11
Publicado en Tribuna Libre (Buenos Aires), 28 de enero de 1920. La edición de la Obra completa de Arlt (Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1981, t. 2, pp. 9-35) lo reproduce en su totalidad.
12
Roberto Arlt, «Autobiografía», publicada junto con el relato «El humillado» [en realidad, un capítulo de la novela Los siete locos], en Cuentistas argentinos de hoy, comp. J. G. Miranda Klix y Á. Yunque, Claridad, Buenos Aires, 1929. Reproducida en Mirta Arlt y Omar Borré, Para leer Roberto Arlt, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1985, p. 217.
13
«Nota editorial», El juguete rabioso, 2.ª ed., Claridad, Buenos Aires, 1931.
14
Según se desprende de las Memorias de Castelnuovo ya citadas (p. 134), Arlt le hubiera dado también a leer el manuscrito de su novela al editor Manuel Gleizer, quien publicó a varios de los jóvenes escritores del momento: Borges (El idioma de los argentinos, Evaristo Carriego), Leopoldo Marechal (Días como flechas, Odas para el hombre y la mujer), Eduardo Mallea (Cuentos para una inglesa desesperada). Enrique González Tuñón (El alma de las cosas inanimadas) entre otros; también publicó el único número de la revista Libra (1929), dirigida por Leopoldo Marechal y Francisco Luis Bernárdez.
15
Cf. «Nota editorial».
16
M. Arlt y O. Borré, op. cit., p. 219.
17
Raúl Larra, Roberto Arlt, el torturado. Ediciones Ánfora, Buenos Aires, 1973. p. 25 [1.ª ed., 1950].
18
Véase nota 12.
19
Borrador de memorias, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1978, p. 86.
20
Arlt recuerda: «Su aparición pasó sin dejar mayores rastros en los anales de la crítica, aún cuando entre la juventud El juguete rabioso provocara apasionados elogios. Todavía este libro cuenta con exaltados apologistas que lo consideran superior a Los siete locos, cosa que de ningún punto de vista puede admitirse porque no hay comparación posible entre una y otra novela, ni desde el punto de vista constructivo, ni técnico, ni psicológico, ni artístico. Según su propio autor, El juguete rabioso se parece a Los siete locos lo mismo que una pistola antigua a una automática»
(cf. «Nota editorial», nota 12). Borges, por cierto, sería uno de esos «apologistas». Ya en 1929, en una entrevista, consideraba la prosa de Arlt «notable» (La Literatura Argentina, junio de 1929, pp. 14-15) y en varias entrevistas muy posteriores reiteraría su preferencia por la primera novela de Arlt.