Prólogo a «Confesión de amor» de Sergio Ramírez
Ernesto Cardenal
En la medianoche del 17 de julio de 1979, poco antes del triunfo de la Revolución Sandinista, me tocó viajar con Sergio Ramírez y otros miembros de la recién nombrada Junta de Gobierno, entre ellos Violeta Barrios, en un vuelo clandestino y audaz desde el exilio en San José de Costa Rica a la ciudad de León, zona ya liberada de Nicaragua. Yo he descrito ese viaje en un poema que titulé Luces, y en él he recordado cómo, cuando la avioneta entrando del mar por el balneario de Poneloya iba ya bajando a tierra, sentimos el olor a insecticida de los algodonales de León, y Sergio exclamó a mi lado: «Poeta, ¡el olor de Nicaragua!». He contado cómo en tierra sentimos los cuerpos calientes de los compas verde-olivo que nos abrazaban, nosotros aún con el frío del pequeño avión. El triunfo se consolidaría en todo el país en el transcurso del día 19 y se celebraría oficialmente hasta el día 20 con la entrada a Managua de las tropas de todos los frentes de guerra. Pero para mí el comienzo del triunfo fue esa madrugada aún en tinieblas en León, y es la madrugada más gloriosa que he conocido.
La madrugada del 26 de febrero de 1990 me crucé a la casa de Sergio Ramírez, vecina a la mía con sólo la calle de por medio, para preguntarle si era totalmente cierto que habíamos perdido las elecciones, y él me dijo que sí y que no había nada que hacer. Esa madrugada fue para mí la peor pesadilla que he conocido.
Dos madrugadas, y una década entre ellas, la década de la Revolución Sandinista. Y en toda esta década Sergio siempre muy cercano a mí, no sólo vecino; y este libro suyo de esta década es por eso también un libro muy cercano a mí, yo también lo he vivido todo él. Increíble victoria, derrota más rápida y más increíble todavía, recuperación serena, esperanza revivida y utopía que nunca muere.
La compañía de Sergio me ha ayudado mucho antes y me sigue ayudando ahora a través de este libro: asimilar positivamente la derrota, ver lo que en realidad no fue derrota en la derrota; el que la revolución siempre sigue; sandinismo en el poder es no sólo en el gobierno sino también en la oposición, con el poder de los de abajo, el poder que por muchos años tuvo el sandinismo antes de tomar el gobierno; y los nuevos retos que se presentan, tan excitantes, tanto estímulo para inventar, renovar y crear.
Esta ha sido una revolución novedosa, con pluralismo ideológico y pluripartidismo -no partido único-, con economía mixta y ningún alineamiento. Esta ha sido hasta ahora la última revolución del siglo XX, y podría tal vez ser, sin proponérselo, el proyecto de revolución al entrar el siglo XXI. Un país con apenas un poco más de tres millones de habitantes, con más de veinte partidos políticos, y una revolución en el centro de América Central y en el centro geopolítico de lo que Estados Unidos se había reservado como su área privada.
El FSLN, vanguardia que condujo al pueblo a la victoria sobre el somocismo y después a las conquistas sociales de una década de gobierno ahora ha tenido que enseñar al pueblo cómo hacer oposición. Una vanguardia en la oposición, lo cual es también novedoso, una de las muchas cosas novedosas de la nueva Nicaragua. El sandinismo ha sido educativo para los nicaragüenses y lo debe seguir siendo. El pueblo nicaragüense no había conocido la democracia y el sandinismo la enseñó aun a costa de perder las elecciones. Su vocación no era el poder sino el poder transformar la sociedad, hacer al pueblo dueño de su conciencia, hacerlo hacer su historia. Y para que con sus logros y conquistas y avance y desarrollo este pueblo nuevo pueda, como dice Sergio en este libro, «entrar en el próximo siglo». La alternabilidad en el poder es una de las características del modelo de revolución sandinista, y esa es también otra novedad. Estar en el poder o en la oposición no varía nada si la revolución sigue su curso.
Este libro Confesión de amor aparece ahora con el sandinismo en la oposición, de cara a nuevos retos, enfrentando el porvenir. El sandinismo como teoría y práctica nicaragüense sigue siendo el mismo, y el FSLN como organización política es el mismo de las riveras del río Patuca donde nació, y de Raití y Bocay y Pancasán, y de la resistencia urbana y las insurrecciones y el triunfo y la década en el gobierno. Sólo ha cambiado ahora una vez más la coyuntura, y por lo tanto el sandinismo, creadoramente y sin cambiar sus principios, asume una nueva función. Escribo un prólogo para un libro que es prólogo del sandinismo futuro. Es el libro de un dirigente, y es un sandinista escritor, que así como mucho me ha enseñado a mí igualmente enseñará a muchos otros.
Los diversos textos que componen este libro tienen fechas que van desde 1988 hasta febrero de 1991, correspondientes a los últimos dos años del sandinismo gobernante, la campaña electoral y la derrota y la nueva etapa sandinista en la oposición. Hay entrevistas, discursos, ensayos, ponencias y artículos del dirigente; y retratos, del hermano dirigente, el poeta, el caricaturista, el músico, compañeros de revolución; y las confesiones del escritor. Textos que van y vuelven sobre el mismo tema, la soberanía nacional, la Revolución Sandinista, la revolución aquí y en el mundo, el movimiento social, visto por nosotros y desde nosotros, país de la periferia y del Tercer Mundo, la caída de los regímenes socialistas, la identidad nacional, la cultura nicaragüense, el sandinismo antes cuando pensábamos que íbamos a ganar las elecciones, y ahora cuando es la oposición.
A lo largo de toda esta Confesión de amor el dirigente reflexiona sobre los pro y los contra, los elementos positivos o negativos de tal o cual medida o circunstancia, la realidad compleja y cambiante que fue y es la realidad nicaragüense. Para los que hoy presentan tantos reparos con respecto a la actitud del FSLN en su papel de opositor al gobierno de la UNO, es recomendable la entrevista publicada primero en Barricada el 10 de octubre de 1989, «Paz y crecimiento económico: El Programa Histórico de la Revolución», porque en esa entrevista concedida en el arranque de la campaña electoral y con la seguridad del triunfo, ya se habla de la concertación social y económica, ya se habla de gobernar por consenso, y de reconciliación. Lo cual revela una visión anterior de la dirigencia y que las posiciones actuales no son de último minuto.
Protagonista y narrador de la revolución, escritor y gobernante, intelectual y uno de los autores materiales de la década revolucionaria, Sergio Ramírez es quien mejor nos puede iluminar el confuso presente, y así lo hace en este libro. Esta es la importancia de este libro. Y sobre todo porque la iluminación de nuestro presente es al mismo tiempo la del futuro.
Hay unas palabras en este libro que yo he repetido muchas veces en otras partes del mundo adonde me ha tocado viajar. Dice Sergio: «Creo que no hay ningún otro ejemplo en la historia contemporánea, y lo digo sin alardes, de un movimiento revolucionario que tras conquistar el poder por la fuerza de las armas lo entregue como consecuencia de un proceso electoral libre y justo».
Esto me hace pensar que los dos más grandes logros de la revolución sandinista han sido: la liberación del somocismo, y la creación de una democracia tan auténtica que significó incluso la pérdida de las elecciones.
Unas elecciones libres, justas y honestas siempre conllevan la posibilidad de perderlas. El que un partido nunca pudiera perderlas significaría que no hay una verdadera democracia. Solamente debemos aclarar que las elecciones no fueron enteramente libres, por cuanto fueron bajo una presión extranjera extremadamente fuerte. Como dijo el teólogo italiano Giulio Girardi: «Estas elecciones no son de naturaleza esencialmente diversa de una agresión militar, y la derrota sufrida no tiene un fundamento diverso del que habría tenido una derrota militar». Y el Wall Street Journal dijo: «En Nicaragua ganó el terrorismo respaldado por los Estados Unidos y no la democracia». Nosotros podemos corregir: Y no la democracia de Estados Unidos, pero sí -con la derrota electoral- la democracia de la Revolución Sandinista.
También en este libro el narrador-protagonista nos hace ver cómo la revolución ha producido un cambio en el nicaragüense y es un tipo de cambio irreversible. Esto me hace recordar cuando venía yo con él y los demás miembros de la Junta de Gobierno desde León en la entrada apoteósica a Managua el 20 de julio. En todas las pequeñas ciudades por donde pasábamos, aldeas, caseríos, casitas y humildes chozas aisladas, el pueblo se había volcado a saludar nuestro paso con júbilo delirante, y entre ellos naturalmente muchos jóvenes y jovencitos y niños, y aun niños tan pequeños que apenas podían caminar y aun otros que ni caminaban sino estaban en brazos de su madre. Y Sergio me hizo notar esto añadiendo su comentario: «Poeta, esta revolución ya jamás podrá ser derrotada por los gringos pues hasta los niños más pequeños son comunistas». La palabra comunista dicha en tono de entrecomillas, arremedando jocosamente al adversario para quien izquierdista-revolucionario-sandinista-comunista son sinónimos. Y pienso ahora: Aquellos niños que aún no andaban tienen ya 12 o 14 años; los otros 20 o 25. Algunos de ellos ya habrán muerto por la revolución. Esta Confesión de amor es un libro lleno de pueblo, el de aquella carretera triunfal, y el de todas las carreteras y caminos del país a lo largo de toda la década, siempre con una gran cantidad de jóvenes y niños -los de los primeros días de la década, los de después, los nuevos jóvenes y niños de ahora-. Pueblo de la revolución irreversible. Porque a pesar de los gringos y de nuestros errores sandinistas la revolución ya es en la historia de Nicaragua un hecho irreversible.
Este es un libro lleno de pueblo, y por lo mismo lleno de amor. Libro muy fraternal, revelador de profundos sentimientos de generosidad y compañerismo. Quiero destacar el retrato que aquí se hace de Daniel, que es en cierta manera también un autorretrato, como si los rostros de los dos dirigentes juntos en el gobierno de una década se juntaran en uno solo. Y a la vez como si el pueblo nicaragüense, para Sergio, encarnara en Daniel:
Confesión de amor además de ser una confesión de amor para el pueblo nicaragüense, es una acumulación de noticias y reflexiones y anotaciones sobre el sandinismo y la revolución. La noticia más importante es que están vivos.
El mismo libro es una prueba más de ello.
La revolución vive. Lo del fin de la historia es una trampa que nos ponen. La historia apenas comienza para nosotros. El futuro lo tenemos delante, y viene hacia nosotros y no se detiene, o con palabras de Sergio: «La utopía latinoamericana apenas empieza a nacer».
Caso insólito es que una confesión de amor pueda ser política. Y que un libro de política sea una confesión de amor. Esta es otra novedad más que produce Nicaragua.
Managua, abril de 1991