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Biblioteca Nacional, manuscrito 7193: Nota de Rafael de Floranes: «He aquí la bella máxima de un gran J.C.: "Prospicere reipublica securitati debet preses prinvincie: dummodo non acerbum se exactorem, nec contumeliosum prebeat sed moderatum et cum eficacia benignum et cum instancia humanum: nam inter insolentiam incuriosam et diligentiam non ambitiosam internet. Ulpiam. In L. 33 Digest usur"».

 

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Y a Vargas Ponce, en la carta sobre los toros, de nuevo: «Pero usted sabe mi modo de pensar en la materia: el pueblo no ha menester espectáculos, basta se le deje divertirse». Guillermo Carnero apunta que «Jovellanos debió tener presente aquí el pasaje de la Lettre à Mr. D'Alembert sur les spectacles de Jean Jacques Rousseau en el que se concluye que la autoridad no debe obstaculizar las diversiones populares, sino encauzarlas y asociarse a ellas para hacerse amable: Il ne suffit pas que le peuple ait du pain et vive dans sa condition: il faut qu'il y vive agréablement, afin qu'il en remplisse mieux les devoirs, qu'il se tourmente moins pour en surtir et que l'ordre public sois mieux établi. [...] Cela posé, que doit-on penser de ceux qui voudraient ôter au peuple les fêtes, les plaisirs et toute espèce d'amusement, comme autant de distractions qui le détournent de son travail? Cette maxime est barbare et fausse. Tant pis si le peuple n'a de temps que pour gagner son pain, il lui en faut encore pour le manger avec joie; autrement il ne le gagnera pas longtemps. Ce dieu juste et bienfaisant qui veut qu'il s'occupe, veut aussi qu'il se délasse; la nature lui impose également l'exercise et le repos, le plaisir et la peine. Le dégoût du travail accable plus les malhereux que le travail même. Ovules-vous donc rendre un peuple actif et laborieux? Dones-lui des fêtes, forres-lui des amusemens qui lui fassent aimer son état et l'empêchement d'en envier un plus doux. Des tours ainsi perdus feront mieux valoir tous les autres. Présidez à ses plaisirs pour les rendre honnêtes; c'est le vrai moyen d'animer ses travaux». Es muy posible que Jovellanos leyera esta obra con vistas a su memoria, pues tenía las Oeuvres complètes (Mercier, Le Tourner, Brizard y de l'Aulnaye, 1788-1793, 37 vols.); que no la mencione bien se justificaría, como en el caso de Hume o Voltaire, por el hecho de que el autor ha sido prohibido por la Inquisición. Las Confesiones no le gustan mucho: «hasta aquí no he hallado en esta obra sino impertinencias bien escritas, muchas contradicciones y orgullo», 26 de agosto de 1794; entre las cartas «apenas cuatro dignas del autor del Emilio. Pueden ser justas sus quejas, pero muestra un espíritu suspicaz y quejumbroso y vano; el fondo bueno», 7 de octubre de 1794 (Jean Pierre Clément, Las lecturas de Jovellanos). Establecer el diálogo a gran escala entre ambos textos es absolutamente acertado; analizada en conjunto, la opinión de Jovellanos se acerca por momentos al espíritu de aquella carta de 1758, en que el ciudadano se resiste a que se instale un teatro permanente en Ginebra -del mismo modo que Jovellanos pide que se les deje divertirse y no que se les divierta-, aunque ambos divergen en su concepción global del teatro; Rousseau afirma: «Veo ante todo que un espectáculo es una diversión, y, si bien es verdad que el hombre la necesita, convendrá conmigo al menos en que ésta sólo es permisible si es necesaria: una distracción inútil es un mal para un ser cuya vida es tan corta y su tiempo tan precioso»; también, que «su fin principal es complacer y, con lograr que el pueblo se divierta, está suficientemente cumplido», y que «si un actor quisiera enfrentarse al gusto general, pronto escribiría sólo para sí»; y que no se puede reformar legalmente el teatro: «Las leyes no tienen el menor acceso al teatro, que a la menor coacción daría más pena que gloria. Las leyes pueden determinar los temas, la forma de las obras y la manera de interpretarlas, pero no podrían forzar al público a complacerse en ellas» (ROUSSEAU, Jean Jacques, Carta d'Alembert sobre los espectáculos, introducción de José Rubio Carracedo y traducción de Quintín Calle Carabias, Madrid, Tecnos, 1994, pp. 19, 22, 23 y 27.)

 

213

Variante textual. GC: al.

 

214

Aquel ansia quedaba representada en la febril actividad del noble de su sátira, proporcional a su inutilidad: «Mira cuál corre, en polisón vestido, / por las mañanas de un burdel en otro. / [...] Vuelve, se adoba, sale y huele a almizcle / desde una milla. / [...] Visita, come en noble compañía; / al Prado, a la luneta, a la tertulia / y al garito después. ¡Qué linda vida, / digna de un noble!» (Obras completas, tomo I, p. 233.)

 

215

Variante textual. GC: falta muy.

 

216

En Cádiz, 1812, se lee Tengan en sus lugares correspondientes diversiones, y se hallarán contentos sin ansiar los embelesos de la corte.

 

217

En el siglo XVI se fundan las primeras maestranzas, cuya finalidad era el adiestramiento de la nobleza en el manejo de las armas y el caballo. Finalizado el período de reconquista y cruzadas, organizaban funciones públicas con motivo de visitas reales y fiestas religiosas. Para el siglo XVIII, véase ARIAS DE SAAVEDRA, Inmaculada, La Real Maestranza de Caballería de Granada en el siglo XVIII, Granada, Universidad de Granada, 1988; LIEHR, Reinhard, Sozialgeschichte Spanischer Adelskorporationen: Die Maestranzas de Caballería (1670-1808), Wiesbaden, Franz Steiner, 1981.

 

218

El edificio de la Real Maestranza de Sevilla, todavía fue levantado sobre el coso del Baratillo en 1761, diseñado por el arquitecto Vicente San Martín.

 

219

Felipe V, que había recibido apoyo de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en la Guerra de Sucesión, concedió a la corporación, por Real Cédula de 24 de junio de 1729, el privilegio de vestir el uniforme no sólo en las funciones sino en días ordinarios.

 

220

DRAE: «Arte de manejar los caballos»; Parejas: «En las fiestas, unión de dos caballeros de un mismo traje, librea, adornos y jaeces de caballos, que corren juntos y unidos, y el primor consiste en ir iguales, por lo que se le dio este nombre: las fiestas se componen de varias parejas y diversas cuadrillas»; Estafermo: «Consiste en embestir a caballo al muñeco que "está firme"». Cabeza: «Juego que consistía en poner en el suelo o en un palo tres o cuatro figuras de cabeza humana o de animales, y enristrarlas con espada o lanza o herirlas con dardo o pistola, al pasar corriendo a caballo». Correr o jugar alcancías: «Tirárselas, corriendo montados a caballo, unos a otros, y pararlas con el escudo, donde se quebraban».