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El tema de este artículo fue objeto de una comunicación presentada en la sesión científica celebrada por la Sociedad Española de Estudios Clásicos, el 19-XII-1963. Su redacción actual se beneficia de las importantes observaciones formuladas en aquella sesión por los señores Calonge, Hernández Vista y Rodríguez Adrados, amigos a quienes me es grato reiterar ahora explícitamente mi reconocimiento.

 

2

«Estructura de la categoría verbal “modo” en latín clásico», Emerita 25, 1957, pp. 449-486. Citaré en adelante Estructura...

 

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«Latencia y neutralización, conceptos precisables», Archivum 8, 1958, pp. 15-32.

 

4

A. García Calvo, «Preparación a un estudio orgánico de los modos verbales sobre el ejemplo del griego antiguo», Emerita 28, 1960, pp. 1-47. Citaré Preparación...

 

5

P. 2, n. 3.

 

6

F. Rodríguez Adrados, Evolución y estructura del verbo indoeuropeo, Madrid, 1963, pp. 546-547.

 

7

Leumann-Hofmann-Szantyr, Lateinische Grammatik II, München, 1963, p. 325. Citaré en adelante Syntax...

 

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Seguiré empleando, para las tres funciones bühlerianas del lenguaje, la misma terminología que en Estructura..., bastante difundida entre nosotros. Para que pueda ser interpretada inequívocamente, recuerdo a continuación los paralelismos (bien sé que tal vez no equivalencias absolutas) terminológicos, en cuanto aplicada a la teoría de los modos, entre los términos castellanos de la traducción de la Teoría del lenguaje, por D. J. Marías, Madrid, 1961, pp. 51-52 -referidos: A) a la primera exposición del propio Bühler en su presentación programática respecto a las funciones del lenguaje (1918); B) a la modificada para la obra que he indicado por el propio autor y con la misma intención; C) al carácter del signo lingüístico según sus funciones-, los términos empleados por el docto García Calvo en Preparación..., y recogidos por F. R. Adrados (D), y los de Estructura... (E):

A B C D E
manifestación expresión síntoma (usos) expresivos síntoma
repercusión apelación señal (usos) impresivos actuación
representación representación símbolo (usos) lógicos exposición

Los usos 1.º, 2.º y 3.º de los modos de García Calvo los seguiré designando según las tres nociones básicas respectivas: modalidad (de la frase), actitud (del hablante), inflexión (por régimen o subordinación). Este último término lo «heredo», por así decir, de don Andrés Bello, para quien -como debería ser bien sabido- constituía la única noción básica de la categoría modo (por esto, para él, amaría era indicativo, porque sale en las mismas secuencias que otros tiempos de este modo -amaba, había amado- en sus relaciones con un mismo verbo regente: «dijo que había amado, amaba, amaría», inflexionados respecto a «amé, amo, amaré» que podría haber si no fuesen en dependencia de «dijo»). Cosa olvidada, tal vez, por tantos que han seguido definiendo el modo a la alejandrina nada más -como actitud- y han pretendido recoger del magisterio de Bello el carácter de indicativo para el irreal amaría. Para ello habrían tenido que ceñirse en la definición de modo, prescindiendo de referencia a objetividad y subjetividad o similares, a la definición del maestro, Gramática castellana § 450 (p. 164 de la ed. de Buenos Aires, 1975): «Llámanse modos las inflexiones del verbo en cuanto provienen de la influencia o régimen de una palabra a que esté o pueda estar subordinado».

 

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Pp. 462-463: «Entre las formas de los llamados modos personales, procede situar inmediatamente no en oposición a todos los restantes, lo mismo por sus características en el significante -así morfemáticas (desinencias peculiares, incluida la cero de 2.ª sing. act.) como sintagmáticas («sujeto» en vocativo si es de 2.ª persona)- que por su valor en el significado, en cuanto expresión de uno de los fines del lenguaje, la «actuación», característica de todos los usos del imperativo latino como tal; las mismas razones porque se aísla el vocativo, caso de la actuación, frente a todos los demás en la flexión nominal.

Frente, pues, a los otros modos, propios de la «exposición» y del «síntoma», el imperativo del latín clásico se emplea exclusivamente para «actuar» sobre el interlocutor. La inexistencia en esta lengua de imperativos usados para alguno de los otros fines, por ejemplo, para la «exposición», como es el caso del llamado imperativo narrativo, permite precisar fácilmente el sentido de esta oposición entre el imperativo y los restantes modos personales. En ella el imperativo es el término caracterizado: sólo aparece como modo de la actuación; frente a él, se le opone al archivalor de los restantes modos como término no caracterizado, con los dos valores típicos de estos términos: el negativo, en cuanta expresan la no actuación, y el indiferente, en cuanto no es imposible que expresen la actuación. Del valor negativo huelgan los ejemplos, por ser el más corriente en el uso de los otros modos; en cambio, el valor indiferente de todos ellos tal vez necesite ser justificado, para lo que puede servir la siguiente serie de ejemplos del empleo de cada uno de ellos fuera de las zonas del «síntoma» y de la «exposición» y dentro de la «actuación» precisamente: indicativo, post nonam uenies, non furtum facies; potencial, sic uenias hodierne, ne feceris; irreal, ne poposcisses!»

 

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O. c., p. 546.

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