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1

Mercurio Peruano, I, 34, (28 de abril de 1791), pág. 313: «Si la Sociedad tuviera completa la historia de su vida, que por algunos hechos que ha conservado la tradición, se congetura haber sido tan salada como sus producciones, la antepondría á la publicación de estas; pero no teniendo todavía los materiales necesarios para escribirla, ha pensado adelantar algunos de sus rasgos, para sacarlos del triste rincón en que encontró el manuscrito» (El subrayado es nuestro).

 

2

Recordemos las palabras que coloca el Mercurio Peruano, V, 157, (5 de julio de 1792), pág. 155, después de la impresión de unas décimas que llevan el título «Conversacióm que tubo con la muerte un médico, estando enfermo de riesgo»: «Los Patriotas inteligentes y curiosos que reserven en su poder los exemplares manuscritos de este Poeta, reconocerán en las presentes Decimas y en otros rasgos del mismo ingenio que sucesivamente se fueren publicando, algunas inversiones hechas en los nombres de personas muy conocidas en aquellos tiempos. La Sociedad, procediendo con la moderación que acostumbra, ha querido suprimirlos, pareciéndole que de este modo evitará las quexas, que aun en el día pudieran suscitarse...».

 

3

Reproducido en Flor de Academias y Diente del Parnaso, Lima, El Tiempo, 1899, págs. 340 y ss.

 

4

Colección de documentos literarios del Perú, Lima, A. Alfaro, 1863-1877, t. V, págs. 9-23.

 

5

Resulta curioso observar la deformación que sobre el «cajón» ha caído en todos los autores posteriores a Palma, indudablemente influidos por su prestigio, cuando en realidad un cajón era una unidad de recogida de mineral equivalente a 51 quintales métricos, como aclara el «Vocabulario minero» que publica el Mercurio Peruano, I, 9 (30 de enero de 1791), pág. 75. Hasta una autora, relativamente reciente, dice en su libro: «La leyenda del cajón de Caviedes es muy pintoresca y atractiva, y se nos hace duro destruirla, si pensamos que un cajón en el siglo XVII era un establecimiento de múltiple actividad comercial. Cumpliría además, las funciones del futuro "café" en el siglo XVIII. El "cajón", situado en pleno centro de Lima, debió ser el punto de reunión de la bohemia de aquellos días, el cenáculo donde se forjaban las más saladas ocurrencias...», págs. 27-28 del libro de María Leticia Cáceres, La Personalidad y obra de D. Juan del Valle y Caviedes, Arequipa, Imprenta Editorial «El Sol», 1975.

 

6

Lima, Imprenta Euforión, 1921, y reimpreso en Los poetas de la colonia y de la revolución, Lima, Editorial Universo, 1971, págs. 189-200. María Leticia Cáceres recoge en su libro citado en la nota anterior, págs. 22-23 una pintoresca biografía de Valle Caviedes, al parecer existente en la biblioteca de Avilés, que sigue con gran paralelismo los datos biográficos inventados por Ricardo Palma.

 

7

Recordemos al respecto el estudio vaporoso y romántico de Juan Pablo Echagüe, «Un Quevedo limeño del siglo XVII», o el no menos superficial, «Caviedes, el enemigo de los médicos», ambos en su libro Figuras de América, Buenos Aires, 1943, págs. 21-32.

 

8

He manejado la edición española, titulada El halcón de oro, Barcelona, Editorial Planeta, 1963; cap. 14, págs. 216-219. Yerby insinúa la existencia de un poeta maldito, marginado por la corte del virrey y admirado, a la vez, por ella; entregado a la bebida para anegar su conciencia de culpabilidad por la muerte de su esposa, a quien él le contagió la sífilis.

 

9

Guillermo Lohmann Villena, «Dos documentos inéditos sobre don Juan del Valle Caviedes», en R. Hist., XI, 1937 (Lima), págs. 277-283; y «Un poeta virreinal del Perú: Juan del Valle Caviedes», en Revista de Indias, Madrid, n.º 33-34, julio-diciembre de 1948, págs. 771-794.

 

10

En la nota n.º 5, págs. 777-778 del segundo artículo citado en la nota anterior, Lohmann Villena aclara el porqué de la detención de sus investigaciones. El párroco de Porcuna de aquellas fechas le contestó en una carta lo siguiente: «después de buscar y rebuscar los libros e índices, no aparece, [la partida de bautismo de Valle Caviedes] por lo que no puedo servirle como hubiera deseado, ni tampoco la del matrimonio de sus padres». De entonces a ahora las cosas han debido cambiar mucho en el archivo parroquial de Ntra. Sra. de la Asunción. El párroco actual, don Antonio Aranda, no sólo tiene perfectamente catalogados todos los documentos sino que facilita la búsqueda y reproducción de cualquiera de ellos, amén de ser una persona sensibilizada por el poeta andaluz. Que conste aquí mi agradecimiento, así como al alumno de doctorado Antonio Fernández Ruiz, que se encargó personalmente (y lo hizo) de fotocopiar los documentos que hoy ofrecemos.