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30

Cito por la ed. de las Obras dramáticas y líricas de D. Leandro Fernández de Moratín, París, Coniam, 1826, idéntica a la de 1825 por Aug. Bobée, t. III, p. 325.



 

31

Celso Almuiña Fernández, Teatro y cultura en el Valladolid de la Ilustración, Valladolid, Ayuntamiento, 1974, p. 94.



 

32

1º:


Y aquí, amados mosqueteros
pide el autor dos palmadas
el perdón de sus defectos.



2º:


Y dando fin, mosqueteros,



(tachada más tarde la última palabra y convertida en: «a el intento»)


pidamos todos rendidos
el perdón de nuestros yer[r]os.





 

33


El hombre que se casa
tenga por cierto
que ha de sufrir trabajos,
penas y... cuernos



(tachada la última palabra y tontamente sustituida por: «bueno», y más tarde: «fuego»).



 

34

Véase la ed. de los Sainetes de Cruz por M. Coulon, Madrid, Taurus, «Temas de España», 1985.



 

35

Colección de obras en verso y prosa de D. Tomás de Yriarte, Madrid, Benito Cano, I, 1787, p. 64 (Fábula XXXIX).



 

36

Por ejemplo en Los majos vencidos, en el que sale «señor Manuel» «de cofia y montera grande», como «juez» del hampa majesca; o El viudo, en el que el protagonista supuestamente desconsolado lleva «un gran pañuelo a los ojos».

Por otra parte, interesa ver cómo puede modificarse una acotación relativa al aspecto de un determinado personaje en función bien sea de los trajes disponibles o de la figura de los actores sucesivos que interpretan el sainete: así en El médico a su pesar dice Martina que su marido Lorenzo va vestido de negro; una misma mano lo modifica en «berde» y se arrepiente luego, volviendo al color inicial, hasta que otro «director» le pone un traje de «payo»; en El médico por fuerza, primero describe Martina a Bartolo como «un hombre largo, flaco como la quaresma, vestido de paño burdo» (recuérdese el traje de «payo» en la obra anterior); pero más tarde, por ser de estatura menor el otro cómico encargado del papel del doctor, ya queda convertido éste en hombre «bajo, feo», pero no se da cuenta el corrector de que más lejos se dice del «médico, el hombre grande» (en sentido figurado, naturalmente) que «no es muy corto», aunque pudo interpretarse esta voz como sinónima de «tímido» o «poco expresivo», lo cual corresponde bien a la personalidad de Bartolo.



 

37

José Gudiol, Goya, Barcelona, Polígrafa, 1970, II, p. 139.






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