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En «Notas acerca de la narrativa 'neoindigenista' posterior a 1971», que aparecen como una sección de La narrativa indigenista peruana, Escajadillo dedica la primera parte de sus «notas» al análisis del neoindigenismo en las novelas de Scorza. Sobre el «indigenismo ortodoxo» y el indigenismo peruano en general, encuentro sugerente, aparte de los estudios de Cornejo Polar y Escajadillo, el estudio de Eugenio Chang-Rodríguez. «El indigenismo peruano y Mariátegui» en Revista Iberoamericana: 50. 127 (abril-junio, 1984): 367-93, así como el libro de Ángel Rama. Transculturación narrativa en América Latina. México: Siglo Veintiuno Editores, 1982.
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Utilizo la palabra «diglosia» para hablar de un tipo de literatura transcultural o heterogénea que incluye rasgos sobresalientes de la oralidad en un texto literario.
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Precisamente en el tercer capítulo de su Comarca oral, titulado «El universo oral de Juan Rulfo», Pacheco analiza cómo toda la ficción rulfiana, por ejemplo, es un universo de sonidos y musicalidad, lo cual permite que los lectores se conviertan en oyentes de tal discurso. Más cerca a Scorza, no olvidemos la musicalidad del Arguedas de Los ríos profundos.
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La guerra silenciosa es el título que Manuel Scorza le da a su obra narrativa, compuesta por cinco novelas que, en conjunto, son una piedra angular del «neoindigenismo». Redoble por Rancas es el primer volumen de la colección. Le siguen Garabombo, el Invisible; Cantar de Agapito Robles; El jinete insomne; y La tumba del relámpago.
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Para un análisis más amplio con respecto a los diferentes usos y acepciones del término cholo, encuentro sugerente el estudio de Milagros Zapata Swerdlow y David Swerdlow: «Framing the Peruvian Cholo: Popular Art by Unpopular People» en Imagination Beyond Nation, eds. Eva P. Bueno y Terry Caesar. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press, 1998, 109-128, así como el libro de José Guillermo Nugent: El laberinto de la choledad. Lima: Fundación Friedrich Ebert, 1992.
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En la sección «La ideología y la Arcadia» de su Utopía arcaica, Vargas Llosa utiliza el término «supercholo» para denominar a aquél que, habiendo nacido en los Andes, ha descendido al infierno de la costa, infierno que le ha dado hospedaje en sus peores barriadas y basurales. Ahí ha aprendido a leer y escribir y ha adquirido una nueva conciencia político-religiosa, con la cual ha regresado a la sierra para luchar por la liberación de los indios (268).