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1

Escribíanse estas MEMORIAS en época en que el autor, perdido por completo el caudal que heredó de suf amilia, se veía reducido a vivir con suma estrechez y sin otros recursos que su mal pagada cesantía.

 

2

Del crédito a que se refiere, nada ha vuelto a cobrarse desde entonces, y bien puede considerarse como perdido. Sabido es por todos cuantos conocen de cerca a la familia, que no le dejó otra herencia que la de un nombre puro y de una honradez acrisolada, que ninguno de sus detractores se atrevió a atacar, y que ésta la tiene en mayor precio que el más pingüe de los patrimonios.

 

3

Al escribir estas Memorias, se revela en el autor un estado de ánimo en consonancia con la penosa situación que atravesaba; pero como vivió después cerca de veinte años, en que tuvo épocas de bienestar material, y, lo que le fue aún más grato, vio hasta algunos de sus antiguos detractores acudir, calmados sus rencores y pasiones, a rendir justo tributo a su gran merecimiento, algo y bastante influyó todo ello para disminuir la amargura en su alma de sensibilidad exquisita, y para templar el tono de sus quejas, aquí tan vehementemente exhaladas.

 

4

Véase lo que sobre la muerte de mi padre decía Quintana en la composición titulada El combate de Trafalgar:

Vosotros dos también, honor eterno de Bética y Guipúzcoa4.1 . ¡Ah si el Destino pudiese perdonar! ¿Cómo a aplacarle la oliva no bastó, que unió Minerva a los lauros de Marte en vuestra frente?


¿Qué a vuestra ilustre indagadora mente
puede ocultar el cielo o las estrellas?
De vuestras sabias huellas
llenos están de América los mares;
las Cíclades lo están4.1.. Viuda la patria
de tantos héroes que enlutada llora,
pide a mi corazón lágrimas nuevas,
que a vuestro acerbo fin derrame ahora.
¡Ah! ¡Vivierais los dos, y en vez del llanto
del dolorido canto
que mi fúnebre acento hoy os consagra,
pudiera yo contraponer el pecho
al golpe atroz y recibir la herida!
¡Diera a la patria así mi inútil vida,
y vivierais, los dos! y ella al Destino,
frente hiciera segura y orgullosa
con vuestra voz y espíritu divino.

Mor de Fuentes, en la composición intitulada El combate de Trafalgar, aunque mala, muy leída entonces y aún celebrada, dice de mi padre:


El prudente, celoso, audaz Galiano,
con su nave inferior a una almirante,
ataca, estrecha, desarbola y rinde
en tanto llega... el trance
de la forzosa... entrega.
Vienen en su rescate ciento y ciento,
y el prisionero infiel, con nuevo aliento,
el pabellón británico despliega.
Galiano entonces el tropel violento
arrostra, turba, aleja, y olvidado,
mal herido y mortal, del cruel tormento
que se ceba en su pecho incontrastable.
El combate obstinado,
con el óptico tubo atento mira,
hasta que al golpe horrendo
de rauda bala destrozado expira.

Don Secundino Salamanca, en unas octavas que publicó a la misma jornada, en la cual estuvo él, como oficial de marina que era, pone los siguientes versos, que no se citan por lo buenos, sino para testimonio del concepto en que era tenido mi padre:

¡Oh Churruca! ¡Oh Alcedo! ¡Oh Galiano! Dulce Dionisio4.1. que en unión sagrada en California, Irún y la Tercera, cuál su opinión ha sido celebrada. Nuestra amistad ha sido verdadera, tu fuerte diestra, del quintante armada, señalaba a cada astro su carrera, calculador, piloto, marinero, astrónomo no menos que guerrero.

De otros testimonios no hablo. Merece, con todo, citarse entre los dados en prosa ciertos trozos de un sermón que corrió con crédito de obra elocuente, siendo quien le predicó, en unas honras celebradas en El Ferrol por los muertos en Trafalgar, el señor Varela, célebre después por muchos títulos, cuando fue comisario general de Cruzada.

También es sabido que, en 1814, las Cortes ordinarias residentes en Madrid, por proposición del diputado Vargas Ponce, que había sido oficial de marina, mandaron que a dos navíos que estaban construyéndose en El Ferrol se pusiese por nombre a uno el Galiano y a otro el Churruca.

 

4.1

El autor, en nota a su obra, dice que se refiere a don Dionisio Alcalá Galiano y don Cosme Churruca. A mi padre, por ser andaluz, le califica de honor de Bética. Churruca era guipuzcoano.

 

4.1

Refiérese a la expedición científica de mi padre al archipiélago de Grecia

 

4.1

Dionisio, como va dicho, era el nombre de pila de mi padre.

 

5

Me parece oportuno poner aquí los versos míos, a que antes he aludido. Iban dirigidos a mi amigo don Luis Samaniego, que falleció del cólera morbo en 1834, siendo comisario ordenador de guerra cuando nuestra amistad juvenil estaba, si no acabada, muy olvidada. El tal, de repente de ser académico y pensar en seguir el comercio, se había hecho cadete e ídose a su regimiento a Málaga, siendo así que antes detestaba la milicia. Sobre ello le había yo escrito unos pocos meses entes unos versos medianos, esto es, no ridículos ni de mérito sobresaliente. Al saber la muerte de mi padre, en medio de mi dolor, en los versos que a continuación copio, me refería a los anteriores.

Alicio5.1.

Epístola


¿Será, será que en sempiterno olvido
sepultas, Licio, la memoria grata
de la dulce amistad que nos uniera?
¿Y no las voces de tu caro Anfieso5.1
bastan, ni de Fileno5.1. el tierno canto
a despertar en tu sensible pecho
el recuerdo feliz de aquellos días
que en plácida quietud juntos gozamos?
¡Días de gozo y paz! ¡Oh cuántas veces
al apurar quizá la aterradora copa
de mísera orfandad, volví la mente,
halagüeños momentos, a invocaros!
Cual leve nieblecilla a recio viento
volasteis, ¡ay!, fugaces, y al por vuestro
también volaron mis pasadas dichas.
    Sí, que a los ecos del metal canoro
hirió en tu pecho juvenil deseo,
la fama y gloria, y despreciando insano
de la razón y la amistad el grito,
corriste en pos de guerras y batallas.
    ¡Ay! Cuando sólo lamentaba, y triste,
tu partida, resuena el hueco bronce
en5.1. hórrido estampido; al son tremendo
tienden las velas el hispano y galo,
y el mar cubriendo en numerosa flota
hacia el Bretón soberbio se dirigen.
¡Ay! ¿Quién las muertes del aciago día,
quién el estrago y la común ruina
bastará a referir? En lid horrenda
allí cayera5.1 el adalid britano
que en mil lauros y mil su sien orlara
mi dulce padre allí... ¡Sombra adorada!
¡Oh si el tributo de continuo llanto
que el hijo triste a tu memoria rinde
te pudiera tornar a nueva vida!
Diéseme el cielo, sordo a mis querellas,
seguirte al menos... ¡Sombra idolatrada!
Tú el galardón de tus preciosos días
recibes tal vez hora, y rodeado
de resplandores mil, vuelves los ojos
a este mundo mezquino que dejaste.
Tal vez me miras, adorado padre;
tal vez me miras con amantes ojos
y al Supremo Hacedor ansioso pides
me dé seguir de la virtud la escala.
Ruégale, sí, que de tu clara vida
las heroicas acciones fiel imite.
Pide que siga tus ilustres huellas.
Y ¿qué, mi Licio? ¿Tú no desfalleces
de estragos tantos a la horrible idea?
¿Cabrá en ti renovarlos? Caro amigo,
huye tantos horrores. Es de fieras
devorarse entre sí con brutal saña.
Del hombre ser humano. Ven, te ruego,
a consolar en su aquejido lloro
a tu amigo infeliz. Logre el consuelo
de estrecharte en sus brazos tiernamente.
Dame el alivio de llorar contigo.

Leí los versos que me remitió mi tío, al leer los míos; sólo copiaré los primeros y los últimos, únicos de que me acuerdo.


Querido Antonio mío:
A mis manos llegaron
tus versos casualmente,
mi pesar renovando
de tu adorado padre
y mi muy caro hermano,
la heroica y triste muerte
lamentas desdichado.
.....................
Llora, llora por siempre,
así como yo hago,
pues no cabe consuelo
en un pesar tamaño.

Como se ve y he dicho antes, mi tío escribía al estilo de Iriarte, y yo al estilo de Meléndez y sus discípulos, y al de los modernos de la escuela sevillana.

 

5.1

Entonces era uso disfrazarse los poetas con nombres llamados poéticos. También se creía oportuno que los nombres supuestos empezasen con la misma letra que los de pila de los mismos individuos. Por eso mi amigo Luis era Licio, y yo, Antonio, Anfieso. Entre los sevillanos era Anfieso don Alberto Lista, y Fileno, don Félix José Reinoso

 

5.1

Anfieso, como va dicho, era yo.

 

5.1

Fileno era nuestro amigo don Francisco de Paula Urmeneta.

 

5.1

En y no con, porque entonces se tenía a gran primor usar de una preposición por otra, y la en corría con superior valimiento. Herrera, en su canción a don Juan de Austria, había puesto: Y en oro y lauro coronó su frente; y tal locución estaba citada como belleza del lenguaje poético, siendo así que con decir de oro y lauro, respetándose la gramática, no habría variado la medida del verso. El en hórrido estampido, era textualmente tomado de Herrera en su más afamado terceto de su elegía a la muerte de Heliodora

 

5.1

Aquí siguiendo a Meléndez y otros, está usada la terminación en era, en vez del pretérito perfecto, y no del pluscuamperfecto, como no debe usarse ni aun como arcaísmo.

 

6

Algunos versos de esta epístola darán idea de su estilo, al par que de su escaso mérito. Decía yo, hablando del certamen de nuestra academia, a don Francisco de Paula Urmeneta:


¡Oh días de placer? Hora Fileno
los saboreas tú, que Anfieso en tanto,
del triste Manzanares a la orilla,
llora el destino que de tantos bienes
impío le arrancó, y entre el bullicio
de aborrecida corte, mal su grado,
cortesano falaz, la frente altiva,
al yugo rinde que detesta el pecho.
Y discípulo rudo en la vil arte
del florentino astuto6.1. o, en el cual puede mentir la boca lo que siente el alma...

Y poco antes, hablando de la para mí ingrata mansión de Cádiz, había dicho:


Aún no tres meses
cumplió en curso la mudable luna,
desque dejé mansión tan halagüeña.
¡Meses eternos! ¡Indefinibles horas!

 

6.1

Maquiavelo, a quien se atribuye lo que dice y lo que no dice, tratándose de política

 

7

Así lo dice textualmente el manuscrito original.

 

8

Ahora que lo pienso, noto una singularidad en esta frase tan ofensiva. Aunque entonces no aspirase yo tanto a purista como aspiro ahora, ya procuraba apartarme de los galicismos. Sin embargo, esta frase está en mal castellano, y aun puede decirse en francés, aunque con palabras de nuestra lengua. ¿Sería que por hablar contra los ingleses pensaba en el idioma de sus contrarios?

 

9

A FILENO9.1

Medina Sidonia, 2 de abril de 1813.



En el silencio grato de la aldea
sumido, huyendo de la hermosa Gades9.1
el bullicio hervoroso, de la corte
las artes insidiosas, los deleites
que en su dorada copa está brindando
incesante el placer dentro esos muros,
(deleites ponzoñosos a que siguen
la hartura pronto y el dolor muy luego)
Anfriso vuelve a la olvidada lira
los ojos llenos del grandioso cuadro
que Natura le ofrece, cuando brilla
con mayor pompa en la estación hermosa.
Vuelve los ojos, y se esfuerza en vano,
al pulsarla de nuevo, que resisten,
al dedo indiestro las flexibles cuerdas.

    A ti, Fileno, a ti, que de las musas
en el dulce regazo te meciste,
y su amor fuiste, y su delicia toda;
a ti, a quien inspiraron los cantares
dulces y blandos con que en otro tiempo
del Darro en la amenísíma ribera
embelesaste a la deidad del río9.1;
a ti correspondiera, modulando
de nuevo tus acentos, que dedicas
a más alto cantar, de aquestos campos
celebrar los primores peregrinos.
Y tu feliz amigo que los goza
y cantarlos no sabe, de tu lira
los sones aprendiera y remedara.

    Mas, ¡ah!, que tú, mientras mi voz te llama
y te convida a celebrar conmigo
las delicias del campo, no me escuchas
quizá aplicado a superior tarea.
De la superstición el trono infame,
sobre errores y muerte9.1 cimentado
de nuevo haces temblar: quizá a los pueblos,
sus sagrados derechos revelando,
a los fieros tiranos amedrentas9.1;
o con severa pluma a las edades
pura y clara transmites la memoria
de aquellos héroes que con triste suerte
defendieron los fueros de Castilla9.1.
Sigue, Fileno, en ten sublime estilo,
y aquella musa que inspiró tu canto,
por quien de Augusta9.1 las ruinas sacras
con nuevo nombre sonarán por siempre,
te anime y guíe, y los hispanos pechos
de ti aprendan lecciones importantes:
a amar su patria y conservarse libres.

    Y en tanto yo, sobre la verde alfombra
recostado, que adornan y engalanan
las no sembradas flores, goce ledo
del aura fresca, embalsamada y pura,
de la inmensa pradera que registro
desde este altivo y escarpado monte.
Ahora tiendo la vista, y a lo lejos
miro pastar las mugidoras vacas,
de su custodio fiel oigo el ladrido,
o ya sonar la esquila, interrumpiendo
el general silencio; ahora embebido
en contemplar las fértiles campiñas
y los verdes sembrados me recreo.

    ¡Oh! ¡Cuán tristes imágenes, empero,
me vienen a asaltar! Aun miro impresas
de la bárbara hueste asoladora
las huellas que dejaron por doquiera
ruina y desolación9.1.. Gime, entre tanto,
el pobre labrador, que reducido
de la abundancia a mísera estrecheza
fue por la mano del feroz soldado.
Estos campos, Fileno, que algún día
recompensaban con colmados dones
de su dueño el afán, ahora privados
del útil animal que de la tierra
abre y fecunda las entrañas duras,
ya no, cual antes, llenarán las eras.
La brutal avaricia, el desenfreno
consumió los rebaños, que eran fuente
de sustento y riqueza; todo, todo
retrata aquí la aborrecible idea
de la guerra feroz; de los destrozos
del bárbaro agresor, cuya impía mano
tala y oprime nuestra dulce patria.

    Apartemos, amigo, la memoria
de tan triste espectáculo; volvamos
a contemplar con ánimo tranquilo
de la naturaleza la hermosura,
que ajar no puede la maldad humana.
¡Ah! Cuando discurriendo solitario
por entre dos colinas, cuyas faldas
esmalta la verdura, me deleito
en contemplar la tierna hierbecilla
bañada del rocío matutino
brillando en medio numerosas flores,
mil mariposas revolando en torno,
la solícita abeja regalando
con su blando susurro mis oídos,
y oigo trinar las aves, y las hojas
de los copudos árboles moverse
por el travieso céfiro agitadas,
o de la fuente el plácido murmullo;
cuando anhelando más grandiosa escena
por estas peñas escarpadas trepo
a la sublime altura, y cuando miro
allá a lo lejos la enriscada sierra,
de la otra parte, al fin del horizonte,
el mar que ciñe la ciudad de Alcides,
y en medio el vasto desigual terreno
ya alzándose en colinas, ya formando
hondos valles y prados escondidos,
¡oh, cómo me embeleso! ¡Cuán pequeño
el hombre me perece y sus pasiones!

    Mas vuelvo en mí, y el alma, conmovida
por tales emociones, se despierta
a tiernos sentimientos. Los recuerdos
de mi cara familia se presentan
a mi imaginación. De mis amigos
la imagen agradable se retrata
dentro en mi pecho de placer bañado.
¡Oh, cuán caros me son! ¡Cómo quisiera
junto con ellos disfrutar los gozos
que procuro pintor con mano débil!

    ¡Oh Fileno! Si tú, que los conoces,
los vuelves a gustar, de las ciudades
despreciarás el opulento brillo,
que al fin produce tedio, y la natura
es fuente de placer inagotable.

He aquí algunos retazos de la respuesta de mi amigo, que siento no conservar entera en la memoria:



No tu Fileno, cual soliera un tiempo,
se arrastra en busca de despojos tristes
de asolada ciudad, ni ya empuñando
el trágico puñal, amaga el pecho
el blanco pecho de la actriz graciosa.
Y si a trazar a las futuras gentes
el cuadro de los libres de Castilla
que por su gloria en Villalar murieron
coge el tosco pincel, borrones sólo
el lienzo cubre, y su campo afean.
.....................................................
¡Ay Anfrisol La lira encantadora,
mi amiga y compañera en otro tiempo,
al pie de un lecho la colgué por siempre.
¿Ni quién pudiera las tirantes cuerdas
pulsar tranquilo, cuando brinda a un tiempo
a la lasciva mano, la süave,
la palpitante carne de mil bellas9.1.
.................................................
¡Necio desvelo recordar al hombre
la ruina de los pueblos, y acortarle
el breve espacio de tranquila calma!
Si todo pasa en codicioso anhelo,
démonos al placer, y sólo sirva
la memoria de muertes y de estragos
de nuevo impulso al anhelar continuo
un placer, y otro, y mil. Ante mis ojos
cámbiense las escenas halagüeñas;
y al escuchar al moralista austero
que la hartura y dolor al placer siguen,
las copas apuremos del deleite,
sin apartar el abrasado labio
ni lo que basta a respirar siquiera.
¿Es la vida fugaz? Pues bien, gocemos
......................y, ya rendidos
en las lides de amor, de Anacreonte
con la lira feliz, desafiemos
a la vejez que tétrica amenaza.

    La Historia, presentándome delitos,
siempre delitos, y jamás venturas
del mísero mortal, ¡goza! (me grita)
y aprende en mis lecciones, que tan sólo
es el placer el alma de la vida.

    Ya te sigo, fielísima doncella;
ya tu consejo sigo. La ancha vía
del placer piso, y desbocado corro
las sendas todas que a mi vida ofrece.
Mas, ¡ay!, quizá con venenosa hierba
poblada, alguna a la mansión de Anfriso
me llevará, cuando el feroz octubre9.1
de pámpanos ornado se presente.
Débil la vista, pálido el semblante,
de risa y compasión objeto sólo
a las gentes seré; mi torpe lengua
ni aun podrá pronunciar de amor divino
el dulcísimo nombre, y agobiado
por temprana vejez... que duro y triste
cargue el dolor sobre mis flacos hombros,
la tarda muerte invocaré en mi angustia.

 

9.1

Como Martínez de la Rosa se llamaba Francisco, era necesario llamarle Fileno, como a mi amigo don Francisco de Paula Urmeneta, a quien así se le llamaba en nuestra Academia.

 

9.1

Tampoco se podía entonces decir Cádiz, sino Gades, que era lo poético.

 

9.1

Alude a versos compuestos por Martínez de la Rosa en Granada, su patria.

 

9.1

Alude a opúsculos del mismo autor, contra la Inquisición y sus defensores.

 

9.1

Refiérese a otros trabajos del mismo autor abogando por la causa popular.

 

9.1

Alude al bosquejo de la historia de las Comunidades y a la tragedia La viuda de Padilla

 

9.1

Refiérese al poema de Zaragoza, que admiraba yo mucho entonces.

 

9.1

En las poblaciones campestres vecinas a Cádiz faltaba entonces el ganado, de lo cual resultaba grande escasez.

 

9.1

Esto es un poco libre. El autor era joven y hablábamos en broma. Perdónenme los lectores publicarlo. Al cabo, algo peor hay en Quevedo, y aun en Cervantes, en siglos que se citan como más virtuosos que el nuestro.

 

9.1

Para entender esto que pasa por indecente, aunque por estar dicho con chiste y novedad ingeniosa se publica, conviene saber que Medina Sidonia era un lugar cuyo clima estaba reputado singularmente propio para recibir en él fricciones mercuriales los dolientes del mal venéreo; que ir a Medina, en el lenguaje vulgar andaluz, quería decir ir a tomar el remedio de que se acaba de hablar, y que octubre era la estación propia para el intento. Nuevo perdón hay que pedir por estas explicaciones y por el texto que las motiva; pero ¿no es digno de aplauso tan nuevo modo de explicar en verso, en tono semiserio, ideas semejantes?

 

10

La ira de algunos liberales de los de menos cuenta contra el señor Esperanza, le dio, estando el Gobierno aún en Cádiz, un valor politico excesivo y después no confirmado. Me acuerdo de una quintilla, impresa en un periódico, que decía a los enemigos de la Constitución:


No pierdan la confianza
vuestros pechos varoniles,
que en todo ha de haber mudanza
y triunfarán los serviles
como tengan a Esperanza.