61
R. Altamira, La enseñanza de las instituciones, op. cit., pág. 6, nota 1.
62
Cuaderno de los cursos, op. cit. Anotación correspondiente al día 9 de enero de 1935.
63
«Desde los inicios del curso se realizaba una labor conjunta que era la de examinar, leer y preparar fichas de una de las obras clásicas de la literatura histórica de América en todo lo que se refería a instituciones... El año 1933-34 se dedicó especialmente a la Política Indiana de Solórzano Pereyra, y la mayoría de los alumnos del curso leyeron y descubrieron, a este autor del siglo XVII, y fueron convirtiendo en fichas la obra del mismo, anotando y comentando todos y cada uno de los aspectos y facetas de ella. Este trabajo, que podía realizarse en el seminario o en la propia casa del estudiante obligaba a dedicar gran número de horas a la asignatura, ya que la clase diaria (seis semanales) se destinaba a dar cuenta de la labor realizada y a escuchar y contestar las observaciones que formulaban los compañeros de curso bajo la dirección de don Rafael. Éste, generalmente dirigía las discusiones y hacía las aclaraciones de toda naturaleza y, tomando como base cualquiera de los puntos de las discusiones, nos daba una lección sobre un tema de historia institucional de la época colonial o la nacional... Las clases iban pasando y con ellas desmenuzábamos la Política Indiana de Solórzano en fichas, sobre todos y cada uno de los aspectos de la obra, buscando siempre las fuentes doctrinales y legales de cada una de las afirmaciones, identificando autores y obras, confirmando o rectificando los hechos históricos y, aun en muchos casos, la repercusión que los escritos solorcianos tuvieron, tanto en la vida americana como peninsular». (J. Malagón «Las clases de Don Rafael Altamira», op. cit., págs. 52, 55 y 56).
64
«En virtud de ese trabajo de investigación, pudieron archivarse en la cátedra miles de papeletas sobre cuya redacción fui haciendo observaciones críticas para enseñanza de todos, y que representan un gran valor histórico. Cuando, por motivo de mi jubilación, tuve que abandonar la cátedra, llevábamos ya dos cursos enteros dedicados en ella y en el seminario adjunto, a esa importante recolección, que los sucesos políticos no han permitido continuar en el curso de 1936-37». (R. Altamira, Técnicas de investigación, op. cit., pág. 163).
65
«En cuanto a la actividad de los alumnos y al orden de trabajos en la Cátedra, he aquí lo sustancial. Todos los que asisten a ella están obligados a realizar un trabajo de investigación y composición, y todos lo hacen en forma de seminario. La importancia de que los alumnos ejecuten esos trabajos es doble, o, en otra expresión, es doble la finalidad que nos ha guiado a exigirles esa cooperación personal; de una parte, la conveniencia de que se entrenen para salir capacitados como investigadores y expositores de historia jurídica, y de otra parte, suscitar su dedicación futura al estudio de la vida jurídica de la América pasada y presente, tanto en la pura finalidad histórica como en la política, económica, etc. Este sistema que tiene su propia justificación en la esfera pedagógica de formación profesional científica, produce además el resultado de ampliar considerablemente, por la variedad de temas que los alumnos escogen, el cuadro de materias que en cada curso se examinan». (R. Altamira, La enseñanza de las instituciones, op. cit., pág. 14. También lo repite en sus Técnicas de investigación, op. cit., pág. 182).
66
Cuaderno de los cursos, op. cit. Anotación correspondiente al día 10 de enero de 1935.
67
Cuaderno de los cursos, op. cit.. Anotación correspondiente al día indicado.
68
Cuaderno de los cursos, op. cit. Anotación correspondiente a la fecha indicada.
69
| (R. Altamira, Técnicas de investigación, op. cit., págs. 161-162). | ||
70
«Dado que una vez terminado por el alumno el estudio y composición de su tema, lo expone en cátedra o lo presenta por escrito, y el profesor hace la crítica jurídica e historiográfica». (R. Altamira, La enseñanza de las instituciones, op. cit., pág. 14).
También lo refiere J. Malagón: «Paralelamente a este trabajo, los que querían -que eran la mayoría- seleccionaban un tema de investigación, casi siempre surgido de aquella otra labor, que a la larga se convertía en un estudio monográfico, y que una vez por semana era discutido, desde su principio, así como el porqué del tema, a medida que su autor lo iba concretando y poniendo sus ideas en blanco y negro». («Las clases de Don Rafael», op. cit., págs. 57-58).