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Parodia de Guzmán el Bueno

Soliloquio o monólogo, escena trágico-cómico-lírica unipersonal

Félix María de Samaniego


Edición de Emilio Palacios Fernández


Nota introductoria: Conocíamos la Parodia de Guzmán el Bueno, obra teatral que Samaniego retiró de la imprenta a causa de la muerte de Tomás de Iriarte, por la versión editada por Eustaquio Fernández de Navarrete en Obras inéditas o poco conocidas (pp. 222-252). Sin embargo, en la Colección de opúsculos en prosa y verso, Real Academia de la Lengua, Papeles de Rodríguez Moñino, Mss. RM. 6687, ff. 79-116, ofrece una versión más completa. Se advierte que los versos marcados con el signo «» indica que se trata del texto añadido por Samaniego al monólogo Guzmán el Bueno (1790), que el autor trata burlescamente.

Nueva edición

Corregida, aumentada, variada, suprimida para mayor instrucción de los monologuistas.

Ridendo corrigo.




No dejen ustedes de leer este


ArribaAbajoPrólogo

«O nos entregas la plaza o degollamos tu hijo», dijeron los moros a Guzmán el Bueno, que mandaba a Tarifa. Este bravo soldado no les da otra respuesta que arrojarles su propio cuchillo desde el muro al campo. Retírase a comer, oye gritos, levántase de la mesa, acude al muro, ve el sacrificio de su hijo, y se vuelve a continuar la comida, diciendo con serenidad a su esposa: «Creí que asaltaban la plaza». Este es el Guzmán de la historia, pero como en el Soliloquio veo que el señor Guzmán anda algo y aún algo remolón para arrojar el cuchillo, y que la serenidad con que volvió a la mesa, se le convierte toda en tenderse sobre un banco y prorrumpir en suspiros, ayes, lamentos, lágrimas y desmayos, me parece que no habrá inconveniente en que yo con mis correcciones, variaciones y aumentos haya hecho un Guzmán a mi antojo.

Como es oficio nuevo este de hacer soliloquios, he querido instruirme en la materia y he hallado en los libros que la palabra soliloquio está particularmente consagrada a la teología mística: que así llamamos a las meditaciones devotas, verbi gratia, los Soliloquios de San Agustín, que los de la escena deben llamarse Monólogos. Yo quisiera que en la escena no hubiese ni el nombre ni la cosa, supuesto que los mismos libros que han hablado del soliloquio dramático nos dicen que no hay una cosa más contraria al arte y a la naturaleza que los tales monólogos.

Mas ya que está hecho el que yo acabo de corregir, léase enhorabuena y sepa el curioso lector que los versos que llevan las dos comitas son los míos.






ArribaGuzmán el Bueno

 

El teatro representa lo interior de un castillo y en el foro un muro antiguo con almenas y escalones para subir en él, y aún para bajar de él, como en ello se contiene.

 
 

Introducción de música marcial y ruidosa. Levántase el telón y el estrépito de la orquesta va disminuyendo sensiblemente hasta finalizar en un piano.

 
 

GUZMÁN, con armadura completa de acero, se manifiesta pensativo y sentado en un banco de piedra, que se supone puede haber a poca distancia del muro. Luego que cesa la música, deja pasar un rato de silencio, verbi gratia, cincuenta y nueve segundos, y como quien va a desembuchar cosas portentosas, dice así con silencio y gravedad.

 
En el tropel confuso de encontrados
afectos y de ideas con que lidio,
«todos en mi mollera aposentados,
«y en roerme los cascos tan activos
«que ya empiezo a dudar si mi cabeza5
«es algún queso de ratones nido;
en las arduas y tristes circunstancias
que más y más estrechan mi conflicto
«y me tienen lo mismo que un gazapo
«entre el hurón y el cazador metido;10
ahora que he logrado libertarme
de la importunidad de mil testigos
«cuyos descomunales bigotazos
«imponían silencio a mis quejidos;
esta parte del muro de Tarifa,15
menos cercana al militar bullicio,
por algunos instantes, aunque breves,
sírvame ya de solitario asilo,
donde alivio me den mis reflexiones;
«y aunque sean ajenas de mí mismo,20
«nadie oírmelas pueda, mas si acaso
«algún soldado escucha mis suspiros,
«al sentirlos, creerá sin duda alguna
«que son de una mujer no de un caudillo.

 (Con voz más esforzada.) 

¡Ah, Guzmán infeliz!, en tantos años25
de bélicas empresas, de continuos
afanes tolerados por tu patria,
¿cuándo tal sobresalto has padecido,
angustia igual, tormento semejante?
¿Cuándo tan débil tu valor se ha visto30
que, peligrando la española gloria,
temeroso procedas e indeciso?
«¿No eres tú el adalid por cuyo brazo,
«después de mil victorias, han podido
«recoger tus soldados en despojos35
«más orejas y pies de berberiscos
«que de cerdosos animales juntan
«en su mendicación frailes franciscos?

 (Con abatimiento.) 

Pero el trance es muy duro, sí, y él solo
fuera capaz de entorpecer tus bríos.40

 (Con prontitud y energía.) 

Urge el tiempo, urge el lance, y no permite
efugios ni demoras, un partido
se ha de abrazar... de dos extremos uno:
o mi afrenta o mi honor hoy eternizo.
«Es decir, ¡ay de mí, dioses eternos!,45
«o la espada o la rueca. ¿Cuál elijo?

 (Después de una breve pausa, con admiración.) 

«¿Entre afrenta y honor, pones en duda
«a cuál has de seguir?... Sí, me decido:
«¡fuera, fuera la espada, con la rueca
«alguna vez a Hércules se ha visto!50
«La armadura de acero reluciente
«que en mi cuerpo aterraba berberiscos,
«de aquí adelante servirá en un palo
«de ahuyentar los gorriones de los trigos.

 (Despacio.) 

¡Cielos! ¿Si mi aflicción me dará treguas55
para observar con ánimo tranquilo
cuán graves son las causas, cuán difícil
es el remedio de mi actual peligro?
¿Al bravo rey don Sancho no he jurado
defender a Tarifa y su castillo?60
¡Qué!, ¿sólo mi palabra está empeñada?
Aún más lo está mi crédito adquirido,
«que monta mucho más para mi alcurnia
«que toda mi palabra y patriotismo.
Soy en el mando de esta fortaleza65
sucesor del Maestre don Rodrigo,
prometí sostenerla a menos costa,
¿lo prometí una vez?

 (Con santa resignación.) 

Pues a cumplirlo.

 (Levántase.) 

Las huestes marroquíes cada día
esfuerzan más el riguroso sitio,70
pero mis castellanos no las temen,
ni dirán que las teme su caudillo.
Echa ya el resto el agareno infame
a su violenta saña, «o yo me irrito,
«si tarda un poco más, junto mi tropa,75
«y cual nube preñada de granizo,
«que en las mieses descarga y las maltrata,
«así sobre el ejército enemigo,
«sorprendido su campo, haré que caigan
«golpes con tal acierto repetidos,80
«que cubran la campaña sus cabezas
«y muelan con su sangre los molinos.

 (Con tono compasivo.) 

«¿Y quién comerá el pan si todos mueren?

 (Con resolución.) 

«Yo me lo comeré. Pero ¿qué digo?
No el valor, no las armas hoy emplea85
contra Castilla y contra mí. Un arbitrio
injusto, vil, sangriento ha meditado:
me amenaza con él, pretende impío
practicarle a mi vista, ya me estrecha
a resolver con plazo ejecutivo90
y por la vez primera me intimida.

  (Con ternura.) 

Sólo así lo lograra... Cuando un hijo,
un hijo idolatrado «que aún no alcanza
«de enana higuera los melosos higos,
«un hijo... Me parece que le veo95
«que, vestido de fraile, haciendo mimos,
«se limpiaba los mocos con la manga
«y la daba a besar a los vecinos;
el que había de ser dulce consuelo
de una madre amorosa y fiel arrimo100
de la vejez de su cansado padre,
gime en poder de alárabes cautivo.
¡Infante desgraciado! ¿No bastaba
«que postrado en la cama y perseguido
«por un galeno, general en jefe105
«del barberil ejército enemigo,
«armado de jeringas y lancetas,
«de drogas venenosas y de pistos,
«que la Flebotomeya y la Farmacia
«encierran en sus parques prevenidos,110
«contra anginas, lombrices, pulmonías,
«viruelas, sarampión y tabardillo;
«no bastaba que en guerra tan sangrienta,
«los unos y los otros encendidos,
«todos se conjurasen en tu daño115
«y fuesen entre sí tus asesinos?
No bastaba sin duda. El moro exige
que hoy, antes que termine el sol su giro,
«alrededor del mundo calabaza,
«como macho de noria exige, digo120
que, antes que el sol se ponga, yo le rinda
a Tarifa o tú rindas al cuchillo
«tu inocente garguero y así mueras,
«hablando con perdón, como un cabrito.
¡Fatal empeño! ¡Atrocidad horrible!125
¿Y yo, por mi desdicha, no testigo,
no cómplice he de ser, sino autor de ella?

 (Reflexionando.) 

«¿Yo autor? ¡Qué disparate! Yo deliro...
«El moro es el autor, pues yo no tengo
«más parte en el cruento sacrificio130
«que cumplir con las leyes de vasallo
«y las de ciudadano, y es indigno
«quien...

 (Con vehemencia.) 

No puedo eximirme de un delito,
o estas almenas sin honor entrego,135
o sin piedad un hijo sacrifico,
y para siempre han de infamar mi nombre:
o una fea traición, o un parricidio.

 (Arrodillado y exclamando fervorosamente.) 

«¡Cielos! ¿No habrá por ahí un mal barbero
«que me sangre siquiera de un tobillo?140

 (Levántase como volviendo de su delirio.) 

«¡Guzmán, Guzmán! Si loco no estuvieras,
«¿dirías por ventura que es delito
«que un padre por su rey y por la patria
«sacrifique la vida de su hijo,
«cuando ni las murallas de Tarifa,145
«ni las tapias humildes de un cortijo
«encierran en España ni un vasallo
«anciano, pobre, débil, desvalido,
«que, a la señal primera de batalla,
«no salte por las tapias al peligro150
«para dar por el rey y por la patria
«con la suya la vida de sus hijos?
 

(Adagio triste.)

 

 (Paséase GUZMÁN entretanto con lentitud, párase a cada dos o tres pasos como reflexionando, y poniéndose la mano en la frente continúa.) 

¿Conque es indispensable que tremolen
en Tarifa pendones berberiscos
y que las africanas medias lunas155
«planten aquí sus cuernos? ¡Qué delirio!
«¡No faltaba otra cosa! ¡Coronara
«bello blasón mis méritos antiguos!
¡Loable ejemplo diera a tantos nobles
jefes en cuyo brazo siempre invicto160
y en cuya lealtad confía España!
¿Todos ellos valientes, atrevidos,
a competencia alcanzarán el lauro
de quebrantar los afrentosos grillos
con que el soberbio moro nos oprime;165
y Alonso Pérez de Guzmán, remiso,
«como si fuera perro de convento,
«que en día de gaudeamus escondido
«huye del asador? Antes perezca
«que perrunos ejemplos dé a mi siglo.170
   Más presto y más furioso,
   o prestísimo y furiosísimo.
Con todo vuestro orgullo y poderío,
¿por qué no acometéis cobardes tropas
estas murallas? Asestad mil tiros,175
apurad cuantas máquinas invente
el furor de la guerra destructivo,
escalas aplicad, arda ya el fuego,
la sangre inunde fosos y rastrillos,
«y rebosando, en fin a borbollones,180
«en ondas llegue al mar hasta teñirlo,
«de manera que dude el marinero
«si su bajel navega en agua o vino.
«Mas ¡ay!, que los pescados morirían
«en el sangriento mar, y en tal conflicto185
«sólo habría en cuaresma caracoles.
De este modo, vosotros, asesinos,
rendir queréis el corazón del padre,
ya que rendir no es fácil el castillo:
pero es tan fuerte el uno como el otro,190
y temerario empeño el de abatirlos.
¡No triunfaréis!... La vida ha de costarme.

 (En tono lastimoso.) 

¡Ay de mí! Más me cuesta la de un hijo...
¡Fallo tremendo!

 (Con entereza.) 

¿Y qué? ¿No es necesario?
¿No es glorioso? Pues bien, no me desdigo.195
Hijo de un padre honrado morir debe,
no vivir hijo de un traidor indigno.
Y ojalá que tal víctima pudiera
rescatar, no tan sólo este recinto,
sino el último albergue en que subsista200
de sarracenos el menor vestigio;
«pues el que compra un huevo por un cuarto,
«también quisiera por el cuarto mismo
«no sólo rescatar, ya que lo gasta,
«todos los huevos frescos del recinto,205
«sino el último huevo que se pudre
«sin redención en Foncarral cautivo.
Ya de ajeno valor no sigo ejemplos,
antes dudo si habrá quien siga el mío.
«¿Qué es dudar? ¿En España habrá pobrete210
«que tome por ejemplo a tal caudillo?
 

(Andante sonoro y majestuoso con instrumentos de aire.)

 

 (Pausadamente.) 

¡Que en tan duros extremos precipite
la obligación a un hombre bien nacido!
«Quiero decir, a un hombre sin joroba,
«que no es ni contrahecho ni enfermizo.215
¡Ay, que a veces también, si es excesiva,
conduce la virtud al extravío!

 (Con admiración.) 

«¡Excesiva... y virtud! Bendito sea
«el padre que engendró tal adjetivo.

  (Con viveza y suma eficacia.) 

Por no ser desleal, seré verdugo:220
¿y de quién?, ¿de algún bárbaro enemigo?,
¿de algún perverso delincuente?, ¿dime
de quién, padre inhumano, de quién? Dilo.
«¿Dilo, dilo de quién? ¿Y de quién, dime;
«dime, dime de quién? De mi chiquillo.225

 (Con pausa y ternura.) 

«Una vez quise serlo, ¡eternos dioses!,
«el llanto me permita referirlo.
«De par en par abierta mi alacena,
«muestra un tarro de almíbar exquisito;
«llega sobre él intrépido el infante,230
«traspasado de gozo, y atrevido,
«cual hambriento león, que de repente
«cae sobre un venado y allí mismo
«a la presa se arroja y la devora,
«a pesar de las voces y latidos235
«de ardientes cazadores y de perros
«que se arrojan intrépidos al sitio.
«Así, ni más ni menos, el gallardo,
«despreciando mis pasos y mis gritos,
«hizo del dulce tarro a mi presencia240
«el voraz y goloso sacrificio.
«Entonces... yo, ¡cruel, trágico lance!,
«con despecho y furor... ¡arrojo inicuo!,
«mi mano paternal alcé tres veces
«para darle otros tantos azotitos,245
«y tres veces cayó la débil mano
«del duro padre sobre el blando niño.
«Donde quiera que vaya, desde entonces
«me acompaña la imagen de aquel hijo,
«puesto sobre mi bárbara rodilla,250
«su pañal remangado..., ¡padre impío!,
«sus pies en agitado pataleo,
«su rostro boca abajo, sus gemidos
«mezclados con horrísonos azotes,
«su cárdeno y redondo... ¿Mas qué digo?255
«Si la sombra, la idea solamente
«de los tres ya pasados azotitos,
«me persigue cual furia del averno...
¿qué sería si acaso en el suplicio?...

 (Con desaliento.) 

Siento que ya mi espíritu se entibia,260
no sé cómo inflamarle... Determino
«a la llama marcial tan solamente
«arrimar de mi honor el pucherillo.
«¡Ah, que también se sobran los pucheros
«cuando el fuego a que están es excesivo!265

 (Con aflicción y ternura.) 

¡Mártir del pundonor! ¡Hijo inocente!
¿Para qué te di el ser si de él te privo?
«Te di el ser, es verdad, pero ignoraba
«del hado incomprensible los designios.
«Y si el que planta berzas en su huerta,270
«previese desde entonces que los chicos
«del pueblo le echarían a tronchazos
«con los tronchos criados por él mismo,
«plantaría espinacas y no berzas.

 (Con lágrimas.) 

Pero, al fin, te di el ser, amado hijo.275
¿Son éstos los halagos placenteros
con que desde la cuna, dulce hechizo,
mil veces a mis brazos te elevaba?
«Mil veces... menos tres... o menos cinco.
¿Para esto con tu risa y gracia ingenua,280
con tus juegos pueriles y sencillos,
de mi oficio en las ásperas fatigas
fuiste la diversión y único alivio?
«Díganlo de papel las pelotillas,
«pendientes de tu mano por un hilo,285
«con las cuales solían lindamente
«jugar a la pelota los gatitos,
«y dígalo también el alforjero,
«cuando el gato, a hurtadillas escondido
«debajo de su silla entre su ropa,290
«atisbó que pendía un hiladillo,
«en guisa de cordón de campanilla,
«de lo alto de sus blancos calzoncillos.
«y empezando a jugar a la pelota
«con la punta colgante, de improviso295
«se encarama por ella a la eminencia;
«y entonces, como toro embravecido
«al sentir las agudas banderillas
«en parte no esperada, dando brincos,
«escapa el alforjero con el gato300
«sin esperar siquiera el panecillo.
¡Oh, nunca hubiera impreso el tierno labio
en las blancas mejillas de tal niño!

 (Llora un poco, y después con alguna serenidad y pausa.) 

«Ya que para la guerra estaba armado
«al tiempo de partir a mi ejercicio,305
«intenté de los brazos de su madre
«pasarle algunas veces a los míos;
«mas no bien cariñoso me inclinaba,
«cuando del limpio acero el claro brillo
«y el terrible penacho que agitaba310
«sobre el morrión el viento a su albedrío,
«causábale terror, volvía el rostro,
«levantaba las manos, daba un grito
«y se arrojaba al seno de su madre.
«¡Oh, permitan los númenes divinos,315
«exclamaba yo entonces, que este infante
«mis pasos siga fuerte y atrevido
«y, que al volver triunfante del combate,
«trayendo del ejército enemigo
«los sangrientos despojos, grite el pueblo320
«entre vivas, aplausos y bullicio:
«aún es más valeroso que su padre;
«y que un gozo secreto, pero vivo,
«penetre entonces a su tierna madre!
«Aquestos eran los afectos míos.325
«Mas ¡ay!, que un furor por mi carrera
«no me dejaba ver el claro indicio,
«el agüero fatal que me decía
«cuando de mi armadura huía el niño:
«Apártale del campo de batalla;330
«que aprenda el musa musae con su tío;
«no lo metas soldado, ni lo sueñes;
«primero sacristán o monaguillo.
 

(Siéntase en ademán de lánguido y consternado; permanece como absorto; viene a quedarse dormido; ronca al compás de un andante afectuoso; concluye éste con cuatro o seis golpes fuertes, al compás de los cuales levántase GUZMÁN y luego prosigue en tono más animoso.)

 
¿Pero qué es esto? ¿Dónde estoy? Yo sueño:
me desconozco... se me turba el juicio...335
¿Tan fácilmente revocar pensaba
una sentencia en que mi gloria cifro?
¿El honrado español por mí ha de verse
de esa insolente raza escarnecido?
Entregaré a Tarifa, enhorabuena.340
Mas ¿puedo yo ceder bien que no es mío?
Tarifa es de mi rey, es del estado;
entréguela quien goce su dominio
y no el depositario de sus llaves.

 (Con pausa.) 

«Llaves he pronunciado, y al decirlo345
«no sé qué me presenta mi memoria.
«Acuérdome que tuvo, allá en lo antiguo,
«el ama de gobierno de mi casa,
«sin tanta obligación, más heroísmo.
«Las llaves la pedí de la despensa,350
«cuando era yo travieso y era chico:
«¡Me las has de entregar, la dije airado,
«o he de quitar la vida a tu perrito!
«Primero fui criada de tu casa
«que fuese ama del perro y, pues hoy mismo355
«uno y otro no puedo ser a un tiempo,
«el perro muera, la despensa libro.
 

(Allegro, porque se me antoja; pero el señor GUZMÁN volverá a reflexionar con igual lentitud sin hacer caso del aire que llevare la orquesta, que podrá tocar si quisiere con instrumentos de tripa, esto es, de cuerdas de intestinos.)

 
¿No me expondrá mi hazaña generosa
a un arrepentimiento bien tardío?
 

(Cobrando espíritu, con instrumentos de aire, como cornetas, cornamusas y serpentones.)

 
¿Arrepentirme yo? ¿De qué? ¿De un hecho360
que, pregonado en los futuros siglos,
honra será de mi nación valiente,
blasón de mi linaje esclarecido?
Pues ¿de qué sirve un varonil denuedo
sino para domar estos precisos365
afectos naturales? Si se opone
el pecho a los aceros enemigos,
es proeza que el ínfimo soldado
a cada paso emprende. El gran caudillo
algo más ha de hacer si a gloria aspira:370
cuéstele el nombre de héroe sacrificios.
«Mas ¿cuáles serán estos? El soldado,
«que de su fiel esposa y de sus hijos
«tiernamente abrazado, se separa
«y corre presuroso y atrevido375
«a ofrecer sin ninguna recompensa
«por la patria su vida, único asilo
«de sus míseros hijos y su esposa,
«si bien lo contemplamos, es lo mismo
«que la perra de presa que abandona380
«sus amados cachorros y en el circo
«intrépida se arroja al bravo toro
«sin contemplar primero en el peligro;
«más el valiente capitán que aspira,
«cuando sirve a su rey, al heroísmo,385
«primero de emprender una fazaña
«se apartará del militar bullicio,
«como quien hace examen de conciencia,
«pesará en la balanza de su juicio
«la suma de los males o los bienes390
«que le han de resultar de positivo
«de seguir el honor o la ignominia,
de ser hombre de bien o ser un pillo:
«y de tan nobles dudas contrastado,
«su palpitante corazón invicto395
«ya se cierra, ya se abre, ya se oprime,
«ya se ensancha, ya, en fin, lo mismo
«que la tímida oruga que se arrolla
«y se hace una pelota, cuando un niño
«por juguete la toca, y queda inmóvil400
«hasta que al fin, cesando su conflicto,

 (Con resolución y entereza, aumentando por grados la fuerza de la voz.) 

podrá, si es noble, si es pundonoroso,
si arrestado, si fiel, si buen patricio.

  (Aumentando más y más la voz.) 

«No podrá si es plebeyo, si es infame,
«si cobarde, si infiel, si mal patricio.405

 (Aumentando la voz todo cuanto permitan sus pulmones.) 

«Sí podrá... ¡no podrá! Pueda o no pueda,
«morirá si lo matan.

 (Con voz desalentada.) 

Mas ¿qué digo?
«Aun cuando no le maten, que la muerte
«de tal modo vendimia los racimos
«de la viña del mundo que no deja410
«maduro, verde, grande ni chiquito.
«Pues si de todos modos vendimiado
«habrás de ser, ¿qué importa el cuchillo?...
«Sí importa; que las uvas vendimiadas
«cuando están en agraz, hacen un vino415
«que no hay diablos... Detente, pensamiento,
«que no sé donde estoy ni lo que digo.
 

(Adagio grave.)

 
Hereda un hijo timbres con la muerte
de un padre ilustre, aquí con la del hijo
un padre los granjea. «¿En qué consiste420
«tan portentoso sin igual prodigio?
«El caso es intrincado; sin embargo,
«o soy un gran camueso o di en el hito.
«En que muere aquí el hijo antes que el padre,
«y no muere aquí el padre antes que el hijo.425
«Muere un hijo en la horca, verbi gratia,
«como el padre del muerto quede vivo,
«hereda los honores del difunto;
«y mutatis mutandis es lo mismo
«del padre al hijo, que del hijo al padre;430
«a no ser que uno de ellos en pollino
«pasee por las calles algún martes,
«pues quedando en tal caso los dos vivos,
«ambos disfrutan del honor que queda
«sin que se lo disputen los nacidos.435
Y pues esto es así, ¿qué me detengo?
¿Qué nuevas persuasiones necesito?
¿Qué dudo? Cuando espíritu me falte,
«me alentaré pensando que yo imito
«al brazo de Balaán y que su burra440
«es la imagen perfecta de mi hijo.
«Éste, tan inocente como aquélla,
«el golpe sufrirá no merecido:
«lo sufrirá mejor, no hablará tanto
«como ella habló después de recibirlo;445
«pero detente lengua... no profanes...
«por imitar... ¡ya basta, que es delito!
«Ea, acabemos pues; y...
 

(Suena dentro a lo lejos una trompeta; óyela GUZMÁN sorprendido y, después de una breve pausa, continúa.)

 
¿Qué escucho?
 

(Otra corta pausa.)

 
¿Conque llegó el momento decisivo?

 (Perturbado.) 

No hay duda: esa trompeta que a lo lejos450
resuena...

 (Casi convulso y manifestando en sus gestos y acciones que tiene la imaginación más exaltada que hasta aquí.) 

Esa llamada es un aviso.

 (Muy apresuradamente.) 

Nuevo mensaje... «de que sale un toro
«valiente, agarrochado y atrevido,
«a decidir mis dudas con sus astas
«por mandado tal vez de algún maligno,455
«que atisbando esta escena, le parece
«que no ha de tener fin tan gran delirio;
pero si tal sucede...

 (Con valor.) 

«Mi pañuelo,
«mi arrojo, mi destreza con mis bríos
«se burlarán de la sañuda fiera.460
 

(Vuelve a sonar la trompeta y GUZMÁN, espantado, hace un movimiento violento como involuntario, y mirando a todas partes menos a los escalones.

 
Otro recuerdo, ¡cielos! Confundido
en mis tardos discursos, no advertía
«que estoy sin talanquera, sin asilo
«para salvar mi vida; si me aprieta
«el toro en su carrera, no hay arbitrio;465
«si furioso acomete, y yo sereno
«con una y otra suerte no le rindo,
«me llevará en sus astas por el campo
«el feroz animal al enemigo,
«así como en la punta de la lanza470
«el soldado presenta a su caudillo
«la cabeza del bravo sarraceno;
«y entonces, ¡ay dolor!, ¿qué es lo que digo?
«¿En la punta de un cuerno, por juguete,
«han de ver a Guzmán los berberiscos?475
 

(Adagio con sordinas, y el teatro casi a oscuras. GUZMÁN, lleno de terror, en voz baja y misteriosa, mirando a todos lados, continúa despacio.)

 
Las sombras de la noche se apresuran:
el sol ya en el ocaso... No hay arbitrio.
«Las gallinas se acuestan, y los gatos
«todos van a ser pardos. De sus nidos
«las lechuzas saldrán, y de los templos480
«apagarán las lámparas... Los chicos,
«en camisa, de pie sobre sus camas,
«el aire azotarán con los vestidos
«por matar al murciélago que vuela
«dentro del aposento ». Mas si el hijo485
entrego, de pesar muero igualmente,
aunque con honra. ¡Sarraceno inicuo!
Si acaso a tu barbarie faltan armas,
la mía te las da, porque me indigno
de que mi sangre tiña y ennoblezca490
aceros viles.

 (Desenvaina prontamente el cuchillo.) 

Éste que yo ciño,
enseñado a vencer, sea instrumento
de mi mayor victoria.

 (Da algunos pasos hacia un lado del foro, y grita, haciendo seña con un pañuelo de modo que ni le oigan ni le vean, por no dar lugar a que venga alguno, y se pierda la unipersonalidad.) 

¡Ah de los míos!,
corresponded a la señal del campo
marroquí.
 

(Después de un rato de silencio suena un clarín tan cercano, que se conozca le tocan dentro del castillo, precediendo a esta llamada, un redoble de atabales. GUZMÁN corre mirando atrás, trepa por los escalones y, cuando se contempla seguro, dice:)

 
Firme estoy en mi designio.
495

 (Con un súbito rapto de furia.) 

¿Y por qué despechado no convierto
este hierro fatal contra mí mismo?
Terminarán mis ansias.

 (Dejando caer de la mano el cuchillo.) 

¿Qué pronuncio?
Absurda sugestión... ¡Yo desvarío!
Recurso de almas débiles. ¿A dónde500
me arrebata el furioso torbellino
de mis pasiones? «Mas acaso tengo
«pasiones yo? Podré... podré decirlo,
«mas nadie lo creerá. Sobreviviendo
«al toro que yo mate, califico505
mas bien mi intrepidez. ¿Qué meditaba?
Un crimen más infame que el que evito.

 (Recoge el cuchillo.) 

Vamos, me sobra aliento... subo al muro.
 

(Mientras se toca una marcha, continúa GUZMÁN en subir los escalones del muro y, mirando desde lo alto, como a des cubrir el toril que se supone haber a poca distancia del muro, clama en tono fanfarrón:)

 
Acércate y atiende: «Clarincillo,
«y seas quien quisieres, tu amenaza510
«no rendirá mi esfuerzo ni mis bríos;
«voy a dar ocasión en que desfogue
«su brutal furia tu animal bravío.
Asómbrete mi acción, de ella colige
si es cobarde Guzmán y, si has creído515
que intimidarle es posible, pierde
toda esperanza ya. «Echa, maligno,
«echa de este toril, sin más tardanza,
«el feroz animal, el más temido
«de valiente andaluz y, porque veas520
que nada en mi defensa necesito
y temas mi valor, toma en respuesta
«el estoque y pañuelo que te tiro.

  (Arroja el pañuelo y el estoque del muro al campo; luego, al son de un adagio lento, baja algunos escalones desalentado, con muestras de horror, y sin osar pasar más adelante, prosigue, desde una altura conveniente a su seguridad, variando de tonos, según los diferentes grados de miedo o de valor que le ocasione su locura y expresarán los versos.) 

Echada está la suerte... ¡Ahora tiemblo!
¡Con razón, aunque tarde, me horrorizo!525
¡Cómo! Un pavor..., no lo creyera, un pasmo...
¡No soy dueño de mí!... ¿quién me da auxilio?

 (Cobrando aliento.) 

¿Tanto vigor, y ahora tal flaqueza?
¿Me pesa de mi arresto? No le admiro,
lo apruebo y muy de veras. «Soy torero,530
«no digo bien, lo fui, que desde niño
«todo español, que con su sangre cumpla,
«ha de ser con los toros atrevido.
«Pero, ¿qué impulso es este que me lleva
«hacia el muro? Tal vez estará listo535
«para salir el arrogante toro.
No sosiego hasta verle, yo me animo.
Apúrese el veneno.
 

(Vuelve a subir las gradas que bajó, entretanto que la orquesta toca un largo muy triste con sordinas y flautas; desde allí, con los más expresivos indicios de miedo, observa lo que pasa en el toril. Baja algunos escalones atónito y, cubriéndose los ojos con ambas manos, déjase caer en uno de ellos como postrado de la congoja y, con voz angustiada y palabras interrumpidas, dice acompañándose de la música.)

 
«¡Atroz brutazo!
«¡Curiosidad funesta! ¡Ay! ¿Qué he visto?
«¡Qué montaña de carne! ¡Qué fiereza!540
«¡Qué frente tan rizada! ¡Qué bufidos!
«¡Cómo escarba la tierra! ¡Qué lomazos!
«¡Qué ojos de Satanás! ¡Qué cerviguillo!
«¡Qué par de horribles cuernos aguzados!
«Yo los vi; sí, señores, ¿y aún respiro?545
«Esto ya no es vivir, Guzmán cobarde,
«que tan de lleno el miedo te ha cogido:
«pide a nuestros dramáticos poetas,
«que aspiren a ser gente de juicio,
«no imiten a Pigmaleones y Guzmanes;550
«que al que charlaba a solas en lo antiguo,
«luego que llegó el diálogo a la escena,
«lo arrojó del teatro corregido.

 (Con acento y ademanes de desmayo.) 

«Y que, la voz me falta, ¡oh teatro!, ¡oh teatro!,
«cedo al dolor de ver tus autorcillos.555
 

(Cae el telón.)

 



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