211
La refutación puede por sí sola constituir un discurso. Tal acontece en los discursos polémicos, en las réplicas y rectificaciones etc.
212
La excesiva afluencia de la palabra o verbosidad, puede perjudicar a estas cualidades, impidiendo la necesaria variedad de tonos o la perfecta articulación de los sonidos.
213
En la Oratoria política puede incluirse la militar, que comprende las arengas o alocuciones de los caudillos militares a sus tropas. Siendo la guerra una manifestación especial de la vida política, claro es que estos discursos se asemejan mucho a los político-populares y no deben formar género aparte.
214
La mayor parte de los preceptistas, al estudiar este género, se fijan únicamente en la Oratoria católica y a ella amoldan todos sus preceptos. Pero como aquí se considera este genero bajo el punto de vista puramente literario y la Oratoria religiosa es propia de otras religiones también, no creemos oportuno seguir dicho procedimiento.
215
Esto suele ser origen de graves males para este género de oratoria, que adopta el violento tono de la polémica o se convierte en una pura exposición científica, olvidando el carácter práctico que debe tener su misión piadosa y edificante, y a veces tomando un aspecto batallador y político, a todas luces impropio e inconveniente.
216
Suele, sin embargo, proponérselo, cuando trata de convertir a los infieles, excitar a la guerra santa, corregir un vicio social, etc.
217
Algunos añaden la periodística, pero por elocuentes que sean los artículos de los periódicos no pueden incluirse en el género oratorio, por no ser la palabra hablada su medio de expresión.
218
Este nombre no es enteramente propio (pues no se comprenden únicamente en este género los discursos pronunciados en las Academias), pero está consagrado por el uso y no es fácil sustituirle por otro. El de didáctica excluiría los discursos de polémica en que no se trata de enseñar, sino más bien de combatir. El de científica sería más adecuado, pero también excluiría algunos discursos que propiamente no se refieren a la Ciencia de un modo directo e inmediato.
219
Además de estos géneros, pueden incluirse en la Oratoria académica ciertas composiciones, hoy caídas en desuso, que no se refieren a ciencia alguna, ni son otra cosa que declamaciones vagas y pomposas sobre asuntos morales, históricos o políticos, panegíricos de grandes personajes, de naciones y razas, etc. Estas declamaciones fueron muy gustadas de griegos y romanos, y en ellas mostraban su agudeza sofistas y retóricos, pero en los tiempos modernos rara vez han aparecido. Muchos de estos trabajos se destinaban a la lectura solamente. Las oraciones fúnebres sin carácter religioso también pueden incluirse en este género.
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Cierto que muchas veces no solo es bella la obra didáctica por su forma, sino por su fondo, merced a la grandeza de su contenido, al armónico enlace de sus doctrinas, a las cualidades estéticas de los hechos que refiere (cuando es histórica), y a otras circunstancias análogas. Pero esta belleza no es creación libre del artista, ni reproducción idealizada de la belleza real; no ha sido deliberadamente buscada por él; y por tanto, no se opone su existencia a la verdad de nuestras afirmaciones.