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1

Como Juan Díez Taboada y José Manuel Rozas hicieron notar (Manuel Bretón de los Herreros. Obra dispersa. El Correo Literario y Mercantil. Logroño, IER, 1965) y yo mismo tuve ocasión de corroborar y puntualizar más tarde (M. A. Muro, El teatro breve de Bretón de los Herreros. Logroño, IER, 1992), la poética que sustenta Bretón de los Herreros en su teatro se asienta en varios conceptos básicos (expuestos, algunos de ellos, por él mismo en sus artículos sobre teatro): a mi modo de ver, el primero en importancia es el que el propio autor denomina efecto teatral (que, muy posiblemente, habría que entender, de modo simple, en su dimensión pragmática, como fascinación al público y consiguiente consecución del éxito; junto a él, y ya en la vertiente propiamente estética, la comicidad (la búsqueda de la sonrisa o risa y, en suma, de la diversión del espectador) y, como pondré de relieve a continuación, la ironía teatralizante; verosimilitud, respeto a la «ley de las tres unidades» y finalidad moral de la comedia, ceden, a mi juicio, ante los anteriores conceptos.

 

2

Cuando no hay coincidencia en la valoración que los personajes hacen de otros personajes, la opinión de mayor valor funcional es la de Marcela, ya que ella se constituye en juez. Huelga decir, sin embargo, que la composición acabada del personaje solo la obtiene el espectador (superdestinatario); sea el caso, por ejemplo, de D. Martín: digan lo que digan de él los otros personajes y lo que sancione Marcela, el espectador, con más información, sabe que su actuación está movida por el cálculo.

 

3

Y repetido con escasas variantes, como hizo notar Agustín del Campo.

 

4

Como en otros elementos constitutivos de la comedia, también en los personajes se produce una ampliación sobre los que constituyen el «dramatis personae». Así se hace referencia a personajes latentes como los criados (Juanillo -de quien se dice que es un «avestruz» y un «inútil»-, Bonifacio -un «gandul»-, Felipe y la cocinera), Gertrudis, la criada de la casa de al lado, cuyo dueño es Pedro Eguíluz; la dueña de una casa de la calle, D.ª Rita; en el relato de D. Martín, además, se singularizan otros dos personajes: D. Facundo Valentín Pérez y Pérez («furibundo hablador») y el ayudante Mendoza.

 

5

Alguna crítica (Ochoa, 1836: 1-4) ha querido ver tras este tipo de planteamientos una confluencia de la visión bretoniana con la romántica, que enjuició el mundo como farsa, como mascarada que ocultaba la realidad tras la máscara. Pero el planteamiento teatral es tan antiguo y el tono de Bretón tan ligero, que, en el caso en que esa confluencia se diera, el contacto habría de ser extremadamente leve.

 

6

Marco con trazo continuo la escenas de mayor funcionalidad.

 

7

MARCELA
Hoy hace un día admirable.
AGAPITO
Casi, casi, pica el sol.
MARTÍN
Se equivoca usted; no pica.

(I, 7)                


MARTÍN
Hoy pasó mi regimiento
revista de comisario.

(I, 5)                


 

8

TIMOTEO
Porque te dan tus haciendas
una renta de dos mil
y quinientos pesos fuertes,
que hoy día es un Potosí.

(III, 1)                


 

9

MARTÍN
mal hará
si no es [lo que publica] alguna espantosa
novela donde haya espectros,
y violencias y mazmorras,
y almas en pena y suicidios...
y, en fin, eso que está en boga.

(I, 8)                


 

10

MARTÍN
el morirse
de amores ya no está en uso.

(III, 13)