11
Así llamamos buen caballo al que conforma con el fin a que lo destinamos (correr, por ejemplo), y buena acción a la que se conforma con el fin de todo acto humano (el perfeccionamiento del hombre).
12
Lo bueno, lo útil y lo perfecto, son, pues, cualidades distintas de lo bello; pero hay que tener en cuenta que lo bello siempre tiene perfección (la de la forma), siempre es útil (pues cuando menos satisface las necesidades ideales del espíritu) y siempre es bueno, pues el mal en todas sus formas es un desorden incompatible con la belleza. Pero no todo lo que es bueno, útil o perfecto, es bello, porque puede carecer de la excelencia formal que a lo bello caracteriza. Hay libros muy buenos que no son bellos; hay máquinas y organismos perfectos que tampoco son, y hay objetos muy útiles que ninguna belleza poseen. Debe exceptuarse de esta regla, sin embargo, el bien moral, que siempre es bello (se entiende, en cuanto se manifiesta sensiblemente). A esta excepción pudiera oponerse la opinión de que el mal puede ofrecer alguna belleza en determinadas ocasiones; pero en casos tales, la belleza no reside en el mal mismo, sino en las cualidades buenas que lo acompañan. Así D. Juan Tenorio no es bello por sus liviandades y desafueros, sino por sus rasgos de arrojo y caballeresca hidalguía. No hay ni puede haber antagonismo alguno entre la belleza y el bien moral.
13
La ausencia de toda consideración de finalidad es la que despoja a la emoción estética de todo carácter desinteresado y la da la pureza que la distingue. Si el sentimiento de lo bello se fundara en un concepto de fin, perdería estos caracteres.
14
En lugar oportuno explicaremos en qué consiste esta indiferencia.
15
Usamos aquí las palabras exterior y sensible en su más amplio sentido, y no limitándolas a la esfera de lo puramente material, sin lo cual no se aplicaría esta doctrina a la belleza moral. Pero aun en el orden intelectual y moral, lo bello no aparece sino en la manifestación exterior de la inteligencia o de la voluntad. Así, afirmamos la belleza moral de los hechos, esto es, de las determinaciones sensibles y exteriores de la voluntad, y no decimos que un concepto intelectual es bello por su contenido o valor lógico, sino por la forma que afecta. La forma, y no la verdad que encierra, es la que hace llamar bello al binomio de Newton.
16
Claro es que un objeto bello será más perfecto que el que no la sea; pero esto no obsta para que, sin ser bello, pueda un objeto poseer perfección, lo cual muestra que ambos términos no son idénticos, si ya no lo revelara el mismo lenguaje. La belleza es una perfección, pero no es la perfección; la primera es una noción menos extensa que la segunda. En su género, todas las mariposas son perfectas; pero una mariposa de vivos colores es más bella que una negra. Un objeto puede ser bello y carecer de todo género de perfecciones, excepto la belleza; igualmente puede ser feo y tener todas las perfecciones menos la belleza. Por esa la escala de perfección y la escala de belleza de los seres no siempre son correlativas. El mono es el más perfecto de los animales, y dista mucho de ser el más bello.
17
El arte, sin embargo, representa a veces objetos que carecen de unidad (centauros, esfinges, etc.) y que parecen bellos; pero la belleza en tales casos no reside en el objeto, sino en la excelencia de la representación. Un centauro real sería feo, pero gusta si está bien pintado, en cuyo caso lo que gusta es la pintura y no él.
18
El orden o conveniente colocación de las partes de un todo; la proporción o relación ordenada de las dimensiones del objeto; la regularidad o sujeción de las partes a una ley fija, y la simetría o igualdad de partes colocadas en oposición y correspondencia a la vez, no son más que manifestaciones de la armonía. Decir de un objeto que es ordenado, regular, proporcionado y simétrico, vale tanto como decir que es armónico. Cuando la belleza se refiere a un conjunto de objetos, la armonía del conjunto considerada en la relación mutua de los objetos, suele recibir el nombre de conveniencia, coordinación o concordancia.
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Así de muchas fisonomías se dice que son muy expresivas, pero no bellas, porque sus facciones carecen de proporción y regularidad.
20
Algunos estéticos añaden a las cualidades que aquí exponemos la grandeza, que en suma no es más que una manifestación cuantitativa de la fuerza. Sin duda que la grandeza es cualidad que contribuye a la belleza del objeto; pero su presencia no es indispensable, pues la belleza existe en objetos muy pequeños o en objetos que no se someten a las leyes de la cantidad matemática.