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11

He aquí el famoso Epitalamio, el cual pongo, como otros versos míos; por vía de ilustración de mi conducta, más que como alarde de inspiración poética:

EPITALAMIO



Vosotras del Averno habitadoras
furias horrendas, infernal cortejo,
y tú, triforme Hecate, ya avezada
a escuchar con oído placentero
los execrables mágicos conjuros,
benignas acoged mi ardiente ruego.

    Lazo de maldición una por siempre
en hora infausta y con tardío duelo
de la Iberia al estúpido tirano
con la esposa que llaman sus deseos.
Prole, cual él, de amor filial desnuda
infiel esposa, impíos descendientes
venganza den al agraviado pueblo.

    ¡Oh sombras de los mártires de mayo!
¡Espíritus gloriosos de los fuertes
cuya sangre fecunda nuestra tierra,
sangre vertida por la madre patria!
Por un instante del eterno sueño
despertad, y con lúgubre alarido,
que odio muestre y desgracia pronostique,
solemnizad la pompa abominable
que, vuestro sacrificio deslustrando,
largos años de oprobio y despotismo
promete a la afligida y sierva España;
llorad, odiad y maldecid conmigo.
Lazo de maldición, etc.

    Bravos guerreros, que la sien orlada
del lauro de victoria, el merecido
reposo hallar pensabais en el seno
de la abundancia y gloria, yo os convoco.
Venid con la faz pálida, retrato
de mísera estrecheza, en vuestra frente
señal de oprobio. Ciña vuestros cuellos
el cordel11.1 que enlazó a vuestros hermanos
con nudo duro, infame. Vuestra vista
recreo sea digno a los esposos;
oigan, en tanto, vuestro acento de ira;
llorad, odiad y maldecid conmigo.
Lazo de maldición, etc.

    ¡Vosotros, cuya voz dulce al oído
del buen patricio en el augusto templo
de la patria dictaba sabias leyes!
¡Oh, vosotros, a un tiempo defensores
del altar y del trono y de los pueblos,
restauradores de la patria, y padres!
De la cárcel indigna, propia paga
de beneficios hechos a tiranos,
salid; alzad las manos oprimidas
por las cadenas o el cansado cuerpo
por la larga prisión hinchado y tardo
moviendo a duras penas, venid pronto;
ves la esposa en vuestro triste ejemplo
cuál su esposo los bienes retribuye.
Truenen en tanto las sonoras voces
cuya elocuencia la virtud anima;
llorad, odiad y maldecid conmigo.
Lazo de maldición, etc.

Y tú, helado cadáver, cuyo brazo
formidable el francés alzarse supo
de los hollados fueros de tu patria
en inútil defensa; tú, que debes
la sentencia de muerte al trono mismo
que concurriste a levantar del polvo,
alza tu noble tronco11.1,¡ay!, que al impulso
de balas silbadoras voló al viento
la heroica faz; y tu presencia sea
al déspota cobarde horror y susto.
Une, ínclito Porlier, a mis clamores
tu clamor sepulcral; llore conmigo
tu respetable sombra, odie y maldiga.
Lazo de maldición, etc.
    También vosotros, infelices pueblos,
un tiempo ilusos, cuya propia mano
el yugo ignominioso que os oprime
sobre vuestras cervices colocara;
turba débil y opresa, que, ignorante
de vuestro mal, gemís entre miserias
y ni acertar queréis de dónde nazcan.
Vuestras quejas inciertas, comprimidas
por el terror, soltad; dad rienda al llanto.
Harto debéis llorar. Vuestros gemidos,
señales ciertas de infelice suerte,
formen concierto ingrato de himeneo;
llorad, pues, y no más, que vuestro lloro
en sí la maldición y el odio envuelve.
Lazo de maldición, etc.
    Y ¡oh! ¡Plegue al cielo que el infausto día,
día de fiesta y gozo a los tiranos,
el sol no alumbre con su luz radiante!
Opaco cual la suerte que promete
hágale aterrador la voz del trueno.
Brame furioso el mar, recio sacuda
el huracán la atmósfera; despidan
torrentes de agua aglomeradas nubes.
Todo horror, todo muerte, todo duelo,
vaticine a opresores y oprimidos,
a tiranos y a esclavos juntamente,
cual si indignado el cielo contra el crimen,
uniéndose a mi voz, también quisiera
llorar, odiar y maldecir conmigo.
Lazo de maldición, etc.

 

11.1

Citábase con escándalo entonces haber muerto ahorcados varios oficiales.

 

11.1

Aquí se olvidó el autor de que Porlier había muerto en la horca, y le supuso arcabuceado.

 

12

He aquí el soneto, tal cual fue compuesto:

AL CONDE DE LA BISBAL, EN LA PARTIDA A MADRID A RECIBIR LA GRAN CRUZ DE CARLOS III


    Vuela, ¡traidor!, y de tu odiosa hazaña
recibiría el galardón debido;
vuela, de rabia y miedo poseído,
la maldición del ciclo te acompaña.
    Besa la mano que esclaviza a España,
siervo vil de tirano fementido,
humíllate ante el mismo que has vendido,
y trata, en vano, de aplacar su saña.
    ¿Los rotos pactos, las holladas leyes,
la traición doble alegas en tu abono,
y el premio esperas de proeza tanta?
    La gratitud es prenda de los reyes,
y esa gran banda que debiste al trono,
dogal será que apriete tu garganta.

 

13

Entiéndase masón.

 

14

En el volumen siguiente de estas «Obras escogidas de don Antonio Alcalá Galiano», concluirán las Memorias, completándose con otros trabajos del mismo autor que confirman o amplían algunos de los puntos expuestos en ellas.

 

15

Aquí falta en el manuscrito original lo que debería ser fin del tomo, y que, por el sentido de la narración que sigue, es de suponer que no exceda de una cuartilla o poco más.

 

16

He aquí la malhadada canción de que se trato, cuidando de anotar lo que es del uno y lo que del otro ingenio, para dar a cada cual lo que le corresponde.

SAN MIGUEL
De la gloria, guerreros ilustres,
al santuario atrevidos marchad,
y la patria ornará agradecida
vuestras sienes de lauro inmortal.
GALIANO.

 (Coro) Patriotas guerreros 

blandid los aceros,
y unidos marchemos
y unidos juremos
por la patria morir o vencer.
SAN MIGUEL.
De nosotros tus dichas espera,
de nosotros su llanto enjugar,
de nosotros romper sus cadenas,
de nosotros, en fin, respirar.
Patriotas, etc.
SAN MIGUEL.
¡Gloria al bravo que oyó sus gemidos
y su pecho sintió palpitar
cuando vio que su espada podía
de su patria la suerte fijar!
Patriotas, etc.
SAN MIGUEL.
¡Gloria al bravo que oyó sus gemidos
y su pecho sintió palpitar
cuando vio que su espada podía
de su patria la suerte fijar!
Patriotas, etc.
GALIANO.
Violo, y luego lanzóse a tu arena
a morir o lograr libertad.
¡Guerra eterna!, gritó a los tiranos.
¡Redención a los pueblos, y paz!
Patriotas, etc.
GALIANO.
El esclavo tembló a sus acentos,
y su brazo no osó levantar.
Le oyó el bueno, y sintió sus mejillas
dulce llanto de gozo inundar.
Patriotas, etc.
GALIANO.
Guadalete, que oyó en sus orillas
el estruendo del triunfo sonar,
acogió los cantares de gloria,
y de Alcides llevólos al mar.
Patriotas, etc.
GALIANO.
Y ¿qué vale que el muro de Cádiz
servil turba pretenda guardar,
si del pueblo los nobles esfuerzos
sacudir la coyunda sabrán?
Patriotas, etc.
GALIANO.
La llama que en breñas espesas
prende y cunde con furia voraz,
el incendio de heroico alzamiento
por la España veloz correrá.
Patriotas, etc.
GALIANO.
Y los pueblos que anhelan ser libres
su bandera a la nuestra unirán.
Derrocado caerá el despotismo
y la patria felice será.
Patriotas, etc.
GALIANO.
¡Sus, al arma!, sigamos, guerreros,
la canción de batalla entonad,
y marchemos seguros del triunfo,
que el esclavo no sabe lidiar.
GALIANO.
Patriotas guerreros,
blandid los aceros,
y unidos marchemos
y unidos juremos
por la patria morir o vencer.

Estos pobres versos fueron publicados más de una vez, y tan estropeados, que salían peores que lo que son en grado no corto. Lo común era, en la última estrofa, poner en vez de: ¡Sus, al arma! sigamos, guerreros, «Sus alarmas sigamos guerreros». El Himno de Riego, obra de San Miguel todo él, dio la anterior canción al olvido. Tal cual es, se pone como muestra del aliento que nos animaba.

 

17

Repetidas veces he oído al autor de las MEMORIAS, refiriéndose a esta conversación, que el general, con su voz chillona y atiplada, decía: «En Andalucía por todas partes me aplauden, y aquí nadie se acuerda de mí, ni grita ¡viva Riego!»