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Jusepe Martínez le envió medallas (Museo, p. 86). Sobre Agüesca, que grabó las medallas, idem, p. 116. Sobre ambos, ARCO, R. del, La erudición española, página, 135 y La udición aragonesa, p. 52 y 534. Véase GALLARDO, A., op. cit., páginas 191-3.

 

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Véase SELIG, K. L., The Library of Vincencio Juan de Lastanosa, Patron of Gradan, Geneve, 1960. Lastanosa tenía nueve libros y varios ms. de A. Agustín, y entre ellos, los Diálogos. También los mencionados Diálogos de Urrea y textos de anticuarios españoles y extranjeros. Tan sensacional catálogo debe cotejarse y completarse con el de R. del Arco (La erudición aragonesa, p. 267). La erudición numismática convivía en esa biblioteca con una nutridísima muestra del humanismo español: NEBRIJA, -Introductiones, Vocabulario-, Pedro Simón Abril (su Terencio) y casi todo Palmireno, autor que aparece en el Discreto de Gracián y del que éste tradujo un epigrama (ARCO, R. del, Las ideas de B. Gracián y los escritores aragoneses, Zaragoza, 1950). En la Agudeza aparece junto a Verzosa y Sobrarias, y dice Gracián que leyó a Palmireno en la biblioteca de Lastanosa. Su ciceronianismo debió ser modélico dentro del grupo aragonés.

 

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GRACIÁN, Baltasar, Agudeza y Arte de Ingenio, ed. cit., vol. II, p. 213. Coincide en ello con Antonio Agustín y Fray Jerónimo de San José, como señalamos.

 

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«Góngora and Numismatics», MLN, enero de 1952, pp. 47-50. Véase Enciclopedia Italiana, «Numismática» y «Medaglia».

 

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Museo, p. 1. Véase BLECUA, J. M., «Poesías de Martín Miguel Navarro», AFA, I, 1945, pp. 217-317. Martín Miguel inició su «Tratado de Cosmografía» con el extravío dantesco del poeta en una selva oscura. Su poesía muestra curiosas analogías con el Museo. Así en lo referido al Jalón cuyas aguas vigorizaban el hierro (p. 282). Y Vida, de Fray Jerónimo, sobre el río «Queiles» (Ibid.). También orla un salvaje la inicial del Discurso III, de Francisco Ximénez. En p. 55, Lastanosa habla de la «barbaridad» de los siglos posteriores a la llegada de los Godos a España, Italia, Francia y Alemania. Demolieron edificios y olvidaron la pintura y la escultura «porque ellos bárbaramente esculpieron en oro, plata i cobre sus Imágines», obrando sin reglas ni preceptos, es decir, sin el arte. Las tinieblas se corresponden a la etapa de «Godos, Suevos, Vándalos i Arabes».

 

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En pp. 72-3 alude a la muerte de Martín Miguel Navarro, en 1644, y hace un elogio de su poesía en griego, latín y español. Añade: «cuyas Rimas saldrán presto a luz por la munificencia de su nobilíssimo Protector [...] Don Antonio de Aragón, Arcediano i Canónigo en la Santa Iglesia de Cordova». Y Vid. p. 94. Miguel Leonardo, en p. 85. Véase la edición de J. M. BLECUA. En el «Discurso sobre la poesía aragonesa en la edición de las obras del Canónigo Martín Miguel Navarro» vemos que la alabanza de las letras recogía la tradición clasicista, empezando por Marcial (Ibid., p. 293) y continuando con Juan Sobrarias, Antonio Agustín y Juan Verzosa. Los Argensola serían el puente hacia su discípulo Martín Miguel Navarro y los clasicistas del XVII. También contribuyó al Museo don Pedro Porter y Casanate «agora gloriosamente ocupado en el descubrimiento de la California» (p. 84).

 

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En p. 155 recoge otro epigrama de Marcial en el que discute las lecturas de Antonio Agustín y el padre Rodero sobre equis/aquis, apoyando la primera, en favor de la existencia de caballos en la Celtiberia. Otro es el epigrama de Marcial Ad Lucinum. Hace referencias a un poema latino del flamenco Enrique Choselio (pp. 166-7), del que ha tenido noticias a través del comentarista gongorino Salazar Mardones. También cita a Lucano, Horacio, Tito Livio y Plinio: ARCO, R. del, La erudición española, pp. 853-4 señala dos diálogos -perdidos- de Uztarroz sobre medallas e inscripciones pertenecientes al conde de Guimerá. Todo el Museo abunda en argumentos históricos y de historia de la lengua que rebasan la intención de estas páginas. Francisco Fabro no estuvo de acuerdo con la tesis de Lastanosa sobre las letras ibéricas. Véase sobre esto y el ms. del Museo, Juan de Dios de la Rada, op. cit., pp. 113 y ss.

 

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«Poema heroico, cuyo M.S. se guarda en la Biblioteca del Convento de San Sebastián de la Villa de Epila, de la Orden de San Agustín, cuyos números dizen desta suerte: I aquellos habitantes de la antigua...» (p. 157). Véase GENESTE, P., op. cit., p. 265 n.

 

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El elogio (pp. 136) lleva implícito un deseo de sirvir a las buenas letras en beneficio de todos y olvido de sí mismo. Sobre el amor a las letras en cartas y laudos universitarios: ALCINA ROVIRA, Juan, «Poliziano y los elogios de las letras en España (1500-1546), Humanística Lovaniesia, XXV, 1976, pp. 198-222, RICO, F., art. cit., y ASENSIO, E., op. cit., pp. 47 y ss. En el Museo se roza la intención de los «laudes Hispaniae» (Vid. REDONDO, A., op. cit., pp. 564 y ss.). Uztarroz comenta a Góngora a través de Salazar Mardones. Al final del Museo hay un «Discurso» III del cronista Francisco Ximénez de Urrea, con datos de interés sobre simbolismo y heráldica. A partir de la pp. 221 se publica su propia colección de medallas. Los discursos del Museo tienen carácter epistolar (supra, nota 15).

 

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Gli affani della cultura. Intellettuali e potere nell'Italia della Contronforma e Barocca, Milano, Feltrinelli, 1978, p. 178. Sobre el ocio, p. 191. Y véase JOHN STOPP, Frederick, The Emblems of the Altdorf Academy: Medals and Medal Orations 1577-1626, publ. of the MHRA, VI, 1974. Las academias romanas, como la del Cardenal Riario, también fomentaron el coleccionismo de las medallas (cfr. WIND, E., op. cit., p. 179 y bibl.).

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