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Sobre este tema había escrito Jovellanos la «Carta sobre las romerías de Asturias» para las Cartas del viaje de Asturias, redactada en 1782, y corregida en 1794 y 1795 y, de nuevo, en 1797; en Obras completas, tomo IX, pp. 109-122. Recupera este material ahora, como se advierte en las alusiones a la gimnástica o a las peregrinaciones, que figuraban en aquélla: «Son una especie de correas a la manera de las danzas de los antiguos pueblos, que prueban tener su origen en los tiempos más remotos y anteriores a la invención de la gimnástica», «pudieron ser traídas acá por los romeros que en ella venían a peregrinar por este país, pues ya sabe usted que las romerías de San Salvador en Oviedo fueron en algún tiempo muy frecuentadas, y aun de ellas dura todavía algún resto», Obras completas, tomo IX, p. 113. No es de extrañar que no cite la carta, pues permanecía inédita: Jovellanos dudó si publicarlas, incluso pensó en quemarlas y, finalmente, el corpus no se imprimió hasta 1848, en La Habana.

 

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Alude también a este juego en la carta de las romerías (p. 118); tirar la barra, según DRAE, 1726, es un «Género de diversión que para ejercitar la robustez y agilidad suelen tener los mozos: y es desde un puesto señalado despedirla de diferentes modos y maneras, y gana el que más adelanta su tiro, suponiendo que para que lo sea ha de prender en la tierra por la punta o parte inferior».

 

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Véase ÁLVAREZ DE MIRANDA, Pedro, «Una voz de tardía incorporación a la lengua: la palabra espectador en el siglo XVIII», en Coloquio internacional sobre el teatro español del siglo XVIII (Bolonia, 15-18 de octubre de 1985), Abano Terme, Piovan Editore, 1988, pp. 45-66.

 

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[Nota de Jovellanos] «Consérvanse aún en el país en que escribo dos danzas que pueden confirmar lo dicho en el texto, conocidas por los nombres de danza de romeros y danza de espadas. El nombre de la primera y la esclavina, bordón y calabaza con que se adornan sus danzantes indican bastantemente su origen; y siendo bien conocido en la historia del tiempo en que empezaron y crecieron las peregrinaciones a S. Salvador de Oviedo, tampoco parece difícil determinar su época. La de la segunda, que sin duda es de más antiguo y noble origen, puede inferirse de su forma. Todas sus mudanzas o evoluciones terminan en una rueda en que los danzantes, teniendo recíprocamente sus espadas por la punta y pomo, forman la figura de un escudo. Formada, sube en él el caporal o guión de la danza, y alzado por sus camaradas en alto y vuelto en torno a las cuatro partes principales del mundo, hace con su espada ciertos movimientos como en desafío de los enemigos de su gente. Los que saben la fórmula de la elevación de los reyes visigodos poco trabajo tendrán en atinar con el origen, o por lo menos con el tipo de esta danza». El pasaje no figura en los manuscritos ni en las ediciones de Cádiz y 1820. Mientras en Sancha, 1812, 1817 y 1839 se lee: cuatro plagas; en BAE y AR: cuatro puntos. Guillermo Carnero propone este cuatro partes, más cercano a plagas.

 

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Variante textual. En el manuscrito de la Real Academia de la Historia añade: Esta práctica continúa todavía en algunos países de esta Península, como Galicia, Asturias, Vizcaya, Cataluña, y la misma era en toda España.

 

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Esta visión rousseauniana es también expresada en la «Carta sobre las romerías de Asturias»: «El filósofo ve brillar en todas partes la inocencia de las antiguas costumbres, y nunca esta virtud es más grata a sus ojos que cuando la ve unida a cierta especie de placeres que la corrupción ha hecho en otras partes incompatibles con ella» (Obras completas, tomo IX, p. 112.) contrasta con algunas famosas reprobaciones de las romerías, como la de Feijoo: «Con horror entra la pluma en esta materia. Sólo quien no haya asistido alguna vez a aquellos concursos dejará de ser testigo de las innumerables relajaciones que se cometen en ellos. Ya no se disfraza allí el vicio con capa de piedad: en su propio traje triunfa la disolución. Coloquios desenvueltos de uno a otro sexo, rencillas y borracheras son el principio, medio y fin de las romerías. Eso se hace, porque a eso se va». Sobre todas estas cuestiones, Obras completas, tomo IX, pp. 118-120.

 

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Cádiz, 1812, incorpora a continuación el siguiente párrafo: No será fuera de propósito indicar las circunstancias coetáneas que facilitaron esta revolución (manuscrito ITB: resolución). Recoger y apuntar estérilmente los hechos, es tan fácil como provechoso; reunirlos, combinarlos, observar su influencia y deducir de ellos axiomas y máximas políticas, es lo más difícil e importante, y lo que solo puede hacer la historia ayudada de la filosofía.

 

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[Nota de Jovellanos] «"La afición a las armas y a las mujeres van siempre juntas, y es de notar que las naciones más belicosas son también las más enamoradas. Así que la antigua fábula que representa a Marte enlazado con Venus no fue una invención caprichosa, sino una bien fundada alegoría», Aristóteles, Política, libro II».

Jovellanos tenía la traducción al latín de Juan Ginés de Sepúlveda ( París, 1548) y la Opera editada en Lugduni en 1563, que no he podido consultar (Francisco Aguilar Piñal, refs. 117 y 554). El texto dice así: «La consecuencia necesaria de esto es que bajo semejante régimen el dinero debe ser muy estimado, sobre todo cuando los hombres se sienten inclinados a dejarse dominar por las mujeres, tendencia habitual en las razas enérgicas y guerreras. Exceptúo, sin embargo, a los celtas y algunos otros pueblos que, según se dice, rinden culto francamente al amor varonil. Fue una buena idea la del mitólogo que imaginó por primera vez la unión de Marte con Venus, porque todos los guerreros son naturalmente inclinados al amor del uno o del otro sexo», ARISTÓTELES, Política, «Examen de la Constitución Lacedemonia», edición de Patricio de Azcárate, Obras de Aristóteles, Madrid, 1874, vol. III, libro II, capítulo VI, § 6.

 

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Variante textual. Sancha, 1812, un.

 

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Variante textual. BAE, las.