11
Rafael ARGULLOL profundiza en este y otros pensamientos en torno al tema en «Sabiduría de la ilusión: Leopardi», en Sabiduría de la ilusión, Madrid, Taurus, 1994, pp. 59-84.
12
Precisamente Antonio COLINAS y Eloy SÁNCHEZ ROSILLO son dos destacados traductores de los Cantos. El poema de Vicente GALLEGO se encuentra en su libro Los ojos del extraño, Madrid, Visor, 1990, p. 41.
13
La afinidad entre el pensamiento de Leopardi y el de Schopenhauer ha sido estudiada desde muy temprano. De 1878 data la traducción que PALACIO VALDÉS dio del interesante libro de E. CARO El pesimismo en el siglo XIX. Un precursor de Schopenhauer, Leopardi, Madrid, Casa Editorial Medina. En sus páginas describe la «enfermedad del siglo» (p. 27), representada por estos dos autores.
14
Este tema de la exclusión de la vida, de la incapacidad de sumarse a ella, fue heredado por los escritores españoles de fin de siglo. Un solo ejemplo entre varios posibles: «Domingo», perteneciente a Caprichos, de Manuel MACHADO.
15
Calderón DE LA BARCA, La vida es sueño, Madrid, Anaya, 1985, p. 32.
16
Poema recogido por José OLIVIO JIMÉNEZ en su Antología crítica de la poesía modernista hispanoamericana, Madrid, Hiperión, 1994, pp. 160-161. Ángel L. PRIETO DE PAULA ha reflexionado sobre este mal, que él llama «de la tierra», en su trabajo «Desde Leopardi a los escritores españoles de fin de siglo: hacia una caracterización del mal de la tierra», Quaderni di Filologia e Lingue Romanze, 3ª serie, núm. 6 (1991), pp. 63-80.
17
Vera PASSERI PIGNONI, «Sobre el pensamiento filosófico de Leopardi», Crisis, números 7/8, julio-diciembre, 1955, pp. 445-453.
18
LEOPARDI, Antología poética, edición y traducción de Eloy SÁNCHEZ ROSILLO, Valencia, Pre-Textos, 1998, pp. 32 y 34. Ofrezco su versión del fragmento (pp. 34 y 35): «Allí, cuando en el cielo es mediodía,/ su imagen apacible el sol refleja;/ ni hoja ni hierba agítanse en el viento;/ no se encrespan las ondas; la cigarra/ no canta ni sus plumas bate el pájaro;/ no hay mariposas; voz o movimiento/ no oigo o veo a lo lejos ni a mi lado./ Hondísima quietud tiene esa orilla,/ donde casi del mundo y de mí mismo/ me olvido, inmóvil; y mis miembros sueltos/ paréceme que yacen, sin que espíritu/ o sentido los muevan, y su calma/ con el silencio del lugar se funde».
19
Véase, por ejemplo, esta afirmación: «Pierde, por ello [se refiere a la «suprema unidad del conjunto» que ensambla todas las piezas], legitimidad la visión de esta poesía como suma inconexa de «divinos fragmentos» (G. DE ROBERTIS) artificiosamente engarzados por el motivo del «canto» (FLORA, G. DE ROBERTIS, CONTINI), ya que la vaguedad del vínculo viene impuesta por la libre asociación de las imágenes conforme al «tiempo del ánimo» (FUBINI). Más aún, el secreto poético del idilio reside en ese mismo proceder por asociaciones involuntarias a partir de imágenes engarzadas de modo intuitivo: una noche serena, el plácido sueño de una mujer en el silencio de su estancia, un canto que se aleja decreciendo, el niño que espera ansiosamente la fiesta mientras escucha un canto parecido con inexplicable dolor» (Mª de las Nieves MUÑIZ MUÑIZ, en G. LEOPARDI, Cantos, edición bilingüe y traducción de la misma, Madrid, Cátedra, 1998, pp. 236-237).
20
En la edición citada de los Canti, preparada por Mª de las Nieves MUÑIZ MUÑIZ, las páginas 671-679 recogen un amplio compendio de notas sobre el poema que comentamos, con un exhaustivo tratamiento de los ecos literarios que actúan sobre él.