301
Manuscrito: Segunda; Juvenal, sátira XI, vv. 162-165.
302
Real Academia de la Historia, 11-08046, documento 14. Inédito. Titulado: «Informe hecho a la Academia por los señores Conde, Abella y Siles, leído en Junta del día de la fecha sobre Espectáculos y Diversiones públicas usadas en España en todos tiempos: para cumplir con una orden del Consejo R. de 1.º de junio de 1806, que ha reclamado en diferentes épocas». Es el documento que finalmente envió el Consejo a la Academia, en cuyo comienzo se alude claramente a los aspectos que consideran inútiles del informe de Jovellanos, pese a que en él basan buena parte de su documentación. A diferencia de los anteriores informes, obvian las críticas a las corridas de toros, de donde se desprende una valoración positiva, y plantean, sin embargo, que bailes, máscaras y teatro no pueden ser considerados fiestas nacionales, oposición implícita a todas las argumentaciones que les precedieron, si bien en éstas no se hablaba de fiestas nacionales, sino de diversiones públicas. Dato significativo, si se tiene en cuenta que ese mismo año lee finalmente Vargas Ponce, ya como director de la Academia, su Disertación sobre las corridas de toros ( Madrid, Real Academia de la Historia, Archivo Documental Español, XVII, 1961), sobre cuyo contenido le había asesorado Jovellanos y cuya opinión comparte (en este tomo, pp. 310-313). Consta en el expediente: «Se pasó al Consejo copia certificada en 2 de abril de 1807 expresando haberse conformado con él la Academia». En el documento se adjunta la certificación, que comienza: «Acad.ª 1807. Informe sobre espectáculos y diversiones de España en la antigüedad. Se remitió al Consejo en 2 de abril de 1807. Don Joaquín Juan de Flores, del Consejo de S. M., Oidor honorario de la Real Audiencia de Sevilla, Auditor de Guerra de la Capitanía General de Castilla la Nueva, individuo de número de la Real Academia Española y secretario de la Real de la Historia. Certifico que en la Junta celebrada por la expresada Real Academia de la Historia en trece de marzo próximo se leyó el informe que los juegos, espectáculos, y diversiones públicas que se usaron y ejercitaron en lo antiguo en las respectivas provincias de España, encargando a tres de sus individuos para satisfacer a una orden del Consejo Real de primero de junio de 1786, el cual, copiado a la letra, es como sigue: “No nos detendremos...". Y habiéndose conferenciado sobre todos y cada uno de los puntos comprendidos en este informe, lo aprobó la Academia, y acordó en consecuencia que se dirija copia a dicho Supremo Tribunal para los fines que juzgue más oportunos, por medio de la certificación correspondiente. En cumplimiento de lo cual doy la presente que firmo en Madrid, a 2 de abril de 1807»
. Consta en el margen izquierdo: «Academia, de 13 de marzo de 1807. Como parece a los Señores informantes y hechas las adiciones propuestas por varios señores, pásese copia integra al Cons[ejo] R[eal] de este papel por medio de la certificación correspondiente».
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En una piedra que publicó el señor Loperraez en su Historia de Osma, había un bajo relieve en que se figuraba un toro y un hombre con una lanza o dardo en acción de esperar su acometimiento, con una inscripción celtibérica; apenas puede hallarse monumento más antiguo y más claro del uso antiguo de estas fiestas de toros.
304
Pli[nio], libro 8, capítulo 45, H.N., Primum id spectaculum dedit Roma Caesar dictator.
305
In Hist. Goth.
306
En las bodas del rey don García de Navarra con la inf[ant]a doña Urraca, hija de don Alonso, el emperador, celebradas en León día 8 de las calendas de julio de la era 1182, se refiere en la crónica de este ilustre rey de León al capítulo 34, libro I.º della lege: «Thalamus collocatus est in Palatiis regalibus qui sunt in Sancto Pelagio ab infantissa domna Sanctia, et in circuitu Thalami maxima turba histrionum et mulierum et puellarum canentium in organis et tibiis et Citharis et psalteriis, et omni genere musicorum: Imperator et Garsia rex sedebant in solio Regio in excelso loco ante fores Palatii imperatoris, episcopi et Abbates et comites et principes et dulces sedilibus paratis, in circuitueorum aliae autem potestates; verum tamen Hispaniae delecti alii equos calcaribus currer cogentes iuxtas morem patriae, proiectis tam suam quam equorum virtute, hastilibus instructa tabulata ad ostendendam pariter artem et virtutem percutiebant; alii latratu canum ad iram provocatis tauris protento venabulo occidebant: ad ultimum caecis, porcum quem occidendo suum facerent campi medio constituerunt et volentes porcum occidere tese ad invicem saepius laeserunt, et inrisum omnes circunstantes coegerunt, factum est autem gaudium magnum in illa civitate»
. Aquí se nota el bofordar a caballo, el torear con aparato de perros y caballos, y la extraña lid de los ciegos con el puerco.
307
Fuéronse para Burgos cuando ir se podieron; / luego que allí llegaron grandes bodas ficieron; / non alongaron plazo, bendeciones prendieron; / todos, grandes e chicos, muy gran gozo hobieron. / Alanzaban tablados todos [los] caballeros; / a tablas e castanes [en el poema escaques] juegan los escuderos; / de otra parte mataban los toros los monteros; / avie muchos de cítulas e muchos violeros.
308
En las fiestas que dispensó don Álvaro de Luna para obsequiar al rey don Juan en su villa de Escalona dice su crónica que hubo torneos de a pie en sala de noche, y a caballo en la playa de día.
309
Inédito. Biblioteca Menéndez Pelayo, Papeles de Jovellanos, 1.23. Esta epístola ha de ser la que traduce en Gijón el 24 de julio de 1797; es día de celebración en la casa, pues ha sabido por el correo que se ha aprobado la financiación de la carretera de Castilla y del Real Instituto: «Sol picante. Traducción de una Epístola de Plinio, para ilustrar en el papel de Espectáculos el asunto de romerías; pondráse otra nota sobre las máscaras»
(Obras completas, tomo VII, p. 759.) Dos razones pudieron darse para esta traducción: primera, que en 1796 la Junta de la Academia había acordado la publicación de la memoria, lo que le habría estimulado a revisarla; segunda, que el día anterior, el domingo 23 de julio de 1797, había acudido a la romería del Carmen en Caldones (p. 758), lo que le habría llevado a pensar en remozar, en concreto, el capítulo sobre las mismas; finalmente, no incluyó esta referencia a Plinio. Jovellanos volvía cada tanto a estas epístolas, que tenía en alta estima, como a un clásico. Según consta en el inventario de su biblioteca sevillana, Jovellanos contaba en 1778 con dos ediciones de las epístolas de Plinio: la parisina de Claudio Minoe de 1588 y la traducción francesa de 1773. Clément señala también la edición de Hardouin de la Opera publicada en Basilea en 1741 (AGUILAR PIÑAL, Francisco, La biblioteca de Jovellanos (1778), Madrid, CSIC, 1984, números 336 y 372; CLÉMENT, Jean-Pierre, Lecturas de Jovellanos, Oviedo, IDEA, 1980, n.º 176). El 23 de agosto de 1795 había anotado Jovellanos en el diario: «Lectura en las cartas de Plinio el Mozo; paseo con ellas: [...]. Tarde: paseo con Plinio. ¡Qué gracioso su estilo! ¡Qué amigable y tierna su correspondencia!»
; el 25 de abril de 1796 vuelve a su lectura: «Paseo y lectura en las cartas de Plinio el Mozo a Trajano» (Obras completas, tomo VII, pp. 424 y 533). Esta traducción lo es de la carta sexta, libro IX, PLINIO, Cartas, edición de Julián González Fernández, Madrid, Gredos, 2005, pp. 431-432.
310
El sentido de este pasaje de Plinio no parece claro en la traducción de Jovellanos, pero se comprende bien a través de la interpretación y traducción que Francisco Ayala hiciera de este fragmento: «Desde su casa de campo, donde ha pasado unos días agradablemente ocupado con sus papeles, Plinio el Joven escribe a su amigo Calvisio Rufo. Se pregunta Plinio cómo hubiera podido aplicarse a ellos estando en la urbe. Allí se celebran las carreras, un espectáculo que a él nunca le ha llamado la atención, pues no ofrece novedad alguna; con verlo una vez, ya basta; y se sorprende de la pasión pueril con que hombres hechos y derechos contemplan siempre lo mismo: caballos que corren y los cocheros que los guían. "Lo que de hecho importa a la gente son los colores del equipo. Si en mitad de una carrera se cambiaran esos colores, la gente transferiría sus simpatías y entusiasmo de unos corredores a otros. Cuando pienso en lo inane e insípido de la rutina que mantiene a los espectadores interminablemente sentados, me da gusto de que mis gustos sean otros, y me complazco empleando mi ocio en las letras"»
(AYALA, Francisco, «Plinio y los deportes», El jardín de las delicias, Madrid, Espasa-Calpe, 1978, p. 316.)