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«Este rey don Alonso de Castilla, como quier que en aquel tiempo estuuiese sin guerra, sienpre cataua como se trabajase en offiçio de caualleria, faziendo torneos e poniendo tablas e justando, e quando esto no fazie algo, corrie monte; e por esto e porque los caualleros non perdiesen de vsar armas, e otrosí estouuiesen aperçebidos para la guerra cuando menester les fuese [...]» (Gran Crónica de Alfonso VI, edición y estudios de Diego Catalán, Madrid, 1977, título II, capítulo CLXIII, p. 101). Jovellanos poseía ya en 1778 la edición de Valladolid, 1551 (AGUILAR PIÑAL, Francisco, La biblioteca de Jovellanos). Francisco Cerdá y Rico la editó como Crónica de D. Alfonso el Onceno, de este nombre, de los reyes que reynaron en Castilla y en Leon / conforme a un antiguo ms. de la Real biblioteca del Escorial, y otro de la Mayansiana: e ilustrada con apéndices y varios documentos, Madrid, Antonio de Sancha, 1787.)

 

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Fernando IV (1285-1312) muere a los 27, cuando Alfonso XI (1311-1350) cuenta con un año, con lo que se suceden dos tumultuosas regencias familiares, que van de 1312 a 1325, e incluyen una guerra civil desencadenada por la muerte de María de Molina, madre de Fernando IV, en 1321, sólo zanjada cuando las Cortes de Valladolid declaran la mayoría de edad de Alfonso XI en 1325. La Gran Crónica de Alfonso XI da noticia del caos en que estos enfrentamientos entre los tutores y sus respectivos partidarios había sumido el reino: «ca los rricos omes e los caualleros biuían de rrobos e de tomas que fazían en la tierra, e los tutores consentíanselo por las aver cada uno de ellos en su ayuda. E quando algunos de los rricos omes e cavalleros se partían de la amistad de alguno de los tutores, aquel de quien se partíe destrúyale todos sus lugares e los vasalos que avía, diziendo que lo fazían a boz de justiçia» (edición de Diego Catalán, tomo I, capítulo XLIX, p. 369.)

 

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«E desque lo ovo guisado, enbió dezir a los rricos omes e infançones e hijos dalgo del su rreyno que se quería coronar e tomar honrra de cauallería, en aquel tiempo, que quería hazer caualleros los más dellos e darles guisamiento de todo lo que oviesen menester para sus caballerías» (edición de Diego Catalán, tomo I, capítulo CXX, p. 507.) Para reforzar los lazos políticos con la nobleza, en 1332 Alfonso XI funda la Orden de la Banda, que recibe tal nombre por vestir sus caballeros paños blancos con bandas prietas, y se hace coronar en el Monasterio de las Huelgas Reales, nombrando a más de cien caballeros (edición de Diego Catalán, tomo I, capítulo CXX, pp. 511-514.); sobre esta orden véase CEBALLOS ESCALERA y GILA, Alonso, La Orden y Divisa de la Banda Real de Castilla, Madrid, 1988. La coronación de Juan I (1358-1390), nieto de Alfonso XI, que precisamente moriría en una demostración ecuestre, tuvo lugar en 1379; en ellas las celebraciones ya comentadas y las alegrías (DRAE, 1726: «las fiestas públicas que se hacen por los sucesos prósperos de victorias, nacimientos de príncipes, coronaciones de reyes, y otros festejos prósperos de victorias, nacimientos de príncipes, coronaciones de reyes, y otros festejos solemnes de interés, beneficio y gloria común del reino» (La Crónica del rey don Juan I, BAE, LXVIII.)

 

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[Nota de Jovellanos] «"Cuando mandaba facer muy honradas fiestas e procesiones, mandaba facer justas e torneos e juegos de cañas, e daba armas e caballos e ricas ropas e guarniciones a aquellos que estas cosas habían de facer" Crónica de don Pedro Niño, parte I, capítulo 11».

Sancha (1812), BAE y AR, Crónica de Don Enrique III. Pero Cádiz (1812), Con el tiempo se solemnizaban también con ellos las festividades eclesiásticas: de lo cual hay un testimonio muy señalado en la Crónica de don Pero Niño; la cual, ponderando al capítulo 11 de la 1.ª parte la devoción y magnificencia del rey don Enrique III, dice:

«Quando mandaba facer muy honradas fiestas e procesiones, mandaba facer justas e torneos, e juegos de cañas: e daba armas e caballos, e ricas ropas e guarniciones a aquellos que estas cosas habían de facer».



Y Jovellanos anota en el diario mientras corrige que está leyendo esta crónica: «repaso de las Crónicas del conde de Buelna y Don Álvaro», [ Gijón, 4 de diciembre de 1796], Obras completas, tomo VII, p. 637. Véase DÍEZ DE GAMES, Gutierre, Crónica de don Pedro niño, conde de Buelna: «Cómo este caballero era muy valiente en torneos e en todas las cosas que pertenecían a caballería e cómo fue el más fuerte justado de quantos ovo en su tiempo» (edición de Eugenio Llaguno Amírola, Madrid, Sancha, 1782, parte I, capítulo XI, p. 43.)

 

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Se trata de la Crónica de Don Álvaro de Luna, publicada con apéndices por Josef Miguel de Flores, Madrid, Imprenta de Don Antonio de Sancha, 1784 (vol. V de la «Colección de Crónicas y Memorias de los Reyes de Castilla»), pp. 127-128. La leía Jovellanos, mientras corregía este papel, en diciembre, como señalamos en la nota anterior, y el 30 de noviembre de 1796: «Chimenea; lectura en la Crónica de don Álvaro de Luna», Obras completas, tomo VII, p. 636. El valido, favorito de Juan II hasta que éste se casó con Isabel de Portugal, sería ejecutado en 1453. El condestable organizó la justa en 1428 para celebrar a la infanta Leonor que partía a casarse a Portugal y para mostrar su poder: acababa de ser restituido tras el destierro a que le había condenado el Arbitraje de Valladolid.

 

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Aventurero: aquí en el sentido de «los que entran voluntarios en las justas o torneos», DRAE (1770). Tal era don Quijote, según se lo explica Sancho Panza a Maritornes: «"¿Qué es caballero aventurero?", replicó la moza. "¿Tan nueva sois en el mundo que no lo sabéis vos?", respondió Sancho Panza. "Pues sabed, hermana mía, que caballero aventurero es una cosa que en dos palabras se ve apaleado y emperador: hoy está la más desdichada criatura del mundo y la más menesterosa, y mañana tendrá dos o tres coronas de reinos que dar a su escudero"» (El ingenioso hidalgo Don Quijote, parte I, capítulo XVI.)

 

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Variante textual. Falta en BAE, el.

 

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Variante textual. Ms. RAH y Sancha, BAE: capítulo 52. Corrige con acierto el capítulo Guillermo Carnero.

 

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La descripción de las fiestas de coronación de Fernando I en 1414, que tomó el sobrenombre cuatro años antes por la victoria de Antequera frente a los árabes, en Gerónimo de Blancas, Coronaciones de los serenísimos Reyes de Aragón: «Y hecha la coronaçión con grandes alegrías y mucha música de cantores y ministriles y otros debersos instrumentos, duraron las fiestas diez días. Y en todo aquel tiempo, el rey mandó dar muy largas raçiones a todos los que vinieron a las fiestas; y estubo siempre delante de palaçio una fuente de dos caños, que por ell uno manaba siempre vino tinto; y por ell otro, vino blanco. Y allí venían a cogello todos los que querían. En estos días siempre ubo justas; y hízose un torneo de çiento blancos contra çiento colorados. Entraron tres vezes los unos en los otros; ubo algunos caballeros derrocados. Fue una muy hermosa fiesta de ver» (edición de Juan Francisco Andrés de Uztarroz, Zaragoza, Diego Dormer, 1641; su estudio en SHERGOLD, N. D., A History of the Spanish Stage, Oxford, 1967, pp. 115-120.) Y también en la Crónica de Juan II: «Estando el Rey en Zaragoza, mandó aparejar todas las cosas que eran necesarias para su coronación, en la qual vinieron muchos grandes Señores, así prelados como caballeros [...]. Y hecha la coronación con grandes alegrías e muchos menestriles de diversos instrumentos, las fiestas duraron diez días [...]. Y en estos días siempre hubo justas a dos tablas, en que se hicieron muy señalados encuentros» (Galíndez de Carvajal, BAE, 68, pp. 368-360.)

 

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Se recuperan en esta edición las notas, inéditas, que Rafael Floranes preparó de esta memoria, al igual que lo hizo del Informe en el expediente de Ley Agraria. Éstas se hallan en el ms. 7193 de la Biblioteca Nacional. Consta que perteneció a Luis Usoz. Nota de Rafael de Floranes: «diferencia notada de Covarrubias en el Thesor: de la leng. Castellan, verb. Justa donde explica bien lo que es».