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271

Pese a la afirmación de Jovellanos, hay noticias contradictorias sobre el precio de las entradas y la composición del público: en la década de los 80 una entrada costaba entre el 40 y el 50% del sueldo de un obrero; el propio Moratín afirma que en 1781 sólo pudo asistir al teatro en diez ocasiones; y Erauso y Zavaleta señalaba que predominaba el público de «sobresaliente carácter». Sin embargo, es conocido el poder de chorizos y polacos, y hay legislación teatral específica para labradores, menestrales y tenderos. En todo caso, es una constante de los planes de reforma proponer la subida de precios. Para la recaudación de los distintos géneros y las subidas de precios de 1798 y 1800, véase ANDIOC, René, Teatro y sociedad, pp. 31-46; HERRERA NAVARRO, Jerónimo, «Precios de piezas teatrales en el siglo XVIII. Hacia los derechos de autor», Revista de Literatura, 115 (1996), pp. 47-82; ÁLVAREZ BARRIENTOS, Joaquín, «El público, entradas, distribución social», pp. 1482-1486.

 

272

Variante textual. Manuscrito Real Academia de la Historia y BAE: sale.

 

273

Los mosqueteros asistían a la representación de pie, en la parte posterior del patio, tras bancos y luneta; los chisperos eran los chulapos o manolos del barrio de Maravillas, así llamados por abundar en él los herreros. El sentido último del término, que va mucho más allá de su profesión, no se recoge en el DRAE. Decía Galdós: «Me acuerdo bien de que vestía el traje popular, esto es, un rico marsellés, gorra peluda de forma semejante a la de los sombreros tripicos, pero mucho más pequeña, y capa de grana con forros de felpa manchada. Al verle con esta facha, no crean ustedes que era algún manolo de Lavapiés o chispero de Maravillas, pues los arreos con que le he presentado cubrían la persona de uno de los principales caballeros de la Corte; sólo que éste, como otros muchos de su época, gustaba de buscar pasatiempo entre la gente de baja estofa, y concurría a los salones de Polonia la Aguardentera, Juliana la Naranjera, y otras célebres majas de que se hablaba mucho entonces. [...] Parecían escritos expresamente para él los famosos versos: "¿Ves, Arnesto, aquel majo..."» (La corte de Carlos IV, edición de Dolores Troncoso, Barcelona, Crítica, 1995, pp. 215-216.)

 

274

En el manuscrito de la Real Academia de la Historia se lee: Los hospitales de Madrid, los frailes de San Juan de Dios, los niños desamparados, la secretaría de corregimiento, el cochino de San Antón, son los partícipes de una buena porción de sus productos.

 

275

Variante textual. Manuscrito Real Academia de la Historia, ITB y Cádiz, 1812: decadencia.

 

276

Real Academia de la Historia: ¡Qué miserables somos! ¿Quién no recordará con vergüenza la grandeza de nuestros espectáculos? Tachado como la oración en la siguiente nota.

 

277

Esta oración y la siguiente tachadas en el manuscrito de la Real Academia de la Historia. El famoso teatro de Scauro, en que Marco Emilio Scauro (I a. C.). El Menor invierte su patrimonio para construir una cavea con capacidad para 80.000 personas. En la scanea frons había ornamentaciones de marfil, plata y oro. Estaba decorado con 360 columnas de mármol, de vidrio y madera dorada; 3.000 estatuas y cuadros contribuía al fasto de un edificio que sólo estuvo en pie un mes, (DUPONT, Florence, Teatro e società a Roma, Roma, Laterza, 1995, p. 52). Es referencia habitual en el siglo XVIII: el censor del tomo VI del Teatro crítico universal estima que el de Feijoo sobrepuja al de Scauro: «Sin que pueda ni aun igualarle en el primor aquel Teatro de todos los Autores celebrado por el Máximo: el que construyó Scauro, creída su fábrica, no para fatal despojo del tiempo, sino para noble emulación de los siglos. M. Scaurus fecit in edilicate sua opus maximum imnium, quae umquam fuere humana manu facta, non temporaria mora; verumentiam aeternitatis duratione (Ros. Antiq. Rom. lib. 2, cap. 4). Pues si en lo exquisito y singular de sus mármoles; en lo terso, y limpio de sus cristales; en lo fino y lustroso de su dorado pavimento, y último orden, consistía su grandeza; y lo que es más, en la hermosa amplitud de su espacioso sitio, donde franqueaba cómodo lugar a más de ochenta mil circunstantes, mérito, que le granjeó entre los propios y extraños prodigios ser estimado por el Máximo del arte; el que a costa de inmenso estudio ha erigido el Rmo. P. M. Feijoo para deleitoso recreo de los más fecundos ingenios, si por los sólidos fundamentos emula la firmeza de aquellos mármoles, por lo terso del estilo la limpieza de aquellos cristales; y por lo vivo de las especies lo brillante del dorado pavimento, con que aquel majestuoso teatro se ostentaba plausible, y le excede».

 

278

Las tragedias formaban parte de los actos oficiales organizados por la polis con motivo de las Grandes Dionisas de primavera. Como los autores presentaban a concurso tres tragedias y un drama satírico -de ahí la abundancia de trilogías-, Jovellanos se refiere a que el Estado se había gastado en un solo día lo mismo que estaba invirtiendo en la guerra contra Esparta.

 

279

Variante textual. ITB, Cádiz, 1812 y BAE: al.

 

280

Variante textual. Manuscrito Real Academia de la Historia y Cádiz, 1812: hablo del ínfimo.