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Once poemas inéditos del ciclo del «Cancionero»

José Carlos Rovira

El Instituto Juan Gil-Albert va a publicar próximamente el facsímil del cuaderno titulado Cancionero y romancero de ausencias, que es el núcleo principal de un proceso de escritura que Miguel Hernández realizó desde 1938 a 1941. En los trabajos de preparación de esta edición, en el cotejo de manuscritos para determinar variantes de los contenidos en el cuaderno, he tenido ocasión de repasar otros textos de la época que generalmente se ordenan dentro del ciclo del Cancionero, y son preparación de los contenidos en el cuaderno. En el interior de páginas repletas de tachaduras, han surgido estas breves canciones que CANELOBRE publica hoy por primera vez. Forman parte del último decir, concentrado y popular, de un poeta que está viviendo el final de una guerra atroz que anuncia una posguerra más terrible todavía. En el poema que he numerado como V, las «cárceles y cementerios, / donde siempre hay un pedazo / de sombra para mi cuerpo», son el anuncio, la profecía sobre el propio destino personal, que emitía un hombre en el límite de una situación que lo iba a destrozar inmediatamente. Y la lírica hernandiana, la voz de Hernández, adquiere así una tonalidad representativa de lo que la historia iba a significar para el pueblo derrotado.

El resto de canciones nos hablan de la experiencia amorosa (I, II y III), de la muerte del niño Miguel, su hijo, en octubre de 1938 (IV y VI), de la ausencia amorosa (VII, VIII y IX), de la necesidad del encuentro (IX), o de una identificación con el pasado árabe de la propia tierra (X). El origen textual de estas canciones es el siguiente: de la I a la III proceden de un manuscrito iniciado por un poema ya publicado en el Cancionero: «Tú de blanco, yo de negro», aunque esta versión comienza exactamente con la atribución pronominal invertida: «Yo de blanco...». La página está numerada con 20 en el margen izquierdo, aunque los números no son del poeta. La hoja parece pertenecer a una libreta de la que se desprendieron las páginas y fueron cosidas posteriormente, quedando varias, esta entre ellas, sin agrupar. La fecha de escritura probable sería 1938, coetánea a la elaboración de El hombre acecha, aunque seguirá escribiendo en ellas hasta entrado 1939. Esta hipótesis, procedente de rasgos de los otros poemas de la libreta, dataría a los que aquí presentamos en 1938.

El resto procede de un grupo de hojas numeradas de la 1 a la 20 -tampoco por el poeta- y que es un conjunto difícil de defender como tal. (Hay hojas de papel rallado en medio de hojas blancas, por ejemplo; faltan algunas páginas). En cualquier caso, los poemas IV-V y VI están en el reverso de la página 6. El resto, aparece tachado, pero solo con una cruz -el poeta otras veces tacha minuciosamente las líneas- en las siguientes páginas: VII en el reverso de 1; VIII en el reverso de 6; IX en 10; X en el reverso de 15; XI en 18. La fecha de escritura de todas ellas sería a fines de 1938, tras la muerte del hijo.

Estas canciones breves son como fragmentos de inspiración de un poeta que, al final de su vida, en plena juventud, está escribiendo contra la muerte, que le rodea por todas partes. Fragmentos de un libro inacabado, tanteos de expresión inagotable -nótese la relación de I, II y III- significan también un ejemplo de la ruptura de la creación literaria que el autor vivió por causa de aquella historia: estos manuscritos son hoy, junto a todas las valoraciones posibles, una denuncia de aquella situación que aniquiló la creación poética y la vida.

Agradezco a Josefina Manresa, finalmente, la paciencia para con mi consulta, junto a la autorización para que vean por primera vez la luz en esta revista.

1

Pongo cara de herido

cuando respiras

y de muerto que sufre

cuando me miras.

Tú has conseguido

tenerme a cada instante

muerto y herido.


2

Cuando respiras me hieres,

cuando me miras me matas,

tus cejas son dos cuchillos

negros, tus negras pestañas.


3

Por la voz de la herida

que tú me has hecho

habla desembocado

todo mi pecho.

Es mi persona

una torre de heridas

que se desploma.


4

Suave aliento suave

claro cuerpo claro

densa frente densa

penetrante labio.

Vida caudalosa,

vientre de dos arcos.

Todo lo he perdido, tierra

todo lo has ganado.


5

Cuerpos, soles, alboradas,

cárceles y cementerios,

donde siempre hay un pedazo

de sombra para mi cuerpo.


6

Me descansa

sentir que te arrullan

las aguas.

Me consuela

sentir que te abraza

la tierra.


7

Duérmete, pena.

Déjame dormir.

Pena de marzo.

Dolor de abril.

Ansia de mayo,

de no tenerte aquí.


8

¿Cuándo vas a volver?

¡Cuándo sean gusanos

las manzanas de ayer!


9

Te escribo y el sol

palpita en la tinta

¡ausencia viva!

Te espero... La lluvia

se ciñe a mi espera

¡ausencia muerta!


10

Este molino donde

el árabe molía

parece un recuerdo

de la sangre mía,

dorado en la noche,

dorado en el día.


11

Sobre el cuerpo de la luna

nadie pone su calor.

Frente a frente sol y luna

entre la luna y el sol

que se buscan y no se hallan

      tú y yo.

Pero por fin se hallarán

nos hallaremos, amor,

y el mundo será redondo

hacia nuestro corazón.


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