1
Una primera versión de este trabajo fue leída en el XIII Congreso Nacional de Literatura Argentina organizado por la Universidad Nacional de Tucumán (Argentina), del 15 al 17 de agosto de 2005. Agradecemos a la hija del escritor, Mirta Arlt, por permitirnos reproducir «Recuerdos del adolescente», el primer fragmento de El juguete rabioso publicado por Roberto Arlt en la revista Babel, en 1922.
2
Los Libros (Buenos Aires), marzo-abril de 1973, núm. 29, 20-21.
3
Cf. «El poeta parroquial». Proa, mayo de 1925, núm. 10. Hay que decir que el capítulo tiene poca relación con la trama de la novela tal como se publicará al año siguiente. Un personaje, Juan, secretario de una biblioteca, invita a su amigo, el narrador (no nombrado), a visitar a un famoso poeta del barrio de Flores. Durante la entrevista, relatada con ironía, el poeta, cuyo retrato había aparecido en la revista de gran tiraje, El Hogar, y que también publica en Caras y Caretas, propone ayudar al narrador, quien confiesa escribir «prosa» Esta visita de los dos jóvenes al «poeta parroquial» recuerda sobre todo el «aguafuerte porteño» que Arlt dedicará algunos años después al escritor Juan José de Soiza Reilly a quien el joven Arlt visitara en su adolescencia y el que le publicó su primer relato, «Jehová», en la Revista Popular. Véanse el aguafuerte «Éste es Soiza Reilly» y un fragmento de «Jehová» en Roberto Arlt, Cronicón de sí mismo, Edicom, Buenos Aires, 1969, pp. 63-69. Otro capítulo de la novela, también publicado por Proa, «El rengo» (marzo de 1925, núm. 8), pasará, éste sí, a la novela.
4
Aunque algunos estudiosos de Arlt se refieren a La vida puerca o, incluso, como Elías Castelnuovo -quien tuvo, como se verá, el manuscrito en sus manos- a De la vida puerca en sus Memorias (Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1974, p. 134), en la revista Proa, que pudimos consultar, se anuncia como Vida puerca. La expresión aparece en una sola ocasión, en el tercer capítulo de la novela, cuando Astier ha sido despedido de la Escuela Militar de Aviación y piensa en el regreso a casa y en la penosa vida de su madre y hermana: «¡Ah, es menester saber las miserias de esta vida puerca, comer el hígado que en la carnicería se pide para el gato, y acostarse temprano para no gastar el petróleo de la lámpara!»
(El juguete rabioso, ed. R. Gnutzmann, Cátedra, Madrid, 1985, p. 179). Todas las citas de la novela se harán según esta edición. Este calificativo, alejado de toda compasión por la miseria y no tan usual finalmente en la obra de Arlt, reaparecerá en boca de Haffner, el Rufián Melancólico de Los siete locos: «¿Sabe que es interesante lo que cuenta? [Le dice al Buscador de Oro] Poniendo que no exista oro, aquello es siempre más divertido que esta puerca ciudad»
(Los siete locos y Los lanzallamas, ed. crít. M. Goloboff, ALLCA XX, Paris, 2000, p. 171).
5
«A Ricardo Güiraldes: Todo aquel que pueda estar junto a Ud. sentirá la imperiosa necesidad de quererlo. Y le agasajarán a Ud. y a falta de algo más hermoso le ofrecerán palabras. Por eso yo le dedico este libro»
. Al fallecer Güiraldes en 1927, la dedicatoria desaparece en la 2.ª ed. de El juguete rabioso (Claridad, Buenos Aires, 1931). Hay otro testimonio de gratitud y afecto de Arlt hacia Güiraldes. Se trata del texto que se iba a publicar en 1927 en el último número de la revista de vanguardia Martín Fierro, el número 45, que sería dedicado por entero a Güiraldes que acababa de morir. En el Iberoamerikanische Institut de Berlín se encuentra la carta escrita a máquina por Arlt y dirigida a Evar Méndez, director de Martín Fierro. Cito un fragmento del texto de Arlt: «Todos te queríamos mucho. A veces nos imaginábamos que estabas solo e indefenso, para tener la dichosa ilusión de salvarte la vida y ser héroes ante tus ojos... Llevabas a don Segundo en tu gran corazón. Nosotros muchachos cínicos y desgastados de esta ciudad sombría te llevamos a vos: el señor don Ricardo Güiraldes»
.
6
Véase el Prólogo que escribe Bernárdez para las Obras completas de Ricardo Güiraldes (Emecé, Buenos Aires, 1962, p. 11). Unos años después, en una nota periodística dedicada a Arlt, Bernárdez se refiere de nuevo a las reuniones con Güiraldes en donde participaban también Borges, los hermanos González Tuñón y otros jóvenes escritores («Arlt», Clarín, 26 de febrero de 1970).
7
Véase Héctor René Lafleur, Sergio D. Provenzano y Fernando P. Alonso, Las revistas literarias argentinas 1893-1967, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1968, p. 92.
8
Bernárdez escribe en el testimonio publicado en Clarín: «No sé qué pensó Güiraldes cuando, días después, mi nuevo amigo le leyó El juguete rabioso. Lo que sí recuerdo es que, interesado por quien había escrito tan fuertes páginas, lo retuvo un tiempo como secretario suyo»
. Otro testimonio en tomo a la amistad con Güiraldes es el que escribe Álvaro Yunque en la revista Nosotros, con motivo de la muerte de Arlt: «Después, Arlt se encontró con Ricardo Güiraldes, el reflexivo, el sutil, el educado, flor de civilización -su antítesis. Urbanismo en Güiraldes, suburbio en Arlt. Aquél pulió y aconsejó al muchacho mucho menor. Hasta le enseñó ortografía. Arlt cogió de su generoso, improvisado maestro la técnica, lo exterior del oficio. Lo demás, el alma bravía, pintoresca, anárquica de sus libros, siguió encontrándola en la vida, dándose tropezones con la humanidad canalla y sufriente»
(julio de 1942, núm. 76, p. 113).
9
Horacio Tarcus, «Babel, revista de arte y crítica (1921-1951)», Revista Lote. Mensuario de Cultura, noviembre de 1997, año 1, núm. 7, pp. 6-9. Tarcus sólo ofrece escuetamente el dato, sin dar a conocer el texto. En una de nuestras visitas a la Fundación Bartolomé Hidalgo en Buenos Aires pudimos leer «Recuerdos del adolescente». Las fotos digitales del texto de Arlt y del índice de la revista que acompañan este trabajo provienen de dicha Fundación.
10
Roberto Arlt, «Recuerdos del adolescente», Babel (Buenos Aires), enero de 1922, núm. II, p. 152.