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En la festividad del Santo, desde tiempo inmemorable van los niños a visitarle en esta y en la otra capilla de la calle del Carmen, llevando vistosos farolillos de papel, encendidos, y entonando ciertas canciones populares. Cuando la dominación francesa hubo un gobernador que queriendo romper con tan antigua como piadosa costumbre privó de que salieran los niños por las calles conduciendo los faroles. No salieron, pero para burlar la disposición de aquella autoridad, aparecieron los balcones de la población iluminados con farolillos. El día 23 de setiembre de 1871, por la tarde, el Rey Don Amadeo de Saboya, que acababa de llegar a Lérida desde Barcelona, al pasar por delante de esta capilla, bajó de la carretela en que venía, y entró a orar en ella, después de lo cual volvió a subir al coche dirigiéndose a su alojamiento. En la Edad Media hizo se célebre lo Peu del romeu por ser uno de los sitios donde se plantaban los pasquines, y carteles de desafío entre los nobles (pp. 87-88).