Escena II
|
|
|
DON DEOGRACIAS, un
JOCKEY.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Diga usted, ¿es cosa de llevar
la respuesta?
|
|
JOCKEY.-
Como usted guste; pero, la verdad:
entiendo que mi amo debe marchar esta mañana; ahora mismo voy yo a
buscarle con el tílburi para dejarle en un coche francés; va por
ocho o diez días a una casa de campo que tiene junto a Buitrago.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) Qué plan me
ocurre tan soberbio; un poco atrevido, eso sí -¿dice usted que se
va por ocho o diez días?
|
|
JOCKEY.-
Así lo ha dicho.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) ¡Bravo! Mi mujer
y mi hija sólo de oídas le conocen; están entusiasmadas
por él... dicho y hecho, en ocho días hay tiempo para volver el
juicio a una muñeca de dieciséis años.
|
|
JOCKEY.-
Este hombre es cachazudo.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Conque dará usted esta
respuesta al señor conde ahora mismo?
(Le da la carta.)
|
|
JOCKEY.-
Sin duda.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Y después le deja usted
en su coche francés?
|
|
JOCKEY.-
Cierto.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Y después... eh?
|
|
JOCKEY.-
(Aparte.) Vaya un preguntar. -Y
después, después, como me quedo libre, no sé lo que
haré.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
No lo pregunto con falta de misterio;
es preciso explicarme. Usted parece un excelente sujeto, callado, fiel...
|
|
JOCKEY.-
Señor... mi amo no tiene queja
alguna de mí.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Porque... tiene usted cara de serme
útil hoy.
|
|
JOCKEY.-
En cuanto no se oponga con el buen
servicio del señor conde...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Nada de eso... y por último yo
soy agradecido, a duro por hora, todo el día; tome usted para
empezar.
|
|
JOCKEY.-
A ese precio mande usted, y no
quedará usted descontento del desempeño: ¿qué es lo
que hay que hacer?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Volver aquí en derechura con el
tílburi en cuanto haya usted dejado a su amo; si en casa le echan a
usted de menos...
|
|
JOCKEY.-
Eso corre de mi cuenta:
¿qué más?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Pues señor, después...
pero calle usted, es mi mujer, silencio.
|
Escena IV
|
|
|
DON DEOGRACIAS,
DOÑA BIBIANA.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Vamos, tú también
estás pesado, ¿es cosa de que no almorcemos hoy?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Mujer
(Aparte.) (ánimo y
empecemos la grande obra) estaba contestando, como era regular, al criado del
señor conde del Verde Saúco.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿El conde del Verde
Saúco? ¿Ha vuelto ya de París? ¿Y contigo
qué asuntos puede...?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Sí, señora, ha vuelto;
mira tú si ha vuelto, que él mismo, en persona va a venir...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿A casa?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
A casa; hoy me escribe que
atraído por la fama de nuestra Julia, la conoce, y la quiere...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿Qué dices?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Mira tú si la querrá; me
la pide en matrimonio. ¿Eh? ¿Qué te parece?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿Es posible? ¡Dios
mío! Yo voy a perder el juicio; ¿mi hija condesa del Verde
Saúco? ¿Y querías casarla con ese tapicero? Habla ahora,
si te parece.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Pero, ¿quién
había de figurarse...?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Pues ahí verás;
¿quién? Yo... habla ahora por Bernardo.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
En verdad, mujer,
(Aparte.) (disimulemos) que en
vista de estas cosas casi me inclino a pensar como tú; en fin, yo le he
respondido que puede venir.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Muy bien hecho, ¿y qué
le habías de responder? Yo que tenía tantas ganas de conocerle...
el primer elegante de Madrid, como quien dice. ¡Julia, Julia, Francisco,
Pascasio, hola, criados!
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Ya prendió la yesca.
|
Escena V
|
|
|
DON DEOGRACIAS,
DOÑA BIBIANA,
FRANCISCO.
|
|
FRANCISCO.-
Señora, ya está listo el
almuerzo desde las diez, y van a dar las doce...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Déjanos de almuerzo;
¿quién ha de tener gana de almorzar?
|
|
FRANCISCO.-
Señora... yo no sé...
como usted dijo...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
No tenemos otra cosa que hacer
más que almorzar, salvaje; mire usted si hay tiempo de almorzar en todo
el día; arregla esas sillas, límpialas.
|
|
FRANCISCO.-
Si están limpias.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
No importa, bruto, saca aquí
los floreros. Mira, antes ven aquí; esperamos dentro de un instante una
visita, un joven muy elegante; al momento que vaya a entrar vienes tú
delante de él, abres la mampara, le anuncias... como se hace en todas
partes.
|
|
FRANCISCO.-
Sí, señora, pero
¿cómo he de decir?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿No lo has oído ya?
«El señor conde del Verde Saúco».
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) Bien hace en pensar en
eso; yo no tenía ya tiempo de avisar a Bernardo; con eso se oirá
anunciar, y sabrá quién es.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Oyes, y para eso ponte la levita azul
con el vivo encarnado.
|
|
FRANCISCO.-
Está muy bien.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Julia! Esta chica... El caso es
que yo ya no tendré tiempo de mudarme este vestido.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
No importa, mujer: como tú
dices, estás en un agradable
négligé.
(FRANCISCO se va
después de haber limpiado las sillas y sacado los floreros.)
|
Escena VII
|
|
|
DOÑA BIBIANA,
DON DEOGRACIAS,
JULIA,
FRANCISCO anunciando, y
BERNARDO elegantemente vestido.
|
|
FRANCISCO.-
El señor conde del Verde
Saúco.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Se adelanta y le coge las manos,
procurando unas veces no dejarle hablar, y otras instruirle por lo
bajo.) ¡Señor conde del Verde Saúco!
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¿Qué es
esto? ¿Yo conde?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¡Señor conde!
(Bajo.) Déjese usted
llevar, sí, conde, conde.
(Alto.) Usted haciéndome
tanto honor... ciertamente que me considero muy feliz recibiendo en mi casa al
primer elegante de Madrid...
(Bajo.) Diga usted algo.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Señor conde...
|
|
BERNARDO.-
Señora, yo no soy...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Bajo.) Sí, elegante,
muchas contorsiones. -Sí señor: a ver, una silla al señor
conde. Tengo el honor de presentaros al señor conde del Verde
Saúco, de quien acabamos de recibir esa carta pidiéndonos nuestra
hija en matrimonio.
(Bajo.) Hombre, calle usted, y
siga usted adelante.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Señor conde...
|
|
BERNARDO.-
Pero señora, si... yo no soy...
(Aparte.) Esta ficción me
vuela.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Bajo.) Sí es.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) Bueno. -Señora,
yo no soy... el menos honrado en estas circunstancias.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Agradezco mucho en verdad tantas
atenciones como debemos al señor conde, y creo que mi hija... -Julia,
vamos- participará de mis sentimientos...
|
|
BERNARDO.-
Señora...
(JULIA levanta la cabeza, y
se ven los dos.)
|
|
JULIA.-
(Aparte.) ¡Dios mío!
¡Él es!
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¡Cielos! Mi
desconocida: ¡qué fortuna!
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Vamos, hija, ¿qué
tienes?
|
|
JULIA.-
Nada, mamá.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Saluda al señor conde.
|
|
BERNARDO.-
Esta señorita me
dispensará de haberme tomado la libertad de introducirme tan pronto, y
sin contar primero con su beneplácito.
|
|
JULIA.-
¡Ah! Ciertamente que está
usted perdonado.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Pero el señor es, si no me
engaño, el mismo que la otra noche en la calle de Valverde
(Aparte a
JULIA.) el que te ha seguido.
|
|
JULIA.-
(Aparte a
DOÑA BIBIANA.) Sí
mamá. Sí... yo conozco al señor conde.
|
|
BERNARDO.-
Efectivamente, señora, no es
ésta la primera vez que nos vemos; ni cómo hubiera yo podido de
otra manera prendarme de esta señorita, y...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Sí, noches pasadas; en aquel
bailecillo... estaría usted de incógnito allí... el
viernes.
|
|
BERNARDO.-
Sí, el viernes; en la calle de
Valverde, cuarto segundo, un baile de poco más o menos: yo no
había ido nunca; pero acababa de llegar; no sabía en qué
pasar la noche; un amigo se empeñó en llevarme, y ciertamente no
estoy arrepentido, pero tuve ocasión de conocer a ustedes. Pero
qué baile... tampoco había más que dos hermosas con quien
se pudiese hablar; así fue que no me separé de ellas en toda la
noche.
|
|
JULIA.-
(Bajo a su madre, mientras que
BERNARDO y
DON DEOGRACIAS hablan entre sí.)
¡Ah mamá! ¡Qué guapo, qué fino es!
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Ah! A éstos que lo son
desde la cuna, cómo se les conoce, a legua; no se pueden equivocar.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(A
BERNARDO.) Por Dios que es casualidad; con
que usted las vio, sin saber quiénes eran.
|
|
BERNARDO.-
Esto es.
(Se dirige a hablar a
DOÑA BIBIANA.)
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) Vea usted.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Pues aquí también fue
casual el ir; pero mi Deogracias había debido favores en otro tiempo al
marido de la hermana mayor, la loquilla aquella que estuvo toda la noche
bailando con el guardia de corps, y chichisbeando, y...
|
|
BERNARDO.-
Sí.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Y por eso fuimos; pero qué
noche pasé...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Espero, señor conde, que usted
querrá acompañarnos a almorzar.
|
|
BERNARDO.-
¿No han almorzado ustedes
todavía? ¡Oh! Eso es del gran tono; enteramente como yo.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Almorzamos tarde, muy tarde.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¡Oh! El señor conde
almorzará por la tarde, como quien dice...
|
|
BERNARDO.-
Sí, señor, no me gusta
levantarme por la mañana; almuerzo mi
bistec o mi
rosbif a la inglesa; como por la noche a la
francesa...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿No comerá usted cocido
nunca?
|
|
BERNARDO.-
Señora, cocido... jamás;
y ceno...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Por la mañana, ¿eh?
|
|
BERNARDO.-
Sí, señor.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Cómo me gusta ese
arreglo!
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Conque almorzará usted
con nosotros?
|
|
BERNARDO.-
Con muchísimo placer.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
(A
DON DEOGRACIAS.) ¿Qué haces?
Mira que no tenemos quién sirva.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Y qué importa? El
señor conde traerá sus criados.
|
|
BERNARDO.-
Mis criados... Efectivamente, los
tengo...
(Aparte.) Este hombre...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Francisco, el almuerzo; y el jockey
del señor conde que entre.
|
|
BERNARDO.-
¡Jockey!
|
Escena VIII
|
|
|
DOÑA BIBIANA,
DON DEOGRACIAS,
JULIA,
BERNARDO,
FRANCISCO que sirve el almuerzo, el
JOCKEY.
|
|
JOCKEY.-
(A
BERNARDO.) Vengo a saber las
órdenes de V. S.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) Pues señor,
está visto, hay que dejarse llevar.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Acercándosele, mientras que ellas
se miran al espejo y componen el peinado.) Bernardo, por Dios, que es
usted el conde del Verde Saúco hasta el último trance, o no se
casa usted con mi hija.
|
|
JOCKEY.-
Señor, lo que V. S. mande.
|
|
BERNARDO.-
Me parece que te puedes ir, o si no te
puedes quedar.
|
|
JULIA.-
(Asomándose al
almacén.) ¡Ay, qué bonito tílburi!
|
|
JOCKEY.-
Es el de mi amo el señor
conde.
|
|
JULIA.-
¡Ay qué bonito,
mamá, mire usted!
|
|
BERNARDO.-
(A
DON DEOGRACIAS.) ¿También
tílburi? ¿Cómo saldremos de esto?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿A usted qué le importa?
-Vamos, señor conde, siéntese usted.
|
|
BERNARDO.-
Permítame usted...
Señoras. -Vamos,
(Buscando para sí un
nombre.) Simón, Pedro... -Mi jockey, Rodolfo,
sírvenos.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
El señor conde nos dará
noticias de París.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) Ésta es
otra.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿Cómo deja usted
París?
|
|
BERNARDO.-
No hay novedad particular; ya ve
usted, París...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Oh! Yo lo creo:
¿qué ópera nueva se echaba cuando usted vino?
|
|
BERNARDO.-
Precisamente, cuando yo vine...
¡Oh!, muy bonita.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿Cómo se titula?
|
|
BERNARDO.-
La... la... la, la, la,
¡qué fatalidad!... No acordarme yo ahora; y todo el día la
estoy tarareando.
(Aparte.) ¡Por vida de...
-en fin, muy bonita!
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Ya ve usted, París... aquello
será un gentío inmenso...
|
|
BERNARDO.-
Y aquí de ópera
¿cómo estamos?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Digo que aquello será un
gentío.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¡Vuelta!
-Señora, es una confusión; no se puede dar un paso; en fin, es
una liorna. ¿Y aquí de ópera?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Diga usted, ¿y qué
vestidos llevan las señoras a los bailes?
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¡Por vida
mía! -Señora, yo no reparo; pero... sin embargo, muy bonitos.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Yo lo creo: ¿qué telas
son las más?...
|
|
BERNARDO.-
Sí, señora, de varias
telas.
(Aparte.) Estoy frito.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
(A
JULIA.) Hija mía, distraído,
como todos estos señores.
|
|
BERNARDO.-
(A
DON DEOGRACIAS.) ¿Y la ópera
aquí?...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Buena, muy buena; pero desentonan los
coros.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Eso no sucederá en
París; ¿no es verdad, señor conde?
|
|
BERNARDO.-
¡Qué!, no, señora;
ya ve usted...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Ya me hago cargo, allí... sino
que aquí en España, como somos así... tan...
|
|
JULIA.-
Al señor conde le
gustará mucho hablar de París... como es tan bueno...
|
|
BERNARDO.-
Sí, señora, mucho.
-Conque aquí la ópera...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Usted no faltará
nunca?
|
|
BERNARDO.-
No, porque me guardan mi billete; ello
cuesta más; pero es preciso desengañarse; es imposible concluir
con los revendedores. Y usted, señor don Deogracias, ¿no es
apasionado de la ópera?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
(Aparte.) Verá usted
cómo dice alguna brutalidad.
(Le pellizca.)
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Sí señor, mucho; pero de
música... -mujer que me atenaceas- yo no entiendo una nota; y me gusta
más ir al Pelayo de Quintana o al Viejo y la Niña de
Moratín que a la ópera.
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¿No lo dije? No haga usted
caso, señor conde; mi marido no está en el tono; es un
español, muy español, y nada más.
(A
DON DEOGRACIAS.) ¡Bruto! Tú
me has de avergonzar por todas partes.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Pero mujer... En fin, ¿te gusta
el conde?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Qué fino!
¡Cómo se conoce que viene de París! ¡Qué
maneras! A no ser quien es.
|
Escena IX
|
|
|
Dichos, el sastre
BORDERÓ.
|
|
BORDERÓ.-
Felices, señor don Deogracias.
Hola, ¿están ustedes comiendo ya? ¿Irán ustedes a
los toros? Abur, doña Bibiana.
(La da en el hombro.)
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Caballero, ¡qué
franqueza! Tenga usted la bondad de reportarse; para la primera vez que me ve
usted no deja de tener desembarazo; si busca usted a mi marido... vamos,
hombre, despacha al señor.
|
|
BORDERÓ.-
La primera vez que la veo...
¡Ah!, ¡ah!, ¡ah!, señora, perdone usted; yo
pensé que el sastre Borderó, como antiguo parroquiano...
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Deogracias, ¡qué
impertinencia! Usted, señor conde, excusará...
|
|
BERNARDO.-
¡Señora!
|
|
BORDERÓ.-
¡Señor conde! Hola, esta
casa va subiendo como la espuma.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Le lleva al lado opuesto.) No
haga usted caso de mi mujer.
|
|
BORDERÓ.-
No, no vale la pena. Vengo por el
terciopelo
gris perle, y es preciso...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Hombre, si pudiera usted volver...
porque... la verdad, estamos en este momento haciendo los honores al
señor conde del Verde Saúco, que almuerza con nosotros.
|
|
BORDERÓ.-
El conde del Verde Saúco:
¿ha venido ya? ¿Quién es, aquél?
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Sí señor; pero, hombre,
no mire usted con ese descaro: conque vuélvase usted a otra hora.
|
|
BORDERÓ.-
¡Qué casualidad!
Precisamente le ando buscando por todas partes, porque desde que se fue a
París me dejó una pella del cuatro mil reales por un
surtút, un
habit de chase y un
corsé...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Hombre, en mi casa... ¡Estamos
frescos!
(Aparte.) Esto es lo que yo no
había calculado.
|
|
BORDERÓ.-
Quite usted, verá usted.
-Señor conde, señor conde del Verde Saúco.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¡Diantre! Apenas
he tomado posesión del título, y ya todo el mundo me conoce.
-¿Qué quiere usted?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
¡Qué insolencia!
|
|
BORDERÓ.-
¿Vuestra señoría
es el conde del Verde Saúco?...
|
|
BERNARDO.-
Sin duda, vamos, acabe usted.
|
|
BORDERÓ.-
Señor, soy el sastre
Borderó, me he presentado varias veces en la fonda donde está V.
S.
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) En la fonda. Esto es
cosa del padre; bueno.
|
|
BORDERÓ.-
Y siempre me han despedido, ese mismo
criado que trae V. S.; que V. S. no estaba visible, que tal, que...
|
|
JOCKEY.-
Las órdenes del señor
conde.
|
|
BERNARDO.-
Bien, está bien; calla
tú; ¿y qué?
|
|
BORDERÓ.-
Yo he respetado esas órdenes...
pero al fin tengo aquí una letra aceptada por V. S. y endosada a mi
favor, cuyo término ha expirado.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) Por San Telmo; lo hemos
echado a perder. -Señor Borderó, el señor conde
está en mi casa ahora, y...
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) ¡Cómo
disimulan! -Corriente... esa letra... veamos:
(La ve, y dice aparte.)
éste es golpe del padre; de gentes elegantes es tener acreedores, y
él ha encontrado uno en un momento. -Bien, cierto; pero
¿qué tengo yo que ver con esto? Es verdad que yo he
contraído la deuda, pero ¡qué! ¿Quiere usted que yo
también la pague? ¿Lo he de hacer yo todo? Véase usted con
mi contador; los hombres de mi clase no acostumbramos a pagar las deudas
nosotros mismos; ¿o cree usted que soy un cualquiera?
|
|
BORDERÓ.-
Ya sé que va mucha diferencia;
pero está sentada en el consulado, y me sería muy sensible que
por un asunto de esta clase se viese V. S. detenido...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Aparte.) Malo, todo se va a
descubrir.
|
|
BORDERÓ.-
Y preso en el consulado...
|
|
DOÑA BIBIANA y JULIA.-
¡Preso!
|
|
BERNARDO.-
Señoras, este hombre
está loco; ¿a mí? No es posible; ¿y a qué
sube, una talega, o dos?
|
|
BORDERÓ.-
Nada de eso... La bagatela de cuatro
mil reales.
|
|
BERNARDO.-
¿Y para eso me viene usted a
romper la cabeza? ¡Habrá insolencia!
|
|
BORDERÓ.-
Señor, es verdad; pero V. S. lo
debe...
|
|
BERNARDO.-
Demasiado honor le hago a usted en
acordarme de él para que me sirva, y para deberle, y para... En fin, eso
es una futesa; ahí está el señor Deogracias, tengo cuenta
abierta con él; él se lo dará a usted. -Señoras,
sigamos.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
¿Cómo, cuatro mil reales
yo?
|
|
DOÑA BIBIANA.-
Sí, hombre, ¿qué
puedes rehusar al señor conde? ¿Y qué entiendes tú
de eso, y de los estilos de etiqueta?... Dalo...
|
|
BERNARDO.-
Efectivamente, es tan poca cosa, que
yo, en igual caso, por usted...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Sí, pero usted cree que esto es
chanza, y en este momento estoy en una situación tan crítica...
(Aparte.) También
renunciar a una intriga que se presenta tan bien... tal vez se logre cobrarlo
del conde verdadero... en fin... -Señor Borderó, venga usted
conmigo.
|
|
BORDERÓ.-
Mire usted que ya estoy aquí,
me es indispensable llevar el
muaré...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Mi mujer se lo dará a usted.
(A
BERNARDO.) -Voy a dejarle a usted solo con
ella, haré llamar a mi mujer...
|
|
BERNARDO.-
Corriente, y siéntelo usted en
el libro.
|
Escena XII
|
|
|
JULIA y
BERNARDO.
|
|
BERNARDO.-
(Cogiéndola las manos, y
adelantándose sobre la escena.) Julia, qué ocasión
tan feliz, y qué dicha la mía de poder ofrecer a usted mi amor:
¿está usted triste? Ciertamente; ¿qué tiene usted,
Julita? ¿Le desagrada a usted este paso?
(Aparte.) -Qué trabajo me
cuesta fingir con ella también; ¡ah! Se paga del rango.
-¿No me quiere usted contestar?
|
|
JULIA.-
Señor conde, usted nos hace
tanto favor, que no puedo menos de estarle agradecida, de quererle bien...
|
|
BERNARDO.-
Favor, agradecimiento... es decir que
no me ama usted; si usted me amara... los amantes nunca se hacen favor en
amarse; la clase es para ellos despreciable.
|
|
JULIA.-
¿Y usted cree que para
mí no lo es? Diga usted, cuando usted me seguía,
¿sabía yo que era usted conde, y mis ojos no le decían
bastante claro que no me era indiferente?
|
|
BERNARDO.-
¡Qué oigo! Es decir que
aunque yo no fuera el conde del Verde Saúco me amaría usted.
|
|
JULIA.-
Señor conde, he dicho demasiado
para lo que es permitido a una mujer; pero ya que antes de hablarnos le
había dado a usted algunas muestras de inclinación, debo hablar.
Si usted me hubiera dado una prueba como ésta de amor, creería,
como todos, que tengo las mismas ideas de mi madre, que no aprecio sino el
oropel; pero ¡ah!, no sabe usted la pena que he sentido cuando mi madre
me dijo que el conde del Verde Saúco me pedía; se me cayó
el alma a los pies, disimulé; pero acordándome de mi desconocido,
y bien determinada a hacer al conde el objeto de mi desprecio, maldije su
clase, el afán de mi madre... y sólo cuando reconocí en
usted al mismo que ya mi corazón estimaba en secreto fue cuando
volví a gozar de la tranquilidad que creí haber huido de
mí para siempre.
|
|
BERNARDO.-
Julia, ¿será cierto?
(Aparte.) -Y he de hacer el
tramposo, el loco a los ojos de esta mujer? No. -Julia, sepa usted...
|
|
JULIA.-
¡Ay! Alce usted: ¡por
Dios! Papá viene.
|
|
BERNARDO.-
Julia, si usted me quiere...
|
|
JULIA.-
Sí, sí, cuente usted con
mi amor; pero alce usted...
|
|
BERNARDO.-
(Aparte.) Padre maldito,
¿por qué tan pronto? Hubiera sabido quién soy, que no
tengo acreedores...
|
Escena XIV
|
|
|
DON DEOGRACIAS,
BERNARDO.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Amigo Bernardo, esto...
|
|
BERNARDO.-
Esto va divinamente; deme usted los
brazos y la enhorabuena, amigo: no he perdido el tiempo; pero qué bien
lo ha dispuesto usted todo, hasta fingir el acreedor, y la letra, y...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Poco a poco, Bernardo; le
contaré a usted...
|
|
BERNARDO.-
Sí, sí, ya entiendo; es
usted un portento de habilidad.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Pero si no...
|
|
BERNARDO.-
Es claro, si no, no se podría
hacer bien; hubieran sospechado...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
No señor...
|
|
BERNARDO.-
No; así, cómo es posible
que den en ello. Pues señor, usted será hábil; pero
confiese usted que yo no le voy en zaga; me he declarado a la chica, y no
sólo he visto que me quiere, sino que la he fondeado, me he cerciorado
de que no piensa como su madre, que no me quiere por ser conde; aunque no lo
fuera me querría: ella misma me lo ha dicho, ahora, aquí, cuando
usted vino... y aquel aire de candor... No, no me engaña; y usted ha
sido un torpe en venir tan pronto...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Cómo un torpe, todavía,
después de soltar cuatro mil reales.
|
|
BERNARDO.-
Déjese usted de bromas;
sí señor; ni yo puedo ya fingir más; su hija de usted es
preciosa, y si ella no se deja llevar del oropel, es preciso que todo se
descubra, y ahora mismo voy, porque soy feliz...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
(Le detiene.) Hombre, venga usted
acá; este hombre no me deja hablar, y todo lo va a echar a perder. La
chica será todo lo que usted quiera, y le querrá a usted sin ser
conde; pero la madre no: hombre, mire usted lo que hace, por las once mil
vírgenes y todos los innumerables mártires de Zaragoza.
|
|
BERNARDO.-
No importa, la chica será
mía.
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Hombre, yo me voy a quedar sin cuatro
mil reales y sin novio; venga usted acá, loco de atar, que todo se
concluyó, si...
|
|
BERNARDO.-
Pero queriendo usted y la chica...
|
|
DON DEOGRACIAS.-
Aunque quieran todas las chicas del
barrio, si mi mujer no quiere, usted y yo y la chica y todo el barrio saldremos
arañados, y locos, y perdidos, y sin boda, y sin dinero, y sin ojos en
la cara. Sosiéguese usted, siga su papel, que mi plan no está
acabado; venga usted conmigo, aquí pueden volver y oírnos; en mi
cuarto le acabaré a usted de explicar cómo se ha proporcionado
este disfraz, y lo que hay, y lo que ha sucedido, y en fin, vamos, vamos a mi
cuarto.
|