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Poesía. Selección

Eugenio Gerardo Lobo

Amante que, celoso, arroja en un río un diamante que traía por memoria de su objeto

   ¡Oh dulce prenda!, testimonio un día

de la jurada fe, de quien, traidora,

el pacto ultraja, y la razón desdora

de la noble verdad, que me debía.

   ¡Oh dulce prenda! cuando amor quería,
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dulce más que a las flores blanda aurora,

alegre entonces, como triste ahora,

¡tan inconstante fue la suerte mía!

   Vuelve a tu dueño; pero no: ese errante

fugitivo cristal selle tu gloria,
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digno sepulcro de esplendor cambiante;

   pues trocada en tragedia mi victoria,

ni ya en su dedo puedes ser diamante,

ni ya en el mío puedes ser memoria.


Quejas de un triste, hablando con un tronco

Tronco de verdes ramas despojado,

que albergue en otra edad fuiste sombrío

y estás hoy al rigor de enero frío

tanto más seco cuanto más mojado,

   dichoso tú, que en ese pobre estado
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aun vives más feliz que yo en el mío;

infeliz yo, que triste desconfío

poder ser, como tú, de otro envidiado.

   Esa pompa que ahora está marchita,

por aquella estación florida espera
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que aviva flores, troncos resucita.

   Forma el año su giro, y lisonjera

la primavera a todos os visita;

sólo para mi amor no hay primavera.


Define un amante su amor y declara su cuidado

   Arder en viva llama, helarme luego,

mezclar fúnebre queja y dulce canto,

equivocar la gloria con el llanto,

no saber distinguir nieve ni fuego;

   confianza y temor, ansia y sosiego,
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aliento del espíritu y quebranto,

efecto natural, fuerza de encanto,

ver que estoy viendo y contemplarme ciego;

   la razón libre, preso el albedrío,

querer y no querer a cualquier hora,
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poquísimo valor y mucho brío,

   contrariedad que el alma sabe e ignora,

es, Marsia soberana, el amor mío.

¿Preguntáis quién lo causa? Vos, señora.


Acompañó a un regalo de perniles y chorizos para el excelentísimo señor conde de Aguilar (quien fue muy dado a la filosofía moderna) con éste

   De la mejor biblioteca

de este país, mi atención

remite esos tomos; nadie

tan sabio como su autor.

   Sobre la misma materia
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van, de buen comentador,

unos chorizos al margen,

a manera de adición.

   Repásalos poco a poco,

pues que más se aprovechó
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en bucólicas de plato

que en ideas de Platón.

   Deja a Cartesio, a Diveo,

Maignan, Gasendo y Bacón,

que aunque todos saben bien,
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un pernil sabe mejor.

   ¿Qué te importa que sea el todo

entidad distinta o no

de sus partes, si lo mismo

son torreznos que jamón?
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   Deja que materia y forma

se distingan en rigor,

pues que nunca te deshace

el pernil la distinción.

   Deja que el continuo sea
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de infinita división,

como siempre en tu cocina

sea continuo el asador.

   Que obre immediate o mediate

la sustancia, ¿qué importó,
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cómo en tu estómago ejerzan

las lonjas su operación?

   Que sea entidad separable,

y no modo, la calor,

nada importa, como tú
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hagas bien la digestión.

   Que la privación se tenga

por principio, no es error,

mientras no haya en los principios

de tu mesa privación.
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   No niegues a la materia

su infinita partición,

y sacarás más lonjitas

que los átomos del sol.

   ¿Qué sirve que el microscopio
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haga al mosquito capón,

si microscopio no tiene

el paladar ni el sabor?

   Sin la costa de alambiques,

sin fatiga y sin sudor
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hallarás el caput mortuum,

en haciendo un chicharrón.

   En manos de la disputa

el cielo al mundo dejó;

bien se le conoce al pobre
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la asistencia del tutor.

   Aristóteles, Teofrasto,

Pitágoras y Zenón

jamás pudieron saber

la esencia de un caracol.
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   Un jerónimo, Agustino,

Crisóstomo y Besarión

supieron más; pero en esto

se burlaba el Hacedor.

   En el océano inmenso
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de este escondido primor

no hay que buscar los tamaños:

toda ballena es ratón,

   También en tales quimeras

gastaba algún tiempo yo,
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y en mi vida supe cómo

se establece un cañamón.

   Y así, mudando sistema,

pasé a sargento mayor,

y establecí por principio,
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pura potencia, al doblón.

   De aquí las formas deduzco

de vivir mucho mejor,

porque sin él cualquier cosa

es un ente de razón.
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   Ésta sí que es crisopeya,

pues haciendo un tres de un dos,

se convierten luego en plata

los yerros de mi renglón,

   No me aventajara Lulio
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en manejar el crisol,

a no podrirme los polvos

la santa restitución.

   Y por fin, lleva sabido

que, sin caudal, es Catón
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actus entis in potentia

prout in potentia. Y adiós.


Décimas

Definición del chichisbeo, escrita por obedecer a una dama

   Es señora, el chichisbeo

una inmutable atención,

donde nace la ambición

extranjera del deseo;

ejercicio sin empleo,
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vagante llama sin lumbre,

una elevación sin cumbre,

un afán sin inquietud,

que no siendo esclavitud,

es la mayor servidumbre.
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   Es un enfático gusto

gloriosamente empleado

en fomentar un agrado

sin las pensiones del susto.

Es un rendimiento augusto
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de una humilde vanidad,

donde la capacidad

con sus caudales se obliga

a la incesante fatiga

de toda una ociosidad.
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   Es un racional tributo

que la diversión proviene

sobre un ara, donde tiene

propiedad sin usufructo;

un decoroso estatuto
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del que es suavísimo imperio,

desahogo de lo serio,

respiración del cuidado;

y es un chiste disfrazado

con máscara de misterio.
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   Es un dominio que alcanza

inmensa jurisdicción,

que parece posesión

y no toca en esperanza.

No expone la confianza
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a poca seguridad,

antes bien, la voluntad

exenta vive del daño,

porque se trata este engaño

con la mayor realidad.
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   Es afectado tormento

de un cauteloso albedrío,

que encamina al desvarío

por reglas de entendimiento;

seguro consentimiento
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de recíproca llaneza,

donde, parcial, la agudeza

vende, en manos del primor,

afecto que no es fineza.

   Es aquella de Platón
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alta idea respetable,

que hizo al alma separable

de su misma propensión;

sutilísima opinión

de natural repugnancia,
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pues la común elegancia

de los preceptos que informa,

sin materia admite forma,

accidente sin sustancia.

   Es una correspondencia
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de pensamientos visibles,

que de algunos imposibles

hace tal vez apariencia;

anfibológica ciencia

del ignorar y saber,
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empeñada en proponer,

con repugnancias notables,

los principios demostrables

de lo que no puede ser.

   Es, en fin, ficción hermosa
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de autorizada cautela,

indefectible novela

de una verdad mentirosa,

perspectiva que, ingeniosa,

abulta lo que desvía,
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elevada fantasía

sin afecto y con fervor;

y es de las ansias de amor

la más discreta ironía.

   Éste es, señora, el retrato
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más legal, más parecido

(según lo que he comprendido)

del señor Chichisbeato.

   Si a tu ingenio fuere grato,

será mi mayor hazaña,
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pues no ignoras cuánto empaña

al dulce primor del arte,

entre los ceños de Marte,

el polvo de la campaña.