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Proyecto de traslación de las fronteras de Buenos Aires al Río Negro y Colorado


Sebastián Undiano y Gastelu





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Advertencia del editor

El proyecto que publicamos sobre la extensión de que es susceptible nuestra frontera, es debido al celo ilustrado de un español, que pasó gran parte de su vida en este país. Residió en Mendoza, donde se enlazó con una familia respetable, y tuvo relaciones íntimas con el comandante Amigorena, a cuyo lado empezó a recorrer el vasto territorio que se desplega al este de los Andes.

La idea de ocupar la isla de Choelechel es la que domina en este proyecto; y todas las ventajas que pueden sacarse de esta ocupación están tan claramente indicadas, que el que prescindiese de la fecha, creería que esta memoria fuese un comentario apologético de la última campaña del Señor General Rosas.

Undiano permaneció en este país hasta el año de 1827, en cuya época por un disgusto doméstico regresó a Europa, y falleció poco después en Pamplona, su patria.





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Proyecto de traslación de las fronteras de Buenos Aires al Río Negro y Colorado

Representación al rey


Señor:

Sebastián de Undiano y Gastelu, Capitán del regimiento de voluntarios de caballería de milicias disciplinadas de la ciudad de Mendoza, virreinato de Buenos Aires, deseoso del mayor bien del Estado, me atrevo a proponer a Vuestra Majestad la conquista pacífica de diez y siete mil leguas cuadradas de tierra, situadas en el mejor suelo del universo, y en una de las orillas de su extendidísimo imperio: conquista para la cual no hay que chocar con ninguna potencia extranjera, porque toda ha de hacerse en un país que pertenece a la corona de Castilla. Tampoco ha de derramarse sangre, porque algunas pequeñas tribus de indios errantes, que discurren por él sin asiento fijo, al modo que andaban antes los gitanos por esa península, ni querrán, ni podrán oponerse al proyecto que en ninguna manera les perjudica. Ellos, desde el año de 1784, poco o nada han dado qué hacer, y si ahora no cometen hostilidades, con ser que tienen una retirada segura, es de creer continúen en la misma buena armonía al verse cercados de los establecimientos que voy a proponer. Tampoco han de ocasionarse erogaciones a la hacienda pública, porque con lo que produce el ramo de guerra que se administra en esta capital, y se destina a la seguridad y población de estos campos, comprendo que habrá suficiente dinero para ocurrir a los gastos que se han de impender; ni menos ha de necesitarse sacar tropas del Viejo Mundo para las guarniciones de los fuertes que se han de fundar; porque trasladando a ellos la que hay en los que actualmente tenemos en estas fronteras me parece que quedará bien defendida la nueva línea, si se atiende a que esta ha de formarse de la natural defensa que proporcionan los dos caudalosos ríos, Negro y Diamante, y hasta los cuales deberán avanzarse nuestras fronteras, desde esta capital hasta Mendoza, que es a lo que se reduce todo   -4-   el proyecto. Los terrenos de que trato son los comprendidos entre el río Negro del sud, y las fronteras de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza. Ellos forman una figura de cuatro lados desiguales, que aunque no son en todo rigor rectilíneos, por las inflexiones de las costas y de los ríos que se ven por sus extremidades, puede muy bien, si se mira el todo, y hablando en términos geométricos, llamarse un trapecio.

En sus dos ángulos agudos viene a caer la boca del Río de la Plata y Mendoza, y a los de los obtusos corresponde la confluencia del río Diamante con el Negro, y la desembocadura de este en el Océano Atlántico austral. Su mayor lado es el del norte, y lo forman las fronteras dichas, tomadas en toda su extensión este-oeste, desde Buenos Aires hasta Mendoza, el cual he corrido muchas veces. Síguese por el ancho el lado del oeste, que se extiende desde los 32 grados 56 minutos de latitud sud, en que está Mendoza, hasta los 39 grados escasos, en que el piloto don Basilio Villarino colocó la confluencia del Negro con el Diamante. Este lado lo forma este último río, que corre desde la jurisdicción de Mendoza, y el camino que desde aquella ciudad se dirige hasta la unión del Diamante con el actual, el cual también he reconocido en dos expediciones hechas por aquel lado contra los indios del sud; habiéndonos internado en la del año 84, hasta los toldos de los Manantiales, no muy lejos de la junta del Diamante con el Negro. El tercer lado, que por su extensión debe seguirse a los dos precedentes, es el del este, que lo compone la costa de Patagones, desde el Río de la Plata hasta la desembocadura del Negro, y que han recorrido muchos por mar, y aun atravesado por tierra.

El 4.º último y menor lado, es el del sud, que forma la caja del río Negro, desde su confluencia con el Diamante hasta el Océano. Este lo anduvo Villarino: resultando de aquí, que están vistos los cuatro ángulos y los cuatro lados de tan extendido trapecio, que comprende no menos que diez y siete mil leguas de superficie. No puede dudarse de la óptima cualidad de todos los terrenos que encierran aquellas dilatadas extremidades, que han sido casi todas atravesadas y recorridas, ya desde Buenos Aires y Santa Fe, ya desde Córdoba, San Luis y Mendoza, en las varias expediciones hechas, desde sus respectivas fronteras, contra los indios pampas cuando las invadían: y se ha visto que se componen de unas muy pastosas y grandísimas planicies, llamadas pampas, interrumpidas de lomas y cañadas, y de medianas y frondosas serranías, con muchos bosques de buenas maderas a trechos, en especial hacia el oeste, entre los meridianos de Córdoba y Mendoza. Ellos están situados entre el 4.º y 6.º clima, en el mejor de la zona templada meridional, y por su situación geográfica, deben ser los parajes que no se han visitado de la misma   -5-   ventajosa cualidad que los ya vistos o acaso mejores, mayormente no habiendo cordilleras que alteren su benigno temperamento. Podrá decirse que tan grande país tiene pocos ríos: es verdad que no tiene más que el Negro, Colorado, Diamante, Tunuyan o Bebedero, y otros más pequeños, que caen luego a la costa, o al de la Plata, y todos distantes del centro; pero lo que importa es, que se pueblen las riberas del Negro y del Diamante, andose en ellos y no en otra frontera, que no tardaría muchos años en irse poblando, todo lo demás, sin que quedase nada yermo. ¿No tenemos pobladas de muchos y grandes pueblos las secas llanuras de la Mancha? Pues ¿por qué no estas, mucho más frescas que aquellas? ¿Estas, donde el agua se halla tan cerca, que nadie dudó encontrarla de cuantos se han establecido y establecen, sin más agua que la de sus pozos de balde, en estas fronteras de Buenos Aires y en las de Santa Fe y Córdoba? La sierra de la Ventana, la del Volcán, las cañadas que siguen, llenas de manantiales, desde donde se pierde el Río Quinto hasta las cabeceras del río Colorado: los parajes de las Vívoras, Mamilmapu, y otros muchos, donde los indios hallan el agua sin más trabajo que el de cavar unos pequeños pozos con sus cuchillos o machetes; las muchas y grandes lagunas que hay repartidas por todas esas pampas, inducen a creer muy prudentemente que en todo el país, contenido en los linderos expresados, no hay lugar alguno que no pueda habitar el hombre ¿Qué no debe esperarse, pues, de una tierra como esta, si aprovechándose de sus inmensas llanuras, de las aguas de los caudalosos ríos Atuel y Diamante, y de la elevación de su origen, se acudiese a la hidrometría, y se cruzase todo él de canales de riego y de navegación? ¿Y que, si reduciéndose a cajas más estrechas y sólidas las aguas de los ríos Tunuyan, río Quinto y Cuarto, se dirigiesen al sud con el mismo objeto? Ni se diga que estos dos últimos son de poco caudal, porque mucho más pobre es el Manzanares y en él se ve de cuánto es capaz el hombre, cuando sabe usar de este elemento con acierto.

Poblaríase, pues, este país, comenzando por la traslación de los fuertes de esta frontera de Buenos Aires a la orilla izquierda o septentrional del río Negro: ellos son seis, y seis los fortines, y con el que ya hay en la desembocadura de aquel río Colorado, en sitios convenientes, serían suficientes a cubrir la distancia que hay desde ella hasta la junta del Diamante: teniendo el cuidado de peinar bien las barrancas, dejando el menor número de pasos que sea posible, y quedando estos precisamente dominados de nuestro cañón. De este modo, aprovechándose de la natural defensa que presta este río caudaloso y navegable, quedaría enteramente a cubierto nuestra línea por parte del sud, estableciendo los principales fuertes en los pasos, y colocando en los intermedios atalayas, fortines y telégrafos, por cuyo medio corriesen en pocos minutos los avisos por toda ella.

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En la confluencia del Diamante, con el Negro sería bien poner la mayor fuerza ya por ser este el punto más remoto de nuestras fronteras actuales, ya también por oponer la mayor resistencia a las avenidas de los indios ranqueles, y guilliches, que en caso de atacarnos habrá de ser más bien por aquel punto que por otro: por allí ha sido y es el paso de los indios serranos que se dirigen a las pampas del sud (que hoy lo hacen por Choelechel), dando la vuelta al oeste, buscando el paso del Negro frente al Payen, y cayendo luego al dicho del Diamante para lograr su ingreso al país vedado. Por tanto digo, que la defensa de este punto exige la mayor atención. La ribera del Diamante, que he corrido algunas veces, y que desde el ángulo que forma donde recibe el Atuel, compone el lado del oeste del trapecio, debe también asegurarse con mucho cuidado; porque de no, de poco serviría fortificar el lado o línea del sud por el Río Negro, y dejar este indefenso en la larga distancia desde la una a la otra junta. El Diamante no es río tan grande como aquel, y por lo mismo es más fácil hallarle paso, aunque siempre a nado; en muchas partes son pantanosas sus orillas, y esta es la mejor defensa. Sus aguas son buenas, y corren desde la jurisdicción de Mendoza, siempre por terrenos llanos. Para defenderse sería acertado escarpar todas sus barrancas, y empantanar toda la ribera opuesta en cuantas partes fuese posible, de modo que no quedasen más pasos que los dominados por nuestros fuertes. Estos podrían establecerse después de un maduro examen y reconocimiento en los parajes más propios, trasladando para ello, a la izquierda de este río, todos los que hay en las fronteras de Córdoba, San Luis y Mendoza.

Al río Diamante, y poco más arriba de su junta con el Atuel, que distará de Mendoza 65 leguas al sud, podría trasladarse el fuerte y villa de San Carlos, que fundó en aquella frontera nuestro Marqués de Sobremonte, siendo gobernador intendente de Córdoba. Apenas le hallará sitio de mejores proporciones para una gran ciudad. Dos ríos caudalosos, de buena agua, bellísimo temperamento, muchos pastos, leña en abundancia, terreno llano, muy extendido y de la mejor calidad, con despejados horizontes por N. S. E. con el Atuel y Diamante, en la mejor disposición para sangrarlos y regar cuanto se quiera. Buenas muestras de ricos minerales en la sierra inmediata del oeste, y unas salinas inagotables de excelente sal en sus inmediaciones, es lo que ofrece ese bello paraje a la vista de un observador. Mas desde esta junta es navegable el Diamante por el caudal de aguas que lleva, su poca corriente, y no tener salto alguno; por lo cual, del establecimiento que aquí se fundase podrían conducirse por agua todos sus frutos y producciones hasta el mar, con mucho ahorro de fletes y seguridad, y también dirigirse los auxilios y las órdenes por toda nuestra línea, y los socorros en caso de asedio de algunos de los fuertes, que no es de esperar.

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Con las tropas que hoy hay en las fronteras dichas, me parece sería suficiente para establecernos sólidamente en los puntos principales de la nueva línea; es a saber, por lo que mira al Río Negro, en Choelechel e isla inmediata más arriba de este paso; y por lo que toca al Diamante, en el que se ve más abajo de los Manantiales. En el de la esquina de San José, en el de los Algarrobos, y en la confluencia dicha del Diamante y el Atuel, y en algunos otros de que se haría un reconocimiento prolijo, si se tuviere por conveniente asegurarlos.

Para este reconocimiento deberían partir dos expediciones: una desde nuestro establecimiento del Río Negro, a la manera de la de Villarino, que podría dirigirse con dos chalupas hasta la unión de este río con el Diamante; y otra, que marchando desde Mendoza, fuese por la derecha de este río último hasta encontrarse con la del Negro, volviendo a la retirada de una y otra a rectificar las observaciones, hechas en la entrada. Bien que la de Mendoza sería muy conveniente que hiciese su viaje de vuelta por la izquierda, para reconocer la unión del Tunuyan con el Diamante, que yo no pude ver el año de 1784, que anduve por allí, a causa de las grandes crecientes de aquel año, que hicieron salir de madre dicho río, inundando a mucha distancia los campos inmediatos, y estorbando el acercarse debidamente a reconocer este punto geográfico; por lo cual sería también muy bueno que la expedición de Mendoza llevase dos canoas o botes por el río; y una y otra confiadas al mando de sujetos que diesen una descripción completa de los dos ríos, levantando planos exactos de ellos, y designando los sitios para el establecimiento de los nuevos fuertes.

Todas las poblaciones nuevas necesitan auxilios: los que pueden darse a las proyectadas gravitarían sobre el ramo de guerra; y se indemnizarían luego con el aumento de cueros. Porque, ¿quién duda, que poblados de fuertes y de villas estos dos ríos, se abriría un comercio grande de unos artículos tan precisos como el cuero, el sebo y carne salada para Europa, de mulas para el Perú y Chile, y que a proporción habían de recrecer los derechos? Dos clases de hombres son los que pueblan las fronteras actuales; esto es, soldados que llaman blandengues, y paisanos que viven bajo el cañón de los fuertes, no apeando de ochocientos a mil los que hay de estos últimos en cada uno de los fuertes de la línea de frontera de esta capital. A unos y otros sería bien repartirles los terrenos en toda propiedad y de balde, con lo cual se les vería edificar, cultivar y mejorar las posesiones, siendo esta una cadena que fija a los hombres por los siglos de los siglos. A cada blandengue sería bueno anticiparle ochenta pesos, para que hiciese su casita; porque al cabo ellos son los que defenderían y asegurarían la nueva línea, como pobladores natos y seguros, y unos   -8-   verdaderos agrónomos. Militares, y con el dinero de sus sueldos, fomentarían y vivificarían al paisano que quisiera ser poblador. A estos sería conveniente anticiparles la misma cantidad sin calidad de devolución, y además un real diario por familia el primer año, procurando que unos y otros sean casados, y asignándoles plazo para que lo hagan los que fuesen solteros.

Yo no puedo entrar en mayores detalles sobre el particular, porque, para hablar con fundamento, es necesario esperar las resultas de los dos expedientes dichos, y me limito sólo a decir que miro muy factible y fácil establecernos, como llevo insinuado, en toda la línea referida: pues aunque quedarían algunos bárbaros en los países intermedios, no habría motivo para temerlos, ni es bien que esto se diga entre españoles acostumbrados a vencer naciones mucho más numerosas y valientes. Además que no se atreverían a insultarnos, viéndose cortados; sino más bien se reducirían a vida social, pena de ser exterminados o expulsados al otro lado del Negro o del Diamante, en caso de arrostrarse o cometer la menor hostilidad.

Pues, supongamos que se viesen pobladas y llenas de fuertes y poblaciones las riberas de estos dos ríos caudalosos. ¡Cuán prodigiosa sería la multiplicación de los ganados, en unos campos tan pastosos y propios para este objeto! ¡Y en unas estancias tan seguras como habría en su izquierda, con los pasos cortados de estos ríos, para que ni una cabeza se extraviase al sur, ni al oeste! Entonces se verían las numerosas tropas de mulas, vacas y caballos, caminar de fuerte a fuerte, y de Chile a los mercados: unas por el camino del Planchón en la Cordillera, que cae poco más al sud del paralelo de la Junta, de los ríos Diamante y Atuel, y sale a Curicó, y otras por el de la Cruz de Piedras, que entra por los Papagayos, y sale por el río, Maipó a Santiago. Entonces se verían nuestros bastimentos llegar a las ahora desiertas costas patagónicas, en busca de cueros, de sebo, y de las lanas que produciría con asombro el nuevo trapecio, y surtir la Europa toda de estos renglones tan importantes; y entonces, por último, desde el establecimiento de la junta de los ríos Negro y Diamante, podrían reconocer las riquezas del próximo y famoso cerro de Paven, y hacerse excursiones muy útiles a la historia natural y a la geografía de las antiguas tierras magallánicas, de cuyas interioridades nada sabemos. Y viniendo ahora de las extremidades al centro, ¿quién ha de dudar, que poco a poco se habían de poblar los bellos países que encierran tan extendidos y seguros confines? Primeramente se dilatarían nuestras estancias, saliendo del estrecho y vergonzoso recinto en que las fijó Garay en 1580, y en que hasta ahora subsisten; después se irían abriendo caminos desde las viejas hasta las nuevas fronteras, haciéndoles pasar   -9-   por las mejores aguadas, y ocupando estas y las Salinas con establecimientos fijos; y después progresivamente todo lo demás de tan inmensos terrenos, donde, por decirlo así, no hay desecho.

En tiempos anteriores se pensó en asegurar la embocadura del Río Negro; la entrada desde Mendoza por el Diamante está llana; y las utilidades que han de seguirse de ello son incalculables. Todo, pues, incita a continuar; pero la conquista ha de ser pacífica; al menos así lo he llegado a creer, después de haber tenido conmigo solo muchas consultas y meditaciones.



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Itinerario de un nuevo camino descubierto por el capitán retirado don José Santiago Cerro y Zamudio, desde la ciudad de Buenos Aires hasta la de San Agustín de Talca, capital de la provincia de Maule, en Chile

Enero 12 De la ciudad de Buenos Aires, comimos en el Monte de Castro.
" Del citado monte, fuimos a dormir al Puente de Márquez.
13 De dicho puente, pasamos a comer a la cañada de Escobar. 6
" De esta cañada a la estancia de Rodrigo, en la que dormimos. 2
14 De esta estancia, a comer al fuerte de Luján. 5
15 De este fuerte, a una chacra que no tiene nombre. 3
" De esta chacra a la estancia de don Pedro Flores: D1. 3
16 De esta estancia, a una chacra cerca del fortín de Areco: C
" De este fortín, a la estancia de don Pedro Fernández: D. 5
17 De esta estancia, al fuerte del Salto, (nos paramos dos días). 4
20 De este fuerte, a la Laguna de la Salada: C. 6
" De este paraje, al fuerte de Roxas: D. 4
21 De este fuerte, a las Toscas: C. 3
" De las Toscas, a la Laguna de la Cabeza del Tigre: D. 6
22 De la Laguna de la Cabeza del Tigre, al fortín de Mercedes: C. 4
" Del fortín de Mercedes a los Chañaritos: D. 4
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64½
23 De los Chañaritos, al fortín de Melincué: C. D2. 4
24 Del fortín de Melincué a la Laguna Larga: C. 4
" De dicha laguna, a otra más chica, que no tiene nombre, y a corta distancia de ella: D. 2
25 De esta laguna chica (con el mismo rumbo), a otra que tampoco tenía nombre: C.
" De este paraje, a un descampado que no se sabe el nombre, pero siempre siguiendo el camino real de las Tunas; en el cual había una laguna, unas vizcacheras, y cinco chañaris; y a la cual le puse por nombre, la Laguna del Comandante Hernández.
26 De la Laguna del Comandante Hernández, al monte de Llorente, y a una legua de dicho, hay una lagunita, y pasamos a ella para descansar. 4
" De este paraje, a la guardia de las Tunas, (en la que se concluyó la travesía peligrosa). 5
27 De esta guardia, a la laguna de la Totora.
" De la laguna de la Totora, al fortín de Loboy.
28 Del fortín de Loboy, al rancho de don José Lagos. 4
" De dicho rancho, nos paramos cerca de otro, en el mismo camino real, después de haber caminado.
29 De dicho paraje, a la villa de la Carlota. 3
31 De la citada villa, caminamos aguas arriba del Río Cuarto, cuyo paraje no tiene nombre. 3
" De dicho paraje, y con la misma dirección caminamos.
Febrero 1 De dicho paraje, al fortín de San Carlos, que por otro nombre llaman las Terneras; el cual se halla a la orilla del Río Cuarto.
" Del fortín de San Carlos, a unas lagunas grandes y largas. 2
121
2 De dichas lagunas, al fuerte de Santa Catalina, advirtiendo, que primero se halla a la legua un montecito, que llaman del Cacique Bravo; y   -13-   después se halla otro, que llaman el Monte Crin. 6
4 Del fuerte de Santa Catalina, al montecito de la Ensenada, en la que hay unos pocitos. Allí pasamos la noche. 4
5 Del montecito de la Ensenada, al médano o cerrillo de Orcobi. 3
" Del cerrillo de Orcobi, a la estancia de don Pedro Guerra.
" De esta estancia, a la laguna del Corral de la Barranca: C.
" De la laguna del Corral de la Barranca, al fuerte de San Fernando, el cual está a la falda de un cerrito, que llaman Sampacho, y cerca de una laguna. 3
7 Del fuerte de San Fernando, a la estancia de Chajan, que pertenece a don Gerónimo Quiroga, la cual está a la orilla de un arroyito, que lleva el mismo nombre y está en el medio de otros dos también poblados y permanentes. 8
8 De la estancia de Chajan a los Quebrachos, pasando por medio de dos cerritos, que llaman Blanco y Negro. 2
9 De los Quebrachos, a las Vizcacheras, en donde hay unos pocitos de agua muy abundante y buena: C. 4
" De las Vizcacheras, a la orilla del monte, que se cría en las márgenes del Río Quinto
" De dicho monte al fuerte de San Lorenzo (jurisdicción de la punta de la ciudad de San Luis) pasando el Río Quinto, que es muy explayado, y de poca agua.
12 Del fuerte de San Lorenzo (aguas arriba del Río Quinto), al paso de dicho río: C. 4
" De dicho río (aguas arriba siempre del mismo), a la Barranca Grande del Río, adonde había un rancho destruido y corral, y donde se debía volver a pasar.
" De dicho segundo paso, a la estancia de don Pedro Gutiérrez. ½
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13 De la estancia de don Pedro Gutiérrez, al Oratorio de San Antonio, que está a orilla de dicho río. 4
" De dicho Oratorio, adonde nos paramos enmedio del monte, y a la distancia de un cuarto de legua del río. 2
14 De dicho paraje, siempre aguas arriba del citado río, adonde paramos que era una barranca de piedra. 5
" De dicho paraje, al paso de las Carretas, por el Tala.
15 Del paso nuevo de las Carretas, en el Río Quinto, que pasa adonde está poblado el capitán don Silvestre Gutiérrez, y el cabo Rufino Cabrera, a la Cruz: C. 5
" De la Cruz, a la laguna del Pozo Pampa. 4
" De la laguna del Pozo Pampa, a las Pampitas, que por otro nombre llaman las Encrucijadas: D. 5
16 De las Pampitas o Encrucijadas, a la orilla del Bebedero, adonde hay cuatro ranchos, y en uno de ellos vive el baqueano Xijón. 4
17 De dichos Ranchos, aguas arriba de dicho río, al paso de las carretas que van para Buenos Aires.
" Del citado paso, al fuerte de San José.
27 Del fuerte de San José, aguas arriba del río que llaman del Desaguadero, al Salto: C.
" Del Salto, a las cercanías de la orilla del mismo río, y en un paraje que no tiene nombre. 3
28 Del citado paraje, a Agua Dulce, que es donde hay un rancho y estancia del Conde que está casado en la Punta de San Luis.
Marzo 1 De Agua Dulce, aguas abajo siempre del citado río, a una abra que está a la orilla de dicho río.
2 De dicho paraje, al otro en que se volcó el carretón3. ¼
4 Del fuerte de San José, al paso viejo del río, aguas abajo, que llaman de las Carretas. ½
211¾
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4 De dicho paso (después de haberlo pasado), nos paramos para dar descanso a las cabalgaduras enmedio de un montecito ralo, que por tener muchos nombres no lo pongo, hasta saber el verdadero. 5
" De dicho paraje, (atravesando el campo) al paso de las carretas del río del Desaguadero.
6 Del paso de las Carretas ya citado, al Corral de Cuero. 6
7 Del Corral de Cuero a la Capilla de Corocorto. 7
" De la Capilla de Corocorto, a la posta que está a la orilla del río Tunuyan. 2
8 De la orilla y paraje, venimos a dormir en la misma orilla del río Tunuyan, que llaman la Dormida del Negro. 6
9 De la Dormida del Negro, al paraje que llaman de la posta de don Patricio Gil, que está a la orilla del río Tunuyan: C.
" De dicho paraje o posta, adonde se quebró el otro eje.
10 De dicho paraje, a la Ramada. ¼
13 De la Ramada, al Corral de Moyano: C. 5
" Del corral de Moyano a las Barrancas. 3
14 De las Barrancas, a una vista de la Reducción. 4
" De dicha Reducción, después de muchas vueltas y rodeo, a los corrales de don Francisco Varela. 5
15 De dicha estancia o corrales a la Cañada Blanca o río Seco.
" De la Cañada Blanca, al Ojo de Agua, que llaman del Durazno, el cual está a la distancia de doscientas varas de la orilla del río Tunuyan.
" Del Ojo de Agua del Durazno, al río Tunuyan. 4
" Del río Tunuyan al Río Viejo, el cual es más caudaloso que el primero: C. ½
" Del río Viejo, al fuerte y villa de San Carlos.
23 Del fuerte y villa de San Carlos, a la orilla del Papagay, adonde está el puestito de Peralta: C. 3
" De la orilla del Papagay, a la ciénaga de Aguanda. 2
24 De la Ciénaga de Aguanda, al fuerte de San Juan,   -16-   Nepomuceno, y de allí hasta Colmaní.
" Del fuerte de San Juan de Colmani, al Arroyo de las Peñas.
25 Del Arroyo de San Juan de las Peñas, al ranchito del Carrizalito. 3
" Del Ranchito, al Carrizalito. 2
26 Del Carrizalito, a la cumbre del cerro en que se divisa toda la circunferencia y barranca del Diamante. 4
" De dicha cumbre, al campamento del Diamante. 3
Abril 5 Del campamento, (en que está el paso de Romero) pasamos el paso de Romero, en el río Diamante, y nos paramos en el bajo del Portezuelo Colorado: C. 4
" Del bajo del Portezuelo Colorado, a la cumbre de un cerrillo, que llaman la aguada de la Casa Pintada. 2
" De dicha aguada, a las tolderías del Cacique: creo que ahora no están; pero siempre están a la orilla del Tigre. ½
6 De la orilla del Arroyo del Tigre, a la Aguada, que llaman de Ajajueles (porque no hay otra aguada hasta el río Atué), cuyo paraje es trabajoso. 5
" De dicha laguna de Ajajueles, a las Salinas, que dan el abasto de sal a las ciudades de Santiago de Chile y Mendoza, y a una legua corta de ellas. 3
7 De dicho paraje a la Laguna Seca, (que es a donde los naturales y viajeros cuando van y vienen para las Salinas, toman la agua que necesitan) en la que cavamos como una media vara en varias partes, y en, todos los pocitos sacamos agua buena y abundante. 6
" De la Laguna Seca, al manantial del río Atué que es adonde pasa el invierno la cacica doña Josefa.
9 De los manantiales del río Atué, que es el boquete primero por donde se pasa para el valle de las Ánimas; al otro boquete que está en el arroyo   -17-   que llaman del Saladillo (agua buena superior), y es el que solicitamos: por cuyo motivo le puse por nombre el Boquete del Marqués de Sobremonte. 2
" De dicho boquete (aguas arriba), hasta la orilla del Saladillo, adonde lo pasamos: C. 1
" De dicho pasa (siempre aguas arriba) atravesando dos cañaditas, al valle de las Ánimas: C. 2
" Del valle de las Ánimas, a los toldos de la cacica María Josepha: D. 3
11 De los toldos ya citados, a los dos cerrillos, que llaman de los Morritos, que se pasa por medio de ellos. 2
" De los dos cerrillos Morros, al arroyo del Portezuelo, que entra en el Saladillo. ½
" De la boca del portezuelo, aguas arriba de él, que también llaman de las Amarillas, (porque se halla en aquel paraje una leña larga, delgada y amarilla), a la Pascana, o pradecito del Portezuelo del Obispo (que es el nombre que le dan los españoles) y los naturales solamente de las Amarillas. ½
12 Del Portozuelo de las Amarillas o del Obispo, aguas arriba del arroyo del Portezuelo, al valle que llaman Hermoso, porque lo forma un plan delicioso, ameno y abundante en agua, pastos, aves y leña, con dos buenas lagunas muy espaciosas: C. 4
" De dicho Valle Hermoso, se atraviesa el arroyo que corre en él; el cual pasa por una angostura, y al sur, precipitándose en el río Codileufú (que llaman los españoles el río Colorado), subiendo por una ladera algo empinada, en cuya falda corre un arroyo que llaman de las Cargas, y bajando después dicha ladera del otro lado, atravesando dicho arroyo, pasamos la noche a la falda de un cerrillo que es escaso de leña y el vallecito se llama, el Vallecito de las Cargas. 2
352½
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13 De dicho Vallecito de las Cargas (dejando un camino algo empinado, por el que transitan los indios para ahorrar camino, aunque mucho más corto) al Valle de las Cuevas, en que hay unas cuevas de piedra en dicho plan. 3
" Del valle de las Cuevas, que es un plan hermoso, dejando el camino real, porque hay en el medio una piedra muy grande: y porque un chileno que venía con nosotros, llamado Miguel Cornejo, sabía otro camino, o persuadirnos que era mejor que el conocido, mandamos al ayudante al reconocimiento, mientras que nosotros caminábamos aguas arriba, por una ladera escabrosa y algo empinada; y atravesamos dicho arroyo a la... 1
" De dicho paso, subimos el cerro, y dormimos en los altos y llanadas del Valle Grande, para poder el día siguiente caer en la cordillera del Planchón. 3
14 De los altos y llanadas del Valle Grande, a la orilla de un arroyo que le llaman Colorado adonde caminamos. 3
" De la orilla del arroyo Colorado, siguiendo varias laderas y vallecitos, fui a dormir en el camino que descubrimos, y al frente de unos cipreses. 2
15 De dicho paraje continuamos nuestro viaje por el citado río, y por las faldas y laderas de aquellos cerros, y comimos en el Carrizal. 3
" Del Carrizal, que es el puesto de don José María Maturana, siguiendo las laderas, y veredas que siguen la dirección del río, vinimos a dormir al puesto de don Manuel Vergara, que llaman la Quecera. 4
16 De la Quecera, a la estancia de don Manuel Vergara (Río Claro). 5
17 De la estancia de don Manuel Vergara, a la orilla del Río Claro; y comimos, en la estancia de don Miguel Vergara. 7
383½
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" De dicha estancia, a la ciudad de San Agustín de Talca, en el reino de Chile. 5
388½



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Excelentísimo señor Virrey

Señor:

Muy venerado Señor: tengo el honor de remitir a Vuestra Excelencia el itinerario que he formado de la derrota que he seguido desde la capital de Buenos Aires dirigiéndome por las poblaciones de todas las fronteras, hasta la orilla y márgenes del río Diamante, en el paso antiguo que llaman de Romero, que es en donde se han abierto los cimientos del nuevo fuerte, llamado de San Rafael. De allí, pasando por los cerritos de la Casa Pintada, por, las Salinas que abastecen las ciudades de Santiago de Chile y Mendoza, y a la distancia media de los dos cerros grandes, que es el Diamante al norte, y el Nevado al sur, llegué en un boquete de la Cordillera Grande, que llaman los Manantiales del río Atué, que es adonde pasa el invierno la cacica doña María Josefa; y aunque con dicha entrada podía haberme trasportado al Valle Hermoso, me pareció, por las noticias que había adquirido, me sería más fácil hacer mi entrada por el otro boquete porque la dirección para mi regreso debía de ser más directa. Por lo que pasé la noche y el día siguiente en dicho boquete para instruirme y observar la latitud; pero como hubiese llovido, me vi precisado a salir de dichos manantiales, el día once, dirigiéndome para el otro boquete, que lo forma un arroyo llamado el Saladillo, agua muy superior, el que con los manantiales forma el río Atué. Y como dicha entrada fuese la mejor que pudiéramos desear para los dignos objetos de Vuestra Excelencia, me tomé la libertad de ponerle su nombre. De allí me dirigí aguas arriba de dicho arroyo, hasta llegar a las tolderías del cacique y cacica que nos acompañaban.

En esta primera jornada, aunque buena, se halla un tropiezo de una ladera algo escabrosa, la que se puede componer con mucha facilidad, pues que es de tierra, y una piedrecitas que pueden servir para empedrar el camino; porque no hay ríos, precipicios, bajadas ni subidas peligrosas, que puedan impedir el carruaje.

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De los toldos de dichos naturales, hasta llegar al potrero de don José María Matorana, las subidas y bajadas, sin peligro ni precipicios, son las mismas que las antecedentes; bien que se deben gastar algunas cantidades, no muy crecidas, para componer el camino, a fin de que puedan transitar toda especie de carruaje, porque toda aquella distancia, digo de los citados toldos, hasta la mesita del Planchón, no es más que un vergel que ha formado la naturaleza.

La citada Cordillera la dividió la naturaleza de tal modo, que en el paraje que llaman del Planchón, en donde debía de ser lo más peligroso, Dios le ha colocado un terreno tan llano, como los Pampas de Buenos Aires, y a proporción de su longitud y latitud, y con un bueno y hermoso arroyo, el cual está muy abundante de todas especies de aves silvestres y cuadrúpedos, conducentes a la situación del terreno; como también pastos y bastante leña para el abasto de cualquiera tropa que puedan ofrecerse pasar. Porque en toda la extensión del boquete ya descubierto, todo abunda para los fines de un viajero económico, y sin asomo de peligro, pues, que jamás hemos pensado en descargar una de las diez cargas que traímos para nuestras urgencias, ni menos el apearnos temerosos de algún quebranto.

Pasado el citado Planchón, y dejando el camino que lleva para la villa de Curicó (el que es casi intransitable, por las muchas nieves y barrancos que se manifiestan a la primera vista), y el que conduce aguas abajo para el Valle Grande, se baja la citada Cordillera con una suavidad inexplicable como cuatro leguas; y de allí bajamos, y pasamos dicho río, el que dista del otro, como cuatrocientas varas, que es el que viene caracoleando desde el Valle Grande, y de dicho paso bajando siempre como una legua, se halla el Volcancito en que hay dos sitios buenos, hermosos y cómodos para tomar baños. En este corto trecho hay una bajada muy corta pero muy mala, cuyo terreno es de tierra y piedrecitas, de fácil composición, y de un regular gasto; respecto de que dichos arroyos, jamás podrán impedir el tránsito del carruaje, porque la confluencia de los citados arroyos no tienen peligro alguno, y el curso de los dos con una regular corriente.

De esta confluencia, hasta el puesto de don José María Maturana, y también hasta el paraje que llaman de la Quesera, el camino es malo, pero también de fácil composición, pues que el terreno es igual a los antecedentes con corta diferencia. Es verdad que en todo este trecho no hay ladera, vereda, ni camino abierto; pero como hemos seguido la orilla de dicho río, no costará una suma y regular, por la mucha facilidad de la obra: es verdad que esta maniobra la debe dirigir un facultativo   -21-   instruido en el arte, y más bien práctico que teórico; y, cuando no sea ingeniero de primer orden, a lo menos que sea de segunda; para poderse manejar, y conducirla con mucha economía y prudencia.

De la Quesera hasta la ciudad de San Agustín de Talca, tampoco hay embarazo alguno, aunque la distancia es casi de veinte leguas, pues que el camino es mejor que el que se transita desde la ciudad de Buenos Aires para la villa de Luján; y que hay dos pequeños ríos y un arroyo que atravesar. Pero con la circunstancia, que en todo el citado camino se hallan poblaciones, con un vecindario en general muy humano y caritativo; pues lo manifestaron, no solamente con nosotros, sino con toda la tropa y demás que venían agregados,

Esto es cuanto por ahora debo manifestar a Vuestra Excelencia, remitiéndome a mi diario; y como debo regresar por el mismo camino, suplico a Vuestra Excelencia se digne dispensar mi demora, prometiendo dar un exacto cumplimiento a la confianza en que me hallo obligado.- San Agustín de Talca, Mayo 16 de 1805.

José Sourryère de Sovillac.





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