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Así se observa que la poesía cristiana, como la mahometana y la judaica, no han producido teogonías como la de Hesiodo. Un poema épico sobre la Trinidad cristiana, el Jehová hebreo o el Alláh árabe, sería de todo punto imposible. Por eso el Dios-hombre, la Virgen, los ángeles, los demonios y los santos, la caída del hombre, el sacrificio del Calvario, el juicio final, la vida futura, los milagros y los hechos de los santos, han sido los objetos preferentes de la Poesía épico-religiosa cristiana. Únicamente en los himnos y salmos de la Iglesia y del pueblo hebreo hay algo de exposición teológica pura; pero siempre buscando el aspecto poético del dogma, pintando la justicia, la misericordia o el poder de Dios, los castigos y recompensas de la otra vida, o revistiendo de símbolos, alegorías y metáforas los dogmas de carácter metafísico.
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Este género épico se ha unido con frecuencia a la Música y aún se une en sus formas litúrgicas. Los himnos primitivos se destinaban al canto, y otro tanto sucede con los que continúan formando parte del culto.
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Los salmos hebraicos de carácter épico son, sin embargo, una grandiosa manifestación del género religioso, y no están escritos en verso verdadero, pues el paralelismo hebraico es una forma de ritmo extremadamente rudimentaria. Pero con ser así, algo hay en ella que al ritmo se asemeja, y sobre todo, en estas composiciones hay una energía de expresión, un colorido extraordinario y una fuerza de sentimiento que las colocan a inmensa distancia del artificioso poema de Chateaubriand. La existencia de estos salmos no desvirtúa, pues, la regla que trazamos.
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Salvo en los raros casos en que los poetas eruditos cantan una religión que ha desaparecido. Los poemas de este género pueden llamarse mitológicos.
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Por epopeya se entiende el poema épico de carácter artístico que expresa y simboliza el ideal de todo un pueblo y a veces de una edad humana.
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Las literaturas de la mayor parte de los pueblos salvajes modernamente descubiertos poseen también cantos religiosos de carácter épico.
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Hay que tener en cuenta que en los Himnarios de las diferentes religiones están mezclados himnos épicos y líricos, enteramente iguales por la forma. Para distinguirlos, hay un criterio muy sencillo. Cuando el himno expone dogmas y misterios, narra milagros, hechos heroicos de los dioses, semi-dioses, santos, etc., o describe las grandezas de la Divinidad, los lugares celestes, etc., es épico. Cuando expresa directamente la fe, el entusiasmo, el temor, la piedad de los fieles, esto es, los sentimientos que la Divinidad les inspira, es lírico. Los Salmos de la Biblia son, por esta razón, líricos en su mayor parte, así como muchos de los Himnos védicos. En la liturgia católica, los hay de ambas clases, y algunos participan de lo épico y de lo lírico. El Stabat mater y el Dies irae, pertenecen a este género mixto. El Pange lingua, el Sacris solemnis, son puramente épicos. En cambio, hay otros completamente líricos, como los titulados: Jam lucis orto sidere, Ave maris stella, por ejemplo.
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En este género, como en el anterior, hay algunos poemas en prosa, pero son muy escasos y nunca tan bellos como los que se escriben en verso.
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Por eso la Poesía heroica es el más objetivo e impersonal de todos los géneros épicos. Por eso también el carácter nacional domina tanto en ella (principalmente en los poemas primitivos); por eso casi siempre su verdadero protagonista es el pueblo personificado en el héroe legendario; por eso el fin del poeta es enaltecer a su nación, haciendo que de su obra resulte la superioridad de ésta sobra sus enemigos.
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El himno heroico se distingue del canto lírico heroico (himno guerrero) por ser narrativo o descriptivo. El epinicio o canto triunfal es un himno heroico que relata las hazañas de un triunfador (como la mayor parte de las odas de Píndaro). El canto de gesta y el romance son relatos épicos de corta extensión (monográficos y biográficos), que a veces forman una serie que abarca un conjunto de sucesos relacionados entre sí (lo que se llama un ciclo heroico).