11
En Atlantic, p. 75. (La traducción es nuestra). (N. del A.)
12
Citado en David R. Gifford, «Myth and Reality in Hijo de hombre,a Novel by Augusto Roa Bastos» (Ph. D. dissertation, University of New Mexico, 1974), pp. 4-5. (N. del A.)
13
Citado en Francisco E. Feito, El Paraguay en la obra de Gabriel Casaccia (Buenos Aires: Fernando García Cambeiro, 1977), p. 151. (N. del A.)
14
Augusto Roa Bastos y Gabriel Casaccia son los dos escritores exiliados de mayor producción narrativa, y los únicos cuyas obras han originado un material bibliográfico bastante abundante que incluye varias tesis doctorales. Para una selección limitada, pero representativa, de los estudios en torno a la producción novelística de estos autores, ver nuestra bibliografía al final de este trabajo. (N. del A.)
15
Además del gran número de tesis doctorales dedicadas a su narrativa, gran parte de la obra de Roa Bastos ya ha sido traducida a varias lenguas y su importancia literaria lo prueban los varios simposios internacionales que se han ido organizando en torno a su obra, entre ellos: el de la Universidad de Poitiers (abril de 1976), el de la Universidad de Maryland (marzo de 1982) y el más reciente que tuvo lugar en Oklahoma State University (abril de 1985). (N. del A.)
16
Ver los ensayos reunidos en Walter Benjamin, Understanding Brecht (London: Western Printing Services, 1973), especialmente el titulado «The Author as Producer»; y Lucien Goldmann, Para una sociología de la novela (Madrid: Editorial Ciencia Nueva, 1967). (N. del A.)
17
Ver Elvio Romero, Destierro y atardecer (Buenos Aires: Editorial Losada, 1975), p. 20. (El subrayado es nuestro.) (N. del A.)
18
Al respecto comentan dos críticos paraguayos que «a partir de 1952, con las tres obras mencionadas (Follaje, Babosa y Trueno), nuestro paisaje narrativo se abre a perspectivas más amplias, el hombre paraguayo y su circunstancia se hacen presentes al resto del mundo latinoamericano, con sus defectos y virtudes, con su angustia de ser, en los cuales laten resonancias que pertenecen al capital común de la humanidad». Ver Josefina Plá y Francisco Pérez-Maricevich, «Narrativa paraguaya (Recuento de una problemática)», sobretiro de Cuadernos americanos 4 (julio-agosto de 1968): 195. (N. del A.)
19
Así por ejemplo, según Efraím Cardozo, en su Historia de la cultura hispanoamericana, Pedro Henríquez Ureña cita cerca de cuatro mil nombres, incluyendo a escritores de almanaques, pero ninguno paraguayo. Y en 1960, después de la aparición de las obras arriba mencionadas, Arturo Torres Ríoseco seguía hablando de la improductividad de la literatura paraguaya. Ver prólogo de Cardozo a Roque Vallejos, La literatura paraguaya como expresión de la realidad nacional (Asunción: Editorial «Don Bosco», 1967), p. 9. (N. del A.)
20
Utilizamos el término «género» en su acepción literaria más amplia de «categoría de obras definidas por ciertas reglas comunes y de características semejantes» (Pequeño Larousse Ilustrado, 1969). Conviene apuntar aquí que hablar de géneros en la realidad literaria del mundo hispanoamericano siempre ha sido algo bastante arbitrario. Y en el caso de Paraguay, la consabida arbitrariedad de la división o clasificación genérica en América Latina, resulta aún más pronunciada debido al desarrollo en zaga con respecto al resto de América en que han progresado las letras paraguayas hasta época reciente. (N. del A.)