La necesidad ha sido la primer Maestra de las gentes para las cosas del preciso uso, y con la aplicacion han pasado á las que son de gusto, ú de conveniencia, resultando que las mas inclinadas al trabajo han adelantado mas que las otras. En los Indios se reconoce poca variedad en punto de obras; pero no obstante se advierte haber hecho algunas para la comodidad, ó para el adorno, distinguiendose en esto las Naciones entre sí segun el grado de cultura, ó de civilidad que llegaron á tener. En una cosa han sido iguales, y sin discrepancia industriosos, que es en las Armas, pues generalmente todos usaban del arco y flechas, y los hacian sin diferiencia sensible de un mismo modo, imitando en ello á las Naciones de la antiguedad que poblaban el Asia, y las otras dos partes del Mundo; de modo que siendo comunes en ello se deduce haberse derivado de un mismo principio, y que fueron las primeras Armas de que usaron, aunque despues fueron introduciendose otras. Entre los Indios civilizados del Perú no se conserva yá memoria de ellas; y aunque del todo no está perdida en las Naciones del Norte, es muy raro el manejo que hacen de ellas, habiendose acostumbrado á la escopeta, cuyo uso les han introducido las Naciones Européas, Francesa é Inglesa, como queda dicho: enseñan pues el del arco y flecha á los muchachos, y son diestrisimos en él; pero despues quando llegan á grandes lo dexan para aplicarse á las otras. Las Naciones que viven retiradas de los Européos en el Norte, sin tener trato con ellos, y las que permanecen en su libertad en lo dilatado de las dos Américas, no conocen otras, sirviendose agilmente de ellas para la Caza, para Pescar, y para las Guerras. Los arcos los hacen de madera recia flexible; la cuerda es de nervio de animal; y las flechas de otra madera recia y pesada, cuyas puntas, ó las endurecen con el fuego, ó engastan en ellas pedazos de pedernal para herir. Tambien usan Lanzas de poco mas de dos varas de largo, no gruesas, de madera igual á la de las flechas, las quales arrojan con la mano diestramente, y con ligereza. Los civilizados del Perú no conocen al presente mas Armas que las piedras, y estas las despiden asimismo con la mano, sin la ayuda de bondas, dirigiendolas con particular acierto. Esta Nacion es muy diversa al presente de lo que fue antes en quanto á la agilidad, con que hacia aquellas cosas de que se servian quando se mantenian baxo del dominio de sus Soberanos naturales.
Entre las piezas que se encuentran en las antiguedades son las Hachas de cobre; estas, por el un lado tienen el cortante, y por el otro una punta aguda: en el medio tienen el ojo por donde se encaban: éste cabo no era mas largo que lo necesario para el manejo con la una mano; por lo que se vé les servian á un tiempo de señal, ó insignia distintiva de la Soberanía, y de armas ofensivas que usaban los Reyes. Lo primero era al modo que los Cetros, donde se indica la suprema dignidad y el poder; y lo segundo como insignia propia de la justicia. Es regular, segun el numero que se suelen hallar, que además de los Soberanos las usasen los otros Gefes, en quienes sobstituían parte del poder, para que governasen los Pueblos. Los que estaban empleados en el mando para las Conquistas y guerras, y los Principes de la Sangre Real, las tenian con alguna distincion correspondiente á la autoridad y exercicio de cada uno.
Igualmente se encuentran otras piezas en figura de Estrellas, cuyo diámetro, tomado de las extremidades de las puntas, es de 5 á 6 pulgadas, y en estas las hay de dos materias, y de 4 diferentes modas: la primera es de Cobre, con el diámetro que se ha dicho: en la medianía tiene un agugero de pulgada y media de diámetro, para que entrase el cabo: su circunferencia está dividida con igualdad en seis partes: cinco de estas son las que forman la Estrella; y la sexta es el Cortante de Hacha: las puntas son redondas, rematando agudas.
La segunda especie es en tamaño y figura como la primera; pero se distingue, en que no tiene cortante de hacha, constando de 6 puntas iguales, en forma de estrella, y son redondas.
La tercera se diferiencia de la antecedente, en que las 6 puntas que hace la estrella no son redondas, sino en figura de hojas, con filo por los dos lados y por la punta, siendo su ancho el que tiene la estrella, que por la encabadura es de una pulgada, ó poco mas, y vá disminuyendo ácia las puntas que no rematan agudas, sino algo circulares.
La quarta es como la segunda, á diferiencia de ser piedra, y ésta es de una calidad dura y de color obscuro; siendo digno de reparo, que no teniendo herramientas de acero, ni de hierro, porque no conocian estos metales, pudiesen darles la perfeccion que tienen, y hacerles el agugero en el medio, en figura circular perfecta, lo qual no podia conseguirse de otro modo que con mucha paciencia, á fuerza de frotar unas con otras.
La primera de estas quatro especies era, segun lo demuestran las señales, la que servía de Insignia á los Soberanos; y las otras á los que gobernaban, usandolas tambien como armas para la guerra, al modo que era comun en la antiguedad con las mazas, pues su antiguedad y tamaño indican no ser para otra cosa, que para descargar sobre los enemigos ofendiendoles. Este uso se vé, que á semejanza del de las flechas lo llevaron desde los principios, habiendolo adquirido en donde lo tuvieron las demás gentes que guarnecian con puntas las mazas de armas.
Los Indios de la parte del Norte usan unas hachas de mano, semejantes á las de cobre que se han explicado, con punta y corte: los Franceses les llaman Casatete; y asi esta Nacion, con la Inglesa, son las que les proveen de ellas, diferienciandose en ser de Hierro y Acero; pero es regular que la figura fuese tomada de las que vieron en sus principios, acreditandolo asi la circunstancia de no ser arma que se acostumbra en Europa, pues aunque las practícan en los Navíos no dexan de tener alguna diferiencia; y de ello se colige, que fue comun este uso entre los de la parte Meridional y los de la mas Septentrional; de suerte, que en las mas de las cosas se reconoce uniformidad, sin que las dilatadas distancias y el curso largo de los tiempos, que ha pasado desde que se dividieron del origen, las hayan variado aun en los accidentes menos esenciales.
Hallanse tambien hojas de metal de 5á 6 pulgadas de largo, y poco mas de una de ancho, siendo su grueso dos lineas: por la una extremidad hace filo algo circular, y por la otra es la cabeza al modo de los Escoplos de hierro, indicandose ser herramienta para corte, al modo de las que usan los Carpinteros. Otra especie de Hacha se encuentra de la misma materia que las antecedentes: su grandor y figura circular es como las cuchillas que usan los Turroneros; con la diferiencia que la empuñadura, para hacer fuerza es del mismo metal que la hoja.
Conocian aquellos Indios las mezclas de los metales en alguna parte, y se manifiesta en los colores de las piezas que se han explicado: unas son coloradas, tirando al del Cobre natural: otras amarillas como el Laton, y entre estos dos hay variedad, unas piezas son mas parecidas al Laton que otras; pero en todas ellas se repara, que sin estár cubiertas de betún alguno, no crian verdín, ó cardenillo; sacandose de ello, que la mezcla que les ponian era tal, que mudaba enteramente la qualidad del Cobre, ignorandose este secreto; pero lo mas raro es, que habiendo conservado los Indios, por el largo espacio de muchos siglos, sus usos y costumbres, y el modo de hacer aquellas cosas que entre ellos eran comunes, en el corto que ha pasado desde la Conquista han olvidado enteramente la memoria de las cosas ingeniosas sin sucederles lo mismo con las primeras; y asi es un asunto para ellos desconocido en el tiempo presente la fundicion y mixtura de los metales, el modo de vaciarlos, la fabrica de las vasijas antiguas, de que se dará razon mas adelante, el modo de labrar la piedra dura, con aquellas herramientas de metales dociles, y el de fabricar las armas de que se servian entonces; siendo tal este olvido, que los Civilizados no acertarian á preparar una Flecha, engastandole el pedernal, ni á colocarle las plumas, para que fuese derecha á donde la encaminase el impulso; mucho menos á disponer el arco en la debida proporcion; y esto mismo que para los que subsisten en la barbarie primitiva es un juguete, para los succesores, de los que fueron en un tiempo mas agiles, es un imposible, sin que haya mas razon para ello que la falta de uso.
No solo en las estrellas y en las hachas se distinguian, sino que unas eran de color que tira á rojo, y otras amarillas: sucedia lo mismo en las herramientas para trabajar, lo qual dá idéa de que hacian las mezclas para darle dureza al Cobre, y tambien para variar el color, y que fuesen mas particulares á la vista.
Usaban de Pinzas que hacian del mismo metal que las otras piezas, no hay duda que las diferienciarian en los tamaños; pero las regulares son pequeñas, de pulgada y media de largo, y media de ancho; delgadas, consistiendo en una hoja de metal, doblada por la mitad de su largo, con filo en las bocas, y alguna elasticidad. Estas les servian para arrancar los bellos de la cara, quando con la vejéz empezaba á salirles, porque siendo por naturaleza lampiños, se miraria como cosa impropia dexarlo crecer quando la edad lo producia; al modo que por el contrario en las Naciones Orientales, y entre los Mahometanos es irregular cortar la barba, ó en los Européos en estos tiempos mantenerla crecida, á excepcion de algunas Naciones del Norte, que las conservan como en lo antiguo; pero los Indios civilizados en el tiempo presente no lo practícan.
No se encuentra entre los vestigios de aquellas antiguedades instrumento que sirviese para golpear, como martillo, ó maza, y es que estos los harian de piedra, y se hallarán desfigurados pero siempre es reparable, que en las Huacas, ó Entierros no los haya. Al modo que fundian los metales para los fines que se han explicado, hacian con ellos ciertas figurillas; unas eran macizas, y otras vaciadas, sumamente delgadas y pequeñas, como para traerlas colgadas; y no solo las disponian de metal, sino de Plata, de Oro, de Piedra, y de Barro cocido. Su representacion era de los Indios que llaman Opas, que son monstruosos, é insensatos, no reconociendose que hicieran de otras menos disformes. Esta especie de defectuosos abunda mucho entre ellos en uno y otro sexo, y parece que á la circunstancia de la disformidad, es consecuente la demencia, porque no se reconoce lo uno sin lo otro. Sus figuras son horrorosas en cara, cabeza, y cuello, teniendo este poblado de eminencias ó Paperas quasi tan abultadas como la cabeza. Los Indios los atribuyen varias particularidades, y principalmente la de ser Adivinos, consultandoles en sus urgencias: los miran con veneracion, y como que tienen algo mas de particular que los otros hombres, por cuya razon formaban sus figuras en modelos á modo de Dixes, que es lo que se tiene por Idolos, bien que no se sabe que les diesen algun culto, ó adoracion, ni que en la antiguedad los reputasen por cosa divina. En los que viven á su libertad no se reconoce tampoco semejante Idolatría, porque si tal fuese procurarian conservarlos y mantenerlos con alguna veneracion; de lo que puede concluirse, que los que estuvieron civilizados contrageron este uso de las leyes que les impusieron los Incas, ó los primeros hombres que pasaron de otras partes á sojuzgarlos.
Las ofrendas que dirigían al Sol en sus Templos tenian por objeto el agradecimiento á los beneficios que les hacia por medio del calor que comunicaba á la tierra y á la luz con que alumbraba, porque dexandose llevar de lo aparente, aunque conocian al Dios invisible Pachacamac, se contentaban con venerarlo interiormente, y atribuían al Astro brillante, por los efectos aparentes, lo que correspondía al Criador que lo govierna; pero no se encuentran entre las figuras que hacian alguna que lo representase, ni otras que no sean las que se han dicho, no siendo facil comprehender qué fin llevaban en ello.
Reconocese en estas gentes particular inclinacion y complacencia á las figuras feas con estravagancia; siendo de esta especie las Mascarillas que hacen de madera para desfigurarse; y sin tener estas cosa de monstruoso, son tan feas, que no les imítan las de Europa, sin embargo de las varias idéas extraordinarias que hay para ello: quando llega el caso de disfrazarse toman los modos mas estraños y ridiculos que se puedan inventar: á este respeto no es estraño que en los Dixes, ó Idolillos copiasen á los Opas, que son los mas feos y horrorosos de quantos la idéa pueda figurarse en la especie humana. Algunos quieren que estas figuras las tornasen de aquellas en que se les aparecia el Diablo para inducirlos á que se mantuviesen en sus errores, vicios, y supersticion; pero de esta opinion es forzoso prescindir por las dudas que pueden ocurrir sobre el modo y circunstancias de estas apariciones: lo mas regular es atribuir á la grande ignorancia el aprecio y distincion que tributan á estas figuras y á las personas de notable deformidad; y aun al presente en los casos de cosas perdidas, ó en los ganados extraviados acuden á ellos para que les dén noticias de sus paraderos, confirmandose su inadvertencia en la flaqueza de suponer con mas dotes naturales á los dementes, que á los que tienen cavales los sentidos. Por estas cosas queda el discernimiento y la razon en ellos en el estado de la infancia, aunque llegan á la mayor edad, pues al simil de los muchachos se entretienen con aquellas figurillas, sin que el aprecio pase mas allá de lo que es diversion, y depositan en la estupidéz las esperanzas de sus deseos. Cierto Sabio del primer orden en Europa, tratando de los Indios, decia que era de las cosas mas particulares en el Mundo que hubiese una Nacion dilatadisima, que subsistían siempre en el estado de niños, aunque tuviesen ochenta años, atento que sus operaciones eran en qualquier edad que se hallasen como sino hubiesen salido de los 7, ó 9 años.
Sacanse tambien de los Entierros unas vasijas de barro cocido, que tienen mucha semejanza con las que se suelen vér de la antiguedad Romana, Griega, ó Egypcia, cuyas figuras se encuentran representadas en los Hieroglificos y en los Dibujos Mosaycos de aquellos tiempos. El tamaño de estas es de vara y quarta, ó algo mas: el cuerpo de la vasija es mas largo que grueso, rematando en punta por la parte de abaxo: el cuello largo y seguido, y la boca ancha, haciendo como embudo: en otros no es la boca tan esparcida, pero guarda la misma figura, y el barro se reconoce estár bien cocido. Estas piezas, de las quales no dexa de haber bastantes, indican que la norma de hacerlas fue llevada por los primeros Pobladores, habiendola tomado del mismo origen de donde la tuvieron aquellos Pueblos.
Al presente no hacen los Indios modernos las que tienen para el uso en esta moda, y asi se distinguen facilmente unas de otras. Tambien hacian otras pequeñas, y algunas representando la figura de la Llacma, estando echada, que por el medio del vientre tiene hueco, no pudiendo reputarse por cosa de Idolos, sino que les daban aquella figura para variar la pieza, al modo que se hace entre las demás gentes. Otras hacian algo semejantes á las Jarras Catalanas de beber observandose tambien, que variaban en la calidad de los barros, pues se vén algunas negras, aunque en las vasijas grandes lo comun es ser blancas.
Los Indios modernos conservan sin duda el uso de las Valanzas desde la antiguedad; lasque manejan son sin fiel, consistiendo en dos asientos de calabazos chatos, suspendidos por unos hilos de un palo, con otro hilo en el medio para levantarla; las pesas son unas piedras proporcionadas á su modo, que no guardan igualdad con el marco de España. Estas les sirven para vender la Coca, el Algodon, y la Lana, que son entre ellos los generos que necesitan peso, entendiendose en todo lo demás á ojo: en las piezas de antiguedad se encuentran Valanzas pequeñas, cuyos platos son de Plata, y lo mismo la Barretilla por donde se suspende; aquellos no son llanos, sino rematando en punta al modo de Conos al revés. Estas por el tamaño parece que les servian para pesar cosa de Oro, ó Plata, porque para las de otro volumen no son suficientes: no se encuentra igual adelantamiento entre los Indios no reducidos, los quales parece no necesitar de ello, porque en sus canvalaches se entienden al tantéo. Los de la parte del Norte en el Canadá y Luisiana en el comercio que hacen con las pieles de los animales que matan de todas especies, tienen un genero de tarifa dispuesto por los Européos, Ingleses, y Franceses, y con atencion á ella está establecido lo que se les ha de retomar de las especies que son usuales entre ellos por cada piel, proporcionado á la clase de las que venden. Otro tanto sucede con los del Súr del Reyno de Chile, y con aquellas Naciones de la parte del Paraguay confinantes con los reducidos: concluyendose por ello, que el uso del peso sería introducion que hicieron los Incas en aquellas Naciones que conquistaron. No se en encuentran medidas, pero es regular que las tuviesen, las quales, considerando el modo de las de estos tiempos, serían algunas de aquellas vasijas de barro que fabricaban, pues las que ahora acostumbran para cosas liquidas y granos son unas hollitas de barro de la misma especie que las que tienen para hacer sus comidas.
Esta generalidad de cosas que se vén entre los Indios, iguales á las que fueron comunes á las gentes de las demás partes, persuade á que los que pasaron á ser Pobladores de aquellas tierras no eran en corto numero; porque para mantener las especies de muchos asientos se necesitaba que hubiese Pueblo formal de gentes que las observasen. Los antiguos Persas, Griegos, y las demás Naciones Orientales, yendo á la Guerra, tomaban figuras particulares para animar el valor y aterrorizar al enemigo: se vestían, ó se pintaban de Serpientes, de Leones, de Tigres, y de otros animales feroces, y se cubrian los rostros con mascaras, que los desfiguraban. Esto mismo han practicado los Indios y conservan todavia las Naciones que subsisten en su libertad. El uso de las plumas de los Pajaros para engalanarse, puestas en forma de Penachos, ó Garzotas en las cabezas, en los brazos, y en las piernas en forma de brazaletes, el de los carcaxes de flechas y de arcos engalanados para despedirlos, el de las lanzas para tirarse á la mano, y todo lo demás que se ha referido no dexa duda en que salieron de un mismo origen las primeras razas. El cubrirse por las espaldas con pieles de animales es otra costumbre comun, engalanandolas con pinturas, y asi miradas con cuidado las cosas de los Indios y las de los Pueblos antiguos, se hallan muy conformes, tanto, quanto son diversas y disonantes de los modernos.
En la linea de tegidos se encuentran todavia en los Entierros las Mantas que hacian para cubrirse: estas eran de Algodon; lo mas comun eran blancas, otras hacian con listas rojas y azules, cuyos tintes daban con el Achote, con diversas yervas, y con una especie de papas silvestres, llamada Chaucha, que se crian en la parte alta, y dán el color azul: aun todavia usan de ellas las Indias. Hacianlas tambien negras, y estas eran las que servian á las mugeres para Llicllas, que es una especie de manta quasi quadrada, con que se cubren las espaldas, poniendola sobre los hombros, y prendida en el pecho con un punzon, que llaman Ticpe: de estos se encuentran en los Entierros algunos, y son de Plata, pero las Indias del comun suelen hacerlo de madera, ó de espinas, de las quales se crian en los campos bien largas. Por lo que se vé al presente los Indios usaban el color blanco en las vestimentas, y las Indias el negro, diferienciandose aquellos de los del Reyno de Quito, que acostumbraban este mismo.
A excepcion de estas piezas de que se ha dado noticia, no se encuentran otras en los Entierros, y de ellas se conservan pocas; ocasionado, de que las de Oro, ó de Plata las funden, y lo mismo sucede con las de Cobre, ó Metal compuesto, sirviendose de ellas los Plateros para hacer las mezclas. Además de esto, en los tiempos presentes es con menos abundancia lo que se saca de los Entierros, que en los pasados, habiendo sido exercicio muy comun desde la Conquista hacer escavaciones en los parages donde se sospechaba que pudiese haber depositos para aprovechar la Plata y Oro que en varias figuras encerraban, fundiendolos inmediatamente, sin reparo á las idéas que podian ministrar de la antiguedad. Este mismo incentivo es el que ha ocasionado la ruina de los edificios, que segun la solidéz con que estaban trabajados hubieran durado algunos siglos, sin mas que dexarlos al curso y accidentes regulares de los tiempos.