes. Las condiciones de estabilidad lingüística, de conciencia regional y nacional en las que floreció la literatura desde el Renacimiento hasta, digamos, la década de los años cincuenta, se encuentran actualmente en decadencia»
. En George STEINER: Extraterritorial..., pp. 29-30. Algunos críticos latinoamericanos han comprendido mejor que otros esta sensibilidad dionisíaca y considero que sus reflexiones son afines al humanismo nietzscheano del postboom. Ver Christopher DOMÍNGUEZ MICHAEL: «¿Fin de la literatura nacional?» en Renacimiento, n.º 47-50 (Sevilla, 2005), pp. 27-29 y Gustavo GUERRERO: «Nueva narrativa del extremo occidente: La encrucijada de la recepción internacional» en Letras Libres, n.º 64 (Madrid, 2007), pp. 22-28.