141
En ¿Qué es el estructuralismo? Poética, traducción Ricardo Pochtar (Buenos Aires: Editorial Losada, 1975), p. 108. (N. del A.)
142
Ver «3 escritores: 3 visiones de la novela», p. 4. (N. del A.)
143
Citado por Feito en El Paraguay en la obra de Gabriel Casaccia, p. 34. (N. del A.)
144
En Tiempo y novela, traducción Irene Cousien (Buenos Aires: Editorial Paidós, 1970), p. 16. (N. del A.)
145
Ver Materia y forma en poesía (Madrid: Editorial Gredos, 1969), pp. 90-91. (N. del A.)
146
Algunos de dichos elementos repetidos en la obra son: 1) la estructuración del narrador que oscila de capítulo a capítulo entre el personal en primera persona y el omnisciente en tercera persona; 2) las historias de derroteros paralelos -Gaspar Mora, el doctor Alexis Dubrovsky, Casiano y Nati Jara, Cristóbal Jara- en cuanto contrastes al individual del narrador Miguel Vera; 3) el ansia de justicia social que incluye, en grado diverso, a los anteriormente nombrados, exceptuando tal vez a Dubrovsky y a Vera, pero incluyendo a Macario y a los dos editores implícitos en la obra: Rosa Monzón y Roa Bastos, según se deduce del último párrafo de la novela; 4) los núcleos histórico-políticos incorporados dentro del mundo novelístico; y 5) la serie de objetos-símbolos, especialmente a) el hebillón de plata rescatado por Macario de la época del dictador Francia, b) el vagón espectral ya relacionado con un pasado más cercano (la rebelión de 1912) y c) el camión aguatero de Kiritó, símbolo de un pasado todavía sangrante en el presente de la carta que Rosa Monzón dirige al editor-autor Roa Bastos en los albores de 1947. (N. del A.)
147
Ver «Algunos núcleos generadores de un texto narrativo», p. 186. (N. del A.)
148
Ibidem, p. 188. (N. del A.)
149
En un artículo titulado «Nota sobre el punto de vista narrativo en Hijo de hombre de Roa Bastos», Revista Iberoamericana 36 (1970): 643-50. D. W. Foster atribuye dicho contrapunto narrativo a la presencia de dos narradores, Miguel Vera en los capítulos impares, y en los pares otro narrador que podría ser «el mismo Roa Bastos quien procede de esta forma para que el lector tenga el contraste tan significativo entre los dos puntos de vista que se entretejen en la novela...» (pp. 649-50). Por nuestra parte, creemos que se trata del mismo narrador desdoblado en los dos puntos de vista indicados para dar, con uno de ellos, su derrotero personal, y con el otro, el de los demás personajes que pueblan la novela y cuyos itinerarios individuales e históricos contrastan profundamente con el suyo propio. Su carácter de narrador de toda la obra viene dado en una serie de comentarios en donde él se identifica como tal en el momento mismo de la escritura. Dice por ejemplo, «ahora mismo, mientras escribo estos recuerdos [...] tal vez los estoy expiando» (p. 15); y más tarde escribe: «Veo el vapor que mana de mi cuerpo mientras anoto estas cosas en mi libreta. ¿Por qué lo hago? Tal vez para releerlas más tarde, al azar. Tienen entonces un aire de divertida irrealidad, como si las hubiera escrito otro. La releo en voz alta, como si conversara con alguien, como si alguien me contara cosas desconocidas por mí» (p. 136; el énfasis es nuestro). En estas palabras de Miguel Vera creemos encontrar el porqué del doble punto de vista narrativo. Recordemos además que en la carta que Rosa Monzón envía al editor, ella alude a toda la obra cuando dice que «así concluye el manuscrito de Miguel Vera, un montón de hojas arrugadas y desiguales con el membrete de la alcaldía, escritas al reverso y hacinadas en una bolsa de cuero. Las había escrito hasta un poco antes de recibir el balazo que se le incrustó en la espina dorsal. La tinta de las últimas páginas estaba fresca; el párrafo final borroneado a lápiz» (p. 220). (N. del A.)
150
Son esos viajes: 1) el de Vera que saliendo de Itapé va, respectivamente, a Asunción, Sapukai, Peña Hermosa, Chaco, para luego volver a Itapé; 2) el de los esposos Jara que van de Sapukai a Takurú-Pukú, y otra vez a Sapukai; 3) el de Crisanto Villalba que también constituye un viaje circular: Itapé-Chaco-Itapé; 4) el del doctor Dubrovsky entre Rusia-Sapukai-lugar desconocido; y 5) el de Cristóbal Jara entre Sapukai y Chaco, donde muere atado al volante de su camión incendiado. En los tres primeros casos en donde el viaje completa su ciclo en el punto de partida, los personajes envueltos permanecen no obstante aislados, totalmente desubicados porque aunque el lugar al que vuelven haya cambiado poco o nada, ellos han cambiado interiormente, como se indica en el texto para el caso particular de Crisanto Villalba (p. 199), pero que es en realidad el futuro de todo «exiliado», de dentro como de fuera, y cuya desubicación crece con el tiempo que dura el exilio. (N. del A.)