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A1, A2: Desde aquí, el texto es el siguiente. «ojos cerrados. Claro que la Humanidad siempre cree todas las tonterías que no entiende. La Humanidad es ingenua y boba, como una campesina enamorada... Y no olvide usted que Dino es un gran hombre. Ahí donde usted le ve es uno de los mejores pintores del mundo. (Suspira) Lo que se dice un gran hombre completo, con debilidades y todo. En la buena sociedad dicen que es encantador... (En este»
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A1, A2: «dos) Ya ve usted. Natalia asegura que»
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A1, A2: «pero con quien realmente se divierte es con Dino»
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A1, A2: Desde aquí, el texto es el siguiente. «(Ríe) ¿Son celos?
MARCELO.- (Muy serio) ¡Oh! No. Natalia es millonaria, tiene un pasado y es poco inteligente. Tiene un pasado y es poco inteligente. Tiene los tres encantos de la mujer ideal. Pues a pesar de todo eso, desde hace veinte años trato de enamorarme de ella, y nada, es inútil. No lo consigo.
CAPITÁN.- (Sonriendo) ¿Está usted enamorado de la duquesa, "Monsieur"?
(Marcelo, lentamente, ha subido a cubierta. Desde allí se vuelve y contesta al Capitán)
MARCELO.- (Con dignidad) ¡Naturalmente, Capitán! ¿Cómo puede usted dudarlo? Ella, sí, es una gran mujer... Tan orgullosa, tan apasionada. Sus caprichos, sus excentricidades, hasta lo que hubo de aventura en su vida, todo es puro señorío. (Suspira) Sí, Capitán. ¿Qué quiere usted? Amo a Raquel, desde hace veinte años; es el mismo tiempo que trato inútilmente de enamorarme de Natalia...
CAPITÁN.- (Sonríe) ¡Pobre "Monsieur" Herbier!
(Por la cubierta pasa ante Marcelo un Marinero. Es Tony. Cruza de izquierda a derecha, despacio, y desaparece. Marcelo, desde que le vio venir, le sigue con los ojos hasta que desaparece)
TONY.- ¡Buenas noches, señor!
MARCELO.- Buenas noches, muchacho. (Sale el Marinero) ¿Quién es este hombre, Capitán?
CAPITÁN.- Tony. Es uno de mis mejores marineros...
(Marcelo baja y se reúne en el salón con el Capitán)
MARCELO.- ¡Ah! (Pensativo) Decididamente, tendremos que aceptar la literatura revolucionaria. ¡Sí! El odio brilla como una navaja al sol. Lo he sentido cuando ese hombre me ha mirado...
CAPITÁN.- Es un hombre extraño; pero no es peligroso.
MARCELO.- Quizá. (Marcelo se sienta en el sillón de la radio y enciende un cigarrillo) ¿Cuándo llegaremos a Capri, Capitán?
CAPITÁN.- Pasado mañana, de madrugada. Pero no desembarcaremos hasta el amanecer, cuando toda la isla está rodeada de una maravillosa niebla azul...
MARCELO.- (Sonríe) Allí acabará usted de entendernos a todos. Serán unos días deliciosos en la casita vieja de la duquesa, cerca de San Michele... Por aquel rincón, como por la cubierta de este barco, que es la admiración de medio mundo, han pasado príncipes, mariscales, grandes artistas... Ahora, de nuevo unos días allí para que Dino Morelli pinte el retrato de Raquel, y después a la mar otra vez. ¡A la Costa Azul! Ya estoy viendo las fotografías de la Duquesa en todos los periódicos, en las mejores revistas, en los noticiarios de cine. "Ha llegado la gran duquesa Raquel escoltada por el pintor de moda y por el famoso Marcelo Herbier". Perdóneme usted que diga lo de "famoso", pero es lo que suelen decir de mí los periódicos...
CAPITÁN.- Lo sé, lo sé...
MARCELO.- ¡Ah! Y como la duquesa está en todo, se lleva también a Natalia; una de esas amigas vulgares que dan el contraste que necesitan las mujeres excepcionales para brillar del todo. Y ante»
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A1, A2: «Raquel conseguirá»
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A1, A2: Falta la acotación.
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A1, A2: Desde aquí, el texto es el siguiente. «MARCELO.- ¡Naturalmente! Diga, Capitán.
CAPITÁN.- ¿Eso es todo en la vida de la duquesa?
MARCELO.- Sí. Casi todo.
CAPITÁN.- ¿Y ese hijo enfermo? ¿Ese pobre muchacho que pasa en cubierta horas y horas entre su hermana y una monjita de la Caridad?
MARCELO.- (Despacio) Para Raquel ese hijo enfermo es una humillación, Capitán.
CAPITÁN.- ¡Oh!
MARCELO.- Ella vive al margen de ese dolor. Tiene toda la soberbia de una gran señora. Ella sabe que, para una madre, un hijo enfermo y débil, siempre es como su propio fracaso... Y lo oculta.
CAPITÁN.- ¡Pobre Dicky! Si supiera usted cómo me emociona esa triste juventud tronchada... Ni siquiera sé qué enfermedad padece...
MARCELO.- Un mal terrible que no tiene cura. ¡El siglo XX!
CAPITÁN.- ¿Cómo?
MARCELO.- Sí, amigo mío. El alcohol, el tabaco, las drogas, el amor a la última. Todos los placeres juntos y todos muy aprisa. El difunto duque no los pudo resistir y murió pronto. Este hijo es la víctima...
CAPITÁN.- ¡Qué horror!
(Un silencio. Marcelo sube al fondo y va a la cubierta. Pone las manos en la borda, y después de mirar al cielo un instante, se vuelve y desde allí sonríe al Capitán)
MARCELO.- ¡Qué maravillosa»
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A1, A2: Desde aquí, el texto es el siguiente. «(Señalando al infinito del cielo y el mar) Creo en todo esto... En el cielo»
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A1, A2: «(Riendo)»
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A1, A2 añaden: «Hemos recorrido todo el barco.»