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Sin que pueda descartarse que este «salto» se relacione con el saltare de los juegos histriónicos medievales o incluso con la danza (Rousse 274).

 

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Agradezco a la doctoranda Sara Sánchez Hernández que me haya proporcionado noticia de ambos grabados, en la página web del Rijksmuseum.

 

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Señala la intención farsesca de estas referencias procaces -que los editores del texto no anotan- Humberto López Morales (1987 217 y 2003 182). El erotismo obsceno escondido en la dilogía verbal se convierte más adelante en marca del tono de la comedia urbana lopesca, según señaló Arellano (1996 47).

 

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«Aunque no poseemos información referida a la puesta en escena de esta pieza y su texto sólo ofrece una indicación escénica, es fácil imaginar que los parlamentos del pastor irían acompañados de abundante gesticulación, gesticulación quizás obscena, si como puede sospecharse la obrita fue representada ante un público popular o ante el risueño y festivo estudiantado salmantino» (López Morales 1987, 219).

 

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«En la atmósfera del carnaval tiene su hogar el alma del entremés originario» (Asensio, 20; ver Huerta Calvo, 1986). Sobre la caracterización del actor medieval, ver Rousse (273).

 

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No cabe duda de que memorizar unos textos, decirlos convenientemente y expresarlos con gestos y acciones implica un aprendizaje no fácil (Rousse 2004 40). En 1547 se llama ya «representantes» a los «que hiçon (sic) un auto la noche de Navidad» en la catedral de Salamanca (Framiñán II 119). En ese camino de profesionalización que supone la adquisición de un oficio es interesante comprobar la repetición de los nombres de los profesionales, que año a año van realizando las mismas funciones en el espacio de la fiesta, funciones que en principio tienen que ver con sus oficios propios, bordar emparamentar, construir, tapizar..., pero que progresivamente se alejan de lo propiamente artesanal para focalizarse hacia lo escénico: aderezar el monumento, colocar ramos y espadañas, hacer luminarias, realizar juegos, danzas o autos, etc.

 

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«Nos encontramos ante un panorama que, mientras revela una amplia paleta de recursos musicales utilizados en los dramas españoles, hace callar prácticamente todo sonido que no sea el de las palabras» (Torrente 2003 269). Sobre esta farsa de 1524 leemos: «Es inevitable pensar en el salmantino Lucas Fernández, concretamente en su Égloga y farsa del Nacimiento o en su Auto o farsa del Nacimiento (Cancionero, 1514), ya que el dramaturgo se había formado en la escuela catedralicia salmantina» (Framiñán I, 159). Sobre el público y sus reacciones véase Rousse (2004 99).

 

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En el reglamento de los colegios mayores de la Universidad de Salamanca de 1594 se establece la obligación de enseñar a los estudiantes canto llano, «y estando algunos suficientes, canto de órgano» (García Fraile 94).

 

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El texto de este «motezico» es semejante al incorporado por Gómez Manrique en las Lamentaciones hechas para la Semana Santa que recoge el Cancionero de Pero Guillén de Segovia, y que era susceptible de dramatización (Pérez Priego 63) y probablemente cantado (Torrente 2003 274). De hecho, es el que abre el sensacional espectáculo dramático de la Compañía Nao d'amores, Misterio del Cristo de los Gascones.

 

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La adoración de la cruz es parte central de la liturgia del Viernes Santo, y los oficios relatan con sumo detalle el desarrollo del rito. Por ejemplo, el descubrimiento «repente a deshora», como se acota la pieza de Lucas Fernández se describe así en un breviario: «El Altar estará desnudo, teniendo solo seis candeleros de color obscuro, con velas de cera amarilla, no encendidas, y en medio de ellas la Cruz que ha de servir para la adoración, con Crucifixo, y cubierta con velo negro o violado, de suerte que a su tiempo se pueda brevemente quitar» (Oficio, 327); y más adelante: «Cantadas estas palabras se levantarán todos; y el Celebrante, [...] vuelto el rostro al Pueblo y descubriendo el brazo derecho de la Cruz, y la cabeza del Crucifixo, la levantará un poco más que antes diciendo también en voz más alta Ecce lignum crucis [...] Finalmente llegará el Celebrante al medio del Altar, donde descubrirá enteramente la Cruz, en medio de los Ministros y dará el velo al subdiácono [...] y elevándola algo más que antes repetirá en voz más levantada: Ecce lignum Crucis. Los demás proseguirán como se ha dicho, y se arrodillarán» (Oficio, 363-364). Es evidente que la didascalia del impreso de Lucas Fernández («Aquí se ha de demostrar o descobrir una cruz repente a deshora la qual han de adorar todos los recitadores hincados de rodillas cantando en canto de órgano O crux ave spes unica») es heredera de las rúbricas de los ceremoniales de los oficios.