Melancolía y algo de desencanto
Daniel Moyano
Javier Alfaya, conocido periodista y traductor, es autor además de dos libros de poemas publicados en 1970 y 1986, Transición, y La libertad, la memoria.
Como periodista ha firmado artículos en Triunfo, La Calle, Informaciones, El Independiente, El País y El Mundo.
Alfaya nos entrega ahora esta colección de seis relatos breves y una novela corta -que remata el volumen- que abarcan un periodo de tiempo que va desde el franquismo hasta nuestros días, pasando por el exilio y los años de la resistencia.
Se trata de textos que por su tono y tratamiento oscilan entre los géneros cuento y memorias, o que tienen ambas cosas a la vez, en una especie de ficcionalización de los recuerdos, y valen especialmente por la reconstrucción que el autor hace de una época, no tanto de los hechos históricos como del clima espiritual dentro del cual se desarrollaron. Y en general tienen el tono melancólico, como sucede con «In memoriam», el primero de los relatos, de un sobreviviente que cuenta la historia de sus amigos y compañeros caídos.
Melancolía y desencanto, como sucede en el texto titulado «Un encuentro», donde dos protagonistas de un hecho de guerra se juntan al cabo del tiempo para rememorar acontecimientos que entonces fueron importantes pero que ahora carecen de relevancia porque nada importa ya, el muñón/testimonio de uno de los personajes no significa nada, actúa como una intrusión casi ridícula, y el otro interlocutor, postrado en una silla de ruedas, se queda sin palabras para hablar, y opta por entregarse a la contemplación silenciosa del paisaje.
Estos ingredientes aparecen también en «El camino hacia el sur», una historia de amor en Rusia, con exilios y frío y desencuentros dentro de un clima logrado, altamente evocativo.
«El traidor melancólico», que es el texto más extenso del libro, trata de «un hombre que hace de la traición su oficio y la sufre como las penas del infierno»
. Su personaje principal, Claudio Z., es un militante del PC de España que deseando vengarse de ciertos ultrajes que le ha inferido su partido decide espiar para la CIA y la policía franquista; el autor se vale de él para tratar psicológicamente el tema del traidor y del héroe y pintar el clima de la época.
Hay un cuento conmovedor, «La mala letra», donde un viejo quijotesco, que «entra serenamente en la locura»
, propone a uno de los bandos de la guerra que le suministre papel y lápiz al otro, para que los soldados se dediquen a escribir cartas a sus casas en vez de luchar, y evitar de ese modo la contienda. Pero sus proposiciones no son escuchadas debido a que no pueden entender sus palabras a causa de su mala letra.
El oficio de traductor de J. Alfaya se advierte en la pulcritud y precisión de su prosa.