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ArribaJornada III

 

(Sale POLO, y un PORTERO viejo.)

 
POLO
¿Sacaréisme, camarada,
de dos dudas?
PORTERO
Menos fieros.
POLO
Siempre tuve a los porteros
por gente bien informada.
Grande novedad promete 5
fiesta supernumeraria;
decid: tanta luminaria,
tanto farol y cohete,
anoche tan gran festín,
tanto mote e invención, 10
tanta gala, ¿a qué ocasión,
a qué titulo, o a qué fin?
Esto es cuanto a lo primero;
lo segundo -¿estás de espacio?
Claro está- ¿por qué a palacio 15
corre el vulgo tan ligero?
PORTERO
En aquesto vengo y voy;
después os responderé.
¿Quién os ha dicho, y de qué
sabéis que de espacio estoy? 20
POLO
No es la presunción extraña,
supuesto que considero
el espacio en un portero
que en un pescador de caña.
Tan grande flema es estar 25
con su carrete y cestica,
viendo si pica o no pica,
como el abrir y cerrar
una puerta con tanto ojo,
por el nudo del postigo, 30
viendo si es señor o amigo,
con la mano en el cerrojo.
De espacio estás; desatad
las dudas que dificulto,
si bien de lo más oculto 35
es el eco la ciudad;
aunque a las voces atenta,
el interés de que nace
su discurso, ella se hace
sin la huéspeda la cuenta; 40
pues no se ha soñado acá,
y más, si es en su provecho,
cuando ya lo dan por hecho.
PORTERO
Que discurran, ¿que se os da?
POLO
Pudiera dárseme algo. 45
¿Vos no queréis responder?
PORTERO
Eso es venir a saber,
o a moralizar, hidalgo.
POLO
¿Pregunto?
PORTERO
Es cosa molesta
preguntar dos cosas juntas; 50
mas oíd, que a dos preguntas
satisfará una respuesta.
Rosimunda...
POLO
Ya sé yo
que ha partido la corona
con el duque de Verona, 55
Leoncio; y sé que prendió
al de Lorena, y que ha un mes
que a una torre le llevaron;
que los dos se desposaron,
y que quisieron después 60
coronarse; y no han podido
hasta hoy, que está dispuesto.
PORTERO
Al menos no sabréis esto:
Albisinda...
POLO
Ya he sabido
-tened, no me repliquéis- 65
de Albisinda la afición.
PORTERO
Sois un nuevo Salomón,
porque todo lo sabéis.
Eso es lo más que yo puedo
deciros. ¿Qué me queréis? 70
POLO
Quiero que vos me informéis;
que pienso que es todo enredo.
Decid, pues que estáis de espacio,
que da grande autoridad
decir allá en la ciudad: 75
«Esto he sabido en palacio.»
Grande introducción promete
cuando uno dice muy vano:
«Esto me dijo un enano;
aquello oí en el retrete; 80
ayer hablé a un consejero,
hoy a una dueña de honor;
aquello de un gran señor
supe, y esto de un portero.»
Diré agora y deste modo, 85
aunque nunca sea verdad,
dando en todo autoridad,
me darán crédito a todo.
PORTERO
Yo os concedo el silogismo;
mas concederos no quiero 90
que le sabéis de un portero,
sabiéndolo de vos mismo.
POLO
Oíd.
PORTERO
Ya estáis importuno.

 (Dentro.) 

¡Plaza!
PORTERO
El rey, y gracias a Dios
que me ha librado de vos. 95
POLO
Preguntaré uno por uno,
a cuantos fueren pasando,
las novedades; pues dellas
mi amo gusta, que a sabello
me envía, y queda esperando. 100
 

(Salgan ROSIMUNDA, LEONCIO ya rey, el SENESCAL con un estoque desnudo al hombro, y un soldado con una fuente, con corona y cetro, y siéntense los dos.)

 
LEONCIO
Ya, ilustres longobardos, que el destino,
o la traición de Flabio, dio en Verona
ocasión a la muerte de Alböino,
vuestro rey, y elegistes mi persona
-dicha que debo a Júpiter sagrado 105
y a vosotros después, que esta corona
en mis sienes habéis depositado-,
pretendo que sepáis que la poseo
en tanto que Albisinda toma estado.
Feliz quien mereciere tal empleo, 110
como no case con el duque Flabio,
pues de tan gran delito ha sido el reo.
ROSIMUNDA
¿Qué respondéis? En esto no hace agravio
a la infanta, ni al reino.
SENESCAL
Gran señora,
todos le obedecemos. (Miente el labio-, 115

 (Aparte.) 

que es un tirano y ella una traidora.
Cuando no fue leal el de Verona,
valiente ha sido, y mucho más agora
en no rendir la vida a tanta pena.)
ROSIMUNDA
¿Qué dice el Senescal?
SENESCAL
(Fingir conviene.)
120

 (Aparte.) 

Cuanto su majestad manda y ordena
es justo.
ROSIMUNDA
En lo que ha dicho, razón tiene.
 

(Suena ruido dentro.)

 
LEONCIO
¿Quién causa ese rumor?
ROSIMUNDA
Será la infanta
que por la libertad del duque viene.
Es mujer, quiere bien, y no me espanta. 125
LEONCIO
Alguna gran desdicha nos previene.
ROSIMUNDA
Jamás la vi llegar con furia tanta.
 

(Levántanse, y entra ALBISINDA con saya grande de luto.)

 
ALBISINDA
¿Adónde está, longobardos,
el renombre que ganastes
en tantas dudosas lides, 130
a costa de vuestra sangre,
de esforzados y aun de fieros?
Que es virtud en esta parte
la fiereza, pues con ella
tantos reinos sujetastes. 135
¿Adónde está la lealtad
que a mi hermano y a mi padre
jurastes y no cumplistes?
¿Dónde está el pleito homenaje
de defender estos reinos; 140
de no entregarlos a nadie,
si no a mí que los heredo,
y a quien conmigo se case?
ROSIMUNDA
¿No echáis de ver que la tienen
fuera de sí los pesares? 145
Volved, señor, a sentaros;

 [A LEONCIO.]  

dejad que diga y se canse.

 (Vuélvense a sentar.) 

ALBISINDA
¿Y no echáis de ver vosotros,
si es que os preciáis de leales,
que con la corona y cetro, 150
que es mío, quieren alzarse
los dos? ¿No veis que es cautela,
que todo es asegurarme
con dilaciones, y dar
color a un delito infame? 155
¿Quién vio hacer de la traición
virtud? ¿Quién vio hacer alarde
del insulto? ¿Quién ha visto
hacer de la guerra paces,
honor de la tiranía, 160
y lisonja del ultraje?
¿Qué discurso se convence,
ni en qué pensamiento cabe,
el creer que el de Lorena,
sin darle ocasión, matase 165
a su rey, por un indicio
tan contingente y tan fácil
como es hallar una daga,
que él mismo pudo tiralle
a Leoncio desde lejos, 170
para que llegase antes
que su espada a defender
al rey, o para estorballe
la ejecución? Mas ¡ah cielos!
que su ayuda llegó tarde, 175
y su aviso; que el sabía,
y yo -no hay que preguntarme
el cómo- vuestros intentos,
que en los jardines del parque
oí, bien sabéis adonde. 180
¿No os turbéis? Todo se sabe
-que tratastes de dar muerte
a mi hermano.
ROSIMUNDA
Ya es más grave
su accidente.
ALBISINDA
Cuerda estoy;
bien podéis crédito darme, 185
vasallos; que la verdad
tenemos de nuestra parte,
y el cielo; pues no podrán,
ya que a los hombres engañen
estos bárbaros, mentir 190
a los dioses inmortales.
¿Cuándo el duque de Lorena
fue traidor? ¿Cuándo cobarde?
¿Tuvo el rey mayor soldado,
más valiente, más amable. 195
más bienquisto, más dichoso,
y al fin, de mayores partes?
¿Quién dio crédito a la guerra?
¿Quién las banderas reales
arbolando, hizo en Italia, 200
en Alemania y en Flandes,
al eco de los clarines
y al duro son de los parches,
estremecerse los montes,
confundirse las ciudades? 205
Que a veces el propio miedo
hace al contrario más grande.
¿Hay nación tan dilatada
donde su fama no alcance,
de la Noruega a la Libia, 210
y desde el Tajo hasta el Gange?
¿No fue él solo quien venció
a Floribundo, tu padre?
¿No cortó su altivo cuello,
de que aún pretendes vengarte, 215
Rosimunda, a pesar mío?
Pues aunque más intratable,
pues aunque mas vengativa,
en tu opinión más constante,
has de hallar al de Lorena 220
a mi lado y de mi parte,
y a mí tan firme en quererle,
por su esfuerzo y por su sangre,
que ejemplo de agradecidas
he de ser, como él de amantes. 225
Loba soy enfurecida,
y acosada de los canes;
toro que sale del coso
garrochado; inexorable
tigre, a quien robó los hijos 230
el cazador; fiero áspid,
a quien planta inadvertida
pisó, discurriendo el valle;
y al fin, mujer ofendida,
con quien parecen tratables, 235
mansos, blandos y apacibles,
loba, toro, tigre y áspid.
¿Conquistaste tú mi estado,
Leoncio? ¿Tú no escapaste
de los tuyos, fugitivo; 240
pues de Verona a los Alpes
corriste hasta que una tropa,
que iba siguiendo tu alcance,
a la presencia te trujo
del rey; y al hacer las paces, 245
te dio el título de duque
de Verona por honrarte?
Di, Rosimunda, ¿no estuvo
tu fortuna en que agradases
al rey? ¿Vale una hermosura 250
un reino y tantas ciudades?
¿No es una flor, que a la noche
muere y con el alba nace,
y la que entre todas es
maravilla mucho antes? 255
Vasallos y confidentes,
soldados y capitanes,
justicias y consejeros,
exarcos y senescales,
mi honor está en opiniones, 260
Flabio sin culpa en la cárcel,
tiranizado está el reino;
los que os preciáis de leales,
los que blasonáis de nobles,
defendedme y amparadme. 265
Decid que la libertad
viva, y mueran los parciales.

 (Vase.) 

SENESCAL
¡La infanta viva, soldados!
Muchos tienes de tu parte;
¡venid! (¡Ah cielos!, llegó 270

 (Aparte.) 

la ocasión de declararme.)
SOLDADO
No pueden ser tantas señas
falsas; y más, que en turbarse
los dos, su culpa confiesan.
SENESCAL
Sigamos al sol que nace. 275

 (Vase.) 

LEONCIO
Muera el senescal; seguilde.
Si se resiste, matalde.
POLO
Testigo he sido de vista;
de todo quiero avisarle.
No dirá agora mi amo 280
que no llevo novedades.
SOLDADO
¡Quien fuere noble me siga!
 

(Vase con algunos SOLDADOS, y quedan otros.)

 
LEONCIO
¿Todos me dejáis?
OTÓN
Vengarte
puedes, armas tiene Italia,
dueño de sus voluntades 285
eres; que por verse libres
de tudescos y alemanes,
de godos y longobardos,
seguirán tus estandartes;
cuanto más que el senescal, 290
cuando pretenda ayudarse
de sus parientes y amigos,
no es el número bastante
para igualar a los nuestros.
La Italia vendrá a librarse 295
deste yugo tan pesado.
Tú, señor, que fuiste antes
duque de Verona, hoy serás
rey de vasallos leales.
LEONCIO
Bien me dices.
ROSIMUNDA
No lo aciertas,
300
señor, en tan fiero trance;
más seguro es que a Panonia
nos vamos, donde ampararte
podrás; que en llegando a vernos,
sus fuerzas y baluartes 305
nos rendirán mis vasallos.
LEONCIO
Después que mató a tu padre
Alboino, ¿en tus estados
no dejó presidios antes
de volverse a Italia?
ROSIMUNDA
Sí.
310
LEONCIO
Según eso, no es muy fácil
la entrada. Desde aquí puedo
defenderme y aun vengarme
de todos.
ROSIMUNDA
¿De qué manera?
LEONCIO
No dejéis entrar a nadie. 315
(Si le doy parte a la reina

 (Aparte.) 

de la muerte que he de darle
a Flabio, podrá decirlo
a alguno, y en casos tales,
siempre fue el guardar secreto 320
la circunstancia más grave.)
Rosimunda, en los peligros
donde las armas no valen,
suele ceder la fortuna
más que a las fuerzas, al arte. 325
(Yo haré que la ocasión cese;

 [Aparte.] 

yo quitaré de delante
al pueblo la mayor causa
del motín; yo he de trazarle
al de Lorena la muerte 330
con tal secreto que nadie
sospeche en mí.) Otón, escucha.
OTÓN
¿Qué me mandas?
LEONCIO
Ve a llamarme...
¿conoces a Sedechías?
OTÓN
Sí, señor.
LEONCIO
Pues de mi parte
335
le dirás que aquí le espero.

  (Vase OTÓN.) 

(Éste es el hombre que sabe

 (Aparte.) 

mejor de naturaleza,
secretos y calidades;
y quiero que haga un veneno 340
con que al de Lorena mate.
No faltará alguna traza
para que no se recate
de mí; el de Lorena muerto,
no hay peligro que me espante.) 345
ROSIMUNDA
¿No me dirás lo que intentas?
¿Es tiempo de retirarte éste?
¿Ahora tratas de estudios,
cuando la ciudad se arde
en armas? ¿Libros agora? 350
¿De hojas de papel te vales
contra la que Flabio ciñe
de acero? Y más, siendo un Marte
italiano, y tú...
LEONCIO
¿Qué dices?
ROSIMUNDA
(Iba a decir un cobarde.) 355

 (Aparte.) 

LEONCIO
Rosimunda, yo me entiendo.
No me apures, no me ultrajes;
que importa guardar secreto.
ROSIMUNDA
¿Conmigo?
LEONCIO
Hay secretos tales
que es cordura aun no partillos 360
con quien el lecho se parte.
 

(Vase, y queda sola ROSIMUNDA.)

 
ROSIMUNDA
¿Y te vas sin darme cuenta
de tu intento? Poco sabe
el que no toma consejo,
y más de mujer; que darle 365
suelen tal vez, y acertado.
Quizá pudiera importarte
que yo llegara a sabello.
Igual fuera que tomases
las armas, y en un bridón 370
que tuviera más de ave
que de bruto, discurrieras
la campaña, siendo iguales
tu cólera y su ardimiento,
y afligiendo sus ijares, 375
de rayo le acreditaras,
y de exhalación errante.
Mas primero tendrá flores
el cielo, varios celajes
la tierra, y el aire peces; 380
primero el mar tendrá aves,
alterando sus efetos,
mar y tierra, cielo y aire;
primero del imposible
mayor hará un caso fácil 385
naturaleza, que hacer
un valiente de un cobarde.
 

(Vase, y sale FLABIO con prisiones.)

 
FLABIO
Sin esperanza, solo, aprisionado,
a merced juzgo el tiempo que he vivido
vida que a un poderoso dé cuidado, 390
adonde el desengaño está escondido
de tan gran tiranía en que ha fundado
Leoncio la corona que ha ceñido;
bien parece merced, y de los cielos,
el durar a la par de sus recelos. 395
Mas aunque viva, mi desdicha es tanta
que no espero consuelo en mi tormento.
Aprisionado el pajarillo canta
con la esperanza de volar contento;
tal tienta la prisión, tal vez quebranta 400
sus hierros, y su pluma por el viento
vence en colores a la primavera;
mas ¿qué mucho que cante quien espera?
Libre un arroyo va por el estío,
la campaña entre flores discurriendo, 405
y en las prisiones del diciembre frío,
preso después su curso enmudeciendo.
Esto, pues, le sucede en lo sombrío,
que si al sol, que entre sí se va riendo,
el agua que en el centro va ligera; 410
mas ¿qué mucho que ría quien espera?
El esclavo después de la batalla,
donde no le valió su valentía,
ya fugitivo en libertad se halla,
o ya fiel por el rescate envía, 415
en tanto sufre, disimula y calla,
su pecho alienta y en los dioses fía
que ha de gozar su libertad primera;
mas ¿qué mucho que aliente quien espera?
Levántase en el mar una importuna 420
borrasca, en que turbado el pasajero,
aún no le queda confianza alguna
de verse libre del embate fiero.
Ya se mira en la esfera de la luna
el bajel, ya en el centro el marinero 425
se esfuerza, ya se juzga en la ribera;
mas ¿qué mucho que esfuerce quien espera?
Cada cual canta, ríe, alienta, esfuerza;
en la prisión asiste la esperanza,
contra el invierno el sol muestra su fuerza, 430
síguese a la tormenta la bonanza,
la esclavitud con el rescate es fuerza
que se acabe; y, en fin, remedio alcanza
pájaro, arroyo, esclavo y marinero.
Solo yo ni le alcanzo, ni le espero. 435
 

[POLO y un SOLDADO, dentro.]

 
POLO
Tengo de entrar.
SOLDADO
¿No hay más?
POLO
¡Qué guarda tan observante!
¿Qué más hiciera el gigante
del puente de Fierabrás?

 [Sale.] 

FLABIO
¿Qué es eso?
POLO
Nada, señor;
440
con una guarda lo he,
que cada rato me ve,
y ahora da en preguntador,
necio de todas maneras.
FLABIO
Eso no se lo condeno. 445
POLO
Ha dado en mírarme el seno,
bolsillos y faltriqueras.
¿Pretendo yo, por ventura,
librarte desta prisión?
¿Vengo yo con invención; 450
vístome yo de figura;
traigo yo lima y cordel,
con su dancita villana,
que te cante a la ventana,
reventando de fiel? 455
¿Vínoseme a la memoria
chimenea? ¿Fui borrón
caído de su cañón?
.......................................................
¿Soy yo músico hazañero, 460
graduado de corneja,
que escarmientos aconseja
muy infausto y agorero,
pronosticando tu daño
con pasajes de garganta, 465
en el tono que se canta?
Dígasme tú, el hermitaño,
pues si nada desto fui,
y ven que vengo de rúa,
sin maestra ni ganzúa, 470
¿qué se recatan de mí?
FLABIO
Déjales hacer su oficio,
y dime si hay algo nuevo.
POLO
Muy mal estas burlas llevo;
que lo tienen ya por vicio. 475
FLABIO
Di qué hay de nuevo; di presto.
POLO
¿Quieres mayor novedad?:
en armas está la ciudad.

 (Dentro.) 

¡Viva Albisinda!
FLABIO
¿Qué es esto?
POLO
Longobardos e italianos. 480
SENESCAL
¡Romped la prisión! ¡Entrad!

 (Dentro) 

¡La infanta y la libertad
vivan!
OTRO
¡Mueran los tiranos!
 

(Sale ALBISINDA con espada desnuda, el SENESCAL y SOLDADOS.)

 
ALBISINDA
Éste, vasallos, es el duque Flabio,
que ha de Vengar el mío y vuestro agravio 485
éste el Marte segundo,
éste el que dio la muerte a Floribundo,
rey de los ostrogodos;
que si no los mató, los venció a todos,
segando allí gargantas enemigas 490
su espada, muchas más que la hoz, espigas.
Éste ha de ser mi esposo;
no puedo daros rey más valeroso,
de más ilustre rama.
Cuando no a mí, dad crédito a la fama 495
que al más remoto clima
lleva su nombre, y tanto el bronce anima
que en sus ecos no suena
otro que el duque Flabio de Lorena.
FLABIO
¿Quién alcanzó favor tan soberano? 500
Dame los pies.
ALBISINDA
Levanta, que la mano
te doy. Aunque le pese al de Verona
y a Rosimunda, tuya es la corona.
Decid que viva el duque de Lorena.
TODOS
¡Viva!
ALBISINDA
Gobierna, ordena
505
esta gente. Quítadle las prisiones.
SENESCAL
Vuelva el duque a regir sus escuadrones

  (Dale la espada a FLABIO.)  

ALBISINDA
Toma esta espada que ceñí animosa;
toma, que ya en mi mano vive ociosa
después que en mi defensa y a mi lado 510
llevo el mayor soldado
que vio Italia y el mundo ha conocido.
FLABIO
Vida a los cielos y ocasión les pido
para desempeñarte, gran señora;
junte Leoncio su poder agora, 515
contra mí se conjure el orbe entero;
que la vitoria fío deste acero
a sus filos, no sólo a sus reflejos
mirados desde lejos.
Antes que llegue el golpe ejecutivo, 520
no me ha de quedar vivo
ningún traidor; y conseguirlo puedo,
pues bastará su miedo
a quitarles las vidas,
siendo ellos mismos muertos y homicidas 525
ALBISINDA
Dice muy bien; que si a sus manos fuera
su nombre no muriera;
y así vida cobraran en su muerte,
que hasta en el modo de morir hay suerte.
FLABIO
El senescal, como soldado viejo 530
de experiencia y consejo,
la gente ordene; y a palacio marche
el sonoro metal y el ronco parche.
Convoque la ciudad, y el vulgo altere.
SENESCAL
En su valor y en la verdad espere 535
vuestra alteza suceso y fin dichoso.
POLO
Ya no puede ser malo, siendo esposo
de la infanta Albisinda. ¡Arma y a ellos!
Yo solo basto, yo, para vencellos.
FLABIO
¡Viva la infanta!
SENESCAL
El triunfo se aperciba.
540
TODOS
¡Viva la libertad!
ALBISINDA
¡El duque viva!
 

(Vanse, y salen ROSIMUNDA y FINEA, criada.)

 
FINEA
Solo un necio desespera,
señora; ten confianza.
ROSIMUNDA
¿En quién pondré la esperanza
si el rey, en quien hoy pudiera 545
fundarla, está de manera
temoroso y retirado,
Finea, que he sospechado
que, porque en esta ocasión
no se sepa su traición, 550
su muerte se ha anticipado
en cerrarse y disputar
un hora en su camarín
con un hebreo? ¿A qué fin?
FINEA
Mucho me da que pensar. 555
ROSIMUNDA
¿Quién dio al discurso lugar,
quién de ciencias hizo alarde,
quién gastar quiere una tarde
en libros cuando alterado
está un pueblo, y conjurado? 560
¡Quién sino un pecho cobarde!
Todo es miedo; esto es sin duda;
pues para matar durmiendo
al rey, me anduvo pidiendo
que Flabio le diese ayuda. 565
Con esta respuesta muda
me dice, ¡ah falso traidor!,
sus dudas y su temor;
que si amor el suyo fuera,
ni dudara ni temiera; 570
mas fue codicia, y no amor.
 

(Sale OTÓN.)

 
OTÓN
¿Dónde está su majestad?
Señora, ¿tan descuidada
estás, cuando alborotada
dicen que está la ciudad? 575
La nueva llegó a palacio
en este punto.
ROSIMUNDA
Es traición.
OTÓN
¿Dónde está el rey?
ROSIMUNDA
¡Qué ocasión
para estarse muy de espacio,
retirado! ¡Abre, señor; 580
que el pueblo está contra ti!
¡Abre pues! ¡Qué necia fui
en confiarle mi honor
y estos reinos a un villano,
a un cobarde, a un lisonjero! 585
¿Tú amante? ¿Tú caballero?
¿Tú...? Mas yo me canso en vano,
que te quiten la corona.
LEONCIO
¡Júpiter divino!

 (Dentro.) 

¿Qué me quieres, Alböino? 590
Yo no soy rey; de Verona
soy duque. ¡Válgame el cielo!
OTÓN
Ya abrió la puerta.
LEONCIO
¡Ay de mí!
¿Qué me quieres? Ya caí;
ya di con todo en el suelo. 595

 (Sale tropezando en un retrato, y cae en el teatro.) 

ROSIMUNDA
¿Qué es aquello?
LEONCIO
Nada fue.
ROSIMUNDA
Sosiega, señor; levanta.
LEONCIO
Yo daré el reino a la infanta.
ROSIMUNDA
¿Con quién habla?
LEONCIO
Tropecé
en un retrato, que acaso 600
del clavo se descolgó.
ROSIMUNDA
Quiero ver en qué cayó;
mas ¡ay triste!, al primer paso
vi dónde el rey ha caído.

 (Levanta el retrato.) 

Antes de sentar el pie, 605
con el retrato encontré
de mi primero marido,
¡ay de mí! Quiero escondelle;
mejor es que no le vea.
Un vidrio de agua, Finea, 610
trae al rey.
LEONCIO
No hay que traelle.
ROSIMUNDA
Pues ¿cómo beber no quieres
después de tan gran caída?
Ve presto.
 

(Va FINEA por el agua.)

 
LEONCIO
No, por tu vida;
remedio, al fin, de mujeres. 615
ROSIMUNDA
No suele ser el peor.
LEONCIO
Dame ese retrato.
ROSIMUNDA
Advierte.
LEONCIO
Pidiéndome está su muerte.
ROSIMUNDA
Yerro es que dora el amor.
OTÓN
¿No le das cuenta, señora, 620
de aquesta nueva infelice?
ROSIMUNDA
No es tanto como se dice;
mas yo se lo diré agora.
¡Oh lo que Finea se tarda!
Ve a llamarla.
OTÓN
Al punto voy.
625
ROSIMUNDA
¡Presto!
LEONCIO
Temiéndole estoy
pintado.
ROSIMUNDA
¿Qué te acobarda?
¿Tú recelos? ¿Tú temores?
Leoncio, ¿de qué te asombras
de una pintura? ¡Qué errores! 630
LEONCIO
¡Ay!, que tienen estas sombras
vida, y alma estas colores.
¡Qué fiero, qué vengativo
mi muerte y la tuya traza!
¡Qué justiciero y qué esquivo 635
con los ojos me amenaza;
como si estuviera vivo!
ROSIMUNDA
También se detiene Otón
allí. Entiendo que ha de haber
agua, y no es esta ocasión 640
de aguardar. Yo lo he de ver;
que hay riesgo en la dilación.
 

(Vase; y entra por la puerta por donde cayó, LEONCIO.)

 
LEONCIO
Tanto al natural se llega,

 [Mira el retrato.] 

que en él temo a mi enemigo;
según me amenaza y ciega, 645
no le encarezco si digo
que del lienzo se despega.
¿Qué hará el acero cruel,
si el pincel me desafía?
El retrato es tan fiel, 650
tan grande su valentía,
que aun tengo miedo al pincel.
Yo haré cuanto quieras,
Alböino; duque soy
y no rey. ¡Terrible eres! 655
Esposo y reinos le doy
a tu hermana; ¿qué me quieres?
 

(Sale ROSIMUNDA con un vidrio de agua.)

 
ROSIMUNDA
Ya está aquí el agua, señor;
deja este retrato y bebe.
LEONCIO
No hay para qué.
ROSIMUNDA
Por si acaso,
660
toma.
LEONCIO
Ya no es mi accidente
de la caída. Alböino
la ocasión de nuestra muerte
ha de ser.
ROSIMUNDA
¡Por vida mía,
señor, que presagios dejes! 665
LEONCIO
Guarda ese retrato, y dame
el agua.
 

(ROSIMUNDA toma el retrato y arrímale al paño, y dale el agua, y él bebe la mitad.)

 
ROSIMUNDA
¿Qué dudas? Bebe.
LEONCIO
Ya he bebido. ¿Qué provecho
puede esta bebida hacerme,
ni qué ha de templarme, siendo 670
mi pecho un volcán ardiente
y...? Mas agora, ¡ah cruel!,
¿qué me diste? Aguarda, tente,
no te vayas. ¡Ah inhumana!,
dime qué tósigo es este 675
que me has dado. ¡Ah Rosimunda,
qué eficaces, qué crueles
efetos! ¡No, no lo viertas!
ROSIMUNDA
No haré; sosiega. ¿Qué tienes?
LEONCIO
¿Qué confianza de ti 680
un vasallo tener puede,
si no le valió el ser rey
a Alboino? Pues no pienses
que te has de salir con todo;
bebe lo que queda en ese 685
vidrio, o si no, aquesta daga
hará tu muerte más breve.
ROSIMUNDA
¿Hablas de veras? ¿Qué es esto?
LEONCIO
¿Qué dudas? ¿Qué te suspendes?
ROSIMUNDA
Yo beberé.
LEONCIO
Pues ¿qué aguardas?
690
Bebe.

 (Bebe lo que queda.) 

ROSIMUNDA
Y mucho más que hubiese
bebiera, porque no entiendas,
señor, que pude ofenderte.
LEONCIO
(Sin duda que el miedo en mí

 (Aparte.) 

ha causado este accidente. 695
Doy que esto fuera veneno
que para mí le trujese
la reina, ¿había de tomarle
ella misma? El temor cese,
que todo ha sido ilusión. 700
Como yo acabo de hacerle
para el duque de Lorena,
y le dejo en mi retrete,
me ofreció aquí el pensamiento
lo que en llegando a beberle 705
ha de obrar en mi enemigo.)
 

(Salen OTÓN y FINEA con un barro de agua.)

 
FINEA
Aquí está el agua.
ROSIMUNDA
Ya vienes
tarde; ya no es menester.
No sé qué el corazón siente.
¿Qué se me aflige? ¡Ay de mí, 710
qué congojas tan crueles!
Mucho tardaste, Finea.
 

(Suena un clarín.)

 
LEONCIO
¿Qué clarín, qué ruido es éste?

 (Dentro.) 

¡La infanta y el duque vivan!
OTÓN
Flabio y Albisinda vienen. 715
ROSIMUNDA
Mejor es que no me hallen
aquí, porque no se venguen
en nuestras vidas.
LEONCIO
Bien dices.
Ya tomara yo que fuese
cierto el veneno, aunque ya 720
lo presumo. ¡Una serpiente
llevo en el pecho!
ROSIMUNDA
¡Yo un áspid!
LEONCIO
No hay duda; veneno es este
que me has dado.
ROSIMUNDA
No hay veneno
como el temor de la muerte. 725
 

(Vanse LEONCIO y ROSIMUNDA, y salen FLABIO, ALBISINDA, el SENESCAL, POLO y SOLDADOS.)

 
ALBISINDA
¿Adónde están Rosimunda
y Leoncio?
FINEA
¿Qué los quiere,
vuestra alteza? Ya se huyeron
los dos.
FLABIO
Y tú, ¿a quién previenes
el agua?
FINEA
Yo... aquí al entrar...
730
ALBISINDA
¿Te turbas?
FLABIO
Piedra no quede
sobre piedra; poned fuego
al cuarto. Mi rigor prueben
los tiranos.
FINEA
(A avisarlos

 [A OTÓN.]  

vamos.)
ALBISINDA
¿Adónde vas? Vuelve.
735
FINEA
Temo el fuego y tu castigo.
(¿Qué haces tú que no le temes,
Otón?)

 [A OTÓN.]  

OTÓN
(Ya te alcanzo. huye.)

 [A FINEA]  

 

(Vanse OTÓN y FINEA.)

 
FLABIO
Seguidlos; que donde fueren,
allí estarán Rosimunda 740
y Leoncio.
 

(Sale ROSIMUNDA.)

 
ROSIMUNDA
¿Qué nos quieres?
SENESCAL
¡Mueran los tiranos!
TODOS
¡Mueran!
ROSIMUNDA
Si eso pretendéis, ya mueren.
FLABIO
Apartad; no los ofenda
ninguno.
ALBISINDA
Nadie te ofende;
745
habla.
ROSIMUNDA
Óyeme, infanta Albisinda;
oídme, duque; atendedme,
todos; que aqueste castigo
le padezco justamente.
Apenas puedo formar 750
las palabras -¡lance fuerte!-,
confesar yo mi delito;
mas, que le diga o le niegue,
he de morir a sus manos.
La oculta mina reviente; 755
yo fui quien dio muerte al rey
no Flabio, no, aunque padece
su fama. El duque Leoncio,
a fin que yo le quisiese,
lo ejecutó; yo le induje 760
a una traición tan aleve.
Aqueste rato de vida
que ya es fuerza que sea breve,
para que disculpe a Flabio,
quiere el cielo concederme. 765
Un hora apenas de vida
puedo tener, si se cree
a la ciencia de Leoncio;
que el veneno -¡ah dura suerte!-
conficionó para darle 770
a Flabio, porque él no fuese
causa de nuestra ruina,
y con esto fue más breve.
Leoncio estaba dispuesto
de enviarle en un presente 775
de dulces a la prisión,
para que en él no sospechen;
y contra sí le dispuso
tan mortífero y tan fuerte,
que ya queda como yo, 780
batallando con la muerte.
Yo fui quien le trujo el agua
acaso, sin que supiese
lo que traía; y el cielo
quiso que en ella trujese 785
para los dos el veneno,
porque muera quien ofende.
Yo se lo di, yo, engañada;
y él me forzó que bebiese
después. Yo rabiando al fin 790
muero, si él rabiando muere;
y no puede tardar mucho
mi fin, porque ya se extiende
el veneno por mis venas;
Ya la ponzoña acomete 795
al corazón, y él sus alas
bate apresuradamente.
Con razón muero, Albisinda;
nadie como yo se vengue,
y más de una ofensa hecha 800
por un marido imprudente.
Nadie tampoco por serlo
fíe; que a un áspid ofende,
ofendiendo a su mujer,
que ha de vengarse si puede; 805
y aunque sean propias, al fin,
irritadas, son mujeres.
Reinad pues; que vuestra dicha
y mi fortuna lo quiere.
Yo muero; el cielo me ampare. 810
Valedme, dioses, valedme!

 (Vase.) 

SENESCAL
Acabadlos de matar.
FLABIO
Dejadlos, ninguno llegue;
pues ellos mismos pudieron,
primero que yo lo hiciese, 815
castigarse el delito,
para que el mundo escarmiente.
POLO
Muy bien ha dicho su alteza.
Dejen que vayan a ponerse
bien con Júpiter y Apolo; 820
que no es razón que vustedes,
que aquí han venido a tomar
placer, dineros les cueste
ver al uno hacer figuras,
ver al otro estremecerse. 825
Basta Alboino, y aun sobra;
que el pöeta no pretende
lastimaros; pues ninguno
gusta que en las tablas juegue
de uno y dos y tres difuntos, 830
y doble lo de repente;
esto es fuera de la historia.

 (Sale OTÓN.) 

Diga Otón a lo que viene.
FLABIO
¿Murieron los dos?
OTÓN
Apenas
llegaron, señor, a verse 835
juntos, cuando a un mismo tiempo
expiraron.
FLABIO
Siempre miente
la ciencia que a tiempo fijo
reduce efetos que penden,
según la disposición 840
del sujeto, de accidentes.
Hoy se han visto dos tiranos,
por un caso y de una suerte,
morir pensando matar.
ALBISINDA
El cielo tu vida aumente. 845
El funeral se disponga
con la pompa que se debe
a quien ciñó la corona.
POLO
Y con esto darse puede
fin a la historia, que escriben 850
coronistas diligentes
y verdaderos, que humilde
hoy el poeta os ofrece.


 
 
FIN DE LA GRAN COMEDIA DE «MORIR PENSANDO MATAR»