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MARCELA
Entre tanto, ni desprecio
a los hombres ni los busco.

(III, 13)                


 

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MARCELA
mas mientras llega ese día,
¿yo marido? Ni pintado.

(III, 13)                


 

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MARCELA
Quiero, pues, mi juventud
libre y tranquila gozar,
pues me quiso el cielo dar
plata, alegría y salud,

(III, 13)                


 

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MARCELA
Aun no soy tan vieja, tío,
que me tenga sin dormir
el ansia de pronunciar
en los altares un sí.

(III, 1)                


 

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Así, D. Timoteo es caracterizado por su uso abusivo de sinónimos y su verbosidad:

TIMOTEO
En tus manos aleves
va a morir mi nacimiento.
A tal ruina, a tal estrago
ya no hay paciencia que baste.
Ayer rompiste o quebraste
mi Baltasar, mi rey mago.
Hoy, con los zorros fatales,
me has hecho trozos, añicos,
dos pastores con pellicos,
o si se quiere, zagales.

(I, 1)                


El idiolecto de D. Martín (expeditivo, vivaz, soberbio hablador) se caracteriza por el casticismo y la expresión popular: «meter baza, soltar la sin hueso» (II, 5), «no me morderé la lengua» (II, 5), «si no canto reviento» (II, 5), «pecho al agua» (II, 5), «estoy con el credo en la boca» (II, 5), «¡Digo!» (II, 5), «¡Qué diablos!» (II, 9), «pierdo la chaveta» (II, 9), «cada uno cuenta la feria como le va en ella» (III, 5), «andar a salto de mata» (III, 5), son expresiones que salpican sus parlamentos y sirven para caracterizarlo. Su relación con Marcela se plantea en términos militares: «Mucho me engaño/ o la hago capitular» (II, 9); y es quien explicita, mediante léxico de torneo, la competencia entablada entre los pretendientes por la mano de Marcela: («Declarar/ formalmente nuestro amor/ a la viuda y cada cual / ver cómo puede rendirla [...] Al que venza/ su fortuna le valdrá/ y el que quedare vencido/ ceda el campo a su rival.» - II, 9).

Lo característico en la caracterización léxica de Amadeo es la instalación del personaje en el campo léxico del amoroso penar. Las expresiones que lo constituyen son: «enamorado, muerto, pesar, moriré, dolor, soportar ultrajes, ¡oh voz que el alma me roba! (I, 8), cadena feliz, muero, amor me hiere, hondos gemidos, llanto infeliz, me consumo, me atormentan mil penas (II, 4, la letrilla), triste, desvalido, ¡ay!, lloraré mi desventura en amarga soledad (II, 9), cárcel hórrida y oscura, tortura (II, 9), destino aciago, tumba, elegías, huesa, llorad (III, 12)». En su relación con Marcela, la clave léxica es la de la posesión: «Hazme dueño de Marcela/ y cuanto quieras te doy.» (I, 5).

D. Agapito es caracterizado mediante diversos procedimientos idiomáticos: por el léxico galicista (dicho por él o a él referido): «pul, padetú, marabús (I, 3), gavota (I, 8), balancé» (II, 1); también por los diminutivos (puestos en relación con su afeminamiento): «Marcelita (I, 7 y I, 10), negrito (II, 8)»; o el léxico de los dulces: «pastillas de esencia de vainilla, caramelos, pastillas de las que gasta la donna soprano (I, 1), de licor, de marrasquino o de ron (I, 7), bombones, capuchinos, garrapiñadas, yemas acarameladas, pastillas superfinas (II, 9), diaboline (III, 7)»; el léxico de lo musical también sirve para caracterizarlo, como puede verse en el momento, de importancia funcional grande, de la declaración amorosa mediante el billete. La índole de su relación con Marcela la revela el léxico del triunfo (al que se une, una sola vez, la posesión): «Ya triunfé de don Martín. /Mía es Marcela.» (I, 2); «Mi triunfo/ así será más plausible, /más solemne, y mis rivales...» (III, 7); «¡Bravo! La victoria es mía./Esta noche se despiden mis rivales, y no bien/ me dejen el campo libre/ trataremos de la boda.» (III, 8).

La caracterización idomática de Juliana no está tan definida. Su idiolecto coincide con el de D. Martín en la expresión popular, castiza o viva: «pecho al agua, Voto a San..., perder la chaveta» (III, 5), o en la frase hecha: «no se ande usted por las ramas» (I, 4).

Marcela, por su parte, queda como personaje neutro en cuanto a la caracterización idiomática.

 

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Abundan tiradas de este tipo:

MARCELA
¿Usted aquí, mi amigo?
Muy buenos días.
MARTÍN
Estoy
a los pies de usted, señora.
AGAPITO
Saludo a usted....
MARTÍN
Servidor.

(I, 7)                


 

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En Marcela hay otros tres monólogos. El más interesante, en cuanto a funcionalidad, es el que efectúa Juliana (en III, 6) sopesando la situación en que se encuentra la trama antes de que se produzca la decisión de Marcela sobre sus pretendientes. Los otros dos se dan en I, 6 y III, 8. El primero es de D. Martín y tiene como función permitir la transición de personajes; el segundo (en III, 8) es también técnico. En él D. Agapito vuelve a ufanarse, a solas, de igual modo que un momento antes había hecho ante Juliana; el monólogo sirve para permitir que la salida de Juliana no coincida con la llegada de D. Martín y D. Amadeo.

 

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«Jamás debe ponerse en boca de un actor un monólogo dirigido expresamente a los espectadores, y sin otro fin que instruirlos de algunas circunstancias de la fábula que necesitan conocer. [...] Cualesquiera que sean la necesidad y el valor de este resorte dramático conviene servirse de él, si no se puede evitar, con mucha economía, con la mayor discreción».


(«De los monólogos», en Diez Taboada y Rozas, 1965: 327)                


 

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«Los modernos se aprovechan con alguna mas circunspección de este recurso del arte; pero generalmente se abusa de él con notable perjuicio de la verosimilitud».


(«De los apartes ó palabras pronunciadas por un actor como para sí mismo en presencia de otros», en Díez Taboada y Rozas, 1965: 126)                


 

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«Ya que no sea posible desterrar los apartes absolutamente de los poemas dramáticos, obligado está el poeta á combinar su fábula y disponer sus escenas de tal modo que rara vez necesite de ellos; y cuando los use, por no poderlos evitar, busque arbitrios el ingenio para hacerlos, si no enteramente verosímiles, soportables, á lo menos. Lo primero que deben evitar es que sean largos, porque producen muy mal efecto».


(Ibid)