1
Me ocupé detalladamente de las afinidades y asimetrías entre los hermanos Mansilla, tanto en los aspectos literarios como los biográficos, en Lojo, 2000, y de Eduarda en Lojo, 1998. Asimismo en la novela Una mujer de fin de siglo (1999) inspirada en su vida. Para biografía y bibliografía de Eduarda Mansilla pueden verse además: Batticuore, 1996, Sosa de Newton, 1994, Veniard, 1986.
2
Sobre el debate histórico-político y la discusión implícita con Sarmiento en Pablo, ver Lojo, 1999, y Lojo, 2000. Pablo se tradujo en forma de libro recién en 1999. Antes se había publicado una traducción en el diario La Tribuna, en forma de folletín, hecha por su hermano Lucio (Cfr. Mizraje, 1999, pp. 140-145)
3
A partir del Facundo comienza el proceso de construcción del «cronotopo» de la Pampa, por el cual se resume y subsume en la imagen pampeana el paisaje de la nación y se explica la historia de acuerdo con los intereses del proyecto liberal (Lehman, 1998). Dentro de este cronotopo, la tierra, lo rural, lo oral, resultan los términos simbólicamente devaluados.
4
David Viñas, 1999, ha visto aquí la relación «ingenua y perversa a la vez» (72) reiterada en la literatura argentina, entre el amo y el «criado favorito», que ya no es esclavo, pero que depende por completo del amo, quizá más aún que antes, por los vínculos afectivos que se vuelven el único reaseguro contra el eventual desamparo del asalariado. Fuera ya de la literatura, este tipo de vínculo está acreditado en las costumbres de la oligarquía argentina. Baste remitirse a testimonios como los de Adolfo Bioy (1997, pp. 12-13) donde narra la historia de su propia niñera negra, que toma como el mayor insulto o castigo el ofrecimiento de un sueldo (la familia compensará su trabajo en especies: hectáreas de campo que ella volverá a donar en su testamento a sus «niños» preferidos). Otro caso, más conocido, es la relación de Victoria Ocampo con Fani, su doncella asturiana, donde la jerarquía amo/criado se invierte peligrosamente a través de la censura y la implacable vigilancia que la puritana Fani ejerció sobre una patrona convertida en «hija tiranizada» (ver Schvartzman, 1996) Pero en lo que a este libro se refiere, domina, sobre ese vínculo por cierto recurrente, la deliberada borradura del dinero en aras de una «función arcádica», tanto en amos como en criados. Recuérdese además que la tarea deseada para el rebelde hijo mayor -quien solo estará dispuesto a cumplirla al final de la novela- es el cultivo de la tierra: la misma que desempeña el tío Pedro.
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Este desinterés en la emulación, que el médico ve como superflua, es precisamente una de las causas que, según Sarmiento, impiden el acceso a la civilización en las campañas pastoras -Sarmiento, 1961, pp. 35-36-: «puede levantar la fortuna un soberbio edificio en el desierto; pero el estímulo falta, el ejemplo desaparece, la necesidad de manifestarse con dignidad, que se siente en las ciudades, no se hace sentir allí en el aislamiento i la soledad. Las privaciones indispensables justifican la pereza natural, i la frugalidad en los goces trae enseguida todas las esterioridades de la barbarie». Quizá no es casual que, casi inmediatamente aparezca en el Facundo una escena que encarna el «lado noble» de la barbarie, y que no puede sino remitirnos a El médico de San Luis: el dueño de casa, un patriarca de pura raza europea, «candoroso e inocente» reza el rosario a la hora de la oración (pp. 37-38).
6
Curtius, E. R. 1955.
7
Patch, H. R. 1956, Cap. I
8
Aínsa, 1999, pp. 85-89.
9
Eliade, M., 1991.
10
De ahí también el juicio reprobatorio de críticos como Myron Lichtblau, quien observa que la narración «está demasiado cargada de los antecedentes históricos del asunto principal, en daño de los elementos puramente ficticios
» (1959, p. 26). Con esta opinión concuerda Concha Meléndez (1970, p. 175) aunque es mucho más apreciativa de los méritos artísticos de la novela.