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Si bien El Guajhú aparece en 1938, entre esa fecha y la década del cincuenta (en que se publican una serie de obras de carácter narrativo tanto dentro como fuera del país) la narrativa es prácticamente nula. Por otra parte, son años de abundante producción poética. (N. del A.)

 

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Carlos R. Centurión, Historia de la cultura paraguaya, 2 tomos (Asunción: Biblioteca «Ortiz Guerrero», 1961). (N. del A.)

 

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Como lo hace, por ejemplo, Bareiro Saguier en «El criterio generacional», p. 2. Sin embargo, el mismo crítico, al proponer allí una clasificación generacional de la literatura paraguaya, no deja de reconocer «las relaciones estrechas existentes entre la literatura y la realidad histórico-social». (N. del A.)

 

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Ver Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, p. 43; y Bareiro Saguier, «El criterio generacional», p. 8. (N. del A.)

 

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Notemos aquí que estas tres obras aparecen todas en el exilio. Lo mismo podemos decir de El Guajhú, la obra de Casaccia con la que se inicia el período contemporáneo en la literatura paraguaya. (N. del A.)

 

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Se llama «residentas» a las mujeres que acompañaron a los hombres al frente de batalla durante la Guerra de la Triple Alianza, sirviendo ya sea como enfermeras o empuñando el fusil cuando era necesario. (N. del A.)

 

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Dicha narrativa no cuenta con más de unas diez o doce obras rescatables. Para una lista anotada de esas obras, ver Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», pp. 185-88; y también Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, pp. 39-45. (N. del A.)

 

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Para una lista de las obras narrativas más representativas, escritas fuera y dentro del país, ver «Narrativa paraguaya», pp. 189-90. Esta lista incluye veintidós títulos (obras escritas entre 1949 y 1967, respectivamente), de los cuales diez -que son también los más difundidos- fueron escritos y publicados en el exilio. Con posterioridad a 1967, dos de las novelas más importantes que aparecen son Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos en 1974 y Los herederos de Gabriel Casaccia en 1976, ambas publicadas en la Argentina. (N. del A.)

 

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Éstos comprenden, en una primera etapa, una mayor aproximación a la lengua hablada y el abandono del retoricismo, hecho que aún persistía como herencia de un modernismo tardíamente llegado y pobremente aclimatado al contorno literario paraguayo. En una segunda etapa, no obstante, y que ya incluye la experimentación innovadora de escritores como Casaccia y Roa, esa aproximación a la lengua hablada debe necesariamente introducir, en un país bilingüe como Paraguay, experimentos con el uso del guaraní (Recordemos que en Paraguay casi toda la población habla el guaraní y el castellano, y que el guaraní es la lengua de comunicación diaria especialmente para la gente del campo) a nivel de la escritura, permitiendo, no obstante, la comprensión de la obra para el lector no paraguayo. Los experimentos a ese nivel se relacionan al problema de cómo transcribir o traducir al español el proceso mental que transcurre en guaraní. La pregunta que Roa Bastos, Casaccia y otros escritores preocupados por este problema (del bilingüismo en que transcurre la cultura paraguaya) tratan de contestar es la siguiente: ¿cómo reflejar o captar en español (para no condenar la obra a un mercado local sin posibilidades de ser leída extrafronteras) los diálogos y procesos mentales que tienen lugar en guaraní? (N. del A.)

 

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Para una lista comprensiva de los autores en cuyas obras predominan los rasgos de una u otra tendencia, ver, por ejemplo, Plá y Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya», pp. 190-93; Rodríguez-Alcalá, La literatura paraguaya, pp. 45-50; y Vallejos, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional, pp. 43-46 y pp. 53-58. (N. del A.)

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