221
Ibid., p. 263. (Sería hacia la mitad del siglo XIX cuando Louis Braille crearía su método de escritura para ciegos, a base de combinaciones de puntos en relieve, en número máximo de seis, que sustituyen las letras y son interpretados por medio del tacto, este sistema ha sido adoptado universalmente).
222
Ver: Doctrina fonética de Juan Pablo Bonet (1620). En «Revista de Filología Española», t. VII, p. 150, y Manuel Ramírez de Carrión y el arte de enseñar a hablar a los sordomudos, en «Revista de Filología Española», t. XI, p. 225.
223
MENÉNDEZ Y PELAYO, M., La ciencia española, (Sánchez Reyes), t. I, op. cit., pp. 44-45.
En la Historia de los heterodoxos españoles, Santander, 1947, t. V, pp. 383-384, vuelve a elogiar a Hervás y escribe:
«El afán de las empresas
enciclopédicas fue carácter común en los
hombres más señalados del siglo XVIII.
Cegábales el ejemplo de Diderot y D'Alembert, y
venían a empeñarse en obras inmensas, inasequibles a
las fuerzas de un solo hombre, y que por lo regular quedaban muy a
los principios. Cuando esta ambición recaía en
espíritus ligeros y superficiales, engendraba compendios y
libros de tocador. Cuando los autores eran hombres serios y de
muchas letras, trazaban planes cuya sola enunciación asusta,
y se ponían a desarrollarlos en muchos y abultados
volúmenes, hasta que la vida o la paciencia les faltaban. Ni
acertaban a limitarse, ni a fijar un asunto concreto: todo lo
querían abarcar y reducir a sistemas. No se hacía la
historia tal o cual literatura particular, sino que se investigaban
(al modo del Abate Andrés) los orígenes y progresos
de toda la literatura, tomada esta palabra en su acepción
latísima, es decir, comprendiendo todos los monumentos
escritos, aunque no fuesen de índole estética. Si
alguien se limitaba a su propia nación, era para incluir en
la historia de la literatura la de todas las actividades humanas,
hasta la táctica militar y la construcción de navios
y el arte de tejer el cáñamo, o para llenar cinco o
seis volúmenes con indagaciones sobre la cultura de las
razas prehistóricas de España, como hicieron los
PP. Monédanos. Otros con nada
menos se contentaban que con trazar la Idea del Universo o la
Historia del hombre, como lo hizo en más de veinte
volúmenes el doctísimo Hervás y Panduro, que a
lo menos fue digno de tener tan altos pensamientos, puesto que supo
más que otro hombre alguno del siglo XVIII, y hasta
adivinó y creó ciencias nuevas»
.