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IBN JALDUN, II, 288. (N. del A.)



 

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FAURIEL, II, 145.- En vez de traducir esta extraña composición de la traducción alemana de Schack, me ha parecido mejor copiar aquí la traducción, más escrupulosa, que hace de ella el Sr. D. Manuel Milá y Fontanals, en su excelente libro De los trovadores en España, págs. 74 y 75. La obra del Sr. Milá, que ilustra de una manera extraordinaria la historia de nuestra literatura en la Edad Media, no era, sin duda, conocida del Sr. Schack, pues, a conocerla, se hubiera valido de ella y la hubiera citado al citar, tanto la canción de Marcabrún, cuanto la de Gavaudan. Schack, si hubiera leído al Sr. Milá, no se hubiera limitado a decir que la lengua provenzal, esto es, que el dialecto literario de los trovadores era conocido y entendido en toda la parte oriental de España; Schack hubiera dicho que este dialecto era tan propio y tan cultivado en España como en el mediodía de Francia, con quien compartimos la gloria de haber producido aquella literatura, tal vez la primera de la Europa cristiana y de las lenguas modernas en el orden cronológico.

Ya por los años de 1076 a 1096, reinando Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II, se menciona al poeta catalán Ricolf. En tiempo del gran conde de Barcelona, D. Ramón Berenguer IV, a quien celebra Marcabrún, se cultivaba la poesía en su corte, y Alfonso II, que reunió bajo su cetro a Aragón y Cataluña, fue un trovador excelente. Milá trae en su libro noticias y poesías (texto original y traducción) de dicho rey D. Alfonso II, y de otros treinta y un trovadores españoles, como son: Guiraldo de Cabrera, Guillermo de Berdagán, Hugo de Mataplana, Ramón Vidal de Bezaudun, Pedro II, Guillermo de Tudela, Arnaldo el Catalán, Guillermo de Cervera, Serverí de Gerona, Fadrique I de Sicilia, Ponce Barba, etc.

Por lo demás, Marcabrún halló sordos a su llamamiento a los potentados transpirenaicos a quienes convocaba a la cruzada, y la cruzada y la guerra contra los moros se hizo sin su auxilio. El emperador Alfonso VII, rey de Castilla y León, ganó, sin embargo, a Almería de los almorávides. Parece que en esta expedición se halló, entre otros pocos extranjeros, el mismo trovador Marcabrún, tan entusiasmado por el Emperador y por la empresa, como disgustado de los príncipes franceses, cuya deserción atribuye a envidia y a molicie en otro canto que dirigió a los pueblos de España, y que también publica el Sr. Milá.

Casi lo mismo ocurrió con Gavaudan, el autor del famoso canto de cruzada, escrito, según Milá, para la batalla de las Navas de Tolosa. El trovador Gavaudan fue de los pocos extranjeros auxiliares, que con el arzobispo de Narbona se quedaron en España y tomaron parte en la expedición después que se retiraron los demás extranjeros, como dice el Sr. Milá, «por los calores de nuestra tierra, o porque les disgustasen los hábitos más humanos de sus moradores». (De los trovadores, pág. 126). Los reyes de Castilla, de Aragón y de Navarra. D. Diego López de Haro, señor de Vizcaya, y todos los caballeros españoles que lograron aquella gran victoria, fueron altamente celebrados por los poetas provenzales.

Estos poetas a menudo se complacían más en España que en Francia, siendo muy bien acogidos y honrados en las cortes de nuestros reyes. Pedro Vidal celebra a España y al emperador Alfonso VII, el de las Navas, diciendo:


   Mout es bona terra Espanha
e'l rey que senhor en so
dous e car e franc e bo
e de corteza companha, etc.



«Muy buena tierra es España, y los reyes sus señores son agradables, francos, buenos y de cortés compañía; hay además otros varones muy simpáticos y de pro, dotados de buen juicio y de conocimiento, de buenos hechos y de buen parecer, y por esto me gusta permanecer entre ellos en la región imperial, ya que sin contienda alguna me detiene gentilmente y me domina el rey emperador Alfonso, por quien la juventud se alegra, y cuyo valor vence a todos los del mundo».


   Reís Emperaires Amfós
Per cui jovens es joiós;
Que-z el mon non a valensa
Que sa valor no la vensa.



(MILÁ, De los trovadores..., etc., pág.: 131). (N. del T.)



 

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Aunque no soy tan entusiasta del Poema del Cid como Southey, que decía que «podía asegurarse, sin temer la refutación, que de cuantos poemas se han escrito después de la Ilíada, éste es el más homérico por su espíritu»; aunque tal vez no vaya yo tan lejos como Wolf en mis alabanzas de aquel primer monumento poético de nuestra lengua (Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen National Literatur); ni como Ticknor (History of spanish literature), que compara e iguala algunos trozos de dicho Poema a otros de los más bellos de Chaucer y de Shakespeare; y aunque reconozca lo rudo del lenguaje en que dicho Poema se escribió, todavía no soy como Capmani, que asegura que nada tiene de épico y que casi pudiera disputársele el título de poema, ni como Bouterwek y otros, que le tienen en poco. El Poema del Cid, como lo demuestra Wolf en la obra citada, analizándole admirablemente, está lleno de bellezas, y debería ser estimado aunque no tuviera otra que la de haber trazado con firmeza el tipo ideal del caballero español, haciéndose como el cimiento de nuestra mejor poesía. No puedo, pues, convenir con Schack cuando llama torpe tartamudear a los comienzos de una literatura que con tal poema comienza. (N. del T.)



 

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Desde el personaje perfecto, intachable, que han pintado y encomiado nuestros grandes poetas, a quienes han imitado o traducido los más egregios de otras naciones, como Corneille y Herder, hasta el Cid verdadero e histórico y despojado de todas las fábulas y de todas las virtudes con que la poesía le ha adornado, hay, sin duda, enorme distancia. Es evidente que el Cid, tal como fue, no merecía la canonización que para él se dice que pidió Felipe II al Papa. Sin embargo, la idea más alta de nuestra nacionalidad, los más nobles sentimientos que constituyen el ser de los españoles, se personificaron en el Cid por medio de los cantos populares y de la tradición, y para que esto suceda, menester es que el personaje a quien la tradición y la fantasía poética galardonan y revisten de este modo, haya tenido un gran valer real, a pesar de los feos lunares y enormes defectos que se le descubren a la luz de la historia crítica, y que deben atenuarse algo, cuando no borrarse, en consideración a la época y a las circunstancias. El Cid, reducido a las proporciones que le da la Crónica general, sacada en parte de historias arábigas, cuyo estilo remeda, es muy grande todavía, y a pesar de la crueldad y de la mala fe que le atribuyen los escritores árabes contemporáneos, crueldad y mala fe muy comunes en su tiempo, es todavía una admirable figura.

Lejos de creer yo que resta poco en la historia, del Cid ideal, me admiro de que tanto quede, aun tomando la historia de los documentos escritos por sus más encarnizados enemigos. El que dijera el Cid que un Rodrigo había perdido a España y que otro la iba a ganar, demuestra su ánimo heroico y generoso y lo elevado de sus pensamientos. No invalida estas cosas el que sirviese el Cid a príncipes mahometanos, sobre todo cuando eran españoles y los servía contra los almorávides, contra bárbaros y extranjeros. Más fue aliarse los cristianos de España con los muslimes contra las huestes de Carlomagno, que eran cristianas también, y el favorecer los aragoneses católicos a los herejes albigenses contra el poder de Francia y de los cruzados. Esto sólo deja ver que el amor de la patria se ha sobrepuesto entre nosotros, en las grandes ocasiones, al odio y al fanatismo religioso.

El Sr. Malo de Molina, en su interesantísimo libro Rodrigo el Campeador, traduce literalmente los textos árabes como documentos justificativos. Los párrafos en prosa que cita Schack, no los traducimos del alemán, sino que directamente los tomamos de la traducción del señor Malo de Molina. Los versos los traduciremos en verso de la traducción alemana, pero pondremos en nota la traducción en prosa que trae la Crónica general de la lamentación que hizo el moro de Valencia desde lo alto de la torre, y la traducción, en prosa también, del Sr. Malo de Molina, de los versos de Ibn Jafaya. (N. del T.)



 

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DOZY, Recherches, segunda edición, II, Apéndice 1, 10 y 17.- MALO DE MOLINA, Rodrigo el Campeador, Apéndices, pág. 120. (N. del A.)



 

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«Estonce disen que subyó un moro en la más alta torre del muro de la villa: este moro era muy sabyo e mucho entendido, e fizo unas razones en arauigo que disen asi:

»Valencia, Valencia. Vinieron sobre ti muchos quebrantos e estás en hora de te perder; pues si tu ventura fuere que tú escapes desto, será grand maravilla a quienquier que lo viere.

»E si Dios hizo merced a algund logar, tovo por byen de la facer a ti que fueste siempre nobleza e alegria e solar en que todos los moros folgaban e auyian placer.

»E si Dios quysiere que de todo en todo te hayas de perder desta vez, será por los tus grandes pecados e por los grandes atrevimientos que obyste con tu soberuya.

»Las primeras cuatro pyedras cabdales sobre que te fueste fundada e firmada, quierense ajustar por facer gran duelo por ti e non pueden.

«En tu muy noble muro, que sobre estas cuatro pyedras fue levantado, ya se estremece todo e quiere caer, ca perdió la fuerza que auya.

»Las tus muy altas torres e muy famosas que de lueñe parecían e confortaban los corazones del tu pueblo, poco a poco se van cayendo.

»Las tus muy blancas almenas, que de lejos muy bien relumbraban, perdido han su fermosura con que bien parecian al rayo del sol.

»El tu muy noble rio cabdal Guadalayar con todas las otras aguas de que te tú bien seruias, salido es de madre y va do non deuya.

»Las tus acequias claras, de que mucho aprovechabas, se tornaron turbias, e con la mengua del alimpiamiento llenas van de cieno.

»Las tus nobles e viciosas huertas, que en derredor de ti son, el lobo rauioso las cabó las rayces e non pueden dar flor.

»Los tus muy nobles prados en que muy fermosas flores e muchas auya, do tomaba el tu pueblo muy grande alegría, todos son ya secos.

»El tu muy noble puerto de mar, de que tú tomabas muy grande honra, ya menguado es de las noblezas que te solian venir a menudo.

»El tu muy grande término, de que te llamabas señora antigua, los fuegos lo han quemado, e a ti llegan ya los grandes fumos.

»E la tu grande enfermedat non le pueden fallar melecina e los phisicos son ya desesperados de nunca te poder sanar.

»Valencia, Valencia, todas estas cosas que he dichas de ti con muy grande quebranto que yo tengo en el mi corazon las dixe e razoné». (N. del A.)



 

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Crónica general, fol. 329.- DOZY, Recherches, pág. 173.- MALO DE MOLINA, Apéndice, 150. (N. del A.)



 

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Rey de Toledo, que después de la conquista de esta ciudad por los cristianos, vino a vivir a Valencia. (N. del A.)



 

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Las puntas de las espadas se han esgrimido en tus patios, ¡oh palacio! y han destruido tus preciosidades la miseria y el fuego. Cuando viene uno a mirar tus contornos, largo rato reflexiona y llora sobre ti, ¡oh (pueblo) tierra! Tus habitantes han sido el juguete de los desastres, y tus turbas se han agitado por la fatalidad. La mano de la desgracia ha escrito sobre tus atrios: «Tú no eres tú, y tus casas no son casas». (Traducción del Sr. Malo). (N. del A.)



 

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DOZY, Recherches, apéndice 14.- MALO DE MOLINA, apéndices, 127. (N. del A.)



 
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